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Amor y cuidado, claves de la educación para un mundo nuevo

Diseño de portada: Jose Palomero


































Resumen

Quizás el amor y la fraternidad humana son dos de los elementos constitutivos del ser humano más inexplorados en nuestra sociedad y en nuestra escuela. La dimensión amorosa del ser humano se despliega en el cuidado mutuo y se vive en la dimensión social, comunitaria y relacional. El ser humano sufre y muere en vida porque experimenta con demasiada frecuencia el déficit de amor, de ternura, de compasión, de cuidado. En todos los ámbitos del vivir humano, pero sobre todo en el educativo, es necesario vivir de amor, plasmado en el cuidado mutuo, que significa vivir intensamente la vida, el encuentro humano, el compartir, el juego, la estética, el conocimiento, la afectividad y la racionalidad. La escuela pública está empezando a intuir que se ha de caminar en esa dirección con más intensidad. Se trata de multiplicar en su seno procesos educativos que propicien espacios de amor y cuidado como factores de aprendizaje. 

Presentación

Plantear que la relación educativa es una relación profundamente humana y que la relación social humana se basa en el amor es demandar explícitamente a la educación que ponga, en el primer plano de su misión, la realización amorosa de los seres humanos en su mayor plenitud. Para hacerlo posible, parece necesario crear una nueva cultura basada en prestar atención al otro desde lo más genuino de la dignidad humana. Es la relación de respeto, atención y cuidado la que plasma el amor como la emoción central que dirige todo el proceso educativo. Eso sólo se puede hacer en una escuela que se sustraiga a las demandas del mercado neoliberal y genere una cultura alternativa tan necesaria en la sociedad de hoy y que promueva unas relaciones “basadas en el amor, las relaciones sociales constituyen aperturas para compartir y colaboración en el placer de hacerlo, y bajo ninguna expectativa de retribución” (MATURANA, 2002, 46). 

Es la creación de una nueva cultura basada en el cuidado mutuo que también se ha de reflejar en la escuela del cuidado donde sea central el desarrollo y la promoción de seres humanos sujetos de su propia vida y su propia historia. Personas que se construyen, en una relación de autocreación y autoorganización, como sujetos en procesos autónomos, cooperadores, justos, equitativos, libres, 
críticos, compasivos y fraternos.

Es verdad que la situación dominante en la que se escribe este artículo nos lleva a cierto pesimismo dado el poder del poder difuso que domina los mecanismos vitales de los seres humanos en la sociedad del capitalismo salvaje y desbocado en que vivimos. Pero en esta situación, la realidad (como todo lo existente) nos lleva a que, de forma autónoma, desde la defensa de lo común y lo colectivo, promovamos espacios y tiempos de vida y educación alternativa en la que los docentes nos sintamos impelidos a producir movimientos nuevos y autoorganizados basados en los nuevos paradigmas que surgen hoy desde las ciencias y desde una nueva concepción de la vida humana en el seno de la biosfera. El aprendizaje del saber y del ser se convierte en una tarea colectiva, comunitaria y permanente, como la misma vida.

Creemos que cuando todos los indicios nos dicen que las cosas, en la profunda crisis sistémica que vivimos, están yendo a peor es cuando surgen bifurcaciones y caminos alternativos en la vida humana que nos pueden llevar a la creación de una nueva sociedad y una nueva educación, que hemos de disoñar (= diseñar + soñar) entre todos.

Atrapados en la vieja racionalidad

Estamos atrapados en los supuestos impuestos durante siglos por la racionalidad que depende de la visión cartesiana de la vida y del cientifismo proveniente de la vieja ciencia newtoniana. Ellos impusieron una concepción maquinal del mundo y de la vida que iba a condicionar nuestra forma de pensar hasta hoy. Es lo que nos ha llevado al materialismo más burdo cosificando y convirtiendo en objetos a las personas y personificando a las mercancías y los objetos. 

La vieja racionalidad implica un pensamiento que compartimenta, separa, aísla y es muy eficaz en lo que concierne al funcionamiento de las máquinas artificiales. Esta lógica la extienden a todo y su visión determinista, mecanicista, cuantitativa y formalista, ignora, oculta o disuelve todo lo subjetivo, afectivo, libre y creador del ser humano. Es la revolución sin sujeto de la modernidad líquida (BAUMAN, 2002). Hay incapacidad para percibir y concebir lo global y lo fundamental, la complejidad de los problemas humanos. “Hay una resistencia del establishment mandarín/universitario al pensamiento transdisciplinario... La posibilidad de pensar y el derecho al pensamiento son rechazados por el propio principio de organización disciplinaria de los conocimientos científicos y por el hecho de que la filosofía se encierre en sí mismo” (MORIN, 1993, 192). 

Los últimos años son muy ricos en aportaciones que la cuestionan y anuncian nuevas visiones a la concepción de la vida, del ser humano y de la propia ciencia. Ligado a los nuevos paradigmas científicos surge una nueva forma de ver el mundo y la realidad que nos envuelve. La nueva racionalidad (VILAR, 2000) se concibe conectando los saberes disciplinarios, antes compartimentados. Para comprender la complejidad, la globalidad y su contexto es necesario reformar el pensamiento, cambiar la mirada sobre la naturaleza, el ser humano y sus relaciones. Se “trata de buscar siempre la relación de inseparabilidad y de inter-retro-acción entre cualquier fenómeno y su contexto, y de cualquier contexto con el contexto planetario” (MORIN, 1993, 190).

La biología del amor, emociones y relación educativa

Hoy es imprescindible conocer que las emociones juegan un papel fundamental en todo proceso de aprendizaje ya que inciden en el desarrollo cognitivo a la vez que influyen en la relación que el individuo tiene con su entorno. Según Maturana (1999, citado por MORAES, 2001) situaciones como la envidia, el miedo, la ambición, la inseguridad, la competición, etc. limitan los posibles escenarios donde el conocimiento puede expresarse; por el contrario, será el amor el que favorezca –desde la aceptación de uno mismo y del otro– lograr un pensamiento y una acción más inteligente a través de la confianza, la convivencia, el respeto y la inclusión. Dice este mismo autor que el nivel emocional será el nivel formador de las personas siempre que se creen espacios suficientes de acción, reflexión y convivencia. Y esta será una de las tareas fundamentales que tiene la escuela, la generación de estos espacios donde todos los alumnos se reconozcan y sean aceptados por la valoración de su esfuerzo, lejos de la clasificación y competencia, para que tengan vía libre de encontrar su camino del saber y del hacer. 

Salir de la crisis sistémica actual requiere la necesidad de recuperar las capacidades holísticas de la conciencia humana, de dar sentido a la vida dentro de una nueva visión del mundo que han de guiar la acción para una transformación profunda de los procesos de humanización. Como diría E. Morin (2011), “lo que falta es una teoría sobre qué es el desarrollo humano (¿hacia donde ir?)”. En esta nueva perspectiva lo importante ya no es el crecimiento lineal, “cuanto más mejor”, sino el equilibrio, la armonía, el dinamismo, la diversidad. Necesitamos una dinámica nueva relacional con nosotros mismos, con lo que nos rodea, con el planeta, con el universo. Una nueva manera de ver, escuchar, acariciar, oler, gustar, sentir, pensar, conocer, cuidar, prestar atención... y, consecuentemente comprometernos en ello. Sentirse comprometidos con la vida es aceptar el amor como esencia del ser humano en su dimensión social y como vehículo para la educación.

Desde la perspectiva de la dimensión holística, la misión de la educación debe ser entender la conexión intrínseca de todas las cosas. La ecoeducación y la ecopedagogía (GUTIÉRREZ y PRADO, 2000) asientan sus bases desde ese principio fundamental. 

La dimensión afectivo-emocional cobra especial relevancia en la educación integral e inclusiva. Sobre todo, cuando muchas veces la Escuela reproduce más el concepto newtoniano del hombre-máquina promoviendo una educación “cerebrotónica” donde lo importante es el desarrollo máximo de la dimensión intelectual desconectado de casi todo lo demás.

“La educación básica debería ayudar a los alumnos a elaborar y adoptar actitudes sentimentales de tres tipos: a) actitudes sentimentales hacia sí mismos, como las siguientes: autoestima o autoconfianza, valentía, fortaleza, paciencia, magnanimidad, esperanza; b) actitudes sentimentales hacia los más próximos, tales como: amor desinteresado y generoso, el altruismo, el diálogo, la cooperación o colaboración; c) actitudes sentimentales hacia todos los seres humanos, entre las que destacamos las siguientes: filantropía o amor universal, fraternidad, solidaridad, igualdad, tolerancia, humildad” Domínguez, 2003, 17).

Desde esta concepción en la que la vida es básicamente “persistencia de procesos de aprendizaje”, negar el derecho a la educación o privar de ella es una causa innegable de muerte. Por eso educar significa, hoy más que nunca, defender vidas, nos dice Assmann (2002). Esta es una motivación positiva para que la educación nos fascine porque es la fascinación por la vida misma. Vivir, conocer, producir y aprender son lo mismo. Negar a alguien experiencias constantes de aprendizaje, que es el deber de la escuela, es condenarle a muerte en vida. El hecho principal del mundo actual son las lógicas de exclusión y de insensibilidad. Y la Escuela reproduce muchas veces el poder imperante que impone las reglas neoliberales de la lucha, la apropiación, la dominación, la negación y la obediencia como bien apunta López Melero (2005). Llevar a la escuela la lógica de la solidaridad y del amor se convierte en un compromiso ético y político. El “conocimiento se ha convertido en imprescindible” para todos. Por eso hoy educar es la tarea social emancipatoria más avanzada. Y la educación tiene como función principal la creación de la sensibilidad social para reconducir a la humanidad sencillamente porque la humanidad ha llegado a una encrucijada ético-política que sólo encontrará salidas en consensos construidos de modo democrático.

Precisamente porque existen numerosas experiencias personales donde la escuela ha representado un lugar de muerte donde se ha privado del conocimiento y de la posibilidad de vivir experiencias positivas de aprendizaje, es necesario crear un ambiente pedagógico que promueva espacios de libertad, de fascinación, de inventiva y creatividad donde el proceso de aprender se produce como mezcla de todos los sentidos y de todas las dimensiones de la persona. En este ambiente el placer se presenta como una dimensión clave en la experiencia de aprendizaje. Sencillamente porque el cerebro/mente está hecho para la fruición de pensar. El énfasis en el “pensar propio” –como una experiencia humanamente placentera– es un tema pedagógico fundamental del que se nos ha expropiado a todos porque siempre se nos ha enseñado a pensar con el pensar ajeno, de los expertos, de los sabios, de los que “tienen” la verdad; es necesario recuperar la pedagogía de la pregunta, la pedagogía de la complejidad (ASSMANN, 2002). Hemos abierto la escuela a la técnica, a los massmedia, a la tecnología y por algún resquicio se nos ha marchado lo más humano, el sistema de convivencia que propicia el desarrollo de cualquier civilización. Desde esta perspectiva se entiende mejor que la comunidad que se constituye en el espacio y el tiempo escolar es una comunidad de aprendizaje donde todos aprenden, todos producen, todos conocen y todos conviven. Responsabilidad propia de la educación es la búsqueda de un mundo mejor, la creación de una nueva cultura basada en la confianza, en el respeto sin exclusión.

 La relación educativa es una relación profundamente humana. Cuando se dan procesos en los que el alumno es consciente de lo que significa para él aprender y quiere seguir ineludiblemente en ellos es cuando se entiende lo que afirma Assmann al decirnos que educar tiene mucho que ver con la capacidad de seducir. “Educador es quien consigue deshacer las resistencias al placer del conocimiento. ¿Seducir para ‘qué’? Para un saber/sabor, por lo tanto, para el conocimiento como fruición... pedagogía es encantarse y seducirse recíprocamente con experiencias de aprendizaje. En los docentes se debe hacer visible el gozo de estar colaborando con algo tan estupendo como hacer posible e incrementar la unión profunda entre procesos vitales y de conocimiento” (2002, 33). Es por todo ello que se hace necesario autoorganizar este conocimiento según las experiencias vividas, “aprender a vivir” declara la biopedagogía, construyendo un currículum escolar que de verdad nos ayude a comprender el mundo, sus problemas y sus soluciones y que sea más integrador que segregador.

Por lo tanto, debemos esperar encontrar un docente con capacidad de entrega, empatía, motivación y entusiasmo necesario para utilizar el amor no como una estrategia pedagógica ni un recurso ocasional ni un elemento del que echar mano en un determinado momento, sino –como señala Xirau (1990)– como una verdadera actitud del ser humano ante sí mismo y ante la vida. El amor en educación constituye todo un principio de pensamiento y acción que, llevado a la vida profesional del docente, implica una forma distinta de ejercer la enseñanza (por convencimiento natural o por una formación consciente y reflexionada o por ambas cosas a la vez) donde “solamente un corazón agradecido puede aprender” (FRANKE-GRICKSCH, 2006)

La relación amorosa es una relación de cuidado mutuo

“El cuidado hace que surja un ser humano complejo, sensible, solidario, amable y conectado con todo y con todos en el universo” (BOFF, 2002, 156-157) 

La concepción tradicional de la relación de cuidado está muy asentada en lo que se denomina “trabajos de cuidados”, que se refieren a los trabajos del hogar y de cuidado de personas dependientes y que han sido asumidos por las mujeres y considerados como específicamente femeninos (COMINS, 2009).
Históricamente, los saberes ancestrales que han sido descubiertos, practicados y preservados por generaciones mediante la memoria popular, no han sido avalados como conocimiento, por una cuestión netamente de identidad de género y de pensamiento desde la lógica cartesiana. Que los afectos curan y enferman hoy es una realidad constatable y, con frecuencia, también han sido preservados en su expresión más genuina por las mujeres. Por eso se impone pasar todo el cuidado a la corresponsabilidad de hombres y mujeres y a la organización social (SOLSONA I PAIRÓ, 2008).

La crisis que vivimos no es una crisis económica sin más. Es una crisis sistémica que afecta a todos los aspectos del vivir humano. Pero sobre todo afecta a la sensibilidad humana. En ella se ha producido una mentalidad patologizada que contempla a la naturaleza y a los demás como objetos para su disfrute. Eso está produciendo una gran deshumanización. Hoy es necesario cambiar la mentalidad del depredador por la de jardinero. La humanización de la humanidad se nos impone como una necesidad ineludible. La construcción de un nuevo modelo de sociedad requiere desmercantilizar las relaciones sociales para hacerlas relaciones sociales basadas en el amor y el cuidado mutuo. Para ello, no hay otro camino que la promoción del cuidado mutuo en todo lugar y en todo momento, como un rasgo fundamental de la especie humana. Sólo desde el cuidado mutuo es posible avanzar dentro de los procesos de humanización de la sociedad hoy.

Caminar en esta dirección no se improvisa. Ello requiere un proceso de transformación radical de esa cosificación de las personas en la sociedad del capitalismo total, a la vez que hemos personificado a los objetos-mercancía. Debería ser un proceso que tocara las raíces más profundas del ser humano, de la sociabilidad y de la convivencia. Se ha de basar en la construcción de un “nosotros” donde no haya “otros”, sino personas autónomas, libres y solidarias, en el seno de colectivos sociales de sujetos igualitarios y fraternos, que promuevan la justicia entre los seres humanos. Es esperanzador constatar que hay muchos colectivos humanos dirigidos por este afán y, de un modo u otro, por este fin. Y son muchos los colectivos humanos de todo tipo que basan sus relaciones en la fraternidad, en compartir, cooperar y cuidarse entre sí con generosidad, ternura y compasión. 

“Nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una historia evolutiva definida por un modo de vida centrado en el amor, no en la agresión, de tal modo que enfermamos a cualquier edad cuando se nos priva de amor” (MATURANA, 2002, 64). Para seguir coevolucionando en la línea de la humanización creciente, en ese modo de vida centrado en el amor, es necesaria la producción de la cultura del  cuidado mutuo que ha de impregnarlo todo y a todos. Tenemos que superar las barreras que se han establecido en la actual concepción del cuidado para resituarlo como el ofrecimiento y la recepción de amor, atención, consideración, empatía, mimo, tacto y todo aquello positivo que hemos recibido todos y cada uno desde que nacemos. 

Para generar esa nueva cultura se requiere que todos, hombres y mujeres, tomemos conciencia de que cuidar y cuidarse es algo que todos hemos de hacer si no queremos renunciar a una de las dimensiones constitutivas de los seres vivos y, de forma especial, de los seres humanos. Se trata de generar individuos responsables con su entorno social y natural, y de asumir el cuidado como una
responsabilidad a repartir y compartir justamente entre los diferentes grupos sociales (mujeres y hombres, jóvenes y mayores) para que, así, pueda realizarse digna y plenamente (ROGERO GARCíA, 2011). Este nuevo modelo también requiere un cuidado que no genere dependencia y sumisión, sino que procure el máximo desarrollo del ser humano, y que contemple cuidar como un proceso que dura toda la vida y que requiere de una relación profundamente humana con los demás que sólo se puede desarrollar en el seno de una cultura viva y dinámica de cuidado mutuo.

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Love and Education: roads to build the dream




Number 74 (26.2) August 2012
Coordinated by Miguel López Melero
University of Málaga (Spain)

Love and Education: roads to build the dream - Introduction (Miguel López Melero)



By presenting this monograph about Love and Education I first wish to enhance that all contributing authors agree to point out that education is a loving act which allows us to respect each other as legitimate in our coexistence. If we do not accept each other in our coexistence, there is no education. And there is no education if there is no acceptance of ourselves. The fundamental and basic condition for development of the human being as someone who learns to think, to communicate, to feel and to act is love. Love comes when we open a space for others, a space for relating with each other, because it means seeing and listening to each other without prejudice, without expectancies. But, for that to happen, we have to be willing to do this, we have to be ready to love. A life without love has no meaning. We human beings are children of love.

What makes us human beings are, according to this point of view, our daily lives as cooperative and loving beings, aware of ourselves and with a social conscience, with self-respect and respect for others. But, as MATURANA and NISIS, 1997, point out, we must abandon the patriarcal speech about fight and war and must devote ourselves to live matristically in the knowledge of nature, of respect and of collaboration when building a world which entitles to err and to correct mistakes. An education that takes us conserve nature, to understand it in order to live with it and in it without dominating it, an education that allows us to live in individual and social responsibility away from abuse and collaborating to create an harmonious project with nature and the human being. Only if we live in the biology of love will the individual develop self-respect and respect towards others, as well as a social conscience. 

According to this theory, it is the role of the teachers to create the necessary conditions so that students can live the biology of love, teaching each other, with love and knowledge being not alternatives but love the basis of human life and knowledge only an instrument of it (MATURANA, 1994). The most important thing is that education will be able to create the conditions that will enable everyone to become a cultured, autonomous, responsible and, above all, a happy citizen. This is why we need a public school that is passionate about knowledge and about life (truth), about loving each other as the legitimate other (kindness) and about knowing how to live with respect to diversity as a value (beauty).

We usually say that we live in a knowledge and uncertainty society and that we need some competent teachers who are morally commited to education. Professionals that have a clear vision of what kind of citizens we need and how we should educate them. We believe that this commitment with education will only be possible to achieve if our educational model allows not only intellectually competent citizens but citizens whose love to each other legitimates the other and where coexistence is the epicenter of his or her thoughts and actions. We not only need to train citizens as intellectually cultured persons but morally good persons. 

In this sense the proposals of the various authors point out towards a moral educational project that promotes a thinking, critical and cultured citizenship which will be capable of problematize the nearest reality. A free and responsible citizenship able to ethically guide their behaviours and to take decisions and assume responsabilities of their actions, even in complex situations.

Nacemos amorosos (Humberto Maturana)


"Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva, de manera que sin amor no podríamos sobrevivir. El bebé nace en la confianza implícita de que con él o con ella habrá nacido una mamá, un papá y un entorno que lo van a acoger, porque si no lo acogen se muere. Por ello, la biología del amor es central para la conservación de nuestra existencia e identidad humana."

"Decimos a veces que los niños son el futuro de la humanidad. Nosotros pensamos que no es así, que el futuro de la humanidad somos las personas adultas. Es con las personas adultas con quienes conviven que los niños, las niñas, los jóvenes se van transformando en la convivencia. Esta es nuestra gran responsabilidad. Las personas adultas, ahora, con lo que hacemos, con lo que escogemos, con lo que pensamos, somos el futuro de la humanidad."

¿Cómo es que amamos? ¿De dónde viene nuestro amar?¿Qué clase de seres somos?¿Cómo hacemos lo que hacemos?

Primera Reflexión: El amar tiene que ver con el ver y el escuchar.

Cuando un niño dice: “mamá, el profesor, la profesora no me quiere” y la mamá pregunta “¿por qué dices eso?”, el niño dice porque nunca me ve cuando levanto la mano para hacer una pregunta y nunca escucha lo que digo.

En otras palabras, no me ve, no me escucha, no me quiere.

Segunda Reflexión: Decimos a veces que los niños son el futuro de la humanidad.

Nosotros en la Escuela Matríztica con mi colega Ximena Dávila y nuestros colaboradores pensamos que no es así, que el futuro de la humanidad somos las personas adultas.

Es con las personas adultas con quienes conviven que los niños, las niñas, los jóvenes se van transformando en la convivencia. Esta es nuestra gran responsabilidad. Las personas adultas, ahora, con lo que hacemos, con lo que escogemos, con lo que pensamos, somos el futuro de la humanidad.

Tercera Reflexión: El vivir ocurre en el presente.

Si miramos un poco el Cosmos, hablamos de tiempo, hablamos de pasado pero, ¿qué es el tiempo? El tiempo es una invención explicativa para conectar nuestra memoria del antes y el después. Pero todo ocurre en el presente. El cosmos ocurre en el presente y como ocurre en el presente, toda idea posible de un viaje temporal no es posible. Uno no puede volver atrás, no existe la vuelta atrás, ni siquiera el péndulo que parece que está haciendo un movimiento cíclico, de continuo retorno a la condición inicial, retorna a una condición inicial porque va cambiando todo el entorno según su batir en su movimiento.

Y la pregunta sobre ¿cómo es que amamos? nosotros queremos contestarla haciendo una mirada a la historia que nos dio origen como seres humanos. Si uno quiere en la mirada evolutiva un modo de explicar el presente, si uno quiere explicar cómo es que vivimos el presente que vivimos, lo que uno tiene que preguntarse es qué se ha conservado a lo largo de esta historia que yo estoy inventando para explicar el presente de modo que somos ahora como somos.

¿Cómo somos como seres humanos? Tenemos dos características fundamentales: la primera es que en tanto seres vivos mamíferos, nacemos amorosos. Y ¿qué quiere decir eso? 

Quiere decir que el bebé al nacer, nace con la anatomía, la fisiología que implica de manera implícita un entorno acogedor que hará posible su vivir. Es decir, el bebé nace en la confianza implícita de que habrá nacido con él o con ella una mamá, un papá, un entorno que lo va a acoger porque si no lo acoge se muere. Lo mismo que la mariposa que sale de la crisálida con una anatomía y una fisiología que implica flores, néctar y que si no hay flores ni néctar, se muere.

¿Cómo es que los seres humanos nacemos amorosos? ¿Cómo es que el bebé nace amoroso? Nosotros pensamos que la otra característica fundamental es que existimos en el lenguaje, en el conversar y en el reflexionar. Esa es nuestra característica presente. Todo lo que hemos estado haciendo en esta ceremonia o rito, tiene que ver con nuestras reflexiones sobre lo que hacemos, sobre lo que pensamos, en un conversar en el que distinguimos qué cosas valoramos y qué cosas no valoramos. Hemos hecho reflexiones en el lenguaje, hemos mirado nuestro presente y hemos mirado nuestra historia.

Entonces, si los seres humanos nacemos amorosos y existimos en el lenguaje, el conversar y el reflexionar. ¿Qué tiene que haber ocurrido para que esto sea así? En la Escuela Matríztica de Santiago, pensamos que tiene que haber surgido lo humano en la familia ancestral.

Ustedes aquí tienen un distinguido equipo de paleontólogos que ha estado trabajando en Atapuerca, que ha hecho un importante trabajo sobre las eras del Homo Sapiens, las eras paleontológicas del Homo Sapiens que es muy interesante. Nosotros, en el sur del mundo, hemos mirado las eras psíquicas y hemos propuesto junto con mi colega Ximena Dávila la noción de las “eras psíquicas de la humanidad”, en que hablamos de que lo humano tiene que haber comenzado cuando surge el lenguaje y el conversar. Y el lenguaje y el conversar han surgido donde no había lenguaje y conversar antes. Es decir, claro que había convivencia y claro que había que estar juntos; pero esto que hacemos nosotros ahora, que nos parece tan fácil y que un niño con dos años lo aprende fundamentalmente a la perfección no existía hace unos tres millones y medio de años que es cuando tiene que haber surgido la familia ancestral.

La familia ancestral tiene que haber surgido como un espacio de disfrute de la convivencia, de la cercanía, del estar juntos, de hacer cosas juntos, de lo que se hacía en el vivir cotidiano. Y ¿qué es lo que se hacía en el vivir cotidiano? Recolectar alimentos, compartir alimentos, estar juntos en la caricia, en el bien-estar. Eso es lo que queremos en la familia y eso tiene que haber surgido entonces. 

Y nosotros somos el presente de la conservación de una generación a otra en el aprendizaje de los niños, de ese vivir que pasa a ser un vivir en el lenguaje y el conversar cuando se transforma en un vivir en coordinaciones recursivas de haceres y sentires que constituyen el lenguaje y el conversar. 

Si ustedes piensan un poquito, sobre cómo aprende un niño, un bebé a vivir en el lenguaje se dan cuenta de que el bebé no va a la escuela a aprender a hablar o a lenguajear. Lo aprende en la casa con la mamá, con el papá, con los hermanos. ¿Cómo?. Haciendo las cosas de la casa. Aprendiendo de la misma manera como tiene que haber surgido en su origen hará unos tres millones o tres millones y medio de años atrás, en el modo de convivir, en el placer de hacer cosas juntos, que luego se va complicando en la historia recursiva de las distinciones del hacer cosas juntos cada vez más complicadas lentamente porque la vida misma de los haceres se va complicando.

Así que lo que les decimos es que somos seres amorosos en nuestro origen y nuestro presente modo de vivir como seres humano, y esta es la respuesta desde donde podemos encontrar un entendimiento sobre que uno reciba un regalo tan gentil y tan apreciado como lo que la Universidad de Málaga hace aquí, ahora con el otorgamiento del Doctor Honoris Causa.

Así que somos seres amorosos y vivimos en el lenguaje, el conversar y la reflexión. Y la reflexión es una cosa particularmente interesante porque consiste en soltar los saberes para mirarlos. No como un acto en la razón sino como un acto en la emoción. Soltar los saberes, soltar lo que sé, soltar lo que yo digo que sé. ¿Cuántas veces se habrán preguntado eso? ¿Sabrán lo que yo digo que sé?. Este es un acto maravilloso, que constituye el acto de la reflexión, en que uno suelta lo que cree que sabe y lo mira y tal vez descubre que no sabe lo que pensaba que sabía y lo deja y pasa a otro espacio, a otro dominio.

Yo ahora sé que soy Doctor Honoris Causa de la Universidad de Málaga pero la cosa no termina ahí, porque resulta que yo ahora me muevo en un dominio distinto. Que es el dominio que trae consigo el saber todo lo que esto implica. Es como un espacio relacionado que tiene características diferentes al cual yo vivía antes y del cual me doy cuenta precisamente por el que puedo hacer este acto de reflexión.

Y por último, exploremos ahora la pregunta que tiene que ver con cómo conocemos, con cómo generamos el mundo. 

Y aquí quiero, si se me permite, relatar algo de mi historia que no está en la maravillosa historia que me sorprendió que hizo el Doctor Miguel López Melero de mí. Ahora sé más de mí que lo que sabía antes y estoy agradecido de que él me haya mostrado tantas cosas tan bonitas de lo cual yo me pregunto ¿será cierto todo eso? Pero como él pone fechas por aquí y por allá debe haber algo de cierto en la construcción del presente que estamos viviendo.

Yo he sido biólogo y qué quiere decir que uno ha sido biólogo. Biólogo es un científico. Y quiere decir que uno va por el mundo mirando a los seres vivos, las plantas, los insectos, todos los animales, las bacterias y preguntándose ¿cómo es esto del vivir?, ¿cómo hacen lo que hacen? 

Para mí los seres humanos eran otros seres vivos. Cuando uno estudia a los seres vivos, por ejemplo, a las mariposas, uno estudia a las mariposas, habla de cómo se alimentan, cómo se reproducen, cómo vuelan las mariposas. Pero, rara vez se encuentra uno con una mariposa particular. Una mariposa que puedo tener aquí en la mano yo la conozco, hasta puede tener un nombre. Sí, sí claro es una mariposa, pero entre todas las mariposas es un individuo particular.

Yo ya no puedo tratar a las mariposas simplemente como mariposas si me encuentro con ellas como individuos particulares.

Yo hablaba de los seres humanos de la misma manera que uno puede hablar de las mariposas. Los seres humanos teníamos una historia evolutiva, nacíamos amorosos pero un día me encontré con la profesora Ximena Dávila quien me mostró que los seres humanos éramos personas. Un día me dice: “Doctor, he hecho un descubrimiento” y le pregunté ¿qué? Y me dice: “me he dado cuenta de que el dolor por el cual se pide ayuda relacional es siempre de origen cultural y la persona al contarme sus preocupaciones, me muestra la matriz relacional en la cual su vivir fue negado, fue abusado, violado, no oído u oída. Y me muestra también la matriz relacional de cómo se sale de ese dolor. Y aparece para mí entonces, en toda su majestad, la persona. 

Es cierto, porque si una persona solicita ayuda, es una persona que ha sufrido alguna negación. Puede haber sido un niño no escuchado, abusado, violado, tantas cosas que sabemos que pasan en este presente cultural patriarcal/matriarcal. Tal vez sabemos que pasan porque están pasando más o porque antes simplemente no lo oíamos o no lo veíamos. Y es asi entonces como aparece para mí la persona. Antes yo me relacionaba con seres humanos, ahora veo que el vivir humano ocurre en personas y esto hace una diferencia fundamental.

Y aquí vuelvo al momento inicial de esta tarde, cuando recibo el doctorado Honoris Causa como persona. Sí, claro, soy un ser humano pero soy yo como persona y es la persona la que genera el mundo siempre. Cada uno de ustedes genera un mundo. Un mundo que tiene que ver con sus preferencias, sus deseos, sus gustos, sus reflexiones. Que es distinto del de otro y que con esas diferencias somos capaces de convivir y hacer algo juntos, de colaborar, de co-inspirar en un proyecto común en una comunidad. Y además, en tanto somos personas, podemos reflexionar y podemos darnos cuenta de si queremos o no queremos el mundo que estamos generando unos con otros. Podemos entonces, ser libres.

¿Quiero o no quiero el vivir que estoy viviendo? Y ese que es un acto en la emoción, es un acto en el cual uno suelta sus certidumbres de modo que luego viene el razonar, la argumentación reflexiva racional, a veces no lo vemos porque no nos damos cuenta de que todo argumento racional tiene fundamento no racional, que es lo que le da carácter al argumento. Por ello, todo sistema racional tiene fundamentos no racionales.

Y es desde allí que lo maravilloso de esta ceremonia es que su fundamento no es racional. Tiene que ver con el respeto, con el aprecio, con el reconocimiento que uno hace al otro porque le gusta su historia o lo que hace, con la posibilidad de reflexionar y preguntarse si uno quiere o no quiere lo que está viviendo o el vivir que está generando. Y uno puede darse cuenta de que uno es como persona siempre generador del mundo en que vive. Lo vive con otros pero cada uno de nosotros somos responsables del mundo en que vivimos y de lo que escogemos.

El acto de escoger no es tanto el acto de ir por un camino o por otro, sino un acto de soltar las certidumbres y mirar.

Y es esa libertad de sentir, de amar, de reflexionar sobre como vivimos nuestro vivir, pero sobre todo entendiendo que somos nosotros el futuro de la humanidad, es el preguntarnos por cómo vivimos ahora, porque los niños, las niñas, los jóvenes aprenden nuestro espacio psíquico. Aprenden nuestro vivir. No aprenden cosas. Aprenden el convivir con sus maestros, aprenden a reflexionar si los maestros reflexionan, aprenden la honestidad si los maestros y las maestras son honestos.

De modo que esta ceremonia, esta distinción a mí me conmueve porque me pone nuevamente en la presencia de mí mismo como persona y el compromiso que siento como ser creador del mundo con otros y el deseo de que el mundo que creamos sea digno de vivir por nuestros hijos e hijas y por los hijos e hijas de ellos y ellas.

Muchas gracias.

Prof. Dr. D. Humberto Maturana Romesín
Málaga a 9 de noviembre de 2010
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El amor y la educación, caminos para construir un sueño


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"Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva. Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva del amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos. Como tal, la biología del amor es central para la conservación de nuestra existencia e identidad humanas."
  



"Las emociones afectan la conducta inteligente. Concretamente, el miedo, la ambición, el enojo, la competitividad reducen la inteligencia humana. Tenemos  incluso expresiones populares que se refieren a esto: Tal persona está `ciego de envidia´, o `ciego por ambición´, es decir, se trata de personas que afectadas por una emoción negativa restringen su mirada, su visión de las cosas. Tales emociones generan una negación del otro .

La única emoción que amplia la  conducta inteligente es el amor. El amor es aceptar al otro como otro, al aceptar la legitimidad del otro y sus circunstancias, uno `ve´al otro.



Si un profesor quiere que sus alumnos salgan mal  en los exámenes lo primero que genera es inseguridad, miedo, ambición. Por el contrario, si quiere que salgan bien, genera confianza, respeto a través del amor. Si se respeta a los alumnos, los alumnos se respetarán entre ellos y sabrán respetar a sus profesores y de esa manera surgirá un espacio de colaboración y acción común.


En una palabra, la educación debe consistir fundamentalmente en un espacio de convivencia en el cual alumnos y profesores conformen un lugar de encuentro, acogida y respeto mutuo."


(Humberto Maturana - Pulsar aquí) 

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La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado publicará en el número correspondiente a Agosto de 2012 una monografía sobre el amor y la educación, coordinada por Miguel López Melero (Universidad de Málaga - España).


En la citada monografía contaremos con colaboraciones de Humberto Maturana, de Ximena Dávila y de otros colaboradores del Instituto Matríztico. En ella contaremos también con artículos de Alfredo Fierro, Federico Mayor Zaragoza, Félix Angulo Rasco, Alejandro Dolz, Miguel Bandrez y Miguel López Melero.

Seguiremos informando en este blog sobre el contenido de esta monografía que irá a imprenta en fechas próximas.

Profe 10. El chileno Humberto Maturana y José Gimeno, doctores honoris causa por Málaga



Vea, pulsando aquí, el vídeo de la investidura (Sur TV)

lavozdigital.es (Cádiz)

El chileno Humberto Maturana y José Gimeno, doctores honoris causa por Málaga

Agencia EFE

Málaga, 9 nov (EFE).- El pedagogo chileno Humberto Maturana Romesín y su colega español José Gimeno Sacristán han sido investidos hoy como doctores honoris causa por la Universidad de Málaga en reconocimiento a sus notables méritos.

Maturana, que fuera postulado al Premio Nobel y reconocido mundialmente por su investigación biológica en neurofisiología y neuroanatomía y el entendimiento de la biología del conocer y del amor, ha asegurado en el acto que "el futuro de la Humanidad somos los adultos" y ha destacado que "una distinción es un regalo".

Gimeno, natural de La Vilueña (Teruel), participó en las principales leyes sobre la educación española como la LODE, la LRU y, sobre todo, la LOGSE, dentro de su compromiso con la política educativa, según ha destacado su padrino en la ceremonia, el profesor Ángel Pérez.

La rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, ha resaltado que son "dos humanistas que forman parte de la historia de la pedagogía", "dos grandes iconos de la ciencia de la educación" que "han aprendido enseñando y han enseñado aprendiendo".
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