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Utopías (Mario Benedetti)
















Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
Cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea


Cómo voy a creer
que el horizonte es frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada.

Educar para la desobediencia


Diseño Jose Palomero









"Soy formador de futuras maestras y maestros y por esa condición albergo un sueño: la de aportar un granito de arena a que surja una generación de docentes que eduquen para la desobediencia. Hoy se considera que la persona bien educada es aquella que es obediente, que reproduce lo que le han inculcado. Pero la educación no es eso, como repetía machaconamente el recientemente desaparecido José Luis Sampedro. La educación es la formación de seres humanos completos y para ello se necesita la formación del pensamiento libre, para que las personas vivan su propia vida y eviten reproducir lo que otras han pensado por ellas. Y hoy, ahora, esta es una cuestión central. Necesitamos otra educación ante el conformismo y la obediencia ciega, ante el síndrome de insolidaridad dócilmente adquirida, que denunciara Mario Benedetti (1880) hace ya más de dos décadas, ante los ataques que está recibiendo ahora la educación pública, que es el bien más valioso que tenemos los que amamos la enseñanza. También la necesitamos para evitar el dominio de unos pocos que determinan las condiciones de vida de la mayoría de la población. En el actual estado de cosas, con un poder que compromete el futuro del planeta y de las futuras generaciones, que empobrece la vida humana, el abandono de la pasividad constituye un clamoroso deber educativo y el cumplimiento del mismo pasa por reivindicar la educación para la desobediencia".

Texto tomado de Luis Torrego Egido (2013). Defendiendo lo colectivo: combatir el conformismo, promover la educación pública. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 
78 (27.3) [actualmente en imprenta].

¿Educación para la libertad? Las mujeres ante la reacción patriarcal



"¿Educación para la libertad? Las mujeres ante la reacción patriarcal" (Education for freedom? Women faced with a patriarchal reaction) es un artículo de Rosa Cobo Bedia publicado en la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 71 (25.2) Agosto 2011, dentro de una monografia que lleva por título:"La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos."


RESUMEN
En este texto reflexiono sobre dos ideas: la primera es que la educación se está utilizando para rearmar ideológicamente a los dos grandes sistemas de dominio que hegemonizan el mundo del siglo XXI: el nuevo capitalismo y el patriarcado. Y la segunda es que la educación debe recuperar el potencial ético-normativo de la Ilustración más igualitaria y feminista para convertirse en una herramienta de transformación social.
Palabras clave: Educación, Patriarcado, Género, Feminismo, Nuevo capitalismo

ABSTRACT
In this paper I reflect on two main ideas: The first one is that education is being used to ideologically rearm the two main controlling systems which rule the 21st century world: new capitalism and patriarchy. The second one is that education should recover the ethical-normative potential of the egalitarian and feminist Enlightenment to become a tool of social transformation.
KeyWords: Education, Women’s studies, Patriarchy, Feminism, Gender, New capitalism.
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En las últimas cuatro décadas se han producido cambios en el entramado social, institucional y simbólico de muchas sociedades de distintas partes del mundo, y estos cambios se han concretado en quiebras profundas en los dos grandes contratos que han articulado la Modernidad: el sexual y el social. Algunas de las instituciones que articulaban la sociedad moderna están en crisis, otras en franca descomposición y otras en abierta transformación, pero ninguna permanece inalterable. La educación es, precisamente, una de esas instituciones que tratan de proteger su existencia en medio de un mundo que está cambiando a pasos agigantados. La globalización económica capitalista, las reivindicaciones identitarias de las culturas que erosionan los derechos humanos de las mujeres y la violencia sexual componen un cuadro para las mujeres que desemboca en una poderosa reacción patriarcal. En medio de estos nuevos fenómenos sociales, el entramado educativo difícilmente puede sustraerse a las arremetidas del nuevo capitalismo y a la ola ideológica conservadora que recorre el mundo.

La idea que quisiera desarrollar en este texto es que la educación en estos momentos históricos es una institución clave para el rearme ideológico y material del patriarcado. Dicho en otros términos, el entramado educativo está siendo reorganizado para naturalizar la desigualdad de género. Y en este proceso de ontologización de la desigualdad la institución educativa tiene una función central, pues debe naturalizar reactivamente los efectos producidos por la ruptura de los dos grandes contratos sobre los que se ha asentado la modernidad: el establecido entre hombres y mujeres y el constituido entre clases sociales.


Educación emancipadora: ¿para quién?

Conviene recordar que la educación fue un elemento central de la Modernidad y fue concebida como un instrumento poderoso de cambio social. En el siglo XVIII, la política y la educación se configuran como las herramientas primordiales de transformación individual y colectiva. La política tiene como objeto producir cambios liberadores en los entramados institucionales y sociales, mientras que la educación tiene como objetivo cumplir la función de transformar a los individuos. La política es el instrumento fundamental para lograr la revolución política y la educación tiene como finalidad conseguir la revolución individual. Para todo ello, ambas, la educación y la política, tienen que cumplir con un objetivo indispensable para construir el nuevo mundo: acabar con la fijeza e inmutabilidad de los estamentos medievales. Y desactivar el argumento de que los estamentos medievales y las normatividades masculina y femenina formaban parte constituyente de un orden natural de las cosas. El nuevo mundo de la Revolución Francesa, primero, y de la Revolución Industrial, después, necesitan poner en el centro del escenario histórico las ideas de mérito y de movilidad social. Se trata de demostrar que no existe un orden natural de las cosas. Los individuos son naturalmente iguales y el mundo está abierto, inconcluso, por hacer.

En la Modernidad se va configurando una Ilustración feminista que cree firmemente que la libertad y la igualdad son atributos que pertenecen a los dos sexos. El filósofo François Poullain de la Barre, de filiación cartesiana, reclamará una sola educación para todos los estamentos y para los dos sexos: el mismo método y los mismos contenidos para todos los individuos (Poulain oulain de lala Barre , 1993). Y un siglo más tarde, Mary Wollstonecraft, en su magnífico tratado de educación, Vindicación de los Derechos de la Mujer, exigirá una pedagogía que tenga como núcleo normativo la igualdad entre niños y niñas y hombres y mujeres (Wollst onecraft , 1994). La autora británica se convertirá en el siglo XVIII en la teórica más importante de una educación igualitaria para ambos sexos y considerará que la pedagogía es el medio idóneo para construir la individualidad y desasirse de la normatividad patriarcalmente asignada a las mujeres.

Frente a esta pedagogía surgirá otra alternativa y que también tendrá como objetivo una formación emancipadora, no centrada sólo en conocimiento sino también, y sobre todo, en valores morales. Sin embargo, esta concepción educativa desarrollada por Jean Jacques Rousseau, el gran teórico ilustrado de la igualdad, sólo considerará como sujetos educativos a los niños. Esta concepción educativa ha sido el punto de partida de una pedagogía crítica y liberadora desde la Modernidad hasta nuestros días. El libro que desafía más abiertamente la educación medieval es el Emilio, pues Rousseau considera que no debe existir una educación para pobres y otra para ricos. El más radical de todos los filósofos de la igualdad reclamará una única igualdad para todos los sectores sociales cuyo objetivo es formar al futuro hombre en la autonomía y en la libertad. Liberarse de los prejuicios religiosos y filosóficos para construir una individualidad fuerte es el objetivo de su pedagogía. Sin embargo, este grandísimo filósofo político que ha estado en la base de todos los proyectos revolucionarios igualitarios del siglo XIX apostará con firmeza y convicción por la exclusión de las mujeres de los ámbitos de la razón y del conocimiento. Dicho de otra forma, Rousseau postulará una educación liberadora para Emilio, es decir, para los varones, y otra subordinada a los hombres para Sofía, es decir, para las mujeres. Por tanto, nos encontramos con dos propuestas educativas en el inicio de la Modernidad, una feminista y otra patriarcal.

La Modernidad ha asumido complacientemente la propuesta educativa androcéntrica porque aseguraba las posiciones de privilegio de los varones y consagraba su ventaja social. Ahora bien, es necesario hacerse una pregunta específicamente feminista: ¿por qué Rousseau y otros brillantes filósofos ilustrados partidarios de la igualdad negaron a las mujeres el estatuto de sujetos de razón y de sujetos políticos? Tal y como sostiene Poulain de la Barre, en el origen de todos los sistemas de poder se encuentran los intereses. Dicho en otros términos: el sistema de dominación patriarcal funciona como tal en la medida en que los varones han pactado como genérico (Amorós , 2006), independiente de su estatus, del color de su piel, de su cultura o de su sexualidad, la subordinación de las mujeres, tal y como explica Carole Pateman en El contrato sexual (Patemanateman , 1995). A los varones, pobres o ricos, del norte o del sur, les interesa, como colectivo, el dominio sobre las mujeres. Pueden ser ricos o pobres, del tercio rico del mundo o de los tercios pobres, que todos tienen poder y autoridad sobre sus esposas, es decir, los sistemas patriarcales se asientan sobre una ideología y un entramado social horizontal, pues las jerarquías que diferencian a los varones se detienen a las puertas de la familia, lugar en el que todos ejercen su dominio de una forma natural. Y para aportar argumentos de legitimación de este sistema de dominio la educación juega un papel fundamental, pues naturaliza la desigualdad entre los sexos.

Hay que señalar que las sociedades patriarcales que se gestaron en la Modernidad no podrían subsistir y reproducirse históricamente si no existiese cierta plausibilidad entre sus entramados institucionales y sus formas de pensar y de creer. Por eso, precisamente, las formas de pensar y las creencias, los saberes preteóricos y los teóricos, es decir, los prejuicios, las religiones o las construcciones científicas, están profundamente comprometidas con las realidades sociales patriarcales. Si la plausibilidad entre los entramados institucionales y los sistemas de ideas se rompe, tienen lugar procesos de deslegitimación social y reaparece la temida inestabilidad política. De que esta armonía social no se quiebre se ocupan las élites patriarcales. La política, la economía, la religión, los medios de comunicación o la ciencia, entre otros muchos hechos sociales, producen sus propias élites, que en muchos casos circulan y se desplazan de unas instituciones a otras. Una de las responsabilidades de estas élites es precisamente ocuparse de que el sistema social circule por las líneas trazadas por sus intereses. Y estas élites son masculinas y patriarcales porque actúan como un selecto club que defiende esos privilegios acumulados a lo largo de siglos de historia.


Socialización y educación sexista

Es harto sabido que en la familia tiene lugar la primera socialización y la reproducción de los modelos masculino y femenino: ahí se comienzan a construir y reproducir tanto la normatividad femenina como la masculina, entendiendo que ambas normatividades se construyen asimétrica y jerárquicamente. Los procesos de socialización de género están orientados a que las mujeres interioricen la concepción del mundo que les impone la sociedad patriarcal. El objetivo es interiorizar la identidad de género, como elemento medular de la subjetividad, e identificarnos con lo que socialmente se entiende por masculinidad y feminidad (Brullet , 1996, 274). Sin embargo, es importante señalar que la familia no puede ser considerada el único agente de socialización, a pesar de que su relevancia sea indiscutible (Cobo , 2008, 38-41).

En efecto, la escuela y las relaciones sociales que se desarrollan en su interior, en distintas direcciones, constituyen otra herramienta de socialización significativa. Hay que señalar que la socialización se ocupa de que no se quiebre la coherencia entre la estructura material y la simbólica. En la escuela entran en funcionamiento una gran variedad de relaciones sociales, entre profesorado y alumnado, entre niños y niñas, entre chicos y chicas o entre el profesorado masculino y femenino entre sí, y estas interacciones por sí mismas son una herramienta de socialización. No obstante, el elemento nuclear de la socialización en la escuela es la transmisión de conocimientos y valores. El profesorado tiene encomendada la función de enseñar y los conocimientos no son realidades intelectuales neutras. Y no lo son porque el conocimiento se fabrica en el seno de sociedades y es enseñado por individuos que viven en unos contextos sociales y no en otros. Y más aún: la cuestión no radica sólo en los conocimientos teóricos, sino también en los pre-teóricos que sustentan a los primeros. Los contenidos suelen estar envueltos en valores que asume acríticamente el alumnado, a no ser que el profesorado esté formado para desactivar los valores que rodean los contenidos. Sin embargo, esta socialización puede estar dirigida hacia la reproducción de los patrones de conducta dominantes o puede, por el contrario, ser un potente instrumento de transformación social de esas relaciones, cuando el profesorado se dota de una perspectiva crítica y normativa. El profesorado y el alumnado que se encuentran en la escuela representan un microcosmos de lo que existe fuera de la escuela, es decir, en la propia sociedad.

Y allí llevan su manera de entender el mundo y una visión sobre las relaciones sociales. Y es que, como señala Hanna Pitkin (Pit kin , 1985, 157-159), todos los individuos son inconscientemente portadores de una metapolítica con un contenido fuertemente normativo, que nos proporciona un marco de interpretación de la realidad social. Por supuesto que en la mayoría de los casos, los individuos no saben que son portadores de una metapolítica, es decir, de una visión sobre la naturaleza del ser humano o sobre la relación entre los sexos o sobre el poder, pero el hecho de que no lo sepan no significa que no exista y, por tanto, tenga efectos y se proyecte sobre las relaciones sociales en las que participan. Este conocimiento invisible y subterráneo produce unos efectos visibles, pero, al mismo tiempo, difíciles de identificar y de aislar analítica y empíricamente, pues no puede saberse con precisión los grados de influencia que produce sobre los individuos cada agente socializador.

El curriculum oculto de género

Este conocimiento que se traduce en continuos mandatos sociales tiene un carácter tan profundamente inasible que no figura en los manuales ni forma parte de los curriculos escolares. Este curriculum oculto refuerza las conductas socialmente dominantes y por ello mismo es un elemento indispensable en la reproducción del orden social (Torres , 1998). Sin embargo, los valores que se transmiten subterráneamente, sin ninguna intencionalidad de transmisión por parte de muchos educadores y educadoras, tienen significados distintos. Dicho en otros términos, se transmiten formas de aceptar las jerárquicas y asimétricas relaciones entre los sexos –curriculum oculto de género–, las jerarquías económicas o de clase –curriculum oculto de clase–, o las jerarquías raciales –curriculum oculto de raza–, entre otras variedades de currículos ocultos. Las relaciones sociales están permeadas de subtextos de clase, de género, de raza, de sexo o culturales. Pues bien, estos subtextos, estos currículos ocultos, son recibidos por nuestro alumnado sin saber que están recibiendo paquetes de valores que refuerzan en tantas ocasiones la red asimétrica y jerárquica de relaciones sociales en las que estamos inscritos desde el mismo instante en que nacemos y que en buena medida nos configurará para el resto de nuestra vida.

La socialización puede ser explícita o implícita, visible o invisible, pero cuanto más inexplícita e invisible sea, más efectiva es la influencia que se ejerce sobre los individuos que la reciben. La socialización de género, como las otras socializaciones, sólo puede ser combatida cuando se tiene conciencia de su existencia, es decir, cuando los individuos se dotan de marcos interpretativos de la realidad social que desvelan las jerarquías no legítimas, las dominaciones y las desventajas sociales. Sin embargo, la socialización no se detiene en la familia y en la escuela, pues aunque son dos instancias socializadoras de primer orden, también los grupos de pares o los medios de comunicación, entre otros muchos, constituyen poderosas herramientas de socialización. Todos los medios de socialización son insuficientes para que las sociedades se reproduzcan y no se rompan en mil pedazos. Por ello, desde las teorías críticas se pretende transformar la sociedad en la dirección de desactivar las estratificaciones y desigualdades que no son legítimas.

Cuando la socialización se detiene o deja de ser lo suficientemente efectiva es porque aparecen crisis de plausibilidad y se interrumpen los mecanismos sociales de consenso. Entonces, aparece el conflicto social y la coacción. La coacción aparece cuando el consenso no produce los efectos deseados y se cuestionan los valores y las prácticas sociales vinculadas a los mandatos sociales. El reto está en conjugar la interrupción de los mandatos socializadores que legitiman la desigualdad a través de intervenciones dirigidas a este objetivo –leyes de igualdad, prácticas coeducativas en la escuela, mensajes no sexistas en los medios de comunicación…– con los menores conflictos sociales posibles. Sin embargo, hay que asumir que las acciones políticas intencionadas que están orientadas a eliminar privilegios y a crear nuevos espacios de igualdad siempre generan resistencias sociales. El caso de Educación para la ciudadanía como asignatura obligatoria en educación primaria y secundaria es una muestra explícita de esa resistencia (Martínez , 2006).

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando las mujeres no aceptan las definiciones sociales de género? En ese caso se encuentran con una de las principales instancias de reproducción social: el control social masculino. La violencia puede ser más o menos explícita. Y la escuela es un espacio en el que el control masculino encuentra sendas por las que desarrollarse. Interrumpir ese control masculino es una obligación de toda sociedad democrática. La violencia masculina en la escuela tiene múltiples manifestaciones y la propia ocupación del espacio o la formación de pandillas masculinas con sus prácticas patriarcales son ejemplos ilustrativos. Sin embargo, la violencia contra niñas y mujeres es tan desmedida que muchos países han tenido que hacer leyes exclusivas para detener este trágico fenómeno social. Este control se expresa a veces en forma de violencia explícita y en muchas ocasiones dentro de la propia institución familiar (Cobo , 2001, 15) y en las aulas.

En resumen, la escuela como instancia crucial de socialización debe tener un compromiso ético con la libertad, la igualdad y la solidaridad (Ballar allar ín, 2008, 151-186). Una escuela que bebe de las fuentes liberadoras de la Ilustración y que considera que el conocimiento y la cultura son instrumentos de emancipación humana tiene que emplearse a fondo en la desactivación del currículo oculto de género. Desde este punto de vista, las prácticas culturales que sancionan desigualdades entre niños y niñas o chicos y chicas, que tratan de enmascarar los privilegios masculinos detrás de tradiciones culturales o religiosas, deben encontrarse con políticas educativas que, entre otros objetivos, desvelen la naturaleza patriarcal de esas prácticas. La filosofía que inspire a la escuela debe velar por la igualdad y la libertad de todos sus miembros, no sólo de una parte de los mismos. Ahora bien, cabe la posibilidad de que la dimensión socializadora de la escuela no pueda sustraerse a este vendaval escondido en las entrañas del pensamiento político más conservador, que no es otro que la naturalización de la desigualdad.

La construcción de sociedades democráticas más justas, libres e igualitarias pasa necesariamente por la desactivación de una normatividad femenina que obstaculiza a las mujeres en su autoconstrucción como sujetos, privándolas de aquellos recursos (políticos, económicos, culturales o de autonomía personal) que hacen posible que un sujeto pueda actuar como tal. Y la escuela y la familia pueden constituirse en espacios privilegiados para quebrar las normatividades tradicionales y crear subjetividades fuertes y autónomas. Y es que entre la ampliación de la democracia y la ampliación de la ciudadanía hay una relación de necesidad y cualquier redefinición de la ciudadanía orientada a la ampliación de los derechos no puede ignorar una construcción normativa de lo femenino que restringe los derechos civiles, políticos y sociales de la mitad de la sociedad.

Por eso es necesario que la escuela se apropie activamente de la idea de la igualdad de género y asuma que la igualdad civiliza las relaciones humanas. Una escuela que no conceptualiza la desigualdad entre los niños y las niñas o los chicos y las chicas no formará a nuestra sociedad en valores de justicia y libertad y, por ello, perderá legitimidad. Y, como se sabe, cuando las instituciones pierden legitimidad social se devalúan. Ha llegado la hora de que la escuela, la familia y la sociedad comprendan que una sociedad presidida por la igualdad de género es una sociedad mejor y más civilizada. Y una sociedad con igualdad entre hombres y mujeres amplía la ciudadanía y la democracia.


La naturalización de la desigualdad

Quizá todo lo anteriormente argumentado es posible porque en este proceso de rearme ideológico del capitalismo y de rearme ideológico del patriarcado, se está produciendo un proceso de naturalización de la desigualdad. Quizá estamos asistiendo a la crisis más profunda del principio de igualdad desde el siglo XVIII y la prueba de ello es que se está volviendo a transmitir a través de todas las instancias socializadoras y mediáticas la idea de que la desigualdad forma parte de la condición humana. Está cobrando nuevas fuerzas la idea de que la desigualdad no tiene que ver con procesos sociales y políticos, ni con estructuras de dominación, ni con sistemas hegemónicos, sino que la desigualdad forma parte y es inherente a la propia existencia humana. Esta vieja ideología está extendiéndose como la pólvora, y parafraseando a Marx, podría decirse que este fantasma recorre el mundo. Esta reactiva forma de pensar se está instalando entre nosotros y nosotras de una forma completamente silenciosa y subterránea hasta hacer posible la pérdida o recorte de derechos laborales duramente conquistados o encarar la inmigración como una ciudadanía de segunda o de tercera. Y es en este contexto en el que se está extendiendo la perversa idea de que la prostitución es una práctica social neutra y un trabajo como otro cualquiera que no está relacionado con el patriarcado.

Esta ideología incorpora una mirada que no es la nuestra, que no forma parte de la cultura política socialista ni feminista y nos está haciendo asumir ideas, puntos de vista y categorías, que, a todas luces, producen opresiones nuevas o que profundizan opresiones que son antiguas. Esta naturalización de la desigualdad es uno de los núcleos ideológicos a desvelar y desactivar por parte del feminismo. Es decir, es inasumible la idea de que las realidades sociales son inapelables e inamovibles y que la única solución posible es quizá su mejora. Si descartamos la vindicación, utilizando el concepto de Amorós (Amorós , 1997, 285-302), y aceptamos el sistema de relaciones sociales establecidas como natural, nos privamos de las herramientas que hacen posible la deslegitimación de los sistemas de desigualdad y eso nos impide diseñar una utopía de transformación social. La utopía está en el corazón de la humanización de las desigualdades. Se humanizan las condiciones de vida de los oprimidos y oprimidas porque previamente hemos soñado con eliminarlas de nuestras vidas. El punto central de las culturas políticas vinculadas a las teorías críticas de la sociedad es soñar otro mundo y otras relaciones humanas y enjuiciar críticamente aquellas realidades sociales que resultan humillantes para los sectores de la especie humana, que, además, casi siempre son empujados a aceptarlas con su “consentimiento”. La cultura socialista y la cultura feminista han tematizado los fenómenos sociales que producen opresión y no pueden eludir el posicionamiento normativo crítico hacia esas realidades sociales.

Pues bien, la posición ético-normativa que alienta la filosofía educativa debe pronunciarse sobre aquellas prácticas sociales que vulneran los derechos humanos y sancionan la desigualdad entre los sexos y debe fabricar políticas de intervención en las aulas orientadas a producir individualidades autónomas y no sometidas a otras individualidades en nombre de la supervivencia de su cultura. Por eso es necesario que la escuela se apropie activamente de la idea de la igualdad de género y asuma que la igualdad proporciona excelencia moral a las comunidades humanas. Una escuela que no conceptualiza la desigualdad entre los chicos y las chicas no formará a nuestra sociedad en valores de justicia y libertad. Y una escuela que no aplica políticas de igualdad en las aulas acabará padeciendo crisis de legitimidad y, por ello mismo, de credibilidad social.


Referencias bibliográficas


AMORÓ S, C. (1997). Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Madrid: Cátedra, col. Feminismos.

AMORÓ S, C. (2006). La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias para las luchas de las mujeres. Madrid: Cátedra.

COBO, R. (2001). “Socialización e identidad de género. Entre el consenso y la coacción”. En VV. AA.: Jornadas de Comunicación y Género. Málaga: Ed. Diputación Provincial.

COBO, R. (2008). “Repensando la democracia: mujeres y ciudadanía”. En R. Cobo (Ed.), Educar en la ciudadanía. Perspectivas feministas. Madrid: Libros de la Catarata.

BALLARÍN, P. (2008). “Retos de la escuela democrática”. En R. Cobo (Ed.), Educar en la ciudadanía. Perspectivas feministas. Madrid: Libros de la Catarata.

BRULLET, C. (1996). “Roles e identidades de género: una construcción social”. En M.A. García de León, M. García Cortazar y F. Ortega: Sociología de las mujeres españolas. Madrid: Ed. Complutense.

MARTÍNEZ RODRÍGU EZ, J. B. (2006). Educación para la ciudadanía. Madrid: Morata.

PATEMAN, C. (1995). El contrato sexual. Barcelona: Anthropos.

PITKIN, H. (1985). El concepto de representación. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.

POULAIN DE LA BAR E, F. (1993). De la Educación de las Damas. Madrid: Ed. Cátedra, col. Feminismos.

TORRES, J. (1998). El currículum oculto. Madrid: Morata.

WOLLSTONECRAFT, M. (1994). Vindicación de los derechos de la mujer. Madrid: Ed. Cátedra, col. Feminismos.

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Aportaciones ciudadanas desde el aprendizaje servicio. Universidad, escuela y comunidad conectadas

La versión que aquí se presenta del mismo está incompleta, puesto que faltan las notas a pie de página, los resumen y palabras clave en castellano e inglés, así como algún otro detalle. No obstante, se recoge lo esencial del citado trabajo. La monografia en que se publica este artículo lleva por título "La educación democrática en los nuevos escenaarios ciudadanos". Si usted quiere adquirirla, diríjase a emipal@unizar.es


Artigo 11.
Todo o ser humano tem o direito de construir o seu próprio destino
[Raoul Vaneigem]


La relación convivencial, en cambio siempre nueva, es acción de personas que participan en la creación de la vida social. Trasladarse de la productividad a la convivencialidad es sustituir un valor técnico por un valor ético, un valor material por un valor realizado. [Iván Illich]


1. La formación como proyecto político. Una mirada crítica para una construcción democrática de la educación como desarrollo profesional.

“El acto político es pedagógico y el pedagógico es político” (Freire, 1998, 140). Aquí nos situamos y actuamos como docentes, entendiendo la formación, en general –si bien en estas páginas nos referimos a la planificada y desarrollada para y con futuros y futuras profesionales de la educación-, como un proyecto político crítico para la democracia participativa y la ciudadanía crítica y activa. Consideramos por político las relaciones sociales que se establecen entre el poder, la hegemonía y la dominación (Mouffe, 1999), por lo que dicho proyecto tendría como objetivo “no erradicar el poder, sino multiplicar los espacios en los que las relaciones de poder estarán abiertas a la contestación democrática” (Mouffe, 1999, 24). Difícil elaborar y llevar a la acción un proyecto global de estas características en una institución que asumió, desde su políticas neoliberales y prácticas, la mercantilización e instrumentalización del conocimiento y de la enseñanza (Hirt, 2001; Carreras, Sevilla y Urbán, 2006; Diéz, 2007; Giroux, 2008; Galcerán, 2010; etc.). Proyecto que se realiza desde prácticas concretas en el contexto aula con asignaturas determinadas cuyas docentes asumen, como diría Freire (2005, 2006), la politicidad de la educación como la herramienta para construir una educación democrática y favorecer la justicia educativa y social, sin exclusiones por clase social, género, etnia, etc.; ya que tienen como deseo y finalidad formar a futuros maestros y maestras que contribuyan con su ejercicio docente a la creación y desarrollo de escuelas democráticas participativas, y vayan erradicando los distintos mecanismos de dominación y discriminación que se producen y reproducen en los contextos escolares. Desde este posicionamiento, el trabajo realizado con el alumnado de Magisterio tiene como objetivo problematizar la realidad educativa para favorecer la comprensión crítica de los procesos de enseñanza y aprendizaje en relación a los distintos elementos sociales, políticos, económicos e históricos, para a partir de esta concienciación tener herramientas para poder transformarlos.

En este proceso de concienciación, en primer lugar, visibilizamos lo oculto, realizando un análisis crítico de las prácticas educativas, y, en segundo lugar, proponemos un modelo de escuela contrahegomónico al existente, ejemplificándola con proyectos educativos que hacen realidad la construcción de la democracia como estilo de vida escolar. Es decir, el conocimiento teórico-práctico que utilizamos, desarrollamos y construimos en las aulas es una herramienta para conocer y comprender mejor, una alfabetización crítica como diría Freire, la realidad de los centros escolares, para tomar conciencia de la imposibilidad de una educación neutra, lo cual supone asumir las consecuencias de nuestras acciones que o bien, nos guste o no, reproducen las prácticas hegemónicas, que jerarquizan, discriminan al alumnado en función de su grupo de origen o pertenencia, enmascarando dicha realidad con explicaciones que responsabilizan a los sujetos de su “suerte”, eliminando todos los condicionamientos sociales y la posibilidad de concientización; o bien cambian las prácticas hegemónicas que transforman la realidad en la dirección de construir y desarrollar una democracia escolar participativa.

En definitiva, como futuros y futuras profesionales de la educación se les plantea las dos direcciones posibles de las acciones educativas, las que dan continuidad de lo existente o las que van encaminadas al cambio educativo y social, es decir, la igualdad y la justicia. Direcciones claramente expuesta por Imen (2006, 74) “la educación puede ocultar la realidad de la dominación y alienación o por el contrario, denunciarlas, anunciar otros caminos, convirtiéndola así en una herramienta emancipatoria”; reflexionando sobre las consecuencias que producen las distintas acciones, y apelando a la responsabilidad. Consecuencias que son de distinta índole: personales, académicas, sociales, económicas y políticas.

Se invita al alumnado a pensar qué ser humano quiere formar, educar para qué sociedad o, lo que es lo mismo, qué escuela quiere construir para qué sociedad desde un posicionamiento de que “educar ya no consistirá en adaptar al niño y a la niña al “orden” existente sino, por el contrario, colaborar para que por medio de respuestas creativas pueda resolver las contradicciones que obstaculizan la conquista de una sociedad diferente. No se buscará cómo “aprender a ser” y como adaptarse a una sociedad hecha, sino más bien cómo “llegar a ser” en una sociedad que está por hacerse” (Gutiérrez, 1984, 66). Es decir, a pensar por qué hacemos lo que hacemos, para qué, a quiénes beneficia, a quiénes perjudica, a quiénes se invisibiliza, a quiénes se limita.

Sin embargo, este planteamiento encuentra distintas resistencias por parte del alumnado, entre ellas podemos destacar la dificultad de asumir la naturaleza política de su práctica futura, en gran parte debido a la desconexión teoría-práctica, ya que se consideran conocimientos diferentes con utilidades diferentes para contextos diferentes. Es decir, la teoría es la utopía, lo inalcanzable, lo que se queda en el estado del sueño, lo que permite obtener una titulación; y la práctica la realidad. Incluso el conocimiento no directo de experiencias concretas y reales que ejemplifica la vinculación entre ambas, no consigue que la teoría deje de permanecer en el plano del deseo y elimine la creencia de que dichas experiencias se deben a unas circunstancias especiales que las hacen posibles, y se entienda con todo su alcance como la creación de las personas implicadas en ellas en la relación dialógica entre teoría y práctica (Freire, 1975; Zeichner, 2010b).


2. Vinculando teoría y práctica. La creación de una Red de apoyo-construcción de experiencias innovadoras.

Con el objetivo de ir eliminando una creencia muy arraigada en el alumnado universitario que estudia Magisterio, que se repite año tras año: una cosa es lo que se aprende en la Universidad y otra es la práctica diaria en las escuelas, donde verdaderamente se aprende; buscamos, desde hace tres años, la manera de vincular teoría y práctica, en las materias que cursaban con nosotras, con experiencias educativas innovadoras y no reproductoras del modelo de educación hegemónico. Queríamos que el alumnado protagonizara desde la observación, reflexión y su propia acción que las prácticas educativas se sustentan en una teoría y que las teorías, el conocimiento trabajado en las aulas, normalmente calificado de utópico, era/es el camino –parafraseando a Eduardo Galeano- a andar para transformar las escuelas, en escuelas democráticas, puesto que los conocimientos que trabajábamos conjuntamente, como ya hemos apuntado anteriormente, partían de un análisis de los centros escolares y de las consecuencias del modelo educativo vigente, para a partir de ahí construir escuelas democráticas, entendiendo que éstas posibilitan la participación real de la comunidad educativa (profesorado, alumnado, familias, etc.) en la gestión, organización y desarrollo del curriculum con el fin de hacer real el principio de igualdad y justicia.

Fue en el curso académico 2008/2009 cuando ofertamos al alumnado la posibilidad de cursar una prácticas voluntarias en el marco de las asignaturas que cursaban con nosotras. Creamos lo que llamamos “Red de voluntariado para una escuela inclusiva”, es decir, una Red de centros integrada solamente por aquéllos que estaban realizando alguna innovación o que estaban dispuestos a innovar, donde nuestro alumnado no se limitaría a observar ni a ayudar, sino a proponer y actuar. Propuestas y actuaciones que estaban guiadas por los conocimientos trabajados en las aulas, ya que estas prácticas tenían por objetivo vincular la teoría y la práctica, desmentir, desde la propia experiencia, la creencia de que lo que se aprende en la Universidad es una cosa y que la práctica es otra. Es decir, queríamos que el alumnado experimentara la relación dialéctica entre la teoría y la práctica, y entendiera que el conocimiento no es algo para ser acumulado, sino una herramienta para la comprensión y la transformación de la escuelas, en escuelas democráticas. Nos interesaba la praxis, una acción conjunta, reflexiva y crítica (Freire, 1975; Grundy, 1998). Esto requería que compartiéramos significados. Por esta razón se entregó a los maestros y maestras que se comprometieron con esta Red el mismo texto que había trabajado el alumnado, con el intento de consensuar el significado de democracia en las escuelas, término como sabemos confuso y ambiguo, y se adquirió el compromiso por parte de los centros que las propuestas del alumnado irían en la línea de favorecer la construcción y desarrollo de escuelas democráticas, en su acepción de democracia participativa, de implicación de los distintos colectivos, partiendo de sus experiencias y realidades concretas para potenciar la igualdad y la justicia. Era el inicio de la puesta en práctica de la metodología de aprendizaje servicio para la formación, y para la colaboración en la introducción y desarrollo de innovaciones educativas en los centros escolares.

Más de ochenta personas se implicaron en la propuesta de estas prácticas voluntarias. Nos inquietó la falta de centros para cubrir todas las demandas, y huyendo de selecciones y exclusiones, con el deseo de que todas y todos los alumnos pudieran tener esta experiencia, de hacerla posible, vimos la viabilidad y la coherencia con nuestro objetivo de que algunos y algunas participaran también en el Proyecto Cuido mi casa, Cuido mi barrio, con otro colectivo que no estaba en un centro escolar. A partir de la colaboración en este proyecto, en el que participaba también un centro que formaba parte de la Red de voluntariado, adquirimos el compromiso de trabajar en la misma línea –desde la implicación directa y activa- en el siguiente curso escolar, ya que el análisis colectivo evidenciaba la potencialidad de este proyecto: la concienciación de la realidad (su realidad), el deseo y las acciones de cambio, el compromiso y la corresponsabilidad cuando las personas se implican desde el inicio en un proyecto de transformación, lo hacen suyo, donde todas las voces son escuchadas y consideradas, creándose espacios comunes de pensamiento, reflexión y decisión. Acordamos trabajar en el curso 2009/2010 en un proyecto común: la recuperación de El Ingenio, partiendo de las necesidades y demandas de la población de El Puche. Todo el alumnado que trabajaba con nosotras se implicó voluntariamente en este proyecto.

2.1. Posibilidades y límites para la construcción de la democracia y la justicia.

Estas prácticas posibilitaron, en distinto grado, al alumnado universitario, desde contextos concretos, hacer conexiones entre la teoría y la práctica; a comprender la imposibilidad de una aplicación lineal teoría-práctica; a cuestionarse determinadas prácticas docentes; a ver limitaciones de diferente índole (expectativas de diferentes profesionales hacia los niños y niñas, usos de espacios, de tiempos y de materiales,..., analizando los condicionamientos y las posibilidades del uso de estos recursos); a pensar sobre sus propuestas y acciones educativas indagando en el por qué y para qué, así como las diferencias entre lo planificado y lo realizado en el aula; a comprender que no toda innovación tiene como objetivo la democracia, la equidad y la justicia; a hacer patentes las contradicciones entre el pensar y el hacer; a participar en la puesta en práctica de metodologías más participativas, más globalizadas e interdisciplinares; a plantear actividades más democráticas –incluyendo la perspectiva de género, atendiendo a las propuestas del alumnado, etc.-, etc.

No obstante, aún reconociendo todas las posibilidades que permitieron, estas prácticas tenían ciertos límites para hacer posible la construcción y desarrollo de escuelas democráticas y justas, y potenciar la educación de una ciudadanía participativa y crítica. Durante el primer año, no había un proyecto de educación negociado en este sentido, ni en muchos casos una intención de los centros en transformar el modelo educativo, predominaba la idea de posibilitar un mayor rendimiento por parte del alumnado, un mayor éxito escolar. Eran innovaciones muy acotadas en el tiempo y en el espacio, en ocasiones reduciéndose solamente en algunos contextos de aula y no con una implicación del centro o de los centros en su conjunto, y a veces se realizaban solo el día de trabajo del voluntariado.

Pensamos que un cambio real para construir y desarrollar escuelas democráticas supone un proceso sistémico (Fullan, 1990 cit. por Imbernón, 2010), donde el cambio en uno de los elementos requiere del cambio en los otros.

En el segundo año, tras la evaluación del trabajo realizado, vimos las potencialidades –un proyecto más global-, y también las carencias: todos los colectivos, instancias e instituciones trabajaron en su espacio, pero no hubo nexos, no se trazaron puentes, no se tejieron los hilos conductores y comunes, como hace una araña que teje su red cuidadosamente, atenta a cada uno de sus hilos, ampliando sin dejar de hacer conexiones. Faltaba la visión integral y, por tanto, el trabajo en esta línea, que permitiera un trabajo coordinado intercentros e interinstituciones no educativas.


3. Un Proyecto en construcción... para una ciudadanía crítica y activa

En el curso académico 2010/2011 se elabora y se pone en marcha el Programa Socioeducativo de carácter comunitario para la recuperación de El Ingenio en El Puche. Este Programa tiene como fin la apropiación de un espacio público, El Ingenio, para construir colectivamente el diseño de una plaza como lugar de encuentro intercultural e intergeneracional para el ocio, la educación, la cultura, etc., que favorezca la cohesión social entre sus habitantes y cree un entorno saludable. La recuperación de El Ingenio parte de las necesidades y demandas de la población de El Puche: generar espacios comunes, inexistentes en la zona, para la convivencia; y solventar uno de los problemas permanentes del barrio referido al cuidado de espacios públicos, y a sus condiciones higiénico-sanitarias. El Ingenio es el fin, el proceso la transformación de un barrio desde su problemática, con los distintos colectivos que habitan y trabajan en él, y el empoderamiento de sus habitantes. En dicho proceso se trabajan dos ejes temáticos interrelacionados: la apropiación pública de los espacios, ya que ésta permite dotar de sentido y significado a los lugares, favoreciendo el control, respeto y cuidado por lo común; y la salud, entendida como el bienestar físico, psíquico, emocional, ambiental y social; mediante procesos de implicación y participación activa de la comunidad educativa, ya que entendemos que es la única vía para favorecer la adquisición de conocimientos, valores, actitudes y comportamientos responsables en relación a los espacios públicos. Para hacer posible la transformación de un barrio desde y con las personas que lo habitan es necesario una educación en y para una ciudadanía democrática, responsable, crítica y activa. Adquirir conocimientos, competencias y valores que sustentan la práctica de una ciudadanía democrática solo es posible si se posibilitan espacios y tiempos reales a todos los integrantes de la comunidad educativa (profesorado, familias, alumnado, vecinas y vecinos...) para la participación, el diálogo y la toma de decisiones en lo que afecta a la cotidianidad de los centros educativos, y a los problemas y realidades de las personas de una comunidad.

Educar en los valores que requiere una ciudadanía democrática, significa no educar desde la normatividad, sino desde la vivencia, la participación, el consenso, la responsabilidad y corresponsabilidad. Formar para y en una ciudadanía democrática requiere reestructurar las relaciones que los centros educativos mantienen con el entorno. Es decir, las instituciones escolares tienen que dejar de ser espacios cerrados en sí mismos, herméticos, dónde solamente se transmiten conocimientos escolares desconectados de la vida de las personas, de sus problemáticas, sus necesidades, sus experiencias, de sus deseos, etc.; sino que deben cambiar su relaciones con el territorio, relacionarse de manera diferente con las familias, la comunidad, la política, los negocios, los servicios sociales, los medios de comunicación, la universidad, etc. (Fullan, 2002), aprovechando y rentabilizando el capital cultural del entorno y de sus habitantes. En definitiva, crear una red para potenciar los aprendizajes porque una educación en valores, en los valores necesarios para una ciudadanía democrática (participación, colaboración, igualdad y equidad, etc.), requiere articular la cultura escolar y no escolar para generar contextos significativos de aprendizaje. Al mismo tiempo, también se hace necesario cambiar las relaciones del entorno con los centros educativos. Este cambio de relaciones significa aceptar y exigir la responsabilidad que tienen todas las personas de una comunidad en la educación de niños, niñas, jóvenes, adolescentes y personas adultas, aportando, para tener un valor de uso, conocimientos y destrezas; al mismo tiempo que cualquier lugar u objeto del entorno se convierten en educativos. En definitiva, sería entender que la educación para todos y todas como un acto por parte de todos y todas, lo cual significa que toda persona tiene derecho real tanto a aprender como a enseñar (Illich, 1974). Aceptar este supuesto implica crear una comunidad educadora para el ejercicio de una ciudadanía crítica que entienda la democracia y la justicia como principios para la acción, lo cual requiere un compromiso para:

- Organizar centros educativos como comunidades no sólo de enseñanza, sino también de aprendizaje, donde un colectivo de personas se agrupan para transformar la realidad, partiendo de ésta, comprometiéndose en la consecución de un bien común, trabajando conjuntamente y corresponsabilizándose de sus acciones.

- Practicar procesos de enseñanzas-aprendizajes compartidos y multidireccionales, tratando los contenidos que se trabajan en los centros educativos a partir de problemas cotidianos que preocupan a la comunidad, articulando la educación formal y no formal para producir contextos significativos de aprendizaje. Es decir, los contenidos escolares parten de la vida cotidiana, y se desarrollan contando con los conocimientos, capacidades y competencias docentes, pero también con todas las posibilidades que ofrece el entorno social, con las aportaciones del exterior, con todas aquellas personas que puedan dar respuesta a los interrogantes, necesidades, deseos, etc.

- Atender a las necesidades sociales, culturales y de ocio, incluyendo la diversidad cultural, generacional, etc. de la comunidad.

- Diluir la educación en la vida de las personas. Diferentes ámbitos asumirían la tarea de educar: la política, el trabajo, los centros de salud, las asociaciones, las relaciones personales, la vida familiar, etc.; todos serían medios de educación (Illich, 1974).

La creación de una comunidad educadora apunta a otro cambio: “construir ciudades y entornos más habitables, con lugares para el encuentro y el intercambio, con equipamientos culturales y otras ofertas lúdicas y formativas contribuyen a la mejora de la calidad de las de vida de las personas, e indirecta y potencialmente a la democratización e innovación de la escuela” (Carbonell, 2001, 106). Cambio que es el objetivo del Programa Socioeducativo de carácter Comunitario para la Recuperación de El Ingenio, generando dicho Programa las condiciones para la constitución y desarrollo de una comunidad educadora, puesto que articula la vinculación y apertura de los centros educativos con su medio social (Delval, 2006) y a la inversa en distintos aspectos:

1) Los centros educativos se abren a la comunidad, ponen sus recursos materiales y humanos al servicio de ésta, a los intereses y necesidades de los sujetos;

2) La actividad escolar recibe aportaciones culturales de todos los miembros de la comunidad, procurando espacios y tiempos para el diálogo y la búsqueda de consensos;

3) Los centros educativos aprenden a analizar los problemas sociales y culturales de la comunidad con sus protagonistas para aportar soluciones compartidas;

4) La creación de espacios de encuentro, intercambio y aprendizaje intercultural e intergeneracional, de coparticipación y de corresponsabilidad;

5) Considera, sistematiza y difunde el potencial educativo del entorno, su capital cultural, y lo pone al servicio de la ciudadanía, posibilitando experiencias significativas y conocimientos relevantes de niños, niñas, jóvenes, adolescentes y personas adultas.

6) Favorece la creación de espacios significativos para el aprendizaje, considerando éste como “el resultado de una participación no estorbada en un entorno significativo” (Illich, 1974, 57), lo que supone un nuevo estilo de la relación educativa entre las personas y su entorno.

7) Es una apuesta por la solidaridad ciudadana y cohesión social para evitar y neutralizar discriminaciones, exclusión y marginación social.

8) Otras instituciones e instancias (centro de salud, EPSA, asociaciones vecinales, etc.) asumen un papel activo en los procesos educativos.

9) Es un proyecto de trabajo comunitario de base, construyéndose mediante procesos democráticos y justos, ya que a nadie se le niega el principio de ciudadanía de participación, ni está condicionada por el grupo de pertenencia.

En definitiva, se están generando las condiciones, como afirma Lima (2004, 68), para una “apropiación creativa de la escuela, no para consumirla, sino para recrearla. Para una transformación de la escuela en “casa de la comunidad” exige descentralización y autonomía, legitimadas por formas de gobierno democrático y participación activa en la toma de decisiones”.


4. Repensando el modelo formativo. El Aprendizaje Servicio como metodología para la transformación.

Pensar en cambiar las escuelas, querer que éstas se constituyan en comunidades educadoras, tanto en la gestión, en la organización como en el curriculum, para hacer posible una educación democrática participativa que posibilite la construcción y desarrollo de una ciudadanía crítica y activa para un cambio local y social necesita, al mismo tiempo, pensar la formación docente en esta misma línea. Es decir, formar al alumnado universitario para que adquiera los conocimientos y habilidades necesarias para el desarrollo y construcción de la democracia y la justicia en los centros educativos requiere cambiar el modelo formativo que le posibilite conectar los conocimientos disciplinares con realidades y problemáticas concretas, convirtiendo dichos conocimientos en herramientas para comprender, analizar y actuar en la realidad.

Se trata de potenciar el pensamiento práctico “como alternativa epistemológica que entiende la formación como un proceso permanente de reconstrucción conceptual, reestructuración continua de los modos de representación, comprensión y actuación, al calor de las experiencias y reflexiones que cada uno vive con los objetos, las personas, ideas y contextos que rodean su existencia profesional y personal” (Pérez Gómez, 2010, 42), para un conocimiento significativo y relevante en y para hacer efectiva la igualdad en educación –la igualdad de acceso, de permanencia y de éxito- la democracia y la justicia.

Dicha alternativa epistemológica es la que estamos procurando posibilitar al alumnado con su participación en el Programa Socioeducativo de carácter Comunitario para la Recuperación de El Ingenio, buscando permanentemente la forma de vincular teoría y práctica desde nuestras asignaturas, cambiando la propia concepción y práctica de formación del alumnado universitario, ya que requiere situar la formación docente en un nuevo espacio, el resultante de la intersección entre universidad-escuela-comunidad, que Zeichner (2010a) denomina el tercer espacio, un espacio híbrido, “dado que el conocimiento académico y práctico y el conocimiento existente en la comunidad convergen en formas menos jerárquicas del aprendizaje del profesorado” (Zeichner, 2010a, 125).

Esto significa que los futuros y futuras docentes, a través de su participación en el marco del Programa Socioeducativo, también se educan en comunidad, una comunidad de formadores y formadoras, donde el conocimiento académico es uno más en el que se integran conocimientos, prácticas, habilidades, etc. de las maestras y los maestros y de otros agentes y personas del barrio. A partir de esta interacción de diferentes fuentes y tipos de conocimiento se marca como finalidad que el alumnado universitario realice un proceso de “teorización práctica” (Hazel, 2006 cit. por Pérez Gómez, 2010, 47) por medio de la metodología de Aprendizaje Servicio.

Existen distintas definiciones de Aprendizaje Servicio (Puig y Palos, 2006; Puig, 2009; Martínez 2010; Batlle, etc.), nosotras lo entendemos como “una propuesta educativa que promueve el compromiso social, combinando procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un programa articulado donde los/as participantes se forman trabajando sobre necesidades reales del entorno para mejorarlo y transformarlo. Se trata de sostener simultáneamente la intención educativa de mejorar la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje y de ofrecer una respuesta participativa a una necesidad social”, en nuestro caso la mejora y transformación de un barrio desde la ciudadanía. Es el aspecto de transformación del aprendizaje servicio el que queremos resaltar. No entendemos el servicio desde el altruismo o asistencialismo, ya que sería acrítico, ocultando la realidad, no visibilizando las estructuras y los mecanismos de dominación y de exclusión, y que condicionan y limitan la construcción participativa de la democracia. Como señala Freire (1998, 50) “el asistencialismo hace de quien lo recibe un sujeto pasivo, sin posibilidad de participar en el proceso de su propia recuperación y se contradice al proceso de democracia fundamental […] El asistencialismo “roba” al hombre y a la mujerla responsabilidad –la cual exige tomar decisiones que afecten a intereses ajenos y propios”. Por tanto, entendemos un servicio para la transformación, para el empoderamiento no solo de los colectivos que habitan y trabajan en el barrio El Puche, sino también del alumnado universitario como agente de cambio para combatir las diferentes formas y mecanismos de opresión y dominación por clase social, género, etnia, etc., y para la asunción de su responsabilidad como profesionales con la igualdad y la justicia.

La participación de los alumnos y las alumnas en el marco del Programa consiste, además de prestar un servicio a la comunidad, ya sea en las aulas-centros educativos y otras instancias colaboradoras en el mismo, tomar consciencia de los aprendizajes que están realizando, y de los que necesitan adquirir para la construcción y desarrollo de escuelas democráticas y de la justicia escolar y social, conjugando los conocimientos disciplinares que trabajamos en el aula necesarios para la construcción y desarrollo de la democracia escolar y los ejes temáticos del Programa en sus propuestas e intervenciones educativas. Para ello deben tomar conciencia de cuáles son sus limitaciones y debilidades en el marco del servicio que están prestando, y actuar para que éstas vayan desapareciendo o convirtiéndose en fortalezas. Es decir, tienen que realizar procesos de investigación-acción participativa y crítica, que les permitirá ser conscientes de sus prácticas educativas y cómo poder mejorarlas desde una línea de acción que potencie la democracia y la justicia. Para esto, de forma sistemática, el alumnado dispone de un día a la semana para su intervención directa, y como un colectivo más participa en la planificación y toma de decisiones junto con los y las profesionales con las que colabora en cada uno de los proyectos que conforman el Programa, trabajando de forma cooperativa con sus compañeros y compañeras que prestan su servicio en el mismo espacio, e intercambiando experiencias entre iguales y con la comunidad.

La actuación que realiza el alumnado a través de su servicio en un contexto concreto, con el objetivo de concienciar para transformar una realidad desde los principios de la democracia participativa para una ciudadanía crítica y activa hace que actúe, a la vez, sobre él mismo. Es decir, siguiendo la idea de continuidad de la experiencia de Dewey (2004), posibilita que esta experiencia de aprendizaje servicio de transformación, transforme sus experiencias pasada, reconstruyéndolas, y las futuras.

Como docentes, con esta experiencia de aprendizaje servicio en el marco del Programa Socioeducativo, queremos posibilitar las condiciones para que el alumnado que trabaja con nosotras, tenga la oportunidad de realizar múltiples aprendizajes, como señala Pérez Gómez (2010), en situación que provoquen:

- La vinculación entre teoría y práctica, a través de procesos permanentes de reflexión de y en la acción, para posteriormente realizar propuestas que permitan construir y desarrollar escuelas democráticas.

- El aprendizaje de la democracia, participando en un proyecto democrático. Proyecto que surge desde la base, siendo la horizontalidad la que define las relaciones y la toma de decisiones, y donde la evaluación es una actividad permanente.

- La participación y vivencia en la creación de una comunidad educadora como potencial del aprendizaje y de la enseñanza, considerando los centros educativos como comunidades de enseñanza y de aprendizaje, donde un colectivo de personas se agrupa para transformar su realidad, comprometiéndose y trabajando cooperativamente para la consecución de un bien común, corresponsabilizándose de sus acciones.

- La necesidad de experimentar que los centros escolares tienen que abrirse a la comunidad y ésta a los centros para potenciar una educación de calidad, y para una ciudadanía reflexiva y crítica, que tenga como objetivo de acción la construcción y el desarrollo de la democracia y la justicia, vinculando los conocimientos académicos con los no considerados académicos.

- La consideración de que la educación debe atender a las necesidades sociales, culturales y de ocio, incluyendo la diversidad cultural, generacional en las propuestas educativas.

- Un servicio a los centros educativos, instituciones y entidades para la transformación de hábitos, concepciones, comportamientos, etc. que mejoren la calidad de vida de las personas que habitan el barrio desde la concienciación y participación colectiva.

- La vivencia en proyecto educativo de participación comunitaria como vía de cambio de la propia realidad.

En definitiva, a través del aprendizaje servicio en el marco del Programa Socioeducativo se le brinda a los alumnos y a las alumnas la oportunidad de participar de una educación crítica que, como señala Castoriadis (1995), significaría ser formados y formadas dentro, y a través, de una paideia democrática, que se construye y reconstruye permanentemente. Esto requiere, y esa es nuestra intención, formar un equipo docente –de titulación y curso para hacer posible la coherencia formativa-, que se vincule al Programa, lo que posibilitaría que la Universidad no fuera un lugar de transmisión de conocimiento sino de reconstrucción del mismo a partir de realidades concretas. Al mismo tiempo, es una vía para potenciar un nuevo modelo de formación para el alumnado, formándose no sólo para una práctica profesional democrática, sino en una práctica profesional democrática, ofreciendo la posibilidad de otro modelo de formación permanente para nosotras mismas.


Referencias bibliográficas

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Participación política, democracia digital y e‐ciudadanía para el protagonismo de adolescentes y jóvenes


Participación política, democracia digital y e‐ciudadanía para el protagonismo de adolescentes y jóvenes (Monografía coordinada por Juan Bautista Rodríguez Martínez)

REIFOP, 37 (14.2) AGOSTO 2011




Al sistema educativo le hemos asignado la función de formar buenos ciudadanos, educados en valores democráticos, y además le atribuimos una educación en medios para que el alumnado pueda desenvolverse en la llamada sociedad de la información. Proponemos estas asignaturas y contenidos como uno de los medios para salvar a esta sociedad de todos los conflictos y problemas que se producen.

Esta actitud bondadosa y bienintencionada se convierte en ingenua e idealista frente al fuerte control y jerarquización curricular que exige la acreditación de los conocimientos adquiridos, que, por cierto, en la práctica no conceden un valor sustancial –ni en tiempo ni en dedicación– a tales conocimientos democratizadores.

En el centro de la sistematización de la escolarización en niveles, modalidades, especialidades y títulos se ha implantado un mecanismo de acreditación decisivo gestionado a través de dos actividades fundamentales: la realización de exámenes y la expedición del catálogo de títulos que, supuestamente, permite acceder a puestos laborales o trabajos. Esta misión del sistema se originó históricamente en la modernidad para evitar el anterior clientelismo y nepotismo.

Hoy se está produciendo una gran tensión entre las funciones de educación que aspiran a convertir al sistema educativo en la solución de todos los males –idealismo educativo– frente a la práctica de la acreditación, certificación y expedición de títulos en escuelas, centros educativos y universidades. La educación para la ciudadanía y la educación en medios o nuevas tecnologías se proponen en este campo de tensiones y conflictos de intereses. Estas propuestas curriculares se orientan hacia la construcción de la paz y la democracia, manteniendo una actitud constructiva, solidaria y responsable ante el cumplimiento de los derechos y obligaciones cívicas. La pretendida bondad de este curriculum choca contra ese credencialismo arraigado en los conocimientos simplificados presentados en los libros de texto y en la realización de exámenes de contenidos memorísticos, fragmentados y descontextualizados.

El motivo de este monográfico se fundamenta en que estas luchas se dirimen en dos escenarios definitivos: a) el sistema escolar con la paradójica pretensión de instrucción y acreditación, y b) la cultura popular cultivada y difundida a través de los medios en un escenario predominantemente virtual.

La fuerte dependencia, implicación e interacción, tanto interna en cada escenario como entre ambos, nos permite abordar una serie de temas relacionados: los retos políticos, ciudadanos y educativos del uso de Internet en la escuela, el estudio sobre los adolescentes como ciudadanos en la era digital y su implicación cívica, los derechos de los jóvenes en el mundo mediático, el concepto de identidad en el mundo virtual, la función educativa de los videojuegos. Y también las experiencias y propuestas de pedagogía crítica en la formación del profesorado para transformar el aula con Web 2.0 y la oportunidad de participación comunitaria en las escuelas rurales.

________________

Lo real y lo virtual, lo escolar y lo extraescolar, lo público o privado, lo político o apolítico, lo moral y lo inmoral, todo ello son construcciones que nos hacen caer en identificaciones simplistas o posiciones maniqueas. Recuperar el sentido de las acciones, la función de los espacios colectivos o individuales, identificar las razones y procedimientos de la difusión o secretismo de los conocimientos, visibilizar las relaciones de poder en la escuela y en los medios, comprender e historiar nuestros conflictos a la luz de una ética plural y de base colectiva, son cuestiones permanentes que nos ocuparán, seamos jóvenes o mayores, hombres o mujeres, ricos o pobres...

(Pulsar aquí para descargar el pdf a texto completo de este número)

La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos



La educación democrática en los nuevos escenarios
ciudadanos (Monografía coordinada por Juan Bautista Martínez Rodríguez)


RIFOP 71 (25.2) AGOSTO 2011







El concepto de democracia es posible que sea uno de los conceptos más vapuleados y maltratados en la historia del pensamiento político. Y desde luego, uno de los menos vividos en la instituciones educativas.


De la democracia hablan Sarkozy o Berlusconi para decir obscenidades, y de la democracia habla Chomsky para cuestionar las obscenidades de tan impúdicos estadistas.

Con la democracia hemos formulado objetivos generales, objetivos operativos, planes transversales, conceptos, procedimientos, actitudes y valores, y ahora, competencias.

Y con la democracia hemos pretendido sinónimos que realmente son antónimos, como aquello de educación para la ciudadanía (en inglés).


En fin, el mundo se construye y se destruye, y se explica o interpreta, desde los discursos; y hay discursos diferentes que interpretan de un modo diferente determinadas prácticas institucionales y políticas en un momento histórico dado.


De esta forma, hay discursos diferentes sobre la democracia y hay discursos diferentes sobre la democracia y su relación con la educación, y sobre la democracia en las instituciones educativas.


Situados en este contexto, lo que en esta monografía pretendemos mostrar es una aproximación a una de esas formas discursivas.


En ella vamos a destacar:


Que no puede haber educación sin democracia ni viceversa, puesto que la democracia no se tiene de nacimiento, sino que debe ser aprendida.


Que es la educación democrática la que nos permite compartir una forma de mirar el mundo, la que hace posible crear las condiciones adecuadas en los diferentes escenarios ciudadanos (medios, redes e instituciones públicas) para poder vivir juntos; la que facilita la apertura de las instituciones educativas a todos los miembros de la sociedad.


Que la educación democrática, que es vivencial, que se aprende a través de la experiencia individual y colectiva, cruza la mayor parte de las actividades cognitivas y morales (siempre complejas), y desde múltiples perspectivas: teórica/reflexiva, empírica, profesional, tecnológica...


Por otra parte, los temas que afectan a la educación democrática son tan abundantes que es imposible abarcarlos en este monográfico, no caben en él; pero lo que sí vamos a señalar a lo largo del mismo son algunas de sus principales vías de resignificación en las condiciones de nuestro nuevo siglo.

Por ello destacaremos en él esos espacios y lugares en los que los ciudadanos actuamos, en los que representamos e interpretamos nuestras vidas y que, además, son especialmente significativos para la educación.


De esta guisa, la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado pretende revisar en este volumen la educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos (redes, medios y escuela), centrando especialmente la atención en el escenario virtual, que aparece hoy superpuesto al de los medios de comunicación y al de la propia institución educativa.

(Pulsar aquí para acceder a la revista)

La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos = Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, avance agosto 2011


Como ya hemos destacado recientemente en este blog, la Asociación Universitaria de Formación del Profesorado (AUFOP) publicará en agosto de 2011 dos monografías sobre La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos.

Coordinadas ambas por Juan Bautista Martínez Rodríguez, Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada, una de tales monografías se publicará en el número 71 (25,2) Agosto 2011 de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP) y la otra en el número 37 (14,2) Agosto 2011 de la Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado (REIFOP).

Anticipamos en este post el listado de los artículos que integrarán las secciones monográficas de ambos números.

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71 (25,2) Agosto 2011

- Editorial: La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos

- Presentación: La educación democrática se resignifica hoy en los nuevos escenarios ciudadanos


Artículos que integran la sección monográfica

- Evaluación, Adolescentes y Derechos

- ¿Educación para la libertad? Las mujeres ante la reacción patriarcal

- Hacia una teoría política de la socialización cívica virtual de la adolescencia

- El compromiso cívico y político de los jóvenes y el rol de las nuevas tecnologías en educación: Modelos de e-democracia.

- Aportaciones ciudadanas desde el aprendizaje servicio. Universidad, escuela y comunidad conectadas.

- Aprendizajes colaborativos y democratización de las relaciones didácticas

- ¿Por qué amo las redes sociales?: Vida social de jóvenes en red

- Música, participación, identidad. Nuevos retos en la era digital.

- Herramientas para vivir la democracia


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37 (14,2) Agosto 2011

- Editorial: Idealismo o realismo en la educación ciudadana y en medios

- Presentación: Participación política, democracia digital y e-Ciudadanía para el protagonismo de adolescentes y jóvenes

Artículos que integran la sección monográfica

- Retos políticos, ciudadanos y educativos del uso de internet en la escuela

- El concepto de identidad en el mundo “virtual”: el “yo” online

- Rompiendo muros. La educación democrática: proyecto comunal de ciudadanía


- Investigaciones internacionales sobre la implicación cívica de adolescentes y jóvenes

- Ciudadanos adolescentes en la era digital

- Pedagogía crítica y Web 2.0: formación del profesorado para transformar el aula

- Desarmando el "Poder" antisocial de los videojuegos

- Escuelas rurales y educación democrática. La oportunidad de la participación comunitaria


- Características de la actividad cívica de los adolescentes y jóvenes españoles: E-Ciudadanía

- Los jóvenes como consumidores en la era digital



(Post en construcción)