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La universidad absurda. Texto tomado del editorial del número 80 (28.2) de la RIFOP


La universidad se ha construido desde un imaginario academicista que encuentra su caldo de cultivo ideal entre densos muros cubiertos por libros. 

A ello se sumó el ánimo de buscar la verdad, no cualquiera, sino aquella que puede formalizarse matemáticamente en laboratorios que interrogan lo pequeño, o en observatorios que cosquillean la inmensidad del universo. 

La última moda, asfixiante donde las haya, exige a estudiantado y profesorado sumergirse en un estrés continuo absolutamente incompatible con la reflexión, la autonomía y el compromiso social. Son empujados al sueño etéreo de ser los mejores, un destino fatal al que la insensatez estupidizante se afana en abocarnos. 

El estudiantado es instruido, a través de férreos horarios y sistemas de exámenes mal denominados evaluación continua, hacia la competición, la auto-salvación, la versatilidad, la adaptabilidad y la priorización de una salida laboral siempre frágil. 

El profesorado es reducido a una máquina de publicación en revistas indexadas en el Journal Citation Index, cuyo logro es condición necesaria para su existencia laboral. 

Todo ello es aderezado convenientemente con las cada vez más presentes listas de ordenación o rankings. 

Estos mecanismos permiten que las personas y las instituciones puedan hipotecar su existencia en la lucha continua por llegar y mantenerse en posiciones eternamente disputadas

Texto tomado del editorial del número 80 (28.2) agosto 2014, de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP).

La universidad absurda. Bajo un moderno vestido de racionalidad, se esconde un mundo absurdo. Vivimos la oportunidad histórica de transformarlo







Universidad y movimientos sociales: la universidad absurda y la esperanza de las praxis universidad-calle

La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la universidad absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales puede abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario.


Movimientos sociales, universidad, ovejas y lobos

En un prado

Supongamos la existencia de diez ovejas, un prado verde, un pastor y un lobo. Tal vez no sea necesario continuar con el relato. Una de las caras de la educación es la de perpetuar el estatus quo, ayudando a introyectar el orden establecido. 


Con los estímulos indicados, sabemos que las ovejas son víctimas; el lobo, verdugo; el prado, un sustento pasivo; y el pastor, un líder responsable. Como metáforas, las ovejas son la extensa y creciente población de urbanitas; el lobo, un peligro difuso y temible, como podría ser la inestabilidad reificada de los mercados; el pastor, un gobernante autoritario que salvará del peligro a condición de algunas necesarias restricciones de libertad; y el prado, un aséptico contexto científico-tecnológico-legal. 

Pongamos, no obstante y siguiendo los estándares, que las ovejas desean pastar por el prado, el lobo desea comer ovejas y el pastor, evitarlo. Sean más creíbles o menos, tienen carta de solución cercar a los lanudos, contratar vigilancia, matar al lobo, alimentarlo, domesticarlo, enseñar defensa personal a las ovejas, mudarse de prado, estimular la fraternidad entre ambas especies, crear cárceles para lobos, aunque las terminen ocupando las ovejas... 

Para mostrar nuestra condición de seres de este tiempo, tal vez la solución más recomendable sería hacer competir a las ovejas entre sí, establecer un ranking (con criterios objetivos cuantificables, como la longitud del rabo en centímetros) y, finalmente, que la última pague la ofensa de su existencia sirviendo de sustento al carnívoro. Es más, siendo fieles a esta época, las propias ovejas pagarían el coste de elaboración del ranking y los honorarios de la empresa responsable (por cierto, gestionada por el lobo).

Un ejemplo de solución absurda sería que el pastor decidiera pintar de magenta el techo de su cocina. Hasta donde sabemos, ese acto no guarda ninguna relación con la protección de las ovejas. Un subtipo de decisión absurda que además resulta contraproducente, sería pedir al lobo que vigile.

Esta invitación inicial a la imaginación con metáforas, tiene varios cometidos, todos ellos instalados en el comportamiento de la universidad hoy. Lo desgranamos en los siguientes epígrafes.


Racionalidad emotivo-estratégica

En primer lugar, si bien la educación tiene una faceta perpetuadora del orden establecido –educación domesticadora–, ejerce también como estimuladora de otros mundos posibles –educación transformadora–. 

Desde esta perspectiva, los movimientos sociales pueden ser concebidos como espacios estratégicos de intervención socio-educacional y de acción cultural, plenamente instalados en procesos de educación transformadora (Bacal, 2010). 

La universidad, por su parte, tiene la misma misión, esta vez no solo desde una perspectiva educadora, sino también investigadora, ambas plenamente fundidas en el objetivo de construcción de bien común (Manzano-Arrondo, 2012). 

Esta circunstancia constituye un primer punto de apoyo para observar con naturalidad que universidad y movimientos sociales (en adelante UMS) están llamados a trabajar codo con codo en una relación dialógica, que no anteponga unos modos de saber frente a otros (Codina y Delgado, 2006). El trabajo de UMS quedaría instalado perfectamente en una racionalidad estratégica, consciente del destino común planetario (Morin, Roger y Domingo, 2001), que incluye la dimensión emocional, especialmente como ética del cuidado (Boff, 2001). 

En definitiva, pues, la metáfora nos da pie a soñar la colaboración UMS como resultado de:

1. Una clara, contundente, explícita y protagonista orientación hacia el bien común.

2. Que pone horizontalmente en juego lo que le es propio a cada parte: gestión del conocimiento por la universidad (Ellacuría, 1999), acción por los movimientos sociales (Galafassi, 2006), y delimitación de objetivos y procesos por parte de ambos.

3. Y que considera una actitud estratégica, con elementos tradicionalmente enfrentados: razón y emoción, ciencia y arte, universidad y calle, local y global (Manzano-Arrondo, 2012).

Los modelos de Investigación-Acción Participativa (por ejemplo, Balcázar, 2003), Aprendizaje-Servicio (por ejemplo, Strier, 2011), Co-investigación (Malo, 2004) o Unidades de Acción Comprometida (Manzano-Arrondo y Suárez, en prensa), son algunas de las concreciones que se observan a partir de los tres puntos que definen la praxis UMS.


La dimensión de lo absurdo... y más allá

El comportamiento habitual en la universidad no se encuentra instalado en el marco anterior. Un grueso de actividad se centra en pintar los techos de color magenta.

Los movimientos sociales manejan problemas concretos en contextos definidos (sean locales o globales) con interés por la visibilidad. Si bien estos elementos constituyen buenas guías para no perder el rumbo, los movimientos sociales pueden ser fagocitados y domesticados, incluso caer en competencias internas y lucha por la energía escasa de la membresía. Tal es el caso que puede llegarse al absurdo de que la existencia de los movimientos sea normalizada y, con ello, sustente el imaginario de un marco político liberal globalizado que no se entiende sin la coexistencia de los movimientos (Arias, 2008). Este peligro tiene una ocurrencia más difícil en la medida en que los movimientos se encuentren articulados o comunicados entre sí y con la cara cruda de la realidad, en cuyo seno resulta ideal la concreción de la praxis UMS.

Por esta conexión real, el absurdo no anida en los movimientos sociales, sino principalmente en la dimensión académica.

El mundo académico se siente más cómodo en el manejo de ideas, teorías y modelos, con una utilidad invisible o ánimo difuso de aplicabilidad e interés por el conocimiento en sí mismo. Por ello, la fuerte compartimentación de la universidad (Greenwood, 2012) y su tradición simplificadora (Morín, 1995) constituyen un caldo de cultivo ideal para el campeo del absurdo.

Un buen ejemplo de este juego es la creciente asfixia a la que se somete a los miembros de la academia, para publicar en revistas indexadas en el Journal Citation Index (Urcelay y Galetto, 2011). 

Bermejo (2014) lo expone magistralmente como ejemplo claro de servidumbre: los miembros de la academia implican su fuerza de trabajo para investigar con fondos estatales y redactan textos científicos; envían estos textos a las empresas propietarias de revistas bajo condiciones asombrosas: la propiedad pasa a ser de la empresa, que no solo no paga por el producto del trabajo sino que incluso puede llegar a cobrar por ello; y las instituciones de investigación terminan volviendo a pagar para acceder a las revistas cuyo contenido han nutrido.

El panorama supera el simple absurdo y queda notablemente exagerado al observar los sistemas de regulación del contexto académico. Todo comienza cuando gobiernos nacionales y entidades económicas supranacionales se alían para planificar el comportamiento de las universidades (Jarab, 2008). 

Deciden entonces orientarlas hacia las necesidades mercantiles (Andrés y Manzano-Arrondo, 2004) y establecen un férreo sistema de control que mantiene en una constante sensación de inseguridad a los miembros de la academia (Ball, 2003), como no respondan positivamente a las reformas. 

El control se concreta a través del lucrativo negocio de la evaluación de la calidad (Miguel y Apodaca, 2009), que termina valorando la conducta académica básicamente a través de una fuerte reducción que implica la publicación de artículos en revistas JCR (Mateo, 2012). 

En definitiva, la fortaleza de la institución de educación superior para cambiar el mundo queda no solo anulada, sino que se orienta hacia la connivencia con los agentes que han transformado en planeta en un inmenso espacio de negocio. En el camino, la universidad se desnaturaliza, se prostituye y se hunde en una suma de movimientos individuales de autosalvación.

De cuanto pueda definirse en torno a lo absurdo aplicado a la universidad, lo más destacable es lo que afecta a su dejación de responsabilidad. Se trata de la institución del conocimiento por antonomasia. Los problemas del mundo requieren conocimiento para ser identificados, acotados, explicados y solucionados. 

¿Dónde se encuentra la universidad en estos cometidos? Sus miembros han asumido mayoritaria y acríticamente un capitalismo académico en el que cada individuo busca su propio provecho, perdido en una maraña de relaciones que les resulta no solo insondable, sino también indiferente. 

Pierden el sentido último de sus actos y aceptan unas reglas del juego que exigen la competición sin tregua para escalar posiciones en rankings inhumanos. El funcionamiento es pernicioso por cuanto la obcecación individual ha fortalecido el sistema y cada vez es más fácil sentir la presión por obedecer individualmente y menos la valentía de resistir colectivamente. 

Mientras, los problemas urgentes, eternos, sistemáticamente abandonados (la paz, sin ir más lejos), siguen esperando no solo una ciencia que por fin les atienda, sino una academia que no se autolimite en la estrecha dimensión de la creación teórica.


Una mirada de esperanza

Los movimientos sociales constituyen una promesa de frescura para la universidad. Tienen las alforjas cargadas de experiencia, realidad urgente, pie de calle, descripciones, fuerza y objetivos. Es desesperante que sigamos implicando energías en mantener las fronteras que separan las cotidianidades de ambos agentes. 

La universidad, por su parte, puede mutar su relación histórica con los movimientos sociales. Hasta la fecha, estos han sido abordados como objetos de estudio, ante los que cabe mantener distancia, asepsia, objetividad, neutralidad e imparcialidad (Manzano-Arrondo, 2014). 

Necesitamos más posicionamiento. No es cuestión de construir trincheras. La universidad no está para eso, sino para cambiar el mundo desde el saber (Ellacuría, 1999), para construir una ciencia que no se centre en explicar lo que ocurre sino cómo cambiar lo que ocurre (Holloway, 2002). Dado que lo suyo es el conocimiento, tiene la inconmensurable potencia que implica ponerlo todo él al servicio de ese bien común tantas veces mencionado. Para ello, confluir universidad y movimientos es una asignatura tan pendiente como necesaria.

En "La Universidad Comprometida" (Manzano-Arrondo, 2012), se propone un sistema muy básico, aun por desarrollar, para estimular el grado en que la universidad considera a los movimientos sociales en su docencia (1.Ausencia, 2. Opinión, 3. Explicación, 4. Contacto, 5. Inmersión y 6. Conjunción), investigación (1. Ausencia, 2. Motivo, 3. Devolución, 4. Cambio, 5. Participación y 6. Conjunción) y gestión institucional (1. Ausencia, 2. Colateralidad, 3. Intencionalidad, 4. Implicación, 5. Presencia y 6. Conjunción). La fase de conjunción implica un trabajo dialógico entre los testigos de la calle y los miembros de la universidad, diseñando objetivos, temarios, investigaciones, desarrollos, herramientas... Es el destino que más sentido otorga a la institución de educación superior en este momento histórico donde cada vez es más visible la oportunidad histórica de cambio.

Bajo un moderno vestido de racionalidad, se esconde un mundo absurdo. Vivimos la oportunidad histórica de transformarlo.


Universidad y movimientos sociales: Accede desde aquí al pdf a texto completo del número 80 de la rifop


Una última moda, asfixiante, exige a estudiantes y profesores sumergirse en una dinámica de estrés incompatible con la reflexión, la autonomía y el compromiso social (Universidad y movimientos sociales, rifop 80)







"Son los movimientos sociales los que mantienen viva la llama de la esperanza, señalando los problemas que se sufren en la calle y los retos pendientes para la construcción de un mundo mejor. La universidad necesita ese alimento para revitalizarse, para plantar cara y gritar que va siendo hora de las decisiones basadas en la sabiduría. En pequeños sectores es un clamor que la universidad tiene que estar en la calle, pero ésta resulta invisible para el grueso universitario. No en vano, la universidad se ha construido desde un imaginario academicista que encuentra su mejor caldo de cultivo entre muros cubiertos por libros. 

A esa ausencia de la calle hay que añadir una última moda, asfixiante, que exige a estudiantes y profesores sumergirse en una dinámica de estrés incompatible con la reflexión, la autonomía y el compromiso social, y que les empuja al sueño imaginario de ser los mejores, un destino fatal al que la insensatez del sistema se afana en abocarnos. El estudiantado es instruido, mediante férreos horarios y un sistema de exámenes mal denominados evaluación continua, hacia la competición, la adaptabilidad y la priorización de una salida laboral siempre frágil. El profesorado es reducido a una máquina de publicar en revistas indexadas en el Journal Citation Index como condición necesaria para su existencia laboral. Todo ello aderezado con los omnipresentes listados de rankings. Estos mecanismos hacen que personas e instituciones hipotequen su existencia en una lucha continua por llegar y mantenerse en posiciones eternamente disputadas. 

Frente a este panorama tan poco halagüeño, se escucha una voz de fondo que exige una universidad comprometida con la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción del bien común. 

La confluencia entre universidad y movimientos sociales puede abrir la puerta a la esperanza de una vía mixta decididamente orientada a un mundo mejor".

(Texto tomado de la monografía sobre "Universidad y movimientos sociales", tal como figura en la solapa del número 80 de la rifop. Accede desde aquí a la versión preprint de la misma. Próximamente estará disponible el texto completo de esta monografía en formato pdf y en formato impreso).

Universidad y Movimientos Sociales, nueva monografía de la rifop (textos completos en abierto)







Accede desde aquí a una primera versión, en formato blog, a texto completo, de una monografía titulada "Universidad y Movimientos Sociales", que ha sido coordinada por Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij, y que se publica en el número 80 (28.2) Agosto 2014, de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. 

En breve estará también disponible en abierto el pdf completo del número 80 (28.2) de la rifop en la web oficial de la aufop (pulsar aquí).

"La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la Universidad Absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales pueden abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario" (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij).


Pulsa sobre cada uno de los artículos para acceder a los mismos a texto completo


Editorial - Universidad y Movimientos Sociales /// University and Social Movements (Consejo de Redacción)

Universidad y Movimientos Sociales: la universidad absurda y la esperanza de las praxis universidad-calle /// University and Social Movements: the absurd university and the hope gained from the university-street praxis (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij)

Astra-Gernika: de Fábrica de Armas a Centro Social Autogestionado /// Astra-Gernika: from a weapon factory to a Self-Organized Social Center (Zesar Martínez)

La libertad de aprender /// The freedom to learn (Gustavo Esteva)

Formando ciudadanos comprometidos. Fomento de la Responsabilidad Social en los universitarios /// Educating committed citizens. Promoting Social Responsibility in university students (Francisco Zamora-Polo, M. Isabel Sánchez-Hernández, Dolores Gallardo-Vázquez y Francisco Hipólito-Ojalvo)

La ficha de demandas como instrumento de acercamiento entre la Universidad y el Tercer Sector /// The demands card as a means of rapprochement between the University and the Third Sector (Alejandro Navas Villar y Blanca Galván Vega)



Universidad y Movimientos Sociales - Editorial







"La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la Universidad Absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales pueden abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario" (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij).


En este post se ofrece una primera versión, en formato blog, del editorial correspondiente al número 80 (28.2) Agosto 2014, de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. En él se publica una monografía titulada Universidad y Movimientos Sociales, que ha sido coordinada por Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij.

EDITORIAL

Que la universidad ha de estar en la calle es un clamor en pequeños sectores. Se reclama y practica por parte del activismo, sea a nivel individual o a partir de los movimientos sociales universitarios. Y se legisla desde los gobiernos convencidos de que las universidades públicas tienen una presencia excesiva. Como remedio, normativizan la salida de los miembros de la universidad a la calle, si bien esta vez para quedarse en ella.
           
A diferencia de estos pequeños sectores, para el grueso universitario, la calle no es visible. La universidad se ha construido desde un imaginario academicista que encuentra su caldo de cultivo ideal entre densos muros cubiertos por libros. A ello se sumó el ánimo de buscar la verdad, no cualquiera, sino aquella que puede formalizarse matemáticamente en laboratorios que interrogan lo pequeño, o en observatorios que cosquillean la inmensidad del universo. Por si la ausencia de la calle fuera poca, la última moda, asfixiante donde las haya, exige a estudiantado y profesorado sumergirse en un estrés continuo absolutamente incompatible con la reflexión, la autonomía y el compromiso social. Son empujados al sueño etéreo de ser los mejores, un destino fatal al que la insensatez estupidizante se afana en abocarnos. El estudiantado es instruido, a través de férreos horarios y sistemas de exámenes mal denominados evaluación continua, hacia la competición, la auto-salvación, la versatilidad, la adaptabilidad y la priorización de una salida laboral siempre frágil. El profesorado es reducido a una máquina de publicación en revistas indexadas en el Journal Citation Index, cuyo logro es condición necesaria para su existencia laboral. Todo ello es aderezado convenientemente con las cada vez más presentes listas de ordenación o rankings. Estos mecanismos permiten que las personas y las instituciones puedan hipotecar su existencia en la lucha continua por llegar y mantenerse en posiciones eternamente disputadas.
            
Frente a este panorama tan actual como poco halagüeño, se escucha de fondo la voz que exige a la universidad salvarse mediante la misma estrategia que puede convertirla, por fin, en una institución al servicio de las mayorías oprimidas, sembrando todo su conocimiento para la cosecha de bien común.

Es necesario que esa voz de fondo alcance cotas más sonoras.

Quien siente en su cuerpo la enfermedad, deseará llegar a las manos de un buen profesional de la medicina. Un buen zapatero garantiza un buen calzado. ¿En quién confiar el diagnóstico y las soluciones a los problemas del mundo? En cualquier época, la respuesta se encuentra siempre en manos de la sabiduría. Nuestro cerebro no ha variado en los últimos miles de años. Seguimos siendo ejemplares felizmente diversos de homo sapiens sapiens. Al menos desde que la historia comienza su andadura con los primeros textos escritos, sabemos que las grandes preocupaciones de la humanidad han sido siempre las mismas. Por este motivo, los escritos de las voces sabias de la antigüedad, tanto como otras más recientes en los siglos previos, han coincidido en identificar los mismos problemas, relativos a la guerra o la paz, la salud o la enfermedad, la felicidad o la tristeza, la libertad o la esclavitud, el conocimiento o la ignorancia, la educación o la barbarie... Por este motivo asombra que la evolución de la sociedad se haya ceñido básicamente a un desarrollo tecnológico exponencial que nos mantiene en un baño de entretenimiento opaco.
            
Necesitamos universidades sabias y, por ello, capaces de rebelarse ante la estupidez persistente de clases políticas que se afanan en mantener estancada la evolución humana, desplazando el avance hacia mundos ajenos. Seguimos temiendo a la delincuencia de barrios bajos, a enemigos externos, a la enfermedad, a la falta de sustento, a la esclavitud... pero esta vez lo comunicamos por Whatsapp.
            
Mientras la universidad ha seguido obedientemente el juego de cada momento, los movimientos sociales mantienen viva la llama de la esperanza, señalando los problemas que se sufren en la calle, los retos para la construcción de mundos mejores, y el mecanismo básico y universal del trabajo colectivo centrado en el cuidado y en la preocupación por la otredad. La universidad necesita ese alimento para revitalizarse, para plantar cara y gritar que se acabaron las estupideces, que va siendo hora de las decisiones basadas en la sabiduría.

El Consejo de Redacción


Universidad y Movimientos Sociales: la universidad absurda y la esperanza de las praxis universidad-calle (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij)






"La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la Universidad Absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales pueden abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario" (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij).


En este post se ofrece una primera versión, en formato blog, del artículo titulado "Universidad y Movimientos Sociales: la universidad absurda y la esperanza de las praxis universidad-calle" correspondiente al número 80 (28.2) Agosto 2014, de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Sus autores son Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij


Universidad y Movimientos Sociales: la universidad absurda y la esperanza de las praxis universidad-calle

University and Social Movements: the absurd university and the hope gained from the university-street praxis


Vicente Manzano-Arrondo
Azril Bacal Roij


Resumen

La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la Universidad Absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales pueden abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario. Esta introducción al monográfico “Universidad y Movimientos Sociales” plantea una descripción rápida de ambos actores y anima en concreto a su confluencia.

Abstract

The university constitutes a privileged space to contribute in the creation of ‘other posible worlds,’ primarily intended to enhance the ‘common good.’ And yet, we instead find it submerged in processes which deny its mission, and to such a counter-productive degree, that it may very well be called an ’Absurd University.’ At the same time, a rainbow of social movements emerge overall in the world, much closer to the human longing for the ‘common good,’ significantly contributing to the production of social knowledge in that respect, gained from its rich and dense transformative experience. The confluence between ‘university and social movements’ might open a door to hope, as a powerful and mixed hybrid, decisively oriented towards ‘Another Possible World.” This introduction to the special issue on ‘University and Social Movements” presents a short account of both actors and, concretely and vehemently, it encourages its promising and hope-building confluence.

Palabras clave

Universidad, Movimientos sociales, Bien común

Key words

University, Social movements, The common good

______________________________________________


Movimientos sociales, universidad, ovejas y lobos

1. En un prado

Supongamos la existencia de diez ovejas, un prado verde, un pastor y un lobo. Tal vez no sea necesario continuar con el relato. Una de las caras de la educación es la de perpetuar el estatus quo, ayudando a introyectar el orden establecido. Con los estímulos indicados, sabemos que las ovejas son víctimas; el lobo, verdugo; el prado, un sustento pasivo; y el pastor, un líder responsable. Como metáforas, las ovejas son la extensa y creciente población de urbanitas; el lobo, un peligro difuso y temible, como podría ser la inestabilidad reificada de los mercados; el pastor, un gobernante autoritario que salvará del peligro a condición de algunas necesarias restricciones de libertad; y el prado, un aséptico contexto científico-tecnológico-legal. Pongamos, no obstante y siguiendo los estándares, que las ovejas desean pastar por el prado, el lobo desea comer ovejas y el pastor, evitarlo. Sean más creíbles o menos, tienen carta de solución cercar a los lanudos, contratar vigilancia, matar al lobo, alimentarlo, domesticarlo, enseñar defensa personal a las ovejas, mudarse de prado, estimular la fraternidad entre ambas especies, crear cárceles para lobos, aunque las terminen ocupando las ovejas... Para mostrar nuestra condición de seres de este tiempo, tal vez la solución más recomendable sería hacer competir a las ovejas entre sí, establecer un ranking (con criterios objetivos cuantificables, como la longitud del rabo en centímetros) y, finalmente, que la última pague la ofensa de su existencia sirviendo de sustento al carnívoro. Es más, siendo fieles a esta época, las propias ovejas pagarían el coste de elaboración del ranking y los honorarios de la empresa responsable (por cierto, gestionada por el lobo).

Un ejemplo de solución absurda sería que el pastor decidiera pintar de magenta el techo de su cocina. Hasta donde sabemos, ese acto no guarda ninguna relación con la protección de las ovejas. Un subtipo de decisión absurda que además resulta contraproducente, sería pedir al lobo que vigile.

Esta invitación inicial a la imaginación con metáforas, tiene varios cometidos, todos ellos instalados en el comportamiento de la universidad hoy. Lo desgranamos en los siguientes epígrafes.


2. Racionalidad emotivo-estratégica

En primer lugar, si bien la educación tiene una faceta perpetuadora del orden establecido –educación domesticadora–, ejerce también como estimuladora de otros mundos posibles –educación transformadora–. Desde esta perspectiva, los movimientos sociales pueden ser concebidos como espacios estratégicos de intervención socio-educacional y de acción cultural, plenamente instalados en procesos de educación transformadora (Bacal, 2010). La universidad, por su parte, tiene la misma misión, esta vez no solo desde una perspectiva educadora, sino también investigadora, ambas plenamente fundidas en el objetivo de construcción de bien común (Manzano-Arrondo, 2012). Esta circunstancia constituye un primer punto de apoyo para observar con naturalidad que universidad y movimientos sociales (en adelante UMS) están llamados a trabajar codo con codo en una relación dialógica, que no anteponga unos modos de saber frente a otros (Codina y Delgado, 2006). El trabajo de UMS quedaría instalado perfectamente en una racionalidad estratégica, consciente del destino común planetario (Morin, Roger y Domingo, 2001), que incluye la dimensión emocional, especialmente como ética del cuidado (Boff, 2001). En definitiva, pues, la metáfora nos da pie a soñar la colaboración UMS como resultado de:

1. Una clara, contundente, explícita y protagonista orientación hacia el bien común.

2. Que pone horizontalmente en juego lo que le es propio a cada parte: gestión del conocimiento por la universidad (Ellacuría, 1999), acción por los movimientos sociales (Galafassi, 2006), y delimitación de objetivos y procesos por parte de ambos.

3. Y que considera una actitud estratégica, con elementos tradicionalmente enfrentados: razón y emoción, ciencia y arte, universidad y calle, local y global (Manzano-Arrondo, 2012).

Los modelos de Investigación-Acción Participativa (por ejemplo, Balcázar, 2003), Aprendizaje-Servicio (por ejemplo, Strier, 2011), Co-investigación (Malo, 2004) o Unidades de Acción Comprometida (Manzano-Arrondo y Suárez, en prensa), son algunas de las concreciones que se observan a partir de los tres puntos que definen la praxis UMS.


3. La dimensión de lo absurdo... y más allá

El comportamiento habitual en la universidad no se encuentra instalado en el marco anterior. Un grueso de actividad se centra en pintar los techos de color magenta.

Los movimientos sociales manejan problemas concretos en contextos definidos (sean locales o globales) con interés por la visibilidad. Si bien estos elementos constituyen buenas guías para no perder el rumbo, los movimientos sociales pueden ser fagocitados y domesticados, incluso caer en competencias internas y lucha por la energía escasa de la membresía. Tal es el caso que puede llegarse al absurdo de que la existencia de los movimientos sea normalizada y, con ello, sustente el imaginario de un marco político liberal globalizado que no se entiende sin la coexistencia de los movimientos (Arias, 2008). Este peligro tiene una ocurrencia más difícil en la medida en que los movimientos se encuentren articulados o comunicados entre sí y con la cara cruda de la realidad, en cuyo seno resulta ideal la concreción de la praxis UMS.

Por esta conexión real, el absurdo no anida en los movimientos sociales, sino principalmente en la dimensión académica.

El mundo académico se siente más cómodo en el manejo de ideas, teorías y modelos, con una utilidad invisible o ánimo difuso de aplicabilidad e interés por el conocimiento en sí mismo. Por ello, la fuerte compartimentación de la universidad (Greenwood, 2012) y su tradición simplificadora (Morín, 1995) constituyen un caldo de cultivo ideal para el campeo del absurdo.

Un buen ejemplo de este juego es la creciente asfixia a la que se somete a los miembros de la academia, para publicar en revistas indexadas en el Journal Citation Index (Urcelay y Galetto, 2011). Bermejo (2014) lo expone magistralmente como ejemplo claro de servidumbre: los miembros de la academia implican su fuerza de trabajo para investigar con fondos estatales y redactan textos científicos; envían estos textos a las empresas propietarias de revistas bajo condiciones asombrosas: la propiedad pasa a ser de la empresa, que no solo no paga por el producto del trabajo sino que incluso puede llegar a cobrar por ello; y las instituciones de investigación terminan volviendo a pagar para acceder a las revistas cuyo contenido han nutrido.

El panorama supera el simple absurdo y queda notablemente exagerado al observar los sistemas de regulación del contexto académico. Todo comienza cuando gobiernos nacionales y entidades económicas supranacionales se alían para planificar el comportamiento de las universidades (Jarab, 2008). Deciden entonces orientarlas hacia las necesidades mercantiles (Andrés y Manzano-Arrondo, 2004) y establecen un férreo sistema de control que mantiene en una constante sensación de inseguridad a los miembros de la academia (Ball, 2003), como no respondan positivamente a las reformas. El control se concreta a través del lucrativo negocio de la evaluación de la calidad (Miguel y Apodaca, 2009), que termina valorando la conducta académica básicamente a través de una fuerte reducción que implica la publicación de artículos en revistas JCR (Mateo, 2012). En definitiva, la fortaleza de la institución de educación superior para cambiar el mundo queda no solo anulada, sino que se orienta hacia la connivencia con los agentes que han transformado en planeta en un inmenso espacio de negocio. En el camino, la universidad se desnaturaliza, se prostituye y se hunde en una suma de movimientos individuales de autosalvación.

De cuanto pueda definirse en torno a lo absurdo aplicado a la universidad, lo más destacable es lo que afecta a su dejación de responsabilidad. Se trata de la institución del conocimiento por antonomasia. Los problemas del mundo requieren conocimiento para ser identificados, acotados, explicados y solucionados. ¿Dónde se encuentra la universidad en estos cometidos? Sus miembros han asumido mayoritaria y acríticamente un capitalismo académico en el que cada individuo busca su propio provecho, perdido en una maraña de relaciones que les resulta no solo insondable, sino también indiferente. Pierden el sentido último de sus actos y aceptan unas reglas del juego que exigen la competición sin tregua para escalar posiciones en rankings inhumanos. El funcionamiento es pernicioso por cuanto la obcecación individual ha fortalecido el sistema y cada vez es más fácil sentir la presión por obedecer individualmente y menos la valentía de resistir colectivamente. Mientras, los problemas urgentes, eternos, sistemáticamente abandonados (la paz, sin ir más lejos), siguen esperando no solo una ciencia que por fin les atienda, sino una academia que no se autolimite en la estrecha dimensión de la creación teórica.

Una mirada de esperanza

Los movimientos sociales constituyen una promesa de frescura para la universidad. Tienen las alforjas cargadas de experiencia, realidad urgente, pie de calle, descripciones, fuerza y objetivos. Es desesperante que sigamos implicando energías en mantener las fronteras que separan las cotidianidades de ambos agentes. La universidad, por su parte, puede mutar su relación histórica con los movimientos sociales. Hasta la fecha, estos han sido abordados como objetos de estudio, ante los que cabe mantener distancia, asepsia, objetividad, neutralidad e imparcialidad (Manzano-Arrondo, 2014). Necesitamos más posicionamiento. No es cuestión de construir trincheras. La universidad no está para eso, sino para cambiar el mundo desde el saber (Ellacuría, 1999), para construir una ciencia que no se centre en explicar lo que ocurre sino cómo cambiar lo que ocurre (Holloway, 2002). Dado que lo suyo es el conocimiento, tiene la inconmensurable potencia que implica ponerlo todo él al servicio de ese bien común tantas veces mencionado. Para ello, confluir universidad y movimientos es una asignatura tan pendiente como necesaria.

En La Universidad Comprometida (Manzano-Arrondo, 2012), se propone un sistema muy básico, aun por desarrollar, para estimular el grado en que la universidad considera a los movimientos sociales en su docencia (1.Ausencia, 2. Opinión, 3.Explicación, 4.Contacto, 5.Inmersión y 6.Conjunción), investigación (1.Ausencia, 2.Motivo, 3.Devolución, 4.Cambio, 5.Participación y 6.Conjunción) y gestión institucional (1.Ausencia, 2.Colateralidad, 3.Intencionalidad, 4.Implicación, 5.Presencia y 6.Conjunción). La fase de conjunción implica un trabajo dialógico entre los testigos de la calle y los miembros de la universidad, diseñando objetivos, temarios, investigaciones, desarrollos, herramientas... Es el destino que más sentido otorga a la institución de educación superior en este momento histórico donde cada vez es más visible la oportunidad histórica de cambio.

Bajo un moderno vestido de racionalidad, se esconde un mundo absurdo. Vivimos la oportunidad histórica de transformarlo.


Este monográfico

Ha sido tan ilusionante como difícil dar forma a este número de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Tanto los movimientos sociales como la universidad cuentan con personas de amplia experiencia y soporte teórico como para engrosar innumerables volúmenes sobre la relación actual y las posibles entre ambos agentes. No obstante, vivimos un tiempo convulso, donde la hélice cuatrimotor industria-ciencia-tecnología-economía pugna por seguir venciendo sumativamente a la hélice humanizadora, en palabras de Morin, Roger y Domingo (2001). Pero también es este un momento en el que nunca como hoy observamos con más claridad que no solo es necesario un mundo mejor, sino que lo tenemos más cerca, y tanto más en función de nuestra convicción.

Quienes necesitábamos para redactar estas páginas son activistas universitarios. Por las razones expuestas, son receptores de un doble estrés. Por un lado la mayor presión histórica que se ha vertido sobre los miembros de la universidad para centrarse en su propio ombligo, especialmente laboral y de prestigio. Por otro, una densidad de acontecimientos locales y globales que llama a las puertas de la acción continua. La suma de ambos frentes da de lleno en estas personas que, a pesar de ello, han recibido con un sonoro Sí nuestra invitación a compartir parte de su experiencia.

Como es frecuente, por lo indicado, no están todos los que son, aunque si son todos los que están. Queda mucho por contar, por compartir y por contagiar. He aquí solo una pequeña y tanto como esa pequeña parte.

El grupo de investigación Parte Hartuz, de la Universidad del País Vasco, a través de Zesar Martínez, nos ofrece la experiencia de Astra-Gernika. No es solo un centro social ocupado autogestionado (CSOA). Es un CSOA que vive con fuerza gracias a la colaboración con la universidad. En ello, la institución de educación superior ha sabido ponerse al lado de una ciudadanía sedienta de democracia real, aliándose con los colectivos sociales frente a una administración que muchas veces necesita y agradece una guía externa. Zesar Martínez relata los puntos fundamentales de la experiencia a la vez que lleva a cabo un ensayo crítico sobre la realidad circundante al CSOA.

La Universidad de la Tierra fue una idea preciosa que personas como Gustavo Esteva supieron hacer realidad. Este soñador es quien nos relata en qué consiste este proyecto lleno de experiencia, que constituye un foco de interés en México y fuera de sus fronteras. La Universidad de la Tierra de Oaxaca está tan repleta de calle y es, a la vez, tan universidad, que expresa de forma intensa qué es eso de una institución al servicio del bien común, mediante una contundente actividad dialógica con los protagonistas de la calle/tierra.

Para que la universidad se implique en tareas de relación y colaboración con los movimientos sociales, son necesarios algunos condicionantes, entre los que se encuentra la actitud de miembros de la institución de educación superior. Francisco Zamora-Polo, María Isabel Sánchez-Hernández, Dolores Gallardo-Vázquez y Francisco Hipólito-Ojalvo nos presentan una experiencia en la Universidad de Extremadura, donde se intenta estimular la actitud comprometida y ética por parte del estudiantado universitario. A juzgar por los resultados, el intento fue acertado.

Uno de los aportes que tocan más directamente el corazón del monográfico es el valiente trabajo de Alejandro Navas y Blanca Galván. Es valiente porque asumen tomar por el mango una sartén ardiendo: la fuerte distancia entre la universidad y el tercer sector. Mediante la utilización de un cuestionario (la ficha de demandas) que responden movimientos sociales, así como el auxilio de las conclusiones de un congreso de activistas universitarios, establecen conclusiones sobre qué necesitan los movimientos y qué valiosa sinergia podría establecerse entre ambos frentes en apariencia distantes.

Finalmente, Yaelle Cacho y Lucía Llano, del Área de Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Universidad de Cantabria, exponen el nacimiento de un proyecto ilusionante que pretende llevar el compromiso social al centro de la actividad universitaria. Obviamente, es un objetivo suficientemente ambicioso como para no solo ilusionar, sino caminar con paso tan decidido como dificultoso. Exponen en la práctica, dilemas como los que se establece entre responsabilidad social o compromiso social, entre dedicación laboral o compromiso ciudadano, y entre productividad disciplinar o colaboración transdisciplinar; con la intención de que una política institucional de compromiso social consiga superar tales pares artificialmente contrapuestos.

En efecto, el mundo no solo de realidades actuales en torno a la relación universidad-calle, sino sobre todo de posibilidades inmensas, está por contar. Aquí hemos solucionado en parte esa laguna. Queda mucho por hacer y contamos contigo.


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Sobre los autores

Vicente Manzano-Arrondo es Licenciado en filosofía y ciencias de la educación, doctor en psicología, doctor en psicopedagogía y diplomado en estudios avanzados en economía regional. Es profesor titular en asignaturas de investigación del comportamiento humano en la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla (España) (Departamento de Psicología Experimental). Forma parte de varios grupos de movilización, investigación, acción y transformación social, como “Universidad y Compromiso Social” y “Otra Investigación es Posible”. Sus publicaciones (http://personal.us.es/vmanzano/public/) versan sobre la metodología de la investigación, la universidad, el poder y la opresión. En 2010 recibió el premio al mejor profesor por parte del colectivo de estudiantes de psicología de España /// vmanzano@us.es


Azril Bacal Roij es Licenciado en ciencias agrícolas y economía, master y fil.lic. en sociología, estudios de posgrado en antropología, psicología, extensión agrícola y desarrollo rural. Es padre de tres hijos y tiene cuatro nietos. Ha sido profesor universitario en el Perú (Profesor invitado, Maestría en Innovaciones para el Desarrollo Rural, Fac. Agronomía, UNALM), México (Profesor Principal, CIPAE-Puebla), Estados Unidos, Suecia (Departamento de Sociología, Universidad de Uppsala) y España (Profesor Visitante Colaborador en el Master en Gestión Fluvial Sostenible de la Universidad de Zaragoza). Es miembro de la directiva del comité de investigación (RC10) de la Asociación International de Sociología (ISA) sobre “Participación, Democracia Organizacional y Autogestión” y del RC05 sobre “nacionalismo, relaciones raciales y étnicas.” Forma parte de varias organizaciones y redes de la sociedad civil organizada y de educación popular, tales como ‘Amigos de la Tierra,’ ‘Universidad y Compromiso Social’ y ‘Povaçäo’ (Porto Alegre, RGS, Brasil) y de varios movimientos sociales por la justicia y paz, tales como el Foro Social Mundial, el Foro Mundial de Educación y “Tierra y Libertad” en el Perú. Ex-miembro del Instituto Paulo Freire. Sus publicaciones (ver ‘google’) versan sobre: la psicología social del poder, la colonización y descolonización de la identidad étnica, la equidad y cohesión social en la educación superior en América Latina y el Perú (proyecto ALFA/RIAIPE-3); etnicidad, discriminación étnica e identidad étnica; calidad de vida en el trabajo y democratización en América Latina; educación para una cultura de paz; movimientos sociales y educación transformadora; teorías del desarrollo, desarrollo rural, etno-desarrollo; prevención y gestión no-violenta de conflictos asociados con el agua, ambiente y cambio climático. Escribe poesía y sus poemas están publicados en varias antologías en Suecia y México. Participa como comentarista en la prensa local de Uppsala, Suecia /// Bazril1@lamolina.edu.pe

Astra-Gernika: de Fábrica de Armas a Centro Social Autogestionado (Zesar Martínez)






"La universidad constituye un espacio de privilegio para colaborar en la eclosión de otros mundos posibles, centrados en la promoción directa de bien común. En su lugar, se encuentra sumergida en procesos que la desnaturalizan y en tal grado contraproducentes, que puede ser concebida como la Universidad Absurda. En paralelo, los movimientos sociales surgen mucho más cercanos del anhelo de bien común, con una densa experiencia de acción. La confluencia de universidad y movimientos sociales pueden abrir una puerta a la esperanza de un engendro mixto, potente y decididamente orientado al mundo mejor necesario" (Vicente Manzano-Arrondo y Azril Bacal Roij).


En este post se ofrece una primera versión, en formato blog, del artículo titulado "Astra-Gernika: de Fábrica de Armas a Centro Social Autogestionado" correspondiente al número 80 (28.2) Agosto 2014, de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Su autor es Zesar Martínez

Astra-Gernika: de Fábrica de Armas a Centro Social Autogestionado

Astra-Gernika: from a weapon factory to a Self-Organized Social Center


Zesar Martínez (1)


Resumen

El objetivo de este trabajo es presentar una reflexión sobre los aportes que puede realizar la universidad en la facilitación de procesos de conciencia política y de fortalecimiento del protagonismo de sujetos sociales. Astra es un proceso de los colectivos populares de Gernika para recuperar una antigua fábrica de armas, una experiencia que ha contado con  el apoyo facilitador de un equipo de la Universidad del País Vasco.

En esta experiencia estamos aprendiendo sobre la importancia de facilitar procesos que permitan construir poder desde abajo, para que las propuestas y prácticas políticas emancipadoras tengan capacidad de disputar el poder político a los lobbys de las élites económicas, políticas y tecnocráticas. También estamos aprendiendo la importancia de una práctica que no pretenda protagonizar el saber, la verdad y el proceso político sino, atendiendo a las propuestas de la Educación Popular o la Investigación-Acción Participativa, una práctica que centre sus esfuerzos en facilitar la participación de forma amplia y plural, para llevarla a buen puerto y poder decidir en procesos de protagonismo colectivo popular.

Abstract

The aim of this paper is to present some ideas about the potential contribution universities can make to processes that strengthen political consciousness and social agents’ leadership. ASTRA is a project of several grassroots groups in Gernika, meant to recover an old weapon factory and turn it into a social center; this project has been supported and facilitated by a team from the University of the Basque Country.

Throughout this project we are learning about the importance of facilitation processes for constructing power from below. These processes strengthen the capacity of emancipatory projects and alternative political practices to challenge the political power of the lobbys of economic, political and technocratic elites. By attending to suggestions derived from Popular Education and Participative Action Research, we are also learning about the importance of academic practices that don’t intend to lead the political process, the production of knowledge, or the definition of truth, but rather facilitate plural participation and help consolidate a point of departure for decision making in popular and collective proceedings.

Palabras clave

Poder político, Participación popular, Auto-organización comunitaria, Institucionalidad, Disputa, Hegemonía

Keywords

Political power,  Popular participation, Community organization, Public institutions, Dispute, Hegemony


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 Astra-Gernika

Astra es una experiencia protagonizada por los colectivos y asociaciones del municipio de Gernika (16.920 hab.), para recuperar una antigua fábrica de armas cerrada en 1998 "Astra Unceta y Cia." y crear un espacio abierto a los gerniqueses, gerniquesas y sus iniciativas sociales y culturales. Tras diferentes ocupaciones, desalojos y movilizaciones, la realización de diferentes procesos participativos, convocados por los propios colectivos sociales con el apoyo facilitador de un equipo de la Universidad del País Vasco, ha posibilitado que la antigua fábrica Astra sea hoy en día un espacio público y comunitario auto-gestionado por los colectivos populares.

El proceso de recuperación se inició en 2005, con la movilización y ocupación del edificio por parte de la asamblea de jóvenes y de grupos culturales de Gernika. Se ha desarrollado a través de tres procesos participativos abiertos a la ciudadanía de Gernika, y a la diversidad de asociaciones del pueblo: Kilometro 0, Kilometro 1 y Kilometro 2, desarrollados entre 2006 y 2012.

El motor de todo el proceso han sido los/as activistas integrantes de diferentes colectivos y asociaciones de Gernika, que a su vez demandaron a la Universidad y a las instituciones públicas diferentes niveles de apoyo y colaboración. Se trata, por tanto, de una experiencia socio-política que conjuga diferentes elementos de interés: parte de la iniciativa de colectivos sociales, que son los que convocan y dinamizan procesos participativos abiertos a la ciudadanía (y a todo el tejido asociativo), para ir articulando y fortaleciendo redes sociales amplias y diversas, que van permitiendo establecer una interlocución con las instituciones públicas suficientemente legitimada para que la iniciativa popular sea respetada y apoyada. Las instituciones han dejado hacer (en una relación no exenta de dificultades y tensiones), y han apoyado económicamente, financiando la rehabilitación y el mantenimiento del edificio.

Astra es hoy en día un espacio auto-gestionado por la Coordinadora Astra, que incentiva la participación directa de la ciudadanía y el tejido social en la gestión de un espacio público y comunitario. Su programación y dinámica de trabajo incluye actividades culturales, jornadas y espacios de debate, e iniciativas que promueven la participación política y la democratización popular del espacio público.

El largo periodo de colaboración entre los diferentes agentes que han protagonizado este proceso ha permitido profundizar en los aprendizajes mutuos y la transmisión de habilidades y conocimientos. Un ejemplo de ello es que la dinamización de asambleas y procesos participativos, así como la sistematización de la información y el conocimiento que se genera en los mismos, es realizada de manera autónoma por parte de la Coordinadora Astra.

Esta experiencia ha facilitado aprendizajes y aportes que pueden resumirse de la siguiente manera: el apoyo mutuo, las sinergias y la interlocución preferente entre iniciativas populares, universidad, y administraciones públicas, permite construir espacios y dinámicas comunitarias para la satisfacción de necesidades sociales. Es decir, el trabajo conjunto entre esos agentes permite poner en marcha dinámicas y lógicas comunitarias de apoyo mutuo, intercambio, interdependencia y trabajo no competitivo sino colaborativo.

Así, desde esa colaboración, es posible desmercantilizar y desburocratizar la satisfacción de necesidades sociales, haciendo realidad dinámicas y espacios de trabajo no lucrativos, no competitivos, ni excesivamente tecnocratizados ni normativizados. Se trata, por lo tanto, de espacios y dinámicas de trabajo colaborativas, protagonizadas por iniciativas sociales populares, de fácil acceso a todos los sectores sociales, y sin requerimientos formales o materiales que generen exclusiones o elitismos.

Poder político y procesos participativos

En este apartado, teniendo en cuenta la experiencia de trabajo en Astra, presentamos nuestro marco teórico de reflexión sobre la participación popular y sobre la crisis política del sistema democrático por la cooptación del mismo a través de la privilegiada participación de élites económicas y políticas, así como tecnocracias de la administración.

La democracia, entendida como un proceso histórico siempre en construcción, presenta difíciles retos en la actual coyuntura de mercantilismo y capitalismo globalizado. Uno de los principales retos no es la falta de participación en genérico, sino la falta de participación popular (del demos) frente a la privilegiada participación de determinados agentes económicos y políticos en el diseño de las políticas públicas: grandes empresas, élites económicas y financieras del mercado y de la política profesional, y tecnocracias de la administración en sus diferentes escalas. Esta privilegiada participación se hace efectiva mediante los lobbys y otras formas aún más oscurantistas y corruptas -financiaciones ilegales, sobornos, malversación de fondos, nepotismo, etc.-, por parte tanto de corruptores privados como de corrompidos públicos (Martínez, Z. et al., 2013).

Esas tendencias oligárquicas de monopolización del poder hacen que aunque la gente se movilice y exprese su indignación y rechazo a recortes, desahucios y reformas (laborales, de pensiones, de salud, de educación, de políticas fiscales, de políticas represivas, etc.), vea cómo se reduce su capacidad de incidencia política real en las políticas que les afectan y en los procesos de decisión estratégicos. De este modo, la apatía, el desanimo, el fatalismo conformista (“...es lo que hay...”) y la desactivación política, son actitudes permanentemente incentivadas por parte de las élites a través del ninguneo y la represión.

Como consecuencia de lo anterior, asistimos a una clara crisis política y democrática que en la calle se expresa en el “todos son iguales”, "no nos representan", "que se vayan todos", "democracia real ya", etc. Todo ello es resultado de esa evidente prevalencia de los poderes económicos y sus élites que fagocitan un sistema de democracia formal en evidente crisis de credibilidad, representatividad y legitimidad. Tal y como afirma Ignacio Ramonet, "hasta hace poco política y poder se confundían. Hoy, en la Europa neoliberal, ya no es así. El éxito electoral de un mandatario político no le garantiza el ejercicio del poder real. Porque por encima se hallan dos supremos poderes no electos que le dictan su conducta: la tecnocracia europea y los mercados financieros. (...) Prisionero del cauce de esas dos rígidas riberas, el río de la política avanza obligatoriamente en dirección única sin apenas margen de maniobra. O sea: sin poder”. Citando a Zymunt Bauman, Ramonet añade que no queda otra que “construir un nuevo sistema político que permita un nuevo modelo de vida y una nueva verdadera democracia del pueblo” (2).

Por eso, desde nuestro enfoque de trabajo y reflexión sobre el poder político y los procesos participativos, preferimos abordar la crisis de legitimidad del sistema democrático en relación a la necesidad de procesos de participación popular en el ejercicio del poder político. Entendida la participación del demos no desde una problemática representativa, vinculada a la superación de las deficiencias que muestra la democracia representativa en cuanto a la relación que establece entre gobernados y gobernantes; sino desde una problemática delegativa. Planteándose, por lo tanto, qué ha supuesto delegar en el sistema politico institucionalizado (a través del voto, el sistema electoral, el sistema de partidos, etc.) el ejercicio del poder político y de incidencia en la regulación social.

Se trata de enfocar la crisis política desde el reto de articular y facilitar la participación popular para, transformando la inercia de delegación, favorecer mayores cotas de implicación, organización y autogobierno de los sectores populares y lograr así la capacidad de incidencia (el poder) que a través del lobby u otras opacas lógicas de presión e influencia, determinadas élites económicas del mercado y de la política profesional tienden a monopolizar (Daza, M. et al. 2012).  Este es precisamente el objetivo central de nuestra aportación como equipo universitario en el proceso de Astra.

Desde este enfoque, la participación popular es fundamental como estrategia de intervención democratizadora en las asimétricas relaciones de poder existentes. Es también fundamental para lograr que las decisiones políticas en vez de reflejar el interés particular “de los menos”, de las élites privilegiadas, reflejen el interés colectivo “de los más”, de los sectores sociales populares. Entendemos por sectores populares aquellos que sufren diferentes formas de inferiorización y subordinación: las mujeres; las personas desempleadas y las pertenecientes a clases sociales empobrecidas; las trabajadoras y campesinas; las estudiantes y jóvenes; las personas migrantes; las personas discriminadas por su raza, por su opción sexual, por su diversa funcionalidad física o mental, por su lengua y cultura, por su identidad como pueblo y su sentimiento de pertenencia nacional, por la defensa de la naturaleza y su territorio, por el rechazo a la represión, por el rechazo a las agresiones belicistas y el militarismo, etc.

Se trata, por tanto, de facilitar la articulación y participación de esos sectores sociales para posibilitar así un efecto democratizador: ampliar la capacidad de incidencia política de esos sectores en el devenir de la sociedad, ampliando así el marco de las cuestiones discutibles y de los agentes llamados a deliberar, negociar y decidir. En ese sentido, en nuestro marco de referencia teórico-filosófico, la dialéctica de correlaciones de fuerza y relaciones de poder existente entre los diferentes sectores sociales y agentes que interactuan en una sociedad, es el mecanismo que determina la desigual capacidad de incidencia política en el devenir de la sociedad. Ya que los agentes que logran suficiente dominio o hegemonía (acumulación de fuerzas, recursos y legitimidad) consiguen realizar proyectos políticos acordes a sus necesidades, intereses e ideologías.

En ese sentido, a través de los procesos de participación y movilización popular, se hace presente el desafío de generar alianzas amplias entre organizaciones y movimientos sociales que, a través de prácticas organizativas y deliberativas inclusivas y horizontales, generen una dinámica de empoderamiento personal y colectivo que invite a organizarse y participar. Ampliando además esas alianzas a otros agentes (entidades y equipos de trabajo de la universidad o de otras instancias de saber/poder) que permitan mejorar la correlación de fuerzas y legitimidades respecto de otros agentes políticos e institucionales. Es decir, se trata de alianzas y trabajo en red que permita construir poder desde abajo, para que las propuestas, prácticas y diseños políticos emancipadores tengan capacidad de disputar la hegemonía en el sistema político y dar lugar a rediseños e instituciones políticas de nuevo tipo.

Como hemos visto en la experiencia de Astra, estas sinergias en clave reivindicativa y constructiva generan un fortalecimiento/empoderamiento por legitimación social que parece poner las bases (condición necesaria aunque no siempre suficiente) para abrir la estructura de oportunidades políticas; siempre y cuando los responsables institucionales no caigan en las tentaciones restrictivas de tipo represivo o de tipo cooptativo-clientelista . Y, de este modo, acepten o se vean obligados a aceptar e interiorizar, una práctica política que reconoce 1) la importancia del protagonismo ciudadano; 2) su legitimidad para incorporarse a los procesos de deliberación y decisión estratégicos; y 3) la necesidad, en un funcionamiento democrático, de establecer una interlocución preferente con las iniciativas sociales y los sectores populares.

Se trata, en definitiva, de construir procesos y dinámicas participativas que construyan conciencia emancipadora y protagonismo popular; es decir, voluntad política y organización para participar en los debates, elaborar propuestas y construir políticas emancipadoras, de manera que esos sujetos colectivos fortalecidos sean capaces de impulsarlas y sostenerlas. En nuestro horizonte propositivo estaría aplicar las propuestas de la Educación Popular y la Investigacción-Acción para facilitar procesos de organización popular que inviertan la relación entre representación política y protagonismo social; articulando las políticas y los gobiernos con un nuevo protagonismo político de los sectores populares y las organizaciones sociales, para construir otra legitimidad-institucionalidad-legalidad, basada en la participación popular en la toma de decisiones políticas.

Dos ámbitos de contienda política: la auto-organización y acción política no institucional; y   las relaciones con la institucionalidad como terreno en disputa por la hegemonía

En base a lo expuesto en los apartados anteriores entendemos que el reto fundamental es, transformando la inercia delegacionista, disputar el poder político a través de articulación y fortalecimiento de la participación popular, de forma que pueda establecerse la doble contienda política a la que se alude en el título de este apartado y que pasamos a desarrollar en los dos siguientes subapartados.

1. Auto-organización y acción política no institucional

El primer ámbito de contienda política consiste en articular redes y espacios que permitan desplazar al mercado y al estado liberal como reguladores dominantes de la organización social. Es decir,  acción política no institucional que, por iniciativa popular y mediante la auto-organización de redes comunitarias, interpela y propone otros modos a la sociedad en su conjunto, construyendo espacios y servicios públicos/comunitarios no sujetos ni a las lógicas mercantiles, ni a las lógicas burocráticas y tecnocratizadas del estado (Zibechi, R. 2008).

La auto-organización, como principio catalizador de las energías emancipadoras, se fundamenta en la idea de no permanecer a la espera, sino en la construcción de las relaciones y alternativas emancipadoras (Martínez, Z. et al. 2012); es decir, cambiar las cosas construyéndolas desde abajo de otro modo. Se trata de ampliar y traer lo político a lo cotidiano, a través de la construcción de autonomía y des-mercantilización; lo que implica vincular lo político a lo que comemos, lo que consumimos, los medios de comunicación que utilizamos, lo que aprendemos, cómo nos relacionamos y cómo cuidamos en la casa, en el barrio, en las organizaciones, etc. Estos procesos generan formas propias y autónomas de organizar la vida colectiva a partir de principios/lógicas solidarias, y a través de redes y comunidades cooperativas; construyendo así una ética del cuidado, la igualdad y la responsabilidad que toma como referencia la cotidianidad y las personas concretas, tanto cercanas como lejanas (locales y globales).

Esta acción política no institucional fundamentada en procesos de auto-organización social, presenta, tal y como veremos a continuación, el desafío de generar al menos respeto y no beligencia por parte de las instituciones públicas; y, eventualmente, apoyo por parte de esas instituciones y sus recursos públicos. Incluso, en el mejor de los casos, incidencia política en esas instituciones para facilitar su transformación, iniciando así rediseños de la institucionalidad diferentes a lo que conocemos. Dicho de otro modo, se trata de construir alternativas que permitan visibilizar el protagonismo popular como centro de las políticas públicas, de forma que el poder institucional se transforme en instrumento para promover transformaciones emancipadoras protagonizadas y sostenidas por la participación consciente y organizada de la gente (Adamovsky, E. 2009).

2. Relaciones con la institucionalidad como terreno en disputa por la hegemonía

Entendemos que otro ámbito de contienda política diferente aunque muy relacionado con el anterior, consiste en generar alianzas y poder desde abajo para superar los modos de gobierno elitistas, burocratizados y tecnocráticos de las instituciones públicas; es decir, tratar de construir modos de gobierno abiertos y participativos que, por un lado, dejen hacer y apoyen las iniciativas populares y comunitarias de auto-organización social y, por otro, desarrollen procesos reales de participación decisoria y democracia directa en la gestión política de las instituciones públicas.

Ello implica activar una reconstrucción participativa y democrática de lo público, que abra las puertas del gobierno a la participación de las mayorías, tanto en la deliberación y el debate social como en la toma de decisiones. Tal y como afirma Isabel Rauber (2011), la nueva sociedad anhelada no se formará espontáneamente, ni tampoco por decreto; habrá de ser diseñada y construida mediante la participación y el protagonismo popular. El poder político no se reduce a una institución, ni a un edificio, ni a un espacio específico que se toma o se ocupa; es decir, no se restringe a lo gubernamental o a lo institucional estatal -concepción cosificada y reduccionista que caracterizó algunas de las prácticas revolucionarias economicistas y vanguardistas del S.XX -, sino que se crea y recrea sobre el conjunto de las relaciones sociales regidas por el protagonismo y predominio (hegemonía) de determinadas orientaciones ético-políticas y prácticas materiales acordes a ellas. Por ello, una cosa es acceder al gobierno y la gestión de lo institucional, y otra cambiar de hegemonía; cuestión que abarca lo cultural, lo ideológico, la subjetividad, etc. Y esto no se “toma”, ni se “conquista”, ni se “decreta”, fundamentalmente se “construye”. Por ello, concluye Rauber, los procesos emancipatorios necesariamente conjugarán ambos espacios: el del poder que emerja de las nuevas interrelaciones sociales construidas desde abajo, y el de los ámbitos institucionales del gobierno y la administración. De ahí la necesidad de atender a la institucionalidad como terreno en disputa, para exigir una interlocución e interacción preferente con los sectores sociales populares y sus organizaciones   ̶y no con las élites privilegiadas  ̶, que garantice ese protagonismo ciudadano y popular, y que ello posibilite la reconstrucción participativa y democrática de lo público.

El proceso de Astra: aprendizajes y limitaciones

Tal y como decíamos más arriba, las instituciones públicas también han realizado su aportación en el proceso de Astra. Aunque las dificultades de entendimiento y las tensiones que ello ha generado ha sido una constante en esa relación, tanto el Ayuntamiento como el Gobierno Vasco han dejado hacer y han aceptado la anticipación que los colectivos han mostrado, tanto con su capacidad de acción (ocupación del edificio, movilización social, etc.), como con su capacidad de elaboración de propuestas y proyectos, cuando la administración todavía no tenía un proyecto concreto para ese espacio. Precisamente, algunas de las claves que subrayan los/as activistas de Astra a la hora de analizar el camino recorrido y sus aprendizajes son: capacidad de anticipación en la elaboración de proyectos; capacidad de movilización con manifestaciones, ruedas de prensa, recabar apoyos y adhesiones de diferentes personas referenciales del mundo de la cultura y los derechos humanos, etc...; y, unido a lo anterior, desarrollar procesos participativos como metodología de trabajo político desde y para la comunidad, que posibilita la elaboración de esos proyectos en procesos abiertos y heterogéneos a través de formas de trabajo empoderadoras y cohesionadoras, procesos que además eran avalados y legitimados por un grupo de facilitación universitario.

Ese progresivo fortalecimiento y legitimación a través de la movilización social, de la búsqueda de apoyos legitimadores de la iniciativa (tanto a nivel de adhesiones, como de recursos y alianzas para la facilitación de procesos participativos); y, finalmente, también a través de la centralidad de esos procesos participativos para la construcción colectiva popular de las propuestas y proyectos, han resultado claves a la hora de que las instituciones públicas tomen en serio, dejen hacer y, finalmente, apoyen económicamente esta iniciativa popular y comunitaria de auto-organización social. Se trata además de un apoyo no condicionado, que respeta el carácter autónomo y auto-gestionado de la iniciativa, sin plantear contraprestaciones de tipo ideológico o normativo (burocrático) que desnaturalizarían ese carácter autónomo y popular.

En lo que se refiere a las herramientas y recursos que ha activado el equipo universitario, tal y como decíamos, la experiencia de trabajo colaborativo entre la Coordinadora de Colectivos Astra y el equipo de trabajo de la Universidad del País Vasco ha consistido fundamentalmente en el acompañamiento y facilitación de los procesos participativos que ha desarrollado esta Coordinadora. La diversidad de grupos y de personas, con sus diferentes perspectivas y formas de trabajo, que se quería que participaran en esos procesos participativos, hizo que la Coordinadora demandara el apoyo de este grupo de trabajo que venía ocupándose de la dinamización de procesos comunitarios y de investigación-acción participativa en diferentes pueblos y ciudades del País Vasco.

Así, el desarrollo de esa colaboración ha dado lugar a tres tipos de tareas o aportaciones del grupo universitario:

1) La facilitación de reuniones y asambleas a través de dinámicas de grupo, talleres y metodologías participativas provenientes de la animación socio-cultural y la educación popular. Se trata de metodologías muy útiles a la hora de facilitar y cohesionar el trabajo en asambleas amplias (habitualmente entre 30 y 50) y heterogéneas en lo que se refiere a edades, itinerarios, ideologías, códigos de trabajo, etc. Son además metodologías y formas de trabajo que buscan garantizar una participación igualitaria y una construcción colectiva de diagnósticos, estrategias e iniciativas, que partan de las diferentes necesidades sentidas cotidianamente por las personas que participan en la asamblea. Son formas de trabajo que atienden especialmente el cuidado de un ambiente de respeto, aceptación y confianza, en el que todas las personas se sientan a gusto porque: 1) tienen las mismas oportunidades de hablar y hacer aportaciones; 2) la escucha mutua es respetuosa e igualitaria; 3) se siente que todas las aportaciones (cada cual con su estilo y modo de expresión) son igualmente importantes y tenidas en cuenta en la puesta en común y en los procesos decisorios; 4) porque eso hace sentir aceptación y cariño en ese espacio; 5) y eso va creando la confianza, la complicidad y los acuerdos que el trabajo conjunto y la cooperación requieren.

2) Sistematización del conocimiento popular: ordenar en documentos y esquemas proyectivos de trabajo las ideas y propuestas que se generan en las diferentes reuniones y asambleas, para poder dar continuidad a los procesos de manera sostenida y continuada. Esto incluye la identificación de las tensiones y desacuerdos, y la formulación de propuestas para abordar esos disensos, atendiendo a sus dimensiones racionales (necesidades, intereses, expectativas,...) y emocionales (ilusiones, dudas, miedos,...), de manera que no bloqueen el proceso.

3) Investigación para la innovación y mejora: analizar mediante encuestas, grupos de discusión y talleres participativos las diferentes percepciones que ha generado el proceso de Astra entre la población más distanciada de las redes del tejido social; para evitar inercias endogámicas; mejorar la socialización y comunicación sobre la organización y funcionamiento abierto y autogestionado de Astra; y acrecentar así el apoyo popular y las posibilidades de participación y activación de diferentes sectores sociales de Gernika, y su protagonismo en iniciativas sociales, culturales y políticas.

Por parte de la institución universitaria, profesorado, personal investigador y estudiantado han prestado su colaboración en estas tareas de manera no remunerada económicamente, sino como apoyo a un innovador proceso comunitario en el que la Universidad, cumpliendo con su función de responsabilidad social y servicio público, hace su aportación y transferencia de conocimiento. Sin embargo entendemos esta aportación como intercambio y apoyo mutuo de doble dirección, ya que el trabajo activista de las personas que integran los diferentes colectivos y asociaciones de Gernika, que son quienes sostienen fundamentalmente esta experiencia, nos permite aprender, nos permite integrar teoría y praxis, y nos permite nutrir nuestro trabajo docente, investigador y de transferencia de conocimiento con una experiencia personal y profesional que nos ha transformado, y por lo tanto va más allá de lo meramente profesional.

En lo que se refiere a las limitaciones, debilidades y retos de esta experiencia,  desde el 2005 hasta hoy se ha recorrido un largo camino que ha tenido sus altibajos, contratiempos y coyunturas adversas. Precisamente en esos momentos de debilidad, dudas e incertidumbre sobre el futuro de la iniciativa, el proceso se ha sostenido por la perseverancia de unas pocas personas, lo cual genera un desgaste en términos de trabajo y responsabilidad que se hace duro. Son “travesías de desierto” que con perseverancia hay que pasar porque como dice la sabiduría popular “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. El desgaste que generan y el peligro de que un reducido número de personas “se quemen” o se conviertan en “imprescindibles”, generándose cierta identificación del proceso con esas personas y pudiendo dar lugar a liderazgos personalistas que debiliten el carácter abierto, horizontal y participativo del proceso, ha sido en ciertos momentos un riesgo presente que afortunadamente se ha gestionado de manera satisfactoria y no ha dado lugar a esa deriva reduccionista y personalista no deseada.

Otra limitación, relacionada con la anterior, tiene que ver con el hecho de que la puesta en marcha de Astra en diciembre de 2012 supuso sostener el funcionamiento continuado de un espacio de 1400 metros cuadrados con una amplia programación de actividades sociales, culturales y políticas en base al trabajo activista y voluntario de personas que adquieren diferentes niveles de implicación, dedicación y responsabilidad. Este trabajo activista, con una forma de funcionamiento flexible y abierta, tiene que hacer frente al dificultoso reto de garantizar continuidad y, al mismo tiempo, medir bien las fuerzas para  que las personas no se vayan quemando por un exceso de responsabilidades y horas dedicadas. El reto, por tanto, es dificultoso: reparto equilibrado de tareas y responsabilidades, y cuidado mutuo entre las personas que cotidianamente sostienen la actividad de Astra; para poder así dosificarse, relevarse y no agotar sus fuerzas en el sostenimiento de la experiencia.

Otro reto es el que se refiere a la participación de la gente más joven (de los 14 a los 20 años) que tienden a percibir Astra como un espacio en el que da miedo errar o equivocarse, porque las cosas deben hacerse bien para mostrar así que la iniciativa popular puede ocuparse con solvencia de la organización y gestión de este tipo de espacios abiertos a toda la población. En relación a la participación más juvenil otro reto importate es la transmisión a las nuevas generaciones del proceso de lucha y organización del tejido social que ha posibilitado la existencia de este espacio.

Por último, como decíamos al principio, el largo periodo de colaboración entre los diferentes agentes que protagonizan este proceso ha permitido profundizar los aprendizajes mutuos y la transmisión de habilidades y conocimientos. Sin embargo, el volumen de trabajo activista y voluntario que supone el sostenimiento de un espacio como Astra hace que en el momento actual necesiten de un apoyo más intenso para la realización y dinamización de los vigentes procesos participativos, interrumpiéndose de esta manera la interesante tendencia a desarrollar esos procesos de manera autónoma en base a los aprendizajes adquiridos, desarrollando autonomía y autogestión también en la facilitación y sistematización de esos procesos. Nos encontramos, por lo tanto, con la limitación de cómo sostener estos procesos de forma autónoma, teniendo en cuenta el volumen de trabajo que ello supone y las limitaciones de disponibilidad y energía que tiene el trabajo comunitario y activista, que la mayor parte de las veces ha de ser compatibilizado con el trabajo de cuidados, con los estudios, con el empleo, etc.

Poderes, conocimientos y relaciones entre la universidad y los movimientos populares

Como se ha apuntado al principio de este trabajo, podríamos resumirlos los aprendizajes de esta experiencia en la idea de que la interlocución preferente, las sinergias y el apoyo entre iniciativas populares, universidad y administraciones públicas permite construir espacios y dinámicas comunitarias para la satisfacción de necesidades sociales; es decir, dinámicas y lógicas de apoyo mutuo, intercambio y trabajo no competitivo sino colaborativo. De este modo es posible desmercantilizar y desburocratizar la satisfacción de necesidades sociales, haciendo realidad dinámicas y espacios de trabajo no lucrativos, ni excesivamente tecnocratizados ni normativizados.

Entendemos que la universidad y otras instituciones de conocimiento pueden desarrollar un importante papel en la facilitación de procesos de conciencia política, auto-organización y fortalecimiento del protagonismo de sujetos sociales.  Tal y como afirma la sabiduría popular “saber es poder”. El conocimiento es un instrumento de poder muy relevante en las correlaciones de legitimidad y en las interacciones de poder que guían el contingente devenir de las políticas. En este punto es relevante una de-construcción de la epistemología positivista para abrirse a una perspectiva de ecología de saberes, y a una concepción del conocimiento entendido como el fruto de un proceso de construcción colectiva y popular que sirva para empoderar (personal y colectivamente) a los sectores que menos oportunidades tienen de incidir en las políticas que les afectan (De Sousa Santos, B. 2009). Y la universidad es un agente muy relevante a la hora de legitimar saberes, propuestas y procesos; es decir, además de la facilitación de procesos de debate social y formulación de propuestas colectivas, puede realizar una significativa transferencia de legitimidad y prestigio de esos procesos. En ese sentido, tiene mucho que aportar tanto para fortalecer espacios y dinámicas de construcción social autónomos (des-mercantilizados y des-estatalizados), como para una reconstrucción de la administración pública en clave democrática. Esa reconstrucción en clave participativa y comunitaria no puede realizarse pivotando sobre el delegacionismo político (claramente cooptado por los intereses de las élites), ni sobre el protagonismo de personal técnico. Los diagnósticos, análisis y propuestas que guíen la regulación social y las políticas públicas necesitan ser construidos con las organizaciones sociales y los sectores populares; es decir, dinámicas de construcción colectiva del conocimiento al servicio de procesos de auto-organización y fortalecimiento del protagonismo de sujetos populares.

Por eso la tarea no es protagonizar el saber, la verdad o el proceso, decretando lo que hay que hacer desde la verdad ideológica o desde la verdad del conocimiento experto (esas dos grandes tentaciones); sino facilitar la participación plural y llevarla a buen puerto para decidir, sin delegaciones, en procesos de responsabilidad compartida y de protagonismo colectivo popular (RETOS, 2011).

Se plantea, por lo tanto, construir procesos políticos desde abajo. Construir poder desde abajo implica -sea por iniciativa popular comunitaria y de redes asociativas, o por voluntad política de la institucionalidad- una práctica político-metodológica centrada en partir del problema concreto y los agentes en él involucrados para analizar de manera emancipadora (empoderadora) las soluciones alternativas, diseñarlas y realizarlas. La ciudadanía y los sectores populares se movilizan y participan cuando perciben que sus aportes y propuestas son escuchados, tienen incidencia y su accionar no será en balde ni será manipulado por intereses ajenos, cuando entienden que van a formar parte de un proceso que puede servir para algo, que puede servir para modificar y mejorar las condiciones de vida.

Así, atendiendo a las propuestas metodológicas de la Educación Popular, la Sistematización de Experiencias o la Investigación-Acción Participativa, resulta fundamental desarrollar procesos de construcción de conciencia y de conocimientos emancipadores, es decir, liberadores de las relaciones de dependencia y subordinación que se dan también en el ámbito del conocimiento. Hablamos de procesos que impliquen una concepción de la relación poder-saber que permita articular 1) las condiciones de vida 2) la práctica que en ellas se desarrolla 3) y la conciencia (personal y colectiva) para re-apropiarse de esa práctica interviniendo en las condiciones culturales y materiales que la condicionan.


Referencias bibliográficas

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DAZA, Mar; HOETMER, Raphael y VARGAS, Virginia. (eds.) (2012). Crisis y movimientos sociales en Nuestra América: cuerpos, territorios e imaginarios en disputa. Programa Democracia y Transformación Global (PDTG), Lima.

MARTÍNEZ, Zesar; CASADO, Beatriz e IBARRA, Pedro. (2012). Movimientos sociales y procesos emancipadores, Cuadernos de Trabajo 57, Hegoa, Bilbao.

MARTÍNEZ, Zesar; y CASADO, Beatriz. (2013). Acerca de opresiones, luchas y resistencias: movimientos sociales y procesos emancipadores. Cuadernos de Trabajo 60, Hegoa, Bilbao.

RAUBER, Isabel (2011). Dos pasos adelante, uno atrás: lógicas de superación de la civilización regida por el capital, Ediciones desde abajo, Bogotá.

RETOS (2011). “Acerca de la Red Trasnacional Otros Saberes (RETOS). Entre Las Crisis y Los Otros Mundos Posibles. Documento para el debate”. Presentado en el II Encuentro Internacional de la

RETOS celebrado del 30 de julio al 1 de agosto en CIDECI Las Casas/ UNITIERRA-Chiapas, San Cristóbal de Las Casas, México (consultado el 4 de mayo de 2013). Disponible en:
http://encuentroredtoschiapas.jkopkutik.org/index.php/es/que-es-la-retos

SOUSA, Boaventura de (2009). Una Epistemología del Sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social, Siglo XXI, México.

ZIBECHI, Raúl (2008). “Ecos del subsuelo: Resistencia y política desde el sótano”, en Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento, Bajo tierra ediciones, Mexico.


NOTAS

(1) Grupo de Investigación “Parte Hartuz”. Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea.

(2) Le Monde Diplomatique, nº 203, septiembre 2012.


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Sobre el autor

Zesar Martinez García es Doctor en Sociología y profesor de Metodología de las Ciencias Sociales de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) (Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación. Departamento de Sociología II). Ha realizado trabajos de investigación sobre participación socio-política y sobre investigación-acción. Su línea de investigación actual está relacionada con acción colectiva, dinamización comunitaria y metodologías participativas. En este momento trabaja en proyectos relacionados con esas temáticas en el Instituto Hegoa y en la Fundación Joxemi Zumalabe /// zesar.martinez@ehu.es