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Memoria y emociones (José Emilio Palomero Pescador)


Dejo hoy en el blog unas reflexiones sobre la relación entre memoria y emociones, tan capaces de crear recuerdos resistentes al olvido como de encerrarlos sin piedad en las mazmorras del inconsciente.

Hace ya muchos años, el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, dijo que “no hay memoria sin contexto emocional”. Dicho de otra forma, que recordamos mejor aquellas cosas, agradables o desagradables, que están relacionadas con el mundo de las emociones: con la alegría, el bienestar, el amor…, o con la tristeza, la desesperación, el miedo, el enojo, el odio, la ira, la violencia, los celos…

Sin embargo, son los neurocientíficos actuales quienes están comenzando a descubrir como funciona la memoria emocional. Ellos creen que nuestro cerebro se aprovecha de las emociones fuertes y de los neurotransmisores que se liberan durante la respuesta al estrés, para regular la intensidad con que almacenamos nuestros recuerdos, de manera que los recuerdos que están asociados a una información cargada emocionalmente permanecen grabados en el cerebro. Esta sería la razón por la que recordamos con más facilidad aquellos datos, hechos o experiencias que tienen una carga emocional y afectiva, aquellos que nos han marcado o conmovido.

Por otra parte, nuestro cerebro no está preparado para recordar toda la información que le llega. Es más, la mayor parte de esa información se pierde de manera definitiva. Así las cosas, podríamos preguntarnos por las razones que justifican que almacenemos unas informaciones y desechemos otras.

Contestar esta pregunta de forma detallada y precisa nos llevaría mucho tiempo y espacio, así que optaré por centrarme tan sólo en una parte de la respuesta, aquella que tiene que ver con las emociones.

Neurólogos y psicólogos saben hoy que nuestras emociones intervienen en nuestra memoria, que la condicionan. O dicho de otra forma, que las emociones determinan en buena medida lo que recordamos y lo que olvidamos. Así que, como ya decía Freud, no hay memoria sin contexto emocional.

Dicho de otra forma, mientras aprendemos almacenamos en nuestra memoria (de forma simultánea) dos tipos de información: una de carácter externo y otra de carácter interno, tal como explico seguidamente, recurriendo en buena medida a elementos experienciales.


1) La información de carácter interno: el suceso acaecido, la experiencia vivida

Recordamos sonidos, olores, sabores, hechos, datos, experiencias, sensaciones. Y así, quienes tenemos una cierta edad y somos de pueblo, recordamos aquellas lumbres atizadas con carrasca, paja blanca o garrobaza, o el humear de las chimeneas de nuestra infancia. Los hornos donde se fabricaba el pan, los bollos de chicharrón y los bollos maimones. La fragua, el tejar o los pinares. Las noches serenas y estrelladas. Las tertulias a la fresca, sentados a la puerta de las casas, en las noches del tórrido verano. Las bodas y los bautizos, las muertes y funerales. La navidad, la semana santa, las fiestas patronales y el resto de festividades. La vendimia, las matanzas. La noche bruja de los reyes magos. Los campos, las huertas, las eras. El olor a alfalfa recién segada, o el sonido y olor, durante la trilla, de algarrobas, garbanzos, lentejas, trigo, centeno y cebada. Los moscardones y sartigallos, o las ballestas para cazar gorriones. Los renacuajos y ranas que poblaban nuestros charcos. El vuelo rasante de los arricángeles (vencejos) a la caza del gorgojo, las golondrinas y sus nidos sagrados, o las cigüeñas batiendo el mortero en la torre de la Iglesia. El tañido de las campanas, que marcaron las horas de nuestros días…

¡Tantos recuerdos..! Y todos ellos están ahí, almacenados en nuestro cerebro, en nuestra memoria de largo plazo. Son las experiencias vividas, los sucesos acaecidos, la información externa almacenada en nuestra memoria.


2) Información de carácter interno: la reacción emocional que me produce ese suceso, hecho o experirencia

Y junto a la experiencia vivida, el significado que le doy, el impacto que provoca en mí, las emociones, sentimientos y afectos que me despierta…

Así, por ejemplo, todos los datos, hechos, experiencias o sensaciones que acabo de rememorar en el párrafo anterior provocaron en su día emociones, sentimientos, afectos y vivencias. Es decir, nos impactaron emocionalmente de una u otra forma, y todas esas reacciones emocionales fueron también almacenadas en nuestro cerebro, en nuestra memoria. Y así, cuando recordamos, la memoria nos devuelve (utilizaré para explicarlo un ejemplo) no sólo la imagen del bollo de chicharrón, su olor, su sabor, su color, su textura, su forma, o cómo se fabricaba…, sino que nos devuelve también las emociones que experimentamos en el momento en que “lo aprendimos”, y por ello, junto al bollo de chicharrón emergen también las emociones experimentadas en aquellos momentos.

Cuanto más nos impacte un hecho, cuanto más afecte a nuestra existencia (positiva o negativamente), con más fuerza quedará grabado en nuestra memoria, en la que no sólo almacenaremos el hecho, sino también las emociones asociadas.

No obstante, buena parte de los hechos, sucesos o experiencias que nos afectan negativamente son eliminados de nuestra memoria gracias a la represión, tal como descubrió el psicoanálisis. Lo que sucede en estos casos es que el individuo encierra en su inconsciente (olvidándolos por completo en el plano consciente) acontecimientos o experiencias que por su carga emocional negativa le resultan intolerables. Tales acontecimientos y experiencias, que siguen vivos dentro de nosotros aún cuando no podamos acordarnos de ellos, serían una de las principales claves explicativas de la forma en que cada uno de nosotros funciona y se comporta.

Copyright José Emilio Palomero Pescador

El olfato, ese poderoso hechicero (José Emilio Palomero Pescador)



El olfato es el canal sensorial más olvidado, una especie de “ángel caído” menospreciado por los estudiosos de los sentidos, que están más interesados en investigar la vista, el oído, el gusto y el tacto.


Sin embargo, el olfato es un sentido con enormes poderes mágicos, gracias a su capacidad para evocar todo tipo de emociones y recuerdos. Por ello, tal como decía Helen Keller (1), de quien nos hemos ocupado en este blog en más de una ocasión, “El olfato es un poderoso hechicero que nos transporta a través de miles de millas y de todos los años que hemos vivido. El olor a fruta me lleva a mi casa… [y] a mis juegos de niña en la huerta… [y] otros olores, instantáneos y fugaces, hacen que mi corazón se llene de alegría, o se achique con el recuerdo del dolor”. O como señalaba Kipling (2), “Más que los sonidos o las imágenes, los olores pueden mover las fibras del corazón”.

Pero más aún. Tal como ha señalado Synnott (3), el valor del olfato no se agota en su vertiente emocional, sino que tiene poderosas implicaciones estéticas, sexuales, espirituales, médicas, legales, morales, políticas y económicas, que hacen que el olor impregne e invada todos los dominios de nuestra vida social.

Si además tenemos en consideración que cualquier persona sana puede aprender a percibir entre 10.000 y 40.000 olores diferentes, y que los expertos (perfumistas, enólogos, catadores…) son capaces de identificar hasta 100.000, está claro que el olfato es un sentido muy importante. Incluso podríamos decir que en gran medida pensamos y sentimos por la nariz.

Por todas estas razones me parece interesante invitar a mis lectores y lectoras a rememorar algunos de los olores aprendidos en la infancia. Podríamos decir que existen distintos universos sensoriales y que por ello los seres humanos hablamos diferentes idiomas olfativos, que están en función de nuestras experiencias personales y del lugar en que nos hemos criado.

Quizá por ello, a mi siempre me ha resultado agradable el olor a establo. Me trae recuerdos de la época que viví en el pueblo. Mucha gente no puede soportar este olor, pero a mi me gusta recordarlo, pues hace que retorne a mi memoria el calor humano y animal de las cuadras en los gélidos inviernos de mi infancia; el ordeño de las vacas, cada mañana y cada noche, y el trato cariñoso del ordeñador, que las hablaba dulcemente mientras iba sacando la leche de sus ubres; el asombro que me producía el nacimiento de cada nuevo ternero; el momento en que las vacas volvían de pastar en las praderas en los atardeceres de las primaveras y los veranos; el olor de la alfalfa recién cortada; los sonidos propios de la rumia y el mugido de las vacas; el sabor tan fuerte como delicioso de la leche fresca, recién hervida a la lumbre de paja; la fabricación casera de la mantequilla, el requesón y el queso; el sabor y el olor de aquella sabrosa y espesa nata que, recién salida del puchero, nos comíamos untada en pan con azúcar; los calostros; la leche migada; las conversaciones en el establo; las personas con las que allí mantuve interminables conversaciones; los juegos y chiquilladas; y otras mil y una historias cargadas de emoción y de afecto…

¡Qué cantidad de buenos recuerdos con tan sólo evocar el olor de los establos…! Está claro que el olfato es un gran hechicero, que tiene poderes mágicos, que es capaz de despertar todo tipo de emociones y recuerdos.

Parafraseando al Hamlet de William Shakespeare, “Nada hay fragante ni maloliente, bueno o malo, si el pensamiento no lo hace tal.” No hay buenos o malos olores. No es tan simple. Nuestro gusto nasal depende de las emociones y pensamientos que asociamos a las huellas olorosas.

Y es que las cosas no son blancas o negras en ningún ámbito de la vida. En todos ellos hay toda una amplia gama de tonalidades.

_________________

(1) Helen Keller, sorda y ciega, fue una famosa escritora, activista y oradora estadounidense. Su vida inspiró la famosa película “El milagro de Ana Sullivan”, galardonada con dos Óscar en 1962. Quizá por su sordoceguera, terminó convirtiéndose en la nariz más famosa de la historia, capaz de descubrir el oficio de una persona por su aroma, por su olor.

(2) Joseph Rudyard Kipling, fue un escritor y poeta británico nacido en la India. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1907.

(3) Anthony Synnott es uno de los principales estudiosos de la sociología del olor.

Copyright José Emilio Palomero Pescador



A Pedro Pablo Berruezo, el amigo que nos dejó su vuelo, su impulso, su trayectoria
























«No importa que la flecha no alcance el blanco…
pues lo importante 
es el vuelo la trayectoria el impulso 
el tramo de aire recorrido en su ascenso 
la oscuridad que desaloja» 

José Emilio Pacheco 
Premio Cervantes 2009


Desde las alamedas del recuerdo

Dice el cantautor guatemalteco Ricardo Arjona, que «uno no está donde el cuerpo, sino donde más se extraña...». Así comenzaba su mensaje de despedida, desde la República Dominicana, Angie, una de las alumnas de Pedro Pablo Berruezo y Adelantado en el Postgrado en Psicomotricidad y Educación de la Universidad de Zaragoza; y a mi se me ocurre pensar que él permanecerá vivo en las alamedas de la memoria de sus alumnas y alumnos aragoneses, que lo recordarán siempre, simbolizado en las doce rosas rojas con que se hicieron presentes allá en Cartagena (Murcia), en el momento de los adioses.

En los últimos tiempos la muerte ha tenido una presencia tozuda en mi entorno cercano, en mi vida. En julio de 2007 murió Amalia, mí madre; cuatro meses después Ana, una segunda madre, la tía y maestra que me enseñó a leer cuando tenía tres años, y a quien debo mi pasión por la escritura. Y me agarré entonces a los versos de Tagore: «Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando». Al morir Pepe, mi padre, el 6 de abril de 2008, momento en que se cerraba de forma definitiva la página fundacional de mi vida, envié a mis amigos, incluido Pedro Pablo, un breve texto tomado de las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique:

«Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir…
Cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte tan callando...»

Aquel seis de abril de 2008 olía a tierra mojada y primavera en la llanura castellana, en uno de esos hermosos contrastes entre la vida y la muerte, en un día lleno de sol y de lluvia, de complejidad infinita.

Apenas un año después, el 22 de abril de 2009, la muerte de Pedro Pablo, el compañero, el amigo…, trajo de nuevo a mi mente los versos de Rabindranath Tagore y de Jorge Manrique, en otro atardecer primaveral de lujo, de nubes convectivas, de contraluces. Y recordé entonces uno de los más hermosos poemas de José Emilio Pacheco, nuestro Premio Cervantes 2009: La Flecha

«No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja...»

Creo que estos versos encierran una síntesis ajustada y certera del mundo de la vida y de la personalidad de Pedro Pablo. Murió siendo muy joven (49 años), tras un itinerario vital y profesional especialmente brillante; y luego se nos fue de repente, lleno de proyectos abiertos y de otros apenas iniciados o en ciernes, dejándonos como legado lo mejor de si mismo. Se me antoja identificar su vida y su mensaje con el vuelo de la flecha, con aquello que realmente importa: el impulso, la trayectoria, el tramo de aire recorrido en su ascenso, la oscuridad que desaloja…

Pedro Pablo fue, por otra parte, un hombre cercano, cariñoso, bueno, alegre, simpático. Siempre abierto al trabajo en equipo, a la convivencia y al diálogo. Un gran comunicador, capaz de transmitir el mensaje a través de diferentes lenguajes: los del cuerpo, los del corazón, los de la cabeza. Persona comprometida, estaba lleno de vida, de ideas, de proyectos. Maestro, educador, psicólogo, investigador, editor, profesor y gestor universitario, fue una gran persona y un profesional entusiasta. Viajero incansable. Políglota. Impulsor y valedor de la psicomotricidad en toda América y Europa. Profesor Ad Honorem de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República de Montevideo (Uruguay) y profesor titular de la Universidad de Murcia, sus trabajos de investigación estuvieron centrados en el mundo de la psicomotricidad, en la integración de las minorías con riesgo de exclusión y en la atención a la diversidad.

Este fue Pedro Pablo Berruezo y Adelantado, a quien yo sigo imaginando vivo, como en una de esas fantasías oníricas entrañables, como en una especie de espejismo amable y dulce ¿O es que no habéis observado, amigos y amigas lectores, que a veces acuden a nuestros sueños los seres queridos que ya se han ido, y que entonces se nos presentan vivos, a la vez que nos hablan, nos miran o nos sonríen? Hace tiempo me decía una amiga que quizá sea esa la eternidad, el lugar donde habitan los recuerdos de quienes son o han sido importantes en nuestras vidas, la vida que les damos quienes les recordamos.

Compartiendo palabras

Me gusta dar la palabra en clase a mis alumnas y alumnos. Lo saben bien quienes tienen contacto casi a diario conmigo, en Psicología de la Educación y Psicología del Desarrollo de primero de Magisterio.

Hace unos días tratábamos de descubrir el significado de la palabra resiliencia, y abrimos para ello un debate, que terminó siendo tan apasionante como provechoso. A nadie le sonaba este concepto, que a mi me parecía se les antojaba raro. Sus gestos y su mirada dejaban traslucir lo que sentían sus almas: ¡qué palabrita!, ¡otro neologismo más de los psicólogos!, ¡es que encriptan el lenguaje!, ¡podrían ser más llanos! Pero de repente, y con la timidez propia de quien no está segura de la pertinencia de su relato, Aída comenzó a contarnos la historia de su vida, y nos habló de aquella época en que trabajaba en la industria de los colchones, añadiendo con voz dudosa: en aquella fábrica se producía el modelo resilience; esa es la única referencia que tengo.

Me encanta asimilar y acomodar, conectar los puntos, retomar las experiencias del pasado y sacarles provecho en el presente, para proyectarlas después hacia el futuro, así que le pedí que describiera con detalle las características de este tipo de colchón; y después, que trasladase éstas al comportamiento humano. Ella misma, ayudada por el resto de la clase, terminó haciendo una excelente descripción del concepto de resiliencia, que, enraizado etimológicamente en el verbo latino resalire (saltar y volver a saltar, recomenzar), designa la capacidad para recuperar la forma inicial (como el acero), para resistir los golpes que la vida nos va dando.

Si he traído a colación este ejemplo concreto, es porque la resiliencia fue una de las características de la dinámica existencial de Pedro Pablo, que aguantó con entereza hasta el último golpe que le dio la vida.

Él continuó con todos sus proyectos abiertos hasta el final, y se enfrentó con valentía a una muerte anunciada escasos meses antes del desenlace. También, porque me sirve para introducir la parte final de este artículo, en el que, recreando un estilo docente comunicativo, daré la palabra a las alumnas y alumnos que tuvo Pedro Pablo en el Postgrado en Psicomotricidad y Educación de la Universidad de Zaragoza.

En él jugó Pedro Pablo un papel esencial desde el primer momento. Fue él quien lo inauguró, quien dio la primera clase, allá en los primeros días de noviembre del año 2002. Y en él mantuvo su presencia, año tras año, hasta el momento de su muerte, siempre como motor de arranque de cada una de sus ediciones. Ha sido recientemente, en los primeros días de noviembre de 2009, cuando el postgrado ha sentido por primera vez el hielo de su ausencia. Tras muchos años de presencia, Pedro Pablo faltó a la cita, de la que se hizo cargo Alfonso Lázaro. En un clima cargado de emoción, tuvimos la ocasión de recordarle, es decir, de hacerle presente de nuevo en nuestros corazones. Precisamente en eso consiste el recuerdo, un derivado etimológico del verbo latino recordare, que, compuesto del prefijo re (de nuevo) y cordare, de cor, cordis (corazón), se puede traducir literalmente como pasar de nuevo por el corazón a una persona, una experiencia, un pensamiento, un sentimiento… Decía Ortega y Gasset, en El espectador, que lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu…, y que con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos, esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón. O por el lago del corazón (per il lago di cuore), como diría Dante Alighieri, o quizá el propio Pedro Pablo, que tanto amaba el idioma del autor de La Divina Comedia.

Cuando el corazón se encoge. Reflejos

Abro el navegador y Pedro Pablo sigue ahí, inmortalizado en centenares de referencias a través del ciberespacio. Él, navegante del mundo, me reflejaba en algunos de sus postreros mensajes, antes de caer enfermo, sus últimas travesías: «Acabo de regresar de Asunción (Paraguay) y aproveché para hacer una escapada a las cataratas de Iguazú, del lado brasileño, de ese lugar que tú ya conoces, y que es una auténtica maravilla de la naturaleza (jueves, 18 de septiembre de 2008: 7:17)»; «Acabo de venir de allá, de Montevideo, y el congreso ha sido un verdadero éxito de público y de crítica. Publicaremos las conferencias en el número de febrero de la revista, y las comunicaciones en el de agosto» (martes, 2 de diciembre de 2008: 17:49)»; «La verdad es que algunos no somos capaces de parar quietos, y si no hay faena nos la buscamos (martes, 2 de diciembre de 2008: 20:13)». En febrero, ya enfermo, aún seguía en la brecha: «Nos complace informarle de que el primer número del año 2009 de la Revista Iberoamericana de Psicomotricidad y Técnicas Corporales está disponible en la red. Lo ponemos en su conocimiento por si quiere actualizar su suscripción para el presente año. Toda la información sobre el contenido del número publicado, sumario y resúmenes, está disponible en la web (www.iberospicomot.net). Un cordial saludo. Pedro Pablo Berruezo (Sábado, 14 de Febrero 2009: 13:53).

Tomaré también del ciberespacio unas notas que reflejen los pensares y sentires, al enterarse de la noticia de su muerte, de quienes fueron sus alumnas y alumnos en Zaragoza:

«Mis ojos están tan llenos de lágrimas que no me permiten mirar bien las letras que escribo, y mi corazón está «arrugado» por la tristeza tan grande que lo embarga por tan irrecuperable pérdida. Mis recuerdos se han ido a las IV Jornadas Aragonesas de Psicomotricidad, en el Colegio Gloria Fuertes de Andorra (Teruel), cuando Pedro Pablo, en el taller de equilibrio, nos exhortaba con su cariño tan fraternal a intentarlo de nuevo, hasta lograrlo; cuando el roce de sus manos y su mirada en señal de satisfacción nos tocaba. ¡Se han removido en mi organismo tantas cosas, que sería imposible describirlas...!»

«Me enteré de la muerte de Pedro Pablo y se me encogió el alma. Recuerdo, José Emilio, que en nuestros primeros días de postgrado nos comentaste que el mundo y las personas que en él habitamos estamos interconectados de una u otra forma. Vivimos en una aldea global. Hay algo, aunque no sepamos identificarlo con precisión, que hace que en lugares separados por miles de kilómetros dos personas trabajen sobre los mismos asuntos, o lleguen a descubrimientos similares sin haber entrado nunca en contacto... Pues bien, durante estas últimas semanas, preparando las oposiciones, me han acompañado de manera inseparable los apuntes de Pedro Pablo. No se si ha sido mera casualidad, o si es que el destino quiso que durante estos últimos días me centrase de nuevo en los temas relacionados con los contenidos de Psicomotricidad, pero durante estos últimos tiempos él ha sido mi verdadero guía. Gracias, Pedro Pablo, donde quiera que estés».

«No podía creerlo cuando lo estaba leyendo. Parece mentira que alguien como Pedro Pablo, una persona tan cercana a todos, nos haya dejado. Sólo me consuela pensar que un ser humano nunca muere del todo hasta que alguien deje de acordarse de él, y por ello creo firmemente que Pedro Pablo nunca desaparecerá de entre nosotros. Un abrazo y un beso para cada uno que en estos momentos tenga el sentimiento de pérdida tan grande como yo lo estoy teniendo».

«Leí tu mensaje anoche, cuando regresé a casa, y me resultó difícil contestar. Me quedé fría, triste. Te lo digo desde los más hondo: Pedro Pablo dejó realmente su huella en nosotros y en nuestros corazones. Con él vivimos y compartimos, tanto en Andorra como en Zaragoza, una experiencia inolvidable. Pienso que su recuerdo se quedará con nosotros, y que seguirá vivo a través de nuestras prácticas educativas y las del resto de sus alumnos».

«Querría compartir con todos vosotros la tristeza que he sentido al enterarme de su muerte. Pedro Pablo ha dejado una profunda huella entre los alumnos del Postgrado de Psicomotricidad de la Universidad de Zaragoza. Nunca olvidaremos todo lo que nos enseñó, ni los momentos geniales que pasamos junto a él en el Gloria Fuertes de Andorra».

«Una gran pérdida. De Pedro Pablo sólo tengo buenos recuerdos. Es uno de los profesores que más me aportaron y con el que más pude compartir. Me dio mucho cariño, que yo necesitaba en esa etapa de mi vida. Siempre lo llevaré en mi corazón».

«No tengo palabras para describir cómo me he quedado tras recibir tu mensaje. Se le veía tan alegre, tan lleno de esperanza, de alegría... Yo veía en él la imagen de un oso amoroso: Me encantó como persona y como profesional… ¡Me aportó tanto!»

«No tenía idea de que estuviera enfermo y las noticias me han sorprendido, lo recuerdo joven y lleno de vida. He leído vuestras cartas y me han conmovido».

«Acabo de abrir el correo y me he quedado sin palabras. Se me han llenado los ojos de lágrimas. Me parecía un hombre increíble».

«Fueron pocos los días que estuvimos con Pedro Pablo, pero sin duda fueron muy intensos. Esa mirada suya, además de conocimiento transmitía muchísimo. No sabría como describirlo, pero me llegó profundamente. Son las personas como él y como vosotros quienes hacen que hoy podamos disfrutar y amar nuestro trabajo. Jamás olvidaré esas lágrimas finales de Alfonso, Pedro Pablo y tú mismo, cuando leíais entrecortadamente las conclusiones finales del IV Encuentro de Psicomotricidad en el Gloria Fuertes de Andorra».

En el momento de la despedida

Hay reflexiones poéticas que no sólo conmueven, sino que remueven algunos de los sentimientos más hondos de un ser humano, aquellos que tienen que ver con la solidaridad y el compromiso. Por ello quiero finalizar este artículo con dos poemas de calado profundo. El primero de ellos, de Mario Benedetti, el poeta uruguayo que siempre me fascinó. El segundo de Bertolt Brecht, el dramaturgo y poeta alemán tan influyente en el siglo XX.

Tomados en préstamo, convierto estos poemas en mis palabras de despedida a Pedro Pablo, el amigo que dedicó su vida a trabajar por un mundo mejor, y que nos dejó como legado su vuelo, su trayectoria…

«Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la muerte es el silencio
aunque lo sea
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada».

Fragmento de Utopías (Mario Benedetti)

«Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Otros luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero están los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles».

(Bertolt Brecht)

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Summerhills, o la articulación entre psicoanálisis y educación (J. E. Palomero)













Pétalos de pruno sobre jardín de arena


Les enfants de Summerhills (Documental)


Dice Eric Kandel, Premio Nobel de Medicina y Fisiología (2000), que: “Acerca de la mente, no hay todavía concepción más coherente e intelectualmente satisfactoria que el psicoanálisis”.




¿Sigue vigente, hoy, el psicoanálisis?

Sigmund Freud, neurocientífico, psiquiatra, profesor universitario, filósofo, escritor, candidato al Premio Nobel de Medicina, y al de Literatura por sus escritos en prosa elegante y precisa, Premio Goethe de Literatura, fundador del psicoanálisis (1894)…, nació el 6 de mayo de 1865 en Freiberg (actual Príbor, República Checa), que entonces formaba parte del Imperio Austrohúngaro. A los tres años se trasladó a Viena con sus padres, ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida y en la que convirtió el diván en el icono de una corriente de pensamiento que revolucionó la percepción del ser humano en el siglo XX. Murió el 23 de septiembre de 1939, en Londres, donde se exilió un año antes de su muerte, como consecuencia de la persecución nazi a raíz de la anexión de Austria al Tercer Reich.

Freud, el fundador del psicoanálisis, el gran arqueólogo del inconsciente, el descubridor de la sexualidad infantil, el padre de la interpretación de los sueños …, fue uno de los personajes más influyentes del siglo XX, y su poderoso legado sigue estando hoy más vivo que nunca. Con sus intuiciones geniales y con sus desaciertos, sacralizado por unos y demonizado por otros, el psicoanálisis continúa hoy en el ojo del huracán, provocando fascinación y rechazo, generando debate y controversia. Defendido por los herederos intelectuales del fundador, divididos hoy en mil escuelas y rechazado por amplios sectores de la comunidad científica internacional, que decretó su muerte de forma inapelable, tras una larga exégesis, el psicoanálisis encuentra hoy a algunos de sus mejores valedores en quienes quieren refundarlo desde un diálogo emergente con la psicología cognitiva y con las neurociencias.

Como ya hemos señalado en otra ocasión (Palomero y Fernández): “El ser humano es un ser sumamente complejo, cuyo comportamiento exige explicaciones interdisciplinares, multifactoriales y pluricausales. No en vano somos hijos de nuestros genes y producto de los circuitos neuronales que pilotan el control de nuestro organismo, a la vez que fruto de los procesos dialécticos de la historia y la cultura; hijos, por tanto, de los ambientes pasados de adaptación de la especie, y a un mismo tiempo de los contextos actuales (geográficos, políticos, jurídicos, económicos, tecnológicos, religiosos, familiares, escolares, sociales…) en los que nace y crece cada ser y grupo humano concreto.

Somos, ya desde niños, máquinas especializadas en procesar información, así como pequeños científicos que construimos teorías explicativas de la realidad; y a la vez, el resultado permanentemente inacabado de nuestra experiencia, de procesos de condicionamiento, de refuerzos y castigos, de aprendizaje por imitación de modelos…

Somos, también, fruto de nuestras propias expectativas y de nuestros pensamientos, motivaciones y creencias. Y somos, además y al mismo tiempo, hijos de nuestros propios fantasmas inconscientes, que impulsan de forma dinámica y dialéctica nuestro propio destino desde el poder oculto y silencioso del eros y el thanatos, del placer y la realidad y de los conflictos internos…, que tan ocultos como presentes, soterrados bajo el tipp-ex de la censura, dan cuenta cabal de nuestra historia personal y colectiva y dirigen en buena medida nuestra existencia.

Y somos, finalmente, el resultado de múltiples mecanismos y procesos de comunicación, cuyas raíces más primitivas se insertan en la necesidad de relación y de afecto que tiene el ser humano desde su nacimiento, explicitado en primera instancia a través del diálogo corporal y emocional que mantiene el niño con su madre durante los procesos de maternaje, allá en los albores de la infancia, una experiencia radical y primitiva que predestina al ser humano al entendimiento, a la comunicación y al diálogo.”

Freud descubrió una parte sustancial de este entramado: que el ser humano es un ser de precariedades, silencios, ausencias y faltas…, rodeado de bárbaros y de fantasmas que le asaltan desde fuera y desde dentro, mediatizado por sus dos instintos básicos, el eros y el thanatos. El psicoanálisis ha puesto de manifiesto que, tanto en el plano individual como en el colectivo, los humanos somos narcisistas, voyeuristas, exhibicionistas, masoquistas, sádicos…, y que son estas patologías las que explican en buena medida el comportamiento de las personas y de los grupos…

¿O no es cierto que la violencia está presente en todas partes? En las calles, en la prensa, en las pantallas de televisión, en el cine, en las videoconsolas, en internet…, en la economía y en los mercados, en las leyes, en los gobiernos, en los ejércitos, en las instituciones, en las familias, en las aulas… ¿No es cierto que vivimos instalados en un mundo lleno de violencia directa y de y de violencia estructural?, ¿que nuestra cultura está marcada por el terrorismo y las guerras en general?, ¿que la gente se ataca, se insulta y se grita en los diferentes escenarios mediáticos de la aldea global?, ¿o que los políticos practican de forma descarada y sistemática el insulto y la descalificación? Y, en otro orden de cosas: ¿No tienen mucho de ataque contra uno mismo la depresión, los problemas con la autoestima o los trastornos de la alimentación, por citar tan sólo algunos ejemplos?

Nuestra historia personal y colectiva está atravesada por el thanatos, por los bárbaros que nos atacan desde dentro y desde fuera, pero también por el eros: ¿O no es verdad que la mayor parte de las canciones que escuchamos, las películas que vemos y las novelas que leemos hablan de sexo?, ¿que la sexualidad inunda y sobrevuela nuestras vidas?

Por todo ello, el psicoanálisis sigue siendo hoy un instrumento epistemológico fundamental para comprender los acontecimientos pasados y recientes, y para entendernos mejor a nosotros mismos. Capaz de aportar explicaciones sobre el individuo y sobre la sociedad. De arrojar luz sobre nuestros conflictos intrapsíquicos, sobre nuestro mundo interior, sobre nuestro último fracaso amoroso, sobre nuestra vida emocional; de ayudarnos a convivir con los dragones del miedo y la duda y con todos nuestros fantasmas internos, que nos atenazan. Capaz de explicar, también, el terror político silencioso, el choque de civilizaciones, las matanzas de Ruanda o el terror de Israel y de Gaza; o el 11- S y el 11-M, o los atentados de Londres y la guerra de Irak…

Pero aún más, el psicoanálisis es también una herramienta de transformación, porque se propone cambiar el estado de las cosas, en el plano íntimo y en el plano social, a partir de una profunda toma de conciencia de la realidad, si es que se nos permite explicitar esta última cuestión en términos marxistas.

Finalmente, es nuestra condición de sujetos lo que nos constituye de forma más íntima y radical. Por ello, nuestra subjetividad no puede quedar fuera de los espacios del saber, porque una ciencia que excluye nuestro ser más esencial, estaría situada al margen de la realidad y sería, en consecuencia, una ciencia delirante. En eso consiste precisamente el delirio, en una pérdida de contacto con la realidad.

La vigencia del psicoanálisis tiene que ver con esa necesaria interrogación por la subjetividad, que nos permite una mejor comprensión del mundo en que vivimos y de nuestro propio espacio vital. En este sentido, el psicoanálisis sigue siendo hoy un exigente método de exploración de nuestro mundo interior, frente a las alienaciones del neoliberalismo y la economía de mercado, que privilegian la productividad, la eficacia y los resultados, y que demandan un hombre irreflexivo, simplón y sin conflictos, y una solución narcótica para los males del alma.

Más aún, el psicoanálisis sigue vigente hoy porque, como ha resaltado Élisabeth Roudinesco, la emoción y el deseo no pueden reducirse a una fórmula química, ni nuestras capacidades cognitivas a una simple red neuronal. Y porque a pesar de la indiscutible utilidad de los actuales medicamentos psicotrópicos, éstos no pueden liberar al ser humano del sufrimiento, la violencia, la soledad, la muerte, la ausencia, el silencio, la insatisfacción, la tristeza, el odio, el miedo, los celos…, ni de los traumas, fracasos o carencias, ni de los conflictos entre razón y corazón, o entre ética y deseo…

Freud, el fundador del psicoanálisis, el gran arqueólogo del inconsciente, fue uno de los personajes más influyentes del siglo XX. Sus teorías marcan las fronteras de un antes y un después en la comprensión de la naturaleza humana, la cultura, el arte, la religión… Con sus agudas observaciones, aportó un conjunto de hipótesis que abrieron nuevos caminos en diferentes esferas del comportamiento humano, y que han supuesto un fuerte estímulo para la investigación.

El psicoanálisis es, por otro lado, la más popular de las doctrinas psicológicas. Forma parte de nuestra cultura. Ha dejado su huella en ámbitos tan diversos como la neurología, la psiquiatría, la psicología, la pedagogía, la sociología, la filosofía, la hermenéutica, la antropología, la historia, la religión, la literatura, el arte, el cine…


Las críticas a Freud: sus detractores

Quienes discrepan de Freud aseguran que sus teorías no son más que el producto final del autoanálisis de su personalidad. Sus detractores consideran que el perfil científico del psicoanálisis es similar al de la astrología frente a la astronomía, o al de la alquimia con respecto a la química, y lo incluyen, así, en el campo de las pseudociencias.

Pocas teorías han sido tan criticadas, y con tanta dureza, como el psicoanálisis. El lector podrá encontrar un juicio sumarísimo a Freud en Le Livre noir de la psychanalyse, publicado en septiembre de 2005 por Catherine Meyer y una cuarentena de colaboradores de distintos países y especialidades, obra que fue contestada un par de meses después, de forma también fulminante, por Elisabeth Roudinesco (Pourquoi tant de haine? Anatomie du Livre noir de la psychanalyse, 2005), la brillante historiadora, psicoanalista y directora de Investigaciones en la Universidad París VII, y un poco más tarde por Jacques-Alain Miller (L’anti-livre noir de la psychanalyse, 2006), influyente psicoanalista lacaniano; o una excelente crítica, breve, pero también demoledora, en el libro de García y Sevilla Anàlisi de la Psicoanàlis (1985). O consultar Decadencia y caída del imperio freudiano, de Hans Eysenck (2004), uno de los psicólogos más prolíficos del siglo XX, cuya teoría de la personalidad sugiere, curiosamente, un intento de síntesis entre Carl Jung y el conductismo. Eysenck recopiló y criticó todos los estudios sobre la efectividad del psicoanálisis, llegando a la conclusión de que el tratamiento psicoanalítico no supone ninguna mejora sobre la tasa de remisión espontánea de las neurosis. También en Le Livre noir de la psychanalyse se niega, a lo largo de sus 800 páginas, la eficacia terapéutica del psicoanálisis, en favor de los tratamientos cognitivo conductuales; se acusa a Freud de ser el creador de una pseudociencia sin fundamentación empírica, de haber falsificado informes, de forzar sus interpretaciones para ajustarlas a sus hipótesis y de no entender la sexualidad femenina.


El redescubrimiento del psicoanálisis por los neurocientíficos y psicólogos cognitivos

Eric R. Kandel (Viena, 1929), Premio Nobel de Medicina y Fisiología (2000) por sus investigaciones sobre la memoria, neurobiólogo de la Columbia University de Nueva York y buen conocedor del psicoanálisis desde su juventud (no en vano quiso ser psicoanalista), caracteriza a Sigmund Freud como un gigante y un gran investigador del siglo XX. En dos famosos artículos sobre las relaciones entre psicoanálisis y neurociencias, publicados hace unos años en el American Journal of Psychiatry (Kandel, 1998; 1999), reclama de forma explícita un diálogo entre neurología y psicoanálisis, con el objetivo de proporcionar fundamentos empíricos y conceptuales más sólidos a las teorías freudianas y desarrollar nuevas investigaciones y teorías psicoanalíticas, para así poder alcanzar una mejor comprensión de la mente humana y proporcionar un nuevo marco intelectual a la psiquiatría.

Destaca que “acerca de la mente, no hay todavía concepción más coherente e intelectualmente satisfactoria que el psicoanálisis”, y que a pesar de que algunas de sus tesis centrales sobre la sexualidad y la mujer sean consideradas falsas por muchos investigadores en el momento actual, “son revolucionarios sus descubrimientos del inconsciente, de la sexualidad en la infancia temprana y de la interpretación de los sueños, así como del hecho de que una escucha especializada permite introducirse en el inconsciente del paciente” (Kandel, 1999).

En consonancia con lo anterior, aunque lejos aún de un consenso general entre unos y otros en diferentes ciudades del mundo se han formado redes de investigación interdisciplinar que unen los campos de la neurología y el psicoanálisis, y que han dado origen a la Sociedad Internacional Neuropsicoanalítica. Fundada en Londres, en julio de 2000, por Mark Solms, neuropsicólogo, y Jaak Panksepp, neurólogo que trabaja en el campo de las emociones, la Sociedad Internacional Neuropsicoanalítica alienta actualmente a 25 grupos de investigación en el ámbito del neuropsicoanálisis, instalados en diferentes ciudades de Europa, América del Norte y Sudamérica. Por otra parte, celebra anualmente un congreso sobre temas de mutuo interés para las neurociencias y el psicoanálisis y publica, también, la prestigiosa revista Neuro-Psychoanalysis, a cuyo Consejo Editorial pertenece la plana mayor de la actual neurología del comportamiento, así como un nutrido grupo de prestigiosos psicoanalistas.

El redescubrimiento del psicoanálisis está directamente vinculado con las recientes investigaciones en el ámbito de las neurociencias, que están permitiendo encontrar pruebas que avalan algunas de las teorías de Freud. Así lo destaca Mark Solms, neuropsicólogo de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y codirector de Neuro-Psychoanalysis, en un reciente artículo publicado en la revista Investigación y Ciencia, que lleva por título Vuelve Freud. En él, Solms (2004) señala: 1) Que los neurólogos están encontrando pruebas que avalan algunas de las teorías de Freud y que, a la vez, están atando cabos acerca de los mecanismos subyacentes a los procesos mentales que describió; 2) Que los neurólogos están cayendo en la cuenta de que las descripciones biológicas del cerebro resultan más coherentes si se las integra en las teorías psicológicas que Freud enunció hace un siglo; 3) Que hoy las investigaciones confirman cada vez más la existencia y la importante función de los procesos mentales inconscientes; 4) Que los neurólogos creen que los mecanismos instintivos que rigen la motivación humana son aún más primitivos que lo que Freud se imaginó cuando hablaba del ello, puesto que los hombres compartimos con nuestros parientes los primates, y con todos los mamíferos, sistemas básicos de control de las emociones; 5) Que las investigaciones más recientes han revelado que el contenido de los sueños responde a mecanismos emocionales primarios y que, en consecuencia, la teoría de que soñamos para satisfacer deseos reprimidos o suprimidos podría ocupar de nuevo un lugar central en las investigaciones sobre el sueño; y 6) Que, finalmente, para los neurólogos a quienes entusiasma la reconciliación de la neurología con la psiquiatría no se trata de demostrar si Freud estaba o no en lo cierto, sino de establecer, como propugna Kandel, un nuevo marco conceptual para la psiquiatría, que permita concluir la tarea iniciada por el fundador de la psicología profunda.

Efectivamente, como destaca Hugo Bleichmar (1999), “Contrariamente a lo que cierta literatura de orientación biologista intenta hacer creer, los hallazgos recientes de la neurociencia, lejos de entrar en contradicción con las principales tesis psicoanalíticas, ofrecen, en cambio, un sólido apoyo a las mismas. Los descubrimientos sobre el doble procesamiento cognitivo y emocional, uno inconsciente, automático, de respuesta inmediata, dependiente de los sistemas subcorticales (básicamente, de la amígdala cerebral y núcleos del llamado lóbulo límbico) y otro que es consciente y pasa por la corteza cerebral, muestran que la tesis del inconsciente como radicalmente diferente de la conciencia ya no es solamente defendida por los psicoanalistas. Neurocientíficos de la talla de LeDoux, Damasio, Bechara, Cahill, Gazzaniga, entre otros, aportan pruebas de la importancia de los procesos inconscientes. Se ha abierto un diálogo entre psicoanalistas y neurocientíficos en el que los participantes, sin abandonar sus respectivos dominios de pertinencia, tratan de ver cómo el trabajo colaborativo permite entender mejor la complejidad del funcionamiento mental, en especial el entrelazamiento entre, por un lado, el nivel simbólico de la mente humana, marcada por los discursos, por el lenguaje, por las identificaciones, por las relaciones con los seres significativos, y, por el otro, los procesamientos cognitivos y emocionales influenciados por las estructuras neurohormonales”.

Pero no son sólo los neurocientíficos quienes aspiran al redescubrimiento del psicoanálisis. Está emergiendo, igualmente, “Un camino cognitivo al psicoanálisis” (Herreros, 2002). Efectivamente, los psicólogos cognitivos y cognitivo-conductuales se están lanzando también al empeño de recuperar, reformulándolas, las aportaciones del fundador de la psicología dinámica, como se pone de manifiesto en el libro Affect regulation, mentalization, and the development of the self, de Peter Fonagy y colaboradores (2002), en el que sus autores proponen la teoría del aprendizaje y los mecanismos de bio-feedback para ilustrar y enriquecer la teoría psicoanalítica. Y otro tanto se puede decir de la terapia cognitivo analítica (Ryle, 1995), integrada dentro de lo que hoy día se llaman modelos integradores de psicoterapia (Mirapeix, 1994). Ampliamente utilizada por el Sistema Inglés de Salud Pública, esta terapia, influenciada por diferentes escuelas, utiliza conceptos derivados de la teoría de las relaciones objetales desarrollada por Fairbain (1962), si bien reformulando la teorización psicoanalítica en términos cognitivo-conductuales.


Psicoanálisis y educación
En lo que se refiere al ámbito de las Ciencias de la Educación, el psicoanálisis ha hecho numerosas aportaciones, entre las que destacan las siguientes: El papel que juega la infancia en la estructuración de la personalidad adulta. El descubrimiento de la sexualidad infantil y sus etapas. El influjo de los climas emocionales en el desarrollo del niño y del adolescente. El valor de la educación para la prevención de las neurosis. Su contribución al análisis de los procesos inconscientes y transferenciales presentes en toda relación educativa, tanto por parte del niño, como por parte del educador. La importancia que concede al autoconocimiento personal para el quehacer pedagógico. El énfasis que pone en la necesidad de estimular el desarrollo y crecimiento personal de los educadores. Su advertencia sobre el influjo de la represión en la formación de las estructuras neuróticas, y sobre el daño que ésta puede causar a los niños en su proceso de desarrollo. El valor de la sublimación como alternativa a la represión. Su aportación a la comprensión de los conflictos institucionales de la escuela y al conocimiento de los riesgos de un uso perverso del poder por parte del profesorado. La necesidad de replantearse, en función de todo lo anterior, los fines de la educación, así como los métodos de enseñanza y de aprendizaje.

Por otra parte, entre quienes han intentado aplicar el psicoanálisis a la educación sobresalen, entre otros, autores como Anna Freud (1895-1982), Vera Schmidt (1899-1937), Nelly Wolffheim (1869-1965), Enrique Pichon-Riviere (1907-1977), Oskar Pfister (1873-1956), José Bleger, René Lourau, Francoise Dolto (1908-1988), Mireille Cifali, Seigfried Bernfeld (1892-1953) y Alexander Sutherland Neill (1883-1973). De este último y de su célebre escuela de Summerhill nos ocuparemos con algún detalle seguidamente.


Summerhills, o la articulación entre psicoanálisis y educación












Alexander Sutherland Neill

La articulación entre educación y psicoanálisis encontró su mejor expresión en Summerhill, la escuela fundada en 1921 por Neill, que con la publicación de su primer libro sobre esta experiencia pedagógica (1960) provocó una auténtica conmoción no sólo en su país natal, Inglaterra, sino también en Estados Unidos y otros países de Europa, donde a finales de la década de los 60 ya había numerosas escuelas tipo Summerhill. Su idea esencial queda reflejada en otro de sus libros, Corazones, no solo cabezas en la escuela (NEILL, 1975), en el que defiende que la paz mundial no depende de las matemáticas ni de la química, sino de una actitud nueva y más amplia hacia la vida afectiva.

Por ello, en Summerhil se presta atención a la vida emocional y a los conflictos que pueblan nuestro inconsciente. A diferencia de lo que sucede en la escuela tradicional, se da más valor a la estabilidad sentimental que a la adquisición de conocimientos: La escuela enseña a pensar, pero no enseña a sentir, solía decir Neill al respecto.

En Summerhill impera la libertad de educación, y su principal objetivo es curar al ser humano de la infelicidad. Sus tres ejes fundamentales son la autoorganización, el autoaprendizaje y la autodeterminación de valores morales, con los que se pretende dar a los estudiantes la oportunidad de decidir por sí mismos cómo organizar su vida, sin estar sometidos a las prescripciones de las figuras de autoridad: padres y profesores; y, de esta forma, estimular la confianza, la autoestima, la creatividad, la libertad interior y la responsabilidad…, liberando a los niños del riesgo de vivir atenazados por los fantasmas del miedo, la obediencia ciega, el odio, la hipocresía, la intolerancia…

La Escuela de Summerhill estuvo muy influenciada por Homer Lane, psicoanalista estadounidense, director de Little Commonwealth, una escuela reformatorio que Neill conoció en 1917. Le llamó mucho la atención que los espacios de este centro estuviesen gestionados directamente por los propios jóvenes internos. También ejerció una enorme influencia sobre Summerhill Wilhelm Reich. Para este último, una educación excesivamente frustrante o excesivamente complaciente está abocada al fracaso, por generar, respectivamente, personas apocadas y conformistas, o sujetos socialmente inadaptados e incapaces de convivir.

Neill, discípulo de Freud y de Marcuse, se psicoanalizó con Reich, con quien mantuvo una gran amistad y una extensa correspondencia. Pensaba que la educación tradicional estimula la represión de los instintos y de la voluntad, y estaba convencido, influenciado por Freud, cuya obra conocía en profundidad, de que esta represión es la responsable de muchas de las neurosis que se manifiestan en la niñez y en la vida adulta.

La primera escuela Summerhill fue fundada por Neill en 1921, en Hellerau, cerca de Dresde (Alemania). Más tarde, se trasladó a Austria y posteriormente, en 1923, a Lyme Regis, en el sur de Inglaterra. Desde 1927, Summerhill se instaló en Leiston (Sffolk), en Inglaterra.

Neill, que llevó a cabo una interesante reforma pedagógica, es representante de la educación antiautoritaria, de la pedagogía libertaria, en su caso fundamentada en las teorías psicoanalíticas. La escuela de Summerhill, que llevó hace casi un siglo la revolución emocional a las aulas, fue pionera del movimiento de escuelas democráticas.



Dice uno de sus alumnos, Joshua Popenoe, en un libro que alcanzó una enorme difusión (Summerhill. Una experiencia pedagógica revolucionaria), que "Las emociones van por delante del intelecto. ¡Siempre!"; y que “Summerhill ha destacado por defender que los niños aprenden mejor en libertad, sin la presión de los mecanismos coercitivos y represivos presentes en la mayor parte de los centros educativos” (Popenoe, 1973, 43).

Neill, el último sobreviviente de la Educación Nueva, que floreció a principios del siglo XX, el profesor que amó a sus alumnos sin reservas y que siempre estuvo al lado de ellos, estaba convencido de que un niño debe vivir su propia vida y no la vida que sus padres quieran que viva, o la que sus educadores decidan por él. Para él es esencial la confianza en la naturaleza del niño, en su bondad intrínseca. En la Escuela de Summerhill todas las aulas son optativas, pudiendo los alumnos elegir entre asistir a clase, dedicarse a jugar o realizar actividades manuales en el taller; o entre frecuentar más unas aulas y menos otras. Finalmente, en ella los propios estudiantes discuten y elaboran sus leyes y normas, en las asambleas de cada viernes, siempre presididas por un alumno.

Summerhill, la escuela que llevó el psicoanálisis a la aulas, no sólo ha sido una de las experiencias más relevantes de la pedagogía libertaria (aún sin ser una escuela anarquista), sino que fue y sigue siendo una propuesta para la transformación de las escuelas en espacios desde los que promover la libertad, la autonomía, el autogobierno, la iniciativa y la creatividad, así como unas relaciones sociales basadas en el amor, la comprensión y el respeto.

En España, entre las experiencias inspiradas en Summerhill cabe citar las de Orellana (Fernández Cortés, 1978; 2002), Fregenal de la Sierra y Paideia - Mérida (Martín Luengo, 1978), Palomeras Bajas (Lara y Bastida, 1982; 2004) y Mesones de Isuela (experiencia esta última llevada a cabo por Juan Salanova).

Las ideas de Neill estuvieron prohibidas durante mucho tiempo en Estados Unidos y en Rusia. En su Inglaterra natal recibieron críticas demoledoras y su experiencia pedagógica fue objeto de numerosas denuncias judiciales, que no prosperaron. El espaldarazo que Erich Fromm, el autor de El arte de amar y de El miedo a la libertad, dio a Neill, en el prólogo de Summerhill, supuso el inicio del reconocimiento de esta experiencia pedagógica. “En mi opinión, señala Fromm, este libro es de gran importancia, porque representa el verdadero principio de la educación sin miedo. En la escuela de Summerhill la autoridad no disfraza un sistema de manipulaciones. Summerhill no expone una teoría; relata una experiencia pedagógica real de casi 40 años…, en la que la libertad funciona” (NEILL, 1960).

El libro fue inmediatamente traducido a diferentes idiomas y Neill fue nombrado Dr. Honoris Causa por numerosas universidades. Margaret Thatcher, sin embargo, intentó cerrar Summerhill en su etapa de Ministra de Educación de Inglaterra; también lo intentó, más recientemente, el gobierno de Blair. No lo consiguieron, gracias a la movilización que se produjo.

Finalizamos con unas citas del libro de Joshua Popenoe. Él dice que la filosofía básica de Summerhill "es que si un muchacho se siente amado y animado para hacer cuanto le plazca -con tal de que no resulte peligroso para él ni molesto para los demás- se convertirá en un adulto más feliz y maduro (1973, 43), y que, “en resumen, mis cuatro años en Summerhill, marcaron el tipo de vida que desearía seguir siempre” (1973, 117).

Hoy, Summerhill sigue siendo un desafío, puesto que, como decía Neill, la libertad es una nueva cosmovisión y una gran esperanza para este mundo demente.



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Seguidamente, portadas de libros sobre las experiencias en España citadas anteriormente e inspiradas en Summerhill.