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La globalización neoliberal y sus repercusiones en la educación (Enrique Javier Díez Gutiérrez)

































El neoliberalismo se ha convertido en el “telón de fondo” de los ajustes de la política educativa a nivel mundial, que no se limitan ya al recorte en la asignación de recursos o a su privatización, sino que afectan básicamente a los núcleos centrales del ideario educativo y a las políticas pedagógicas. Los conflictos que se dirimen en la escuela no son más que una parte de la crisis más general de la política y de la ciudadanía en el capitalismo global. Con el argumento de que la educación debe atender a las demandas sociales, se hace una interpretación claramente reduccionista de qué sea la sociedad, poniendo a la escuela y a la universidad al exclusivo servicio de las empresas y se centra la formación en preparar el tipo de profesionales solicitados por éstas. Las inversiones en la educación y los currículos deben ser pensados de acuerdo con las exigencias del mercado y como preparación al mercado de trabajo.

El papel público de la educación como campo de entrenamiento para la democracia y para la ciudadanía democrática se ha pasado a considerar como un despilfarro del gasto público, siendo reemplazado por el punto de vista que la empresa privada tiene de la función de la enseñanza: un campo de entrenamiento para atender las necesidades de las empresas. La persona trabajadora “flexible” y “polivalente” constituye así la referencia del nuevo ideal pedagógico.

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La educación de los mercaderes: La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía (Primeras palabras del anteproyecto de la LOMCE)
































Como se señala en la presentación de MERCANTILIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN (monográfico coordinado por Teresa García Gómez, Universidad de Almería), el mercado nos ha acompañado desde hace siglos, entendiéndose, de forma general, el espacio público donde individuos u organizaciones que disponen de productos, bienes y servicios los venden a aquellos que deseen comprarlos para satisfacer sus necesidades o deseos, realizándose por tanto un intercambio de forma libre. Si bien sabemos que la libertad y la democracia no es precisamente lo que caracteriza el acceso a esos bienes y servicios, sino que está determinado por el capital cultural y económico, y la propiedad privada de los medios de producción. Este planteamiento en educación sería que unos llevan una mercancía que es un saber y otros llevan otra mercancía que es otro saber, y que ambos van con una necesidad, un deseo..., pero todos los estudios críticos sobre el mercado han demostrado que este escenario idílico es falso. 

En el siglo XX se ha hecho más evidente que todas las formas de la vida social en los sistemas capitalistas estaban sometidos al mercado. Pero éste aún no había accedido a tratar todo como mercancía, aunque esto estuviera en su lógica. De hecho, el agua, la sanidad, etc. en muchos países tenían una gestión pública, sobre todo desde que las políticas del Welfare State (Estado de Bienestar) pactaran con el movimiento obrero una situación de consenso que se tradujo en la aceptación de límites en uno y otro sentido. El movimiento obrero no accedería al poder y el capitalismo no colonizaría los considerados bienes comunes apartándolos de la gestión pública. Este pacto terminó en los años setenta. 

Desde entonces se ha producido un cambio cualitativo en nuestros sistemas sociales, y se rompió el pacto en el momento en que el capitalismo había agotado su parte del pastel. Es a partir de este momento en el que se desarrolla la apropiación capitalista de todo el trabajo y bienes inmateriales: las relaciones (capitalismo relacional), los afectos (capitalismo afectivo) y el saber (capitalismo cognitivo). 

Emmanuel Rodríguez y Raúl Sánchez señalan que el capitalismo cognitivo es “hermano gemelo de un «capitalismo relacional» y de un «capitalismo de los afectos» que pone sobre la nueva cadena productiva el indeterminado conjunto de mediaciones sociales, que lleva inaugurando y ampliando ciclos de negocio directo desde hace al menos treinta años: desde el cuidado de ancianos a la atención telefónica, desde la vieja industria cultural a la nueva industria del diseño” (2004: 14). 

En el caso del conocimiento el capitalismo no solo lo convierte en mercancía, puesto que ya era concebido así en los centros de enseñanza privada, sino que reconvierte el propio sistema educativo en una institución privada, privatiza el saber (control de las patentes en los laboratorios de investigación, la gestión de los derechos de autoría frente al conocimiento libre o los planes de estudios reorientados a las dinámicas del mercado capitalista).  Desde el momento que nuestras sociedades se convierten en la sociedad de la información y del conocimiento, es decir, donde la información y el conocimiento ocupan un lugar privilegiado en la sociedad y en la cultura, siendo la creación, distribución y manipulación de la información una parte fundamental de las prácticas económicas, el capitalismo se apropia del ámbito del saber, una nueva regulación de los mercados donde el saber y lo cognitivo están en provecho de lo financiero. El concepto de capitalismo cognitivo nos permitiría “comprender mejor la coyuntura actual como un mecanismo simple de acumulación por desposesión –mediante los procesos de precarización, privatización de los sistemas de formación, de reforzamiento de la legislación en materia de propiedad intelectual y de explotación financiera en beneficio de situaciones de monopolio u oligopolio- que como una estrategia medida y coherente por la multiplicación y mejora de las estructuras cognitivas que pueden facilitar la multiplicación de la productividad y de la riqueza social. Un workfare sin excepciones, sin concesión a los tiempos y espacios, relativamente libres de la exigencia inmediata de conversión monetaria, se presenta sin embargo como una estrategia de liquidación de las externalidades positivas que derivan de la producción de conocimiento” (Rodríguez y Sánchez , 2004: 26). En este sentido “el proceso de globalización actual puede, en algunos de sus aspectos, ser interpretado como la renovación de un vasto proceso de acumulación primitiva. Combina estrictamente los métodos tradicionales de la expropiación originaria y la tentativa de transformación en mercancías de la totalidad del mundo de la vida y del pensamiento. Asistimos, así, a una nueva dinámica de privatización, parasitaria, de lo común, que subsume del Norte al Sur de la economía mundo los saberes tradicionales como saberes nuevos de la economía del conocimiento, con independencia de que se trate de antiguos derechos colectivos sobre los espacios agrícolas o forestales o de los servicios colectivos del Estado del Bienestar” (Vercellone, 2004: 67). No solo a partir de este momento vemos apropiaciones de nuevos ámbitos, nuevas conquistas del capitalismo, sino que ahora todo va a ser sometido a la gestión privada. Digamos que se produce un cambio de dirección: se pasa de una situación en la que parte de la población busca unos bienes de saber que controla la escuelas y universidades privadas en tanto que más cercanos a las posibilidades de ascenso social y de riqueza económica, a otra situación en la que tendencialmente ha desaparecido las posibilidades de un bien de conocimiento gestionado en las escuelas y universidades públicas, dado que la gestión privada se ha apropiado de esos espacios. Ya no se va a un sitio, sino que se está en él. 

Ese cambio de dirección en educación se produce con Bolonia, pero debemos preguntarnos: ¿por qué se produce ahora?, ¿por qué se ha roto el consenso? Por ejemplo, observemos la situación de la educación en España: una población estudiantil escolarizada obligatoriamente hasta los 16 años y con un acceso relativamente fácil a la universidad, un “capital humano” de profesorado, asesores, personal técnico, etc. y un bien demandado por prácticamente toda la población. Esto es una situación idónea a la expansión capitalista. Pero cómo conseguir que esta situación idónea pueda justificar una agresión brutal por parte de la gestión privada. Poco a poco se ha ido produciendo un deterioro de la escuela y de la universidad pública por la creencia en la bajada de niveles y exigencias escolares, el aumento de
niños y niñas migrantes visto como causante del menor rendimiento académico, los conflictos y violencia, los malos resultados, etc. Por más que todo esto sea cuestionable, ya que quien controla los criterios de evaluación también controla los resultados, y quien tiene acceso a la información tiene el poder de hacer lecturas sesgadas y partidistas de la misma. 

Bolonia, como hemos apuntado, supone la reconversión educativa hacia el nuevo capitalismo, privatizando la educación pública, lo que significa que la educación no tendrá posibilidad de ser un proyecto social y político pensado para la emancipación de los individuos, sino que estará al servicio de las necesidades e intereses económicos, gestionada desde una óptica empresarial, actuando para obtener los máximos beneficios al menor costo posible, transformando los problemas y fracasos escolares en problemas y fracasos personales, generando competitividad entre las personas y los centros educativos, proponiendo planes de mejora (de resultados) sin cambiar las condiciones de trabajo (menor ratio por aula, tiempo para el profesorado para la formación, investigación y discusión colectiva, direcciones escolares realmente pedagógicas y colectivas, etc.), etc. 

Un análisis más detallado de todos estos aspectos y los mecanismos por los que el capitalismo se está apropiando de la enseñanza pública es el que se aborda en este monográfico.

Mercantilización de la educación













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Avance del número 33, Volumen 13 (2), de la Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado (Agosto 2010), en el que se publica una monografía sobre MERCANTILIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN, coordinada por Teresa García Gómez (Universidad de Almería).


Procesos de mercantilización en los subsistemas educativos


La Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado publicará en su número de agosto de 2010 [número 33, Volumen 13 (2)], una serie de trabajos en los que se analizan los procesos de mercantilización que, ya desde hace tiempo, vienen siendo moneda común en el ámbito de la educación.

Con ellos no se pretende otra cosa que dejar algunas localizaciones que permitan vislumbrar la complejidad del fenómeno y sus profundas dimensiones, sobre todo en el impacto (negativo) que tienen asuntos como: el capitalismo cognitivo, la educación basada en las competencias, los sistemas de certificación y evaluación basados en la rendición de cuentas y las pruebas diagnósticas, el uso comercial que se hace de las TICs, la intromisión de empresas privadas en el campo de la formación profesional. Pensamos que aún es tiempo de que sectores profesionales implicados en la transformación de la educación, analicen no tanto el por qué de los procesos de mercantilización, sino más bien hasta dónde llegan sus efectos.

Algunas de las aportaciones que llenan las citadas páginas vienen de campos muy diversos y necesidades bien distintas: el ámbito de la universidad y las implicaciones que en ella están teniendo los sistemas de rendición de cuentas, y los planes de estudios configurados en torno al enfoque basado en competencias profesionales; lo mismo podemos decir del campo de la formación profesional, que sigue una lógica parecida, amparada en este caso en una filosofía vinculada a la desregulación pública vía empresas dedicadas a la formación profesional; lo mismo podemos decir del sector de la educación escolar, en este caso con una administración obsesionada en las pruebas diagnósticas, con todo lo que ello condiciona una enseñanza para la ciudadanía, eso sí con una cada vez mayor ambigüedad entre lo que es la educación pública y la escuela privada.

No nos gustaría concluir la presentación del citado monográfico, sin dar las gracias a quienes han participado en el mismo, ofreciendo buena parte de sus saberes y experiencias que nos deben hacer reflexionar acerca de la necesidad de políticas articuladas entre quienes trabajamos en los diferentes ámbitos de la educación, sin caer nuevamente en los reinos de taifas, las luchas desconectadas entre sí, la sensación de anomia que suele caracterizar, en no pocas ocasiones, nuestra lucha por una escuela mejor para todas y todos.

Animamos pues a quienes se acercan a estas páginas (que en breve estarán disponibles a texto completo en la web de la aufop) a leer las mismas desde una actitud de compromiso con lo que nos toca vivir, de ahí que hayamos optado por dar cabida en este monográfico a personas que quizás no tendrían tanta facilidad para dar a conocer su pensamiento y su vivencia en el sector de la educación. Desde el consejo de redacción de la Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado hemos querido dejar constancia de nuestra convicción por una defensa de lo público alejada de toda pretensión mercantilista…efectivamente, la educación no es una mercanía…


El Consejo de Redacción de la "Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado"