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Volver. De la Revista de Escuelas Normales a la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. En homenaje a los cuatro directores que tuvo la REN: Modesto Bargalló, Rodolfo Llopis, Antonio Gil y Pablo Cortés























"Volver. De la Revista de Escuelas Normales a la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado."

Este breve enunciado marca los comienzos, allá en abril de 1987, de la "Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP)".

En efecto, la "Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP)" es continuación de la "Revista de Escuelas Normales (REN)" (1923-1936), por lo que uno de sus rasgos más diferenciadores es su dimensión histórica. 

La REN fue el resultado final del "Boletín" que venían publicando los profesores de Primaria de la Escuela Normal de Guadalajara, que en 1922 se trasformó en el "Boletín de Escuelas Normales", pasando a ser el órgano de expresión de la Asociación Nacional del Profesorado de Escuelas Normales.

A su vez, el "Boletín de Escuelas Normales", que se publicó entre febrero y diciembre de 1922, se transformó a partir de 1923 en la "Revista de Escuelas Normales" (1923-1936), una publicación de carácter profesional y societaria, actualmente disponible en línea en la Biblioteca Nacional de España (BNE)

La REN fue un importante punto de encuentro intelectual y científico y en ella está perfectamente reflejada la inquietud reformista y de renovación pedagógica que se vivió en España en aquella época, como se destaca en la web de la Hemeroteca Digital de la BNE en el que la REN está alojadaSu proyecto fundacional fue redactado por Rodolfo Llopis y Emilio Lizondo, catedráticos de la Escuela Normal de Cuenca. 

Sobre la "Revista de Escuelas Normales" existe una abundante bibliografía, entre la que resaltamos algunos artículos, como el de Alejandro R. Díez Torre, María del Mar del Pozo Andrés y Manuel Segura Redondo: "La Revista de Escuelas Normales. Una publicación de regeneración normalista nacida en Guadalajara (1922-1936)" (RIFOP, 1988, número 1); el de Rita Gradaílle Perna: "Rodolfo Llopis Ferrándiz: Notas biográficas del antiguo director de la Revista de Escuelas Normales" (RIFOP,  2000, número 37); o el de Clemente Herrero Fabregat: “Índice de la Revista de Escuelas Normales (1923-1936): artículos” (Revista de Educación de la Universidad de Granada, 1997, número 10).

La REN, dirigida por intelectuales españoles que defendieron la importancia de la educación pública y la calidad de la formación del profesorado, tuvo su primera sede social (enero de 1923 - noviembre de 1927) en la Escuela Normal de Guadalajara, bajo la dirección de Modesto Bargalló Ardévol. 

Posteriormente, estableció su sede en la Escuela Normal de Cuenca (diciembre de 1927 - noviembre de 1929), período en el que la dirigió Rodolfo Llopis Ferrándiz.

Unos años después la revista pasó a la Normal de Córdoba (diciembre de 1929 - mayo de 1931), época en que fue dirigida por Antonio Gil Muñiz. 

Posteriormente, la sede de la REM retornó de nuevo a la Normal de Guadalajara (octubre de 1931 - diciembre de 1932), época en que Bargalló retomó la dirección de la misma.

Finalmente la Revista de Escuelas Normales se trasladó a la Escuela Normal de Madrid (enero de 1933 - mayo de 1936), bajo la dirección de Pablo Cortés Faure. 

Por su carácter de tribuna y encrucijada de la formación del profesorado de primaria, la “Revista de Escuelas Normales” se convirtió en una publicación de regeneración normalista que llamó poderosamente la atención en ambientes pedagógicos y educativos de la época, tal como quedó reflejado en las crónicas de diarios nacionales como “el Sol”, “La Libertad”, “El debate” o “El Imparcial”. En ella escribieron o estuvieron presentes destacados científicos e intelectuales nacionales y extranjeros, como Altamira, Cossío, María Montesori, Piaget, Claparede, Decroly, Lombardo-Radice, Llopis, Bargalló… 

En este sentido, tal como ha señalado Paul Aubert (2007), fue a través de la Revista de Escuelas Normales, junto con la Revista de Pedagogía, el Boletín Escolar, el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza y la Escuela Moderna, como se difundieron ideas nuevas en España, en particular gracias a la difusión de numerosos trabajos de Montessori, Piaget, Petersen, Audemars, Claparède, Cousinet y Vermeylen, y de los autores de la revista "Pour l’Ére Nouvelle", órgano de la renovación pedagógica europea.

La Revista de Escuelas Normales se editó por última vez en mayo de 1936..., si bien en 1970 hubo un intento de recuperación de la misma editándose en Madrid un número experimental por parte de la Subdirección General de Servicios de Enseñanza Primaria.

Posteriormente, en el acto de clausura del “II Seminario Estatal de Escuelas Universitarias de Magisterio” (Valladolid, 1985), se acordó relanzar la idea bajo el nombre de “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales (RIFOP)”.

La nueva revista, que cuajó rápidamente, fue alentada y promovida por los miembros de su primer consejo de redacción, que fueron los fundadores de la misma. Ordenados alfabéticamente, son los siguientes: Fernando Albuerne López (Universidad de Oviedo), Juan Benvenuty Morales (Universidad de Cádiz), Juan José Cáceres Arranz (Universidad de Valladolid), Antonio Gómez Ortiz (Universidad de Barcelona), Ramón Lara Tevar (Universidad Complutense de Madrid), Antonio Molero Pintado (Universidad de Alcalá de Henares), Santiago Molina García (Universidad de Zaragoza), José Emilio Palomero Pescador (Universidad de Zaragoza) y Martín Rodríguez Rojo (Universidad de Valladolid).


En el contexto del citado Seminario se decidió fijar la sede social de la revista en la Escuela Universitaria de Magisterio de Teruel (Universidad de Zaragoza). Desde entonces hasta la fecha, la “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado” ha publicado de forma ininterrumpida tres números cada año.

A partir del año 1996 la sede social de la revista quedó situada en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. 

Actualmente, la revista que consiguió rescatar el nombre y el espíritu de renovación pedagógica de la antigua “Revista de Escuelas Normales”, publica dos versiones independientes, una de ellas en soporte papel y la otra en soporte electrónico, esta última desde 1997. 

Por otra parte, la entidad editora de la “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado” en sus versiones impresa (RIFOP) y electrónica (REIFOP) es la “Asociación Universitaria de Formación del Profesorado (AUFOP)”, entidad que tiene el copyright de las mismas.

La revista impresa (RIFOP) se ha publicado desde sus inicios en colaboración con la Universidad de Zaragoza, de cuyo Vicerrectorado de Política Científica recibe una subvención anual desde 1987. 



Sobre los directores de la Revista de Escuelas Normales

Modesto Bargalló Ardévol

Durante los períodos en que tuvo su sede social en la Normal de Maestros de Guadalajara, la “Revista de Escuelas Normales” fue dirigida por Modesto Bargalló Ardévol. 

Catedrático de Ciencias Fisicoquímicas y Naturales desde 1915 a 1939 en la citada Escuela, experto en enseñanza de la ciencia para niños, dibujante, pintor, erudito, poeta…, Bargalló, que llegó al puerto de Veracruz -en el Sinaia- el 13 de junio de 1939, terminaría convirtiéndose durante su largo exilio en México, donde alcanzó un alto nivel de reconocimiento, en un ilustre químico profundamente comprometido con la docencia y con la historia de la ciencia (Villareal, Mayagoitia y Bolivar, 1968).

Entre otras distinciones, “a sus 83 años fue premiado por la American Chemical Society en 1977, recibiendo el Dexter Award por sus numerosas contribuciones a la historia de la química y en particular a la historia de la metalurgia en el Nuevo Mundo durante el Período Colonial […]. Se trata de un premio muy importante, y Bargalló ha sido el único químico que ha sido premiado con él por su trabajo en México” (Garritz y Valdez, 2008, 7).

Desde aquí se pueden consultar los siguientes documentos sobre Modesto Bargalló Ardévol:


- Modesto Bargalló Ardévol. Un químico español que se transformó en mexicano (artículo publicado en la revista Educación Química).



Rodolfo Llopis Ferrándiz

Durante la etapa de Cuenca, la “Revista de Escuelas Normales” fue dirigida por Rodolfo Llopis Ferrándiz, el hombre que puso los cimientos de la modernización del sistema educativo español. 

Catedrático, periodista y político comprometido con la extensión de la enseñanza primaria en España, Llopis, que no abandonó jamás su preocupación pedagógica, tuvo una intensa vida política. Entre otros, ocupó los cargos Concejal del Ayuntamiento de Cuenca, Director General de Enseñanza Primaria (1931-1933), Presidente de la República Española en el exilio (1947), Presidente de la Unión General de Trabajadores en el exilio (1955-1971) y Secretario General del PSOE en el exilio (1944-1972), cargo en el que le sucedió Felipe González.

Desde aquí se pueden consultar los siguientes documentos sobre Rodolfo Llopis Ferrándiz :

- Primer acercamiento a la personalidad de Rodolfo Llopis

- Resumen de su historia de vida

- Monografía sobre Rodolfo Llopis en Cuenca [publicada en el número 43 (2002) de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado].

- Tesis doctoral sobre su trayectoria pedagógica [Adelina María Sirvent Gárriga (2012) Rodolfo Llopis Educador].

- Artículo sobre su perfil pedagógico [Luis Gómez Llorente (2009). El perfil pedagógico de Rodolfo Llopis].


Antonio Gil Muñiz

Antonio Gil Muñiz (1892-1965) fue director de la Revista de Escuelas Normales entre diciembre de 1929 y mayo de 1931, época en la que era catedrático de la Escuela Normal de Córdoba, de la que también fue director.

Durante la etapa de Gil Muñiz no faltó en la REN la firma de destacadas figuras nacionales e internacionales, como es el caso de Rafael Altamira, Manuel Bartolomé Cossío o Giuseppe Lombardo Radice.

Transcribimos seguidamente una nota biográfica tomada del blog de la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Málaga, de la que fue director a partir de 1957:

"Nacido en Ceuta el 31 de marzo de 1892, a edad temprana se trasladó a Málaga. Residió, por distintas razones, en otras ciudades antes de recalar definitivamente en Málaga: en Madrid permaneció brevemente por motivos de estudios, causa por la que también se desplazó fuera de nuestras fronteras, a Francia, Bélgica y Suiza, para ampliar conocimientos de Psicología y Pedagogía, y en Córdoba y Ansó (Huesca), por razones profesionales, desde 1916 a 1939. 

Sus estudios no versaron exclusivamente sobre Magisterio, también cursó estudios mercantiles (1910) y de Derecho (1929).

De su labor desarrollada cabe destacar la Dirección de la Escuela Normal del Magisterio Primario de Córdoba, fue miembro de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, Director de la Revista de Escuelas Normales, Director de la Escuela Normal del Magisterio de Málaga (desde 1957), además de su actuación como conferenciante.

Su trabajo en la enseñanza se vio interrumpido al sufrir un expediente de depuración por el que resultó separado de su actividad, causando baja en la misma (revisado en 1945, momento en el que se integra como profesor de la Escuela Normal de Málaga), así como por el encarcelamiento que sufrió tras la finalización de la Guerra Civil. Falleció el 13 de marzo de 1965".

Para acercarnos de forma más detallada a la personalidad de Antonio Gil Muñiz remitimos a nuestros lectores y lectoras al estudio biográfico realizado por José Antonio Molero (publicado en Gibralfaro. Revista de creación literaria y humanidades).





"Maestro de primera enseñanza desde 1910. En 1913 ingresó en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, de donde salió en 1916 con el nº 4 de la Promoción Quinta. El 1 de julio de 1916 tomó posesión como profesor de Gramática y Literatura Castellana en la Escuela Normal de Toledo, donde permaneció hasta 1921 que fue destinado a la Escuela Normal de Granada como profesor numerario de Historia. Miembro de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT y afiliado a la AS de dicha localidad. Catedrático de la Escuela Normal y vocal del Consejo Provincial de Primera Enseñanza. En abril de 1931 fue elegido concejal del ayuntamiento de Granada, ejerciendo como teniente de alcalde desde el 5 de septiembre de 1931. En diciembre de ese año decidió trasladarse a la Escuela Normal de San Sebastián, tomando posesión de su cargo en enero de 1932 y siendo nombrado director de la misma. Representó a la AS de dicha localidad en el XIII Congreso del PSOE celebrado en Madrid en octubre de 1932 y a la conclusión del mismo solicitó el traslado a la AS de Madrid. Desde febrero de 1933 dio clases de la disciplina “Cuestiones Sociales” en la Escuela Normal nº 1 de Madrid y fue designado vocal del Consejo Nacional de Cultura. A pesar de residir en Madrid, mantuvo vínculos políticos con Granada, siendo candidato del PSOE por dicha provincia en las elecciones generales de 1933, sin resultar elegido. En 1934 fue nombrado miembro del Patronato de la Universidad de Verano de Santander y desde junio de 1935 se hizo cargo de la cátedra de Metodología de la Historia en la Escuela Normal nº 1 de Madrid. Al producirse el golpe de Estado de julio de 1936 se encontraba en Santander, trasladándose urgentemente a Madrid en avión. Su familia marchó hacia Bordeaux (Francia) llegando a Madrid en septiembre de 1936. Se incorporó al Batallón “Félix Bárcena” de la FETE, mandado por Vicente Valls, donde permaneció poco tiempo. Continuó ejerciendo como profesor y secretario de la Escuela Normal hasta febrero de 1937 que marchó a Valencia y después a Castellón, donde continuó como profesor de la Escuela Normal hasta el final de la guerra. Regresó a Madrid, permaneciendo escondido hasta que fue detenido en mayo de 1941, siendo puesto en libertad tres meses después sin cargos (quizás influyó el que se le había dado por fusilado en Granada). En Consejo de Guerra celebrado el 26 de mayo de 1945 su causa fue sobreseída provisionalmente. Dio clases particulares y en academias hasta que en 1952 reingresó en la carrera, siendo nombrado profesor en la Escuela de Magisterio de Segovia, en la que impartió clases hasta su jubilación en 1963. Falleció en Madrid el 24 marzo de 1976".


Bibliografía y webgrafía

- Blog de la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Málaga (2009). Antonio Gil Muñiz. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Consejo de Redacción (1987). Volver. De la Revista de Escuelas Normales a la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua revista de Escuelas Normales, 0. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Consejo de Redacción (2002). Editorial: Acercamiento a la personalidad de Rodolfo Llopis. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales, 43, 9-11. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Díez Torre, Alejandro R.; del Pozo Andrés, María del Mar y Segura Redondo, Manuel (1988). La Revista de Escuelas Normales. Una publicación de regeneración normalista nacida en Guadalajara (1923-1936). Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales, 1, 9-30. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Fundación Pablo Iglesias. Pablo Cortés Faure (Nota biográfica). (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Garritz, Andoni y Valdez, Ricardo (2008). Modesto Bargalló Ardévol. Un químico español que se transformó en mexicano. Educación química, 19 (1), 3-8. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Gómez Llorente, Luis (2009). El perfil pedagógico deRodolfo Llopis. Cultura, 70-80. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Google Académico. Índice de citas, Índice h5 e Índice i10 de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP). (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Google Académico. Índice de citas, Índice h5 e Índice i10 de la Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado (REIFOP). (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Grana Gil, Isabel y Martín Zuñiga, Francisco (2010). La depuración franquista del profesorado normalista malagueño, en Carmen Sanchidrián Blanco (Dir.), La depuración franquista del profesorado de Escuelas Normales. Málaga: Mineco, Málaga. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Rita Gradaílle Perna, Rita (2000). "Rodolfo Llopis Ferrándiz: Notas biográficas del antiguo director de la Revista de Escuelas Normales". Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales, 37, 237-260." (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Boletín de Escuelas Normales. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Revista de Escuelas Normales. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Hernández Munilla, Ana Estrella (1996). Aproximación a la vida y al pensamiento pedagógico de Don Antonio Gil Muñiz. Opúsculo editado con motivo del 150 aniversario de la creación en Málaga de la Escuela de Magisterio (1846-1996). Edición de la Facultad Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Molero, José Antonio (2014). Antonio Gil Muñiz. Ceuta 1982 - Málaga, 1965. Gibralfaro. Revista de creación literaria y humanidades, 85. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Navarro García, Clotilde (Coord.) (2002). Monografía: Rodolfo Llopis Ferrándiz en Cuenca. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales, 43, 9-71. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Palomero Pescador, José Emilio (2013). La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Una larga trayectoria, enraizada en el primer tercio del siglo XXI. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales, 78 (27.3), 57-69. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Palomero Pescador, José Emilio (2014). La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP). Una visión personal. El Guiniguada. Revista de investigaciones y experiencias en Ciencias de la Educación, 23, 19-22. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Rodríguez Rojo, Martín (1998 ). La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado: Una conquista de los formadores del profesorado en España. Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 1, 1. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Segura, Manuel; Gomis, Alberto y Sánchez Jiménez, José M.ª (2011). Modesto Bargalló Ardévol (1894-1981), maestro de maestros e historiador de la ciencia. Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, Vol 34, N.º 74, 419-442. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Sirvent Gárriga, Adelina María (2012). Rodolfo Llopis Educador. Tesis doctoral. Universidad de Alicante. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Subdirección General de Servicios de Enseñanza Primaria (1970). Revista de Escuelas Normales. Número experimental. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).

- Villareal, Fidel; Mayagoitia, Héctor y Bolívar, José I. (1968). Miscelánea. Homenaje al profesor Modesto Bargalló. Ciencia, Revista hispanoamericana de Ciencias puras y aplicadas, XXVI (2), 77-83. (Consultado en línea el día 10 de marzo de 2016).




José Emilio Palomero Pescador

Editor de la "Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la Antigua Revista de Escuelas Normales (RIFOP)."

El maestro de la II República que intuyó el futuro



Rodolfo Llopis, Director General de Primera Enseñanza entre 1931 y 1933, emprendió la reforma docente más ambiciosa que conocía España (El País, 12 de Septiembre de 2011. Pulsar aquí para leer la noticia completa).

Rodolfo Llopis fue promotor y director de la Revista de Escuelas Normales, de la que es continuación la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.

Vitalizar la escuela


Sobre la escuela y los maestros en la II República. Circular de Rodolfo Llopis, Director General de Enseñanza Primaria. Madrid, 12 de enero de 1932 (Publicada en la Revista de Escuelas Normales).

El maestro ha de ser un educador

El maestro ha de ser un educador. La escuela ha de transformarse en el sentido de ser cada día más un hogar. Ha de ser la verdadera casa del niño. El niño ha de encontrar en ella aquel ambiente necesario para poder vivir plenamente su vida de niño. Porque el niño no es mas que niño y necesita su infancia para vivir. La escuela no puede entorpecer por ningún motivo su natural desenvolvimiento. La escuela no puede secar la infancia con anticipaciones prematuras que perturben su conciencia. El maestro no olvidará nunca que si tiene ante si, en cada niño, a un ser a quien ha de instruir, tiene sobre todo ante si a un ser a quien ha de educar. El maestro ha de ser fundamentalmente un educador. Ha de llegar hasta el fondo íntimo de la personalidad infantil favoreciendo, ayudando, contribuyendo a que esa personalidad alcance libremente su plenitud.

Hay que vitalizar la Escuela

Hay que vitalizar la Escuela. Hay que dar vida a la escuela. Hay que conseguir que la vida penetre en la escuela. Y hay que llevar la escuela allí donde la vida esté. La escuela libresca de ayer ha de ser superada por la escuela activa de hoy. Los horarios viejos y los programas rutinarios han de ser superados por los centros vivos de interés y por la libre curiosidad del niño. La escuela ha de responder en todo momento a los interrogantes del niño. La escuela ha de ser un hogar donde se trabaje. Ha de hacer del trabajo el eje de su actividad metodológica. Ha de hacer del niño un alegre trabajador. Hacer del niño un trabajador no es enseñarle un oficio determinado. En la escuela el niño no tiene que aprender ningún oficio, pero todo cuanto aprenda en la escuela ha de ser hecho, realizado, por el mismo niño, utilizando sus manos, el manualismo, como medio de expresión. Y ha de hacerlo en fecunda colaboración con sus compañeros. Y así acabará teniendo conciencia de que el trabajo individual es tanto más útil cuanto mejor sirve a los intereses de la comunidad.

Hay que unir la escuela y el pueblo

Hay que unir la escuela y el pueblo. La escuela ha de vivir en íntimo contacto con la realidad. Los paseos, las excursiones, las visitas escolares harán conocer a los niños la vida de la zona en que esté enclavada la escuela. El maestro utilizará todos los grandes valores educativos que encierra el ambiente geográfico. La fabrica, el taller, la granja, el mar, todo lo que constituya la fisonomía económica y espiritual de aquella zona, ha de ser familiar al niño y a la escuela. A la escuela, que establecerá esa relación íntima con la vida del trabajo y con la vida del hogar, donde tanta influencia puede ejercer. La escuela procurará interesar a los padres y a las madres organizando enseñanzas que respondan a sus inquietudes, organizando bibliotecas, lecturas, audiciones y conferencias. La máquina de coser, el gramófono, el libro, la radio, el cinematógrafo, todo lo que las "Misiones Pedagógicas" van sembrando por los pueblos puede y debe unir la escuela y el pueblo, haciendo que la escuela sea el eje de la vida social del lugar y el pueblo acabe sintiendo la escuela como suya.

La escuela ha de ser laica

La escuela ha de ser laica. La escuela, sobre todo, ha de respetar la conciencia del niño. La escuela no puede ser dogmática ni puede ser sectaria. Toda propaganda política, social, filosófica y religiosa queda terminantemente prohibida en la escuela. La escuela no puede coaccionar las conciencias. Al contrario, ha de respetarlas. Ha de liberarlas. Ha de ser lugar neutral donde el niño viva, crezca y se desarrolle sin sojuzgaciones de esa índole.

La escuela, por imperativo del artículo 48 de la Constitución, ha de ser laica. Por tanto, no ostentará signo alguno que implique confesionalidad, quedando igualmente suprimidas del horario y del programa escolares la enseñanza y las prácticas confesionales. La escuela en lo sucesivo, se inhibirá en los problemas religiosos. La escuela es de todos y aspira a ser para todos.

Los maestros revisarán cuidadosamente los libros utilizados en sus escuelas, retirando aquellos que contengan apologías del ex rey o de la Monarquía.

El maestro debe poner el esfuerzo más exquisito que sea capaz al servicio de un ideal lleno de austeridad y de sentido humano. Y, como se decía en la circular de 13 de mayo, el maestro, ahora más que nunca, procurará aprovechar cuantas oportunidades le ofrezcan sus lecciones en otras materias, el diario hacer de la escuela y los altos ejemplos de la vida de los pueblos, para inspirar en los niños un elevado ideal de conducta.

Los señores inspectores cuidarán con el mayor celo que estas normas lleguen a conocimiento del Magisterio y que sean cumplimentadas inmediatamente en forma que no puedan herir los sentimientos religiosos de nadie, resolviendo cuantas dudas y reclamaciones puedan producirse en la aplicación de estas instrucciones.

Los Consejos locales, provinciales y universitarios de protección escolar intensificarán su labor, ayudando constantemente al maestro y a la escuela para que su acción educadora sea fecunda y responda en todo momento a las legítimas esperanzas del pueblo español y a las demandas de la República.

Madrid, 12 de enero de 1932. Rodolfo Llopis.

Llopis, R. (1932). Circular de la Dirección General de Enseñanza Primaria. Revista de Escuelas Normales, Año X, Nº 86 (Guadalajara, enero de 1932), pp. 69 y 70 (Pulsar aquí para acceder al texto original).

Rodolfo Llopis: un aire de modernidad en la Cuenca de los años veinte


Clotilde Navarro y José Luis Muñoz (2007). Rodolfo Llopis, un aire de modernidad en la Cuenca de los años veinte. Cuenca: Ediciones de la Diputación Provincial.


Cualquier trabajo histórico que fije su atención en la España contemporánea, especialmente si se refiere al período de la II República y la guerra civil, y especialmente si se presta interés a las cuestiones educativas tan importantes en esa época,
tiene que mencionar necesariamente, y no una sola vez sino varias, el nombre de Rodolfo Llopis. No en vano, las reformas iniciadas entonces no sólo vinieron a dar un vuelco capital al sistema escolar español, sino que sentaron las bases de todo lo que habría de suceder después.

Si atendemos al escalafón jerárquico, la figura de Rodolfo Llopis quedaría difuminada entre la maraña de nombramientos administrativos y políticos, pues no pasó del cargo de Director General durante el primer periodo republicano, puesto al que renunció para, después, dedicarse sólo a su dimensión representativa como diputado.

La guerra, pero sobre todo la postguerra franquista, le llevó al exilio y allí le cupo asumir la dirección del PSOE y finalmente el rol de presidente del gobierno republicano en un papel simbólico con el que se pretendió mantener la legitimidad utópica del poder democrático clausurado por los vencedores de la guerra civil.

En la etapa agónica del franquismo quiso mantener aún viva su función de dirigente de los socialistas, pero el congreso de Suresnes (1972) impuso la realidad promovida por los jóvenes del interior y el tandem Felipe González - Alfonso Guerra le arrinconó a una dimensión nostálgica del pasado; aún volvió a España para encabezar el que fue llamado PSOE histórico, que no obtuvo ningún respaldo en las urnas, ahogado por la fuerza emergente del nuevo socialismo. Desilusionado, Llopis volvió a su exilio francés, donde murió habiendo asumido, quizás, la gran lección de que el pasado y los recuerdos no tienen mucho que hacer ante la fuerza irresistible del presente, y que, finalmente, una retirada a tiempo es la mejor forma de ganar el respeto de todos.

Pero esos errores modernos no empalidecen en forma alguna la personalidad del Director General de Enseñanza Primaria en los dos primeros gobiernos de la República, con Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos al frente del ministerio responsable de la educación. Rodolfo Llopis (Callosa de Ensarriá, Alicante, 1895 - Albi, Francia, 1983) fue el responsable de dirigir e impulsar no sólo las reformas legales que por vía parlamentaria emprendieron el laborioso camino de modernizar el sistema educativo español, anquilosado durante siglos de abandono, sino también de abordar reformas en su dimensión más práctica, aquella que afecta a los edificios escolares, a los medios didácticos puestos al servicio de la enseñanza y a la dignificación del papel de los maestros, el más sufrido y maltratado de todos los gremios profesionales de la administración pública española. Cuando se dice, reiteradamente, que en esos apenas dos años de gestión (1931-1933) se crearon más escuelas y se convocaron más plazas de maestros nacionales que en todo el siglo anterior, se está reconociendo la grandeza de la atención prestada por la República a este segmento del bienestar público y también el mérito de la persona que estuvo detrás de todo ello.

Todas estas cosas son sabidas y aparecen recogidas en cualquier manual generalista o trabajo monográfico sobre la historia del periodo republicano. El valor original del libro que comentamos aquí reside en que fija su atención en la figura de Llopis antes de convertirse en personalidad destacada en un puesto de alta responsabilidad, esto es, en el periodo comprendido entre 1919 y 1931. En la primera fecha citada, Llopis ha terminado sus estudios y ganado la oposición para ocupar la cátedra de Geografía en la Escuela Normal de Maestros de Cuenca, a la que llega con tan sólo 24 años de edad.

Pero no fue sólo un profesor academicista, limitado a cumplir sus obligaciones en el aula. En Rodolfo Llopis, un aire de modernidad en la Cuenca de los años veinte, sus autores, Clotilde Navarro (actualmente profesora titular de Teoría e Instituciones Contemporáneas de la Educación en la misma Escuela de Magisterio en la que trabajó Lllopis) y el periodista José Luis Muñoz, han rastreado y puesto al descubierto cómo el joven profesor normalista se implicó activamente en la vida de la ciudad. Tras un par de años de aparente anonimato, mientras lo imaginamos tomando tierra, conociendo el ambiente cerrado y opaco de Cuenca, tan distinto al de su mediterranea tierra natal, y tan impermeable a las ideas renovadoras que estaban gestándose en España, el silencioso y anónimo profesor sale a la luz y lo hace de una manera impetuosa y con tan variados matices que prácticamente no le queda ningún aspecto por cubrir: conferenciante, articulista en periódicos locales, corresponsal de los nacionales, autor de libros, promotor de actividades en la naturaleza, impulsor de entes locales como el Ateneo, el Museo de Cuenca o la Asociación de la Prensa, autor de la primera guía de Cuenca (1923) de carácter turístico y, por fin, ya en el territorio que habría de impulsarle a la órbita nacional, fundador del Partido Socialista en Cuenca y concejal en el Ayuntamiento.

Todo ello lo compaginó con su actividad docente, que incluye viajes de formación en el extranjero, edición de libros de carácter pedagógico y activa participación en empresas como la Revista de Escuelas Normales, que dirigió desde Cuenca entre 1927 y 1929, sin olvidar su presencia en la logia "Antenor", que fundó y en la que integró a un pequeño grupo de masones conquenses.

Esa es, a grandes rasgos, la enorme contribución de Rodolfo Llopis a Cuenca durante aquellos vitalísimos doce años en que si por un lado se consolidó su personalidad tanto intelectual como política, por otro lado se convirtió, de manera fehaciente, en un elemento dinamizador de los apagados ánimos conservadores de la ciudad en que había fijado su residencia. No hay nada antes de él que refleje en Cuenca un entusiasmo similar por acoger ideas de renovación y progreso; a ese impulso sucedió, tras su marcha, el retorno a la apatía y el conformismo que marcará la vida de la ciudad hasta casi finales del siglo XX.

En el libro que comentamos, sus autores recuperan para el conocimiento colectivo unos años y una actividad que apenas han merecido más que unas líneas en otro tipo de tratados. Podría decirse, recogiendo un tópico al uso, que la relación de Rodolfo Llopis con Cuenca es un periodo vacío en la biografía del político, como si nada hubiera pasado antes de su llegada en 1931 a la Dirección General de Enseñanza Primaria, pero también como si nunca hubiera estado en Cuenca, puesto que su nombre fue rigurosamente silenciado durante todo el periodo franquista. Recuperada la democracia, tampoco gozó de otros favores, oscurecido también su nombre por el nuevo socialismo emergente con escasas ganas de recuperar a alguien que había sido defenestrado en aras de la renovación. Sólo en los últimos años el nombre de Llopis ha vuelto a salir a la luz en la ciudad en que vivió y trabajó; a ello contribuye este volumen, que analiza de manera detallada los diversos aspectos de la personalidad, la dedicación y el trabajo de Llopis y que se completa con una curiosa -e importante- colección de artículos publicados por él en el diario madrileño El Sol, del que fue corresponsal en Cuenca.

De los más de cien artículos publicados en aquella época, los autores han seleccionado una treintena que dan cabal idea de cómo entendía Llopis su labor de corresponsal en provincias. Hay algunos de tipo turístico, entonces un fenómeno en ciernes, al que contribuye exponiendo a los lectores del más importante periódico español de la época cómo son algunos monumentos y espacios naturales; otros tienen marcado carácter crítico y reivindicativo, como los alusivos a las pésimas comunicaciones por carretera o a la conflictiva problemática del ferrocarril. Hay artículos, naturalmente, de carácter educativo, donde se manifiestan ya las preocupaciones que a partir de 1931 mostrará de manera abierta sobre la escuela, los maestros, las necesidades docentes y, en definitiva, la enseñanza como el primer y gran problema nacional. Y saca a la luz pública de la prensa española cuestiones domésticas que, sin su aportación, hubieran pasado totalmente desapercibidas, como el desastre de la invasión carlista de 1875, la personalidad de Lucas Aguirre o el drama de una pobre mujer condenada a muerte y con sus facultades mentales deterioradas. Es Rodolfo Llopis un cronista de prosa clásica y elegante, de expresión directa, muy capaz de transmitir emociones más que noticias. Rastrea la realidad de una triste provincia del interior, secularmente olvidada, y pone de relieve sus matices, las virtudes derivadas del trabajo y el sacriificio, el poder oculto de sus riquezas naturales.

Todo ello, tanto el análisis riguroso de la presencia de Llopis en Cuenca como la selección de las crónicas de El Sol, prestan a este libro de Clotilde Navarro y José Luis Muñoz un singular valor porque ayuda a conocer un aspecto hasta ahora inédito de la personalidad de una figura notable de la vida española contemponránea, a la vez que viene a completar nuestro conocimiento colectivo sobre matices ignorados de este periodo.


Julia Grifo Peñuelas


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Otros textos sobre Rodolfo Llopis





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Acercamiento a la Personalidad de Rodolfo Llopis, el hombre que puso los cimientos de la modernización del sistema educativo español (1895/1983)




Rodolfo Llopis



















Editorial del número 43 (16.1) de Abril 2002 de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado


Se dedica este post a glosar el perfil pedagógico de Rodolfo Llopis, el hombre que puso los cimientos de la modernización del sistema educativo español y que fundó y dirigió la Revista de Escuelas Normales, de la que es continuación la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.
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Acercamiento a la personalidad de Rodolfo Llopis

La celebración en Cuenca del X Congreso de Formación del Profesorado, con una línea de trabajo enfocada hacia el estudio y análisis de la formación del Profesorado ante el fenómeno de la violencia y convivencia escolar nos proporciona un excelente motivo, que no pretexto, para llevar a cabo un acercamiento hacia una de las figuras más notables (y polémicas) en el diseño del moderno sistema educativo español, sobre todo en el nivel primario y ello además, sin que haya sido una coincidencia buscada, en unos momentos en que otra vez la sociedad española vuelve a participar activamente en el debate sempiterno sobre cuáles deben ser las características y formulaciones de ese mismo sistema educativo.

Durante doce años, los primeros de su vida profesional y pública, Rodolfo Llopis residió en Cuenca y fue profesor de su Escuela Normal. Ese periodo es el que corresponde al tiempo inmediatamente posterior al término de sus estudios (Cuenca fue su primer destino docente) y precede a su entrada en la vida política nacional, con cargos de responsabilidad en la Administración del Estado. Cuenca es, por tanto, el periodo de formación y definición de una figura a la que necesariamente hay que calificar de brillante, una vez que la sedimentación de las conciencias y el distanciamiento en el tiempo de la grave crisis vivida en nuestro país, permite comenzar a hablar con objetividad y sin crispaciones de quienes, en cualquier posición ideológica, tuvieron algo que hacer o decir en aquel convulso periodo que ocupa no menos de la mitad del siglo XX.

En Cuenca encontró Llopis su primer trabajo, aquí vivió sus primeras experiencias docentes y pudo empezar a ensayar los principios metodológicos que había aprendido como seguidor de la Institución Libre de Enseñanza (en especial, la vinculación con la naturaleza, el aire libre, el respeto por el patrimonio heredado, teoría que practicó con sus alumnos, a los que enseñó a amar y conocer la tierra en que vivian); en Cuenca debutó como político, en el primer y más directo escalón, el de concejal de su ayuntamiento, al que aportó espíritu combativo y crítico, que también extendió en la calle, en los salones de conferencias, en los mítines; en la ciudad puso los pilares para que naciera un nuevo partido político, el PSOE y transformó una asociación de trabajadores, La Aurora, en el sindicato UGT; en Cuenca fue periodista de a pie, colaborador de periódicos locales, fundador de una revista Electra- y corresponsal de periódicos nacionales El Sol, especialmente-, en los que dejó una indeleble señal de buen escritor, culto, elegante y profundo. En fin, en Cuenca escribió sus primeros libros, contribuyó a publicar la primera guía turística de la ciudad y participó en la formación de una sencilla pero dinámica estructura masónica. Como se puede ver, todo lo que Llopis fue después, a lo largo de su vida, lo inició o esbozó en estos doce años que fue profesor de la Normal de Cuenca, de la que salió para ocupar la dirección general de Enseñanza Primaria, en 1931 y desde la que, por cierto, se convirtió en el principal impulsor para llevar a cabo un viejo proyecto que en sus manos fue posible: construir un nuevo edificio para albergar esos estudios de Magisterio que hasta entonces y después de casi un siglo, estaban situados en dos vetustos edificios que habían sido conventos y que carecían de las más esenciales condiciones metodológicas que ya entonces se consideraban indispensables para llevar a cabo una correcta enseñanza. La actual Escuela de Magisterio de Cuenca es la prueba visible, arquitectónica, del reconocimiento de Rodolfo Llopis hacia la ciudad en que fue profesor, concejal y periodista.

Esta somera explicación puede ser justificación más que plausible sobre la oportunidad de este monográfico dedicado a la figura del hombre que puso los cimientos de la modernización del sistema educativo español. Ese papel nunca ha sido discutido ni negado, pero sí ha quedado en ocasiones un tanto oscurecido como consecuencia de las circunstancias perfectamente conocidas que constituyen el entramado de la historia de España entre 1939 y 1975 e incluso durante un cierto periodo posterior: no es posible ocultar el hecho de que el ascenso y consolidación del actual Partido Socialista Obrero Español se hizo mediante el proceso (tan repetido, por otro lado, en todas las organizaciones políticas) de apartamiento de quienes antecedieron al equipo renovador surgido en Suresnes. El nuevo PSOE que encabezaron Felipe González y Alfonso Guerra comenzó por dejar a un lado lo que significaba Rodolfo Llopis como símbolo de un momento histórico pasado que debía ser convenientemente ocultado. El tiempo, que todo lo cura, elimina finalmente las aristas, las marginaciones y las miserias cotidianas. Por ello ahora, cuando se van a cumplir cien años del nacimiento de Rodolfo Llopis, cuando ya ni él (ni lo que significó) suponen peligro para nadie, es posible llevar a cabo una revisión tranquila, objetiva, científica, de su vida y de su obra.

Eso explica que la personalidad de Llopis no haya quedado sepultada, como ocurre con tantas otras, en el anonimato o el silencio; al contrario y quizá sea importante anotarlo como detalle curioso y llamativo- en los últimos tiempos aumentan las referencias a su obra política y administrativa, como es fácil comprobar por la reiterada aparición de libros y artículos y, también, por algo más: el aumento de citas sobre sus teorías, sus experiencias y sus aportaciones doctrinales en la formulación del nuevo sistema educativo nacional. Lo que, bien pensado, es comprensible teniendo en cuenta que el ámbito sobre el que actuó de manera prioritaria, la Enseñanza Primaria, sigue estando sometido a profundos debates, a intensas discusiones que afectan a todos los segmentos de la vida social española. Y es muy interesante comprobar que hoy, setenta años después de la revolución educativa que encabezó Rodolfo Llopis en el seno del primer gobierno republicano, no pocas de las cuestiones que entonces se planteaban continúan formando parte del repertorio que se encuentra a debate en el seno de la sociedad española.

A ese factor destacado, y no muy conocido, de la personalidad de Llopis, su vinculación profunda y muy directa con la ciudad de Cuenca, se une en este caso otro no menos llamativo y que se une íntimamente al anterior para explicar la razón y el contenido de este número monográfico: el papel, ciertamente importante, que el entonces profesor de Geografía en la Normal conquense desempeñó como director de la Revista de Escuelas Normales que, como ya hemos tenido ocasión de explicar en alguna ocasión anterior, es el antecedente de la actual Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.

El papel de aquella publicación es ya suficientemente conocido, pero quizá nunca está de más recordar cosas sabidas. Órgano de expresión del profesorado normalista entre los años 1922 y 1936, se encontró en cabeza del movimiento de renovación pedagógica que habría de provocar un importante desarrollo del sistema educativo ya a partir de 1931 pero a cuya preparación contribuyó, ciertamente, aquella revista en cuyas páginas se difundieron teorías pedagógicas avanzadas, se abrió una tribuna a lo que estaba sucediendo en el resto de Europa y consiguió la colaboración de los más destacados científicos e intelectuales de la epoca, con Cossío, Piaget y Luzuriaga a la cabeza. La sede de la revista tuvo carácter itinerante, vinculada a la residencia de su director y en ese trayecto llegó a Cuenca, cuando entre 1927 y 1929 la dirigió Rodolfo Llopis quien, por otro lado, también ocupó en cierto periodo de su vida la presidencia de la Asociación Nacional del Profesorado Numerario de Escuelas Normales, dando así fe en este otro aspecto de la multiforme actividad de quien en este número es protagonista destacado.

Estas son las coordenadas que explican este número, dedicado a Rodolfo Llopis, ciudadano de Cuenca en un momento clave de su vida e impulsor de la Revista en su primera etapa. Creemos que son motivos más que razonables y oportunos cuando se celebra en Cuenca el X Congreso de Formación del Profesorado,
al que nuestra Revista se suma con este número monográfico dedicado a Rodolfo Llopis.

El Consejo de Redacción

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Para complementar este acercamiento a la personalidad de Rodolfo Llopis, a su perfil pedagógico, se puede leer también un interesante artículo de Luis Gómez Llorente (2009). El perfil pedagógico de Rodolfo Llopis. Cultura, 70-80 (pulsar aquí para descargarlo a texto completo).

La Revista de Escuelas Normales y la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (José Emilio Palomero Pescador)








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La “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado” es una continuación de la antigua “Revista de Escuelas Normales” (1923-1936), que tuvo su primera sede social (1923-1927) en la Escuela Normal de Guadalajara, bajo la dirección de Modesto Bargalló. Posteriormente, estableció su sede en la Escuela Normal de Cuenca (1927-1929); en la de Córdoba (1929-1931), dirigida por Antonio Gil Muñiz; de nuevo en la Normal de Guadalajara (1931-1932), época en que Bargalló retomó la dirección de la misma; y finalmente en la Escuela Normal de Madrid (1932-1936), bajo la dirección de Pablo Cortés. Durante la etapa de Cuenca, la “Revista de Escuelas Normales” fue dirigida por Rodolfo Llopis, catedrático, periodista y político comprometido con la extensión de la enseñanza primaria en España. Llopis, que no abandonó jamás su preocupación pedagógica, tuvo una intensa vida política. Entre otros, ocupó los cargos de Director General de Enseñanza Primaria (1931-1933), Presidente de la República Española en el exilio (1947), Secretario General de la Unión General de Trabajadores en el exilio (1956-1971) y Secretario General del PSOE en el exilio (1944-1972). Por su carácter de tribuna y encrucijada de la formación del profesorado de primaria, la “Revista de Escuelas Normales” se convirtió en una publicación de regeneración normalista que llamó poderosamente la atención en ambientes pedagógicos y educativos de la época, tal como quedó reflejado en las crónicas de diarios nacionales como “el Sol”, “La Libertad”, “El debate” o “El Imparcial”. En ella participaron y escribieron destacados científicos e intelectuales nacionales y extranjeros, como Cossío, Piaget, Lombardo-Radice, Llopis, Luzuriaga… Se editó por última vez en mayo de 1936. En 1970 se intentó publicar de nuevo la “Revista de Escuelas Normales”, aunque tan sólo se llegaron a imprimir un número experimental y el número 1. Posteriormente, en el acto de clausura del “II Seminario Estatal de Escuelas Universitarias de Magisterio” (Valladolid, 1985), se acordó relanzar la idea bajo el nombre de “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales (RIFOP)”. La nueva revista fue alentada y promovida por los miembros de su primer consejo de redacción, que fueron los fundadores de la misma. Ordenados alfabéticamente, son los siguientes: Fernando Albuerne López (Universidad de Oviedo), Juan Benvenuty Morales (Universidad de Cádiz), Juan José Cáceres Arranz (Universidad de Valladolid), Antonio Gómez Ortiz (Universidad de Barcelona), Ramón Lara Tevar (Universidad Complutense de Madrid), Antonio Molero Pintado (Universidad de Alcalá de Henares), Santiago Molina García (Universidad de Zaragoza), José Emilio Palomero Pescador (Universidad de Zaragoza) y Martín Rodríguez Rojo (Universidad de Valladolid).El “número cero” de la “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado” se presentó en el “III Seminario Estatal de Escuelas Universitarias de Magisterio”, celebrado en Teruel entre el 6 y el 9 de abril de 1987. La sede social de la misma quedó fijada en la Escuela Universitaria de Magisterio de Teruel (Universidad de Zaragoza). Desde entonces hasta la fecha, la “Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado” viene publicando, de forma ininterrumpida, tres números anuales. En ella han escrito más de mil autores pertenecientes a numerosas universidades e instituciones educativas de España y de otros muchos países de Europa y América. Actualmente, publica dos versiones independientes, una en soporte papel (RIFOP) y la otra en soporte electrónico (REIFOP). Su sede Social está situada, desde 1996, en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. Por otra parte, la “Asociación Universitaria de Formación del Profesorado (AUFOP)” es la entidad editora de ambas revistas, de las que tiene su copyright. Finalmente, la AUFOP ha organizado numerosos congresos nacionales e internacionales de Formación del Profesorado, en colaboración con diferentes universidades.

José Emilio Palomero Pescador