Mostrando entradas con la etiqueta Jaume Martínez Bonafé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jaume Martínez Bonafé. Mostrar todas las entradas

Lo que pasa en las escuelas [Teorías y pedagogías críticas. Borrador de tesis o postulados de base (Jaume Martínez Bonafé)]






























La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado publica en su número 77 (27.2) Agosto 2013 (actualmente en imprenta) una monografía titulada "Pedagogía Crítica, treinta años después", de la que son coordinadores César Cascante Fernández y Jaume Martínez Bonafé.

Ofrecemos seguidamente uno de los artículos que se publican en la misma: "Teorías y pedagogías críticas. Borrador de tesis o postulados de base", de Jaume Martínez Bonafé.



Nota introductoria (a modo de resumen)

No se trata aquí de cerrar ningún principio universal sobre un modo de racionalidad y unas prácticas políticas y pedagógicas que nunca admitieron una verdad única y excluyente. Se toma ahora el formato de postulado o tesis como inauguración, en el contexto de esta publicación, de un debate que ha de mostrar razonamientos sobre los alcances y los límites de lo que pretendieron y pretenden ser las teorías y las pedagogías críticas. Y es ese diálogo, en cualquier caso, el que pondrá las palabras en su justo lugar, ampliará las miradas ausentes de este texto e iluminará nuevas perspectivas. Lo que se apunta aquí es un bosquejo de los problemas y temas de la pedagogía crítica, entendida como lucha política en el campo social de la educación.

Introductory note (summary)

It is not the intention of this paper to establish any universal principle on a mode of rationality and political and pedagogical practices that never admitted just one, exclusive truth. In the context of this publication a postulate or thesis is taken as a first step of a debate that has to show reasonings on the scope and limits of what critical pedagogies and theories intended and intend to be. It is this dialogue, in any case, which will put words in the right place, expand the missing views in this text and illuminate new perspectives. What is offered here is a sketch of the problems and topics of critical pedagogy understood as a political fight in the social field of education.


Palabras clave: Capitalismo, Lucha de clases, Historicidad, Crítica cultural, Esfera pública, Pedagogía política, Educación crítica, Emancipación

Keywords:  Capitalism, Class struggle, Historicity, Cultural critique, Public sphere, Political pedagogy, Critical education, Emancipation




(1)

Crítica a la naturalización de la experiencia institucional de la educación. Lo que pasa en las escuelas (y en general, en el conjunto de instituciones de la educación) tiene un sentido, una finalidad, responde a unos intereses, una cosmovisión e ideologización de la vida social, está determinado por relaciones y estructuras que muestran tensiones. Preguntarnos por lo que pasa en las escuelas es preguntarnos por las fuerzas, relaciones, tensiones, estructuras y discursos que mueven y condicionan lo que ocurre en su interior, y lo que creemos que es o no es posible que ocurra. Lo que pasa en las escuelas no es natural, ni pasó siempre igual; lo que pasa en las escuelas está socialmente construído e históricamente determinado. Las pedagogías críticas pretenden el análisis, la negociación y la transformación de las relaciones sociales complejas entre estructura, conocimiento y poder en el interior de la institución escolar; sabiendo, por otro lado, que esas relaciones sociales y estructurales se inscriben en un más amplio campo social trans-nacional.


(2)

Crítica al determinismo sin sujeto. Lo que pasa en las escuelas pasa con nosotros, desde nosotros, contra nosotros o a favor de nosotros. Lo que pasa en las escuelas es un cruce de lenguajes, miradas, significados, puntos de vista, formas de decir. El diálogo, por tanto, muestra tanto lo que se complementa como lo que se muestra antagónico. En el diálogo, entre sujetos sujetados, está la posibilidad de superar tensiones sin renunciar a los antagonismos. Lo que pasa en las escuelas reprime identidades, cuerpos, deseos, pero también alimenta la posibilidad de la rebeldía, de la subjetividad transformadora, de la conciencia crítica, de la creación de libertad.

Lo que pasa en las escuelas no puede estar determinado por teorías sociales o pedagógicas que vienen a decir que lo que pasa en las escuelas es lo único posible que pase. Ese modo de teorización sacraliza a la institución escolar mostrando como certezas absolutas un modo determinado de pensar la institución en un momento histórico dado. La necesidad -no idealista sino por ser socialmente útil- de encontrar otras alternativas teóricas y prácticas resulta de la necesidad de un sujeto -individual y colectivo- que actúe con libertad para enfrentarse al desafío de su tiempo histórico. Las pedagogías críticas son pedagogías insurgentes frente a un modo de racionalidad hegemónico que no nos deja pensar otras posibilidades escolares y educativas.



(3)

Crítica de la ahistoricidad. Lo que pasa en las escuelas responde a un proyecto histórico e institucional para garantizar la reproducción. El origen, en los monasterios y catedrales del siglo XIII y XIV, sufre un vuelco importante con las revoluciones burguesas y los discursos de la Modernidad. El proyecto político del derecho a la escuela pública y universal es fruto de ese vuelco histórico. La hegemonía del Estado burgués en el liderazgo del proyecto de escuela pública, deja las cosas como estaban: la reproducción del capitalismo como orden social dominante. Las transformaciones sociales y económicas en las últimas décadas, y muy especialmente en los últimos años, vienen anunciando nuevos lenguajes y nuevas prácticas para la educación pública. Y en cualquier caso, la pregunta de la crítica es qué fuerzas sociales y discursos de poder hegemonizan en cada momento histórico el diseño y la estrategia de la reproducción a través de la escuela. Y qué discursos de resistencia y contestación muestran la posibilidad de una respuesta pedagógica de esperanza y liberación.

Algunos autores, en el contexto difuso de las teorías críticas de los años 70, anunciaron la "muerte" de la escuela (Reimer) o una sociedad "desescolarizada" (Illich). Las actuales formas de control sobre la producción, la manipulación y la distribución de información y conocimiento, a través de múltiples canales, formatos digitales y redes sociales, acentúan todavía más la crisis del proyecto histórico de la escuela como aparato de reproducción (Bourdieu y Passeron). Pero también, como ya se anunció en aquellas primeras críticas, la transformación del aparato de reproducción en un dispositivo de burocracia (credencialismo y jerarquización) y mercantilización neoliberal.



(4)

Crítica de la mercantilización. Lo que pasa en la escuela, en el actual marco social y económico neoliberal, constituye una forma de producción y venta de mercancía, una forma de negocio con la educación devenida mercancía. El conocimiento que se produce es el conocimiento con pretensiones de valor de cambio, y el sujeto socialmente producido pretende adquirir valor de cambio de su fuerza de trabajo a través del credencialismo educativo. Las ideologías coherentes con la escuela empresarial refuerzan el individualismo, la competitividad y el control punitivo.

Los lenguajes empresariales introducidos en el discurso educativo regulan las prácticas, conformando modos de proceder mientras se dificultan otros. La medición de resultados, los ranking, las comparaciones y competitividad, la obsesión por la emprendudería y la educación financiera, facilitan la transformación del derecho social a la educación en un campo abonado para el negocio de la educación. Además, el discurso de la lógica del mercado dentro de la escuela es totalizador, en el sentido de no dejar espacios o invisibilizar otros que pudieran mostrar pedagogías fundamentadas en otras racionalidades alternativas. Si hacemos carreras para ver quién es el más rápido, se nos olvida la posibilidad de que haya quién prefiera caminar lento.



(5)

Crítica de la desmemoria. Lo que pasa en la escuela no puede explicarse con racionalidades inmediatas, huérfanas, ausentes de radicalidad y fundamento. Los discursos críticos sobre la escuela han venido constituyéndose con el esfuerzo, el trabajo, la experiencia, el estudio, la investigación y el compromiso de personas y colectivos a lo largo de los años. Desconocer las epistemologías que fundamentan y dan sentido a las propuestas educativas contrahegemónicas es un modo muy torpe de creer que siempre partimos de cero quedándonos en el análisis superficial de los problemas educativos. Pero la desmemoria no sólo es torpe. Es también una estrategia de poder que desmoviliza y desarma, porque impide la conciencia del empoderamiento nutrido por los avances de otras racionalidades y experiencias anteriores. Las pedagogías críticas de los años 60 y 70 en el Estado Español indagaron en la experiencia de las escuelas racionalistas y libertarias impulsadas por el movimiento obrero de los años 30; los Movimientos de Renovación Pedagógica se impregnaron de la experiencia colaborativa del Movimiento Freinet y las propuestas de educación popular impulsadas en latinonamérica por Paulo Freire, y en la actualidad todo ese legado histórico constituye una base experiencial necesaria para el surgimiento de nuevas posibilidades y alternativas.



(6)

Crítica de la separación. Lo que pasa en las escuelas a menudo separa y fragmenta las múltiples esferas y dimensiones de la vida humana: separa al sujeto del conocimiento, separa a los sujetos entre si, separa y fragmenta el conocimiento, separa lo que se piensa de lo que se hace, separa la razón del sentimiento y los afectos, la ética de la estética, fragmenta la experiencia y la separa de su teoría, separa la organización institucional de la voluntad y el deseo de los organizados, separa la práctica del sentido de la práctica, separa la enseñanza de la investigación y del trabajo, separa el diploma y la acreditación de su verdadero valor para el crecimiento humano, separa los tiempos y los espacios de aprendizaje, separa la escolarización del proceso permanente de formación, separa la educación de la economía y la política, y separa el curriculum vitae del camino de la vida.



(7)

Crítica de la superficialidad, el enmascaramiento y el tecnofanatismo didáctico.
Lo que pasa en las escuelas tiene preguntas fundamentales. El exceso de respuestas puntuales sobre situaciones fragmentarias impide profundizar en esas preguntas fundamentales. Pongamos un ejemplo: un determinado modo de insistencia discursiva sobre las TIC en la escuela, desvía la atención hacia otras cuestiones de raíz, tales como el hecho de que las redes, la comunicación abierta y los saberes compartidos, producidos en intersticios y extramuros de múltiples lugares, están poniendo en crisis a las instituciones cerradas de educación y ponen a las tecnologías de la información y la comunicación en el núcleo de nuevas reflexiones sobre el sentido y uso del conocimiento, sobre los procesos formativos y los contextos o entornos de aprendizaje. Las pedagogías críticas buscan identificar las preguntas fundamentales -por ejemplo, ¿de que modo la enseñanza es realmente educativa? ¿cómo los maestros pueden adquirir control e independencia sobre los medios y los procesos de su trabajo?- y encontrar respuestas desde la ruptura epistemológica que pone en suspenso las pre-construcciones vulgares y las respuestas pre-construidas. Las teorías y pedagogías críticas se han enfrentado a la hegemonía de un discurso didáctico y curricular simplificador que deja fuera del debate político y pedagógico cuestiones fundamentales como la selección y codificación del contenido, el sentido social y concientizador del conocimiento escolar y la renovación metodológica coherente con la crítica a esa hegemonía. Cuestiones que vendrían a desplazar el punto de mira hacia la relación de la pedagogía con los procesos productivos y culturales del capitalismo en su fase de desarrollo actual.



(8)

Crítica de la ideología del profesionalismo en la enseñanza. Lo que pasa en las escuelas puede ser leído por los profesores con los ojos del intelectual crítico, que ofrece puntos de vista, y alternativas prácticas basadas en los valores públicos, la responsabilidad cívica, el pensamiento crítico y el trabajo cooperativo. Sin embargo, los discursos que sitúan al profesorado ante la reivindicación de un estándar de competencias profesionales en el interior del marco ideológico neoliberal, lo convierten en un mero ejecutor técnico de ideas y principios que están fuera de sus propias reflexiones, decisiones y deseos. La ideología del profesionalismo y del profesor como técnico constituye además una forma de subvaloración de la pedagogía, en tanto que lenguaje de posibilidad, esperanza y deseo, nutrido en la experiencia de prácticas concretas transfomadoras.

Las pedagogías críticas pretenden un profesorado que actúe como sujeto activo histórico capaz de crear en la específica y concreta polis de la escuela formas de relación política y pedagógica igualitarias que sirvan como laboratorio de la democracia radical. Esto supone empoderamiento de una asociación entre iguales que, en la reflexión y el diálogo sobre las prácticas, desarrollan su propio conocimiento profesional práctico y una teoría política y pedagógica sobre el sentido y la función social de su profesión. En el contexto del Estado Español, pero del mismo modo en otros contextos territoriales, se han producido campos de reflexión y experiencias asociativas horizontales que dan indicio de la capacidad y posibilidad de empoderamiento crítico del profesorado. Una tarea de las pedagogías críticas es dar visibilidad y poner en relación esos esfuerzos del trabajo educativo crítico.



(9)

Crítica de la neutralidad curricular. Lo que se enseña en las escuelas (y lo que se aprende), lo que se selecciona como conocimiento escolar, responde a relaciones y estructuras de poder en el marco social capitalista en que se inscribe el sistema educativo. El curriculum definido y diseñado en el interior de un aparato del Estado legitimador del sistema social capitalista, es un curriculum al servicio de esa legitimación, es decir, de los procesos a través de los cuales el sistema produce sus propios mecanismos de reproducción. La jerarquización entre las disciplinas curriculares, aquello que se considera conocimiento relevante y lo que no se considera, se ignora o desprecia, está en relación con intereses vinculados con la esfera de la producción, la cultura y las relaciones sociales. La omnipresencia del libro de texto como mediador hegemónico en el desarrollo curricular responde a ese modo socialmente interesado de entender las relaciones del sujeto con el conocimiento. Las propuestas curriculares de las pedagogías críticas, por el contrario, pretenden ser informadas por intereses emancipatorios, lo que constituye todo un programa de resistencia cultural y el ensayo de nuevos lenguajes y dispositivos para dar significación a las nuevas prácticas de transformación.


(10)

Crítica del esencialismo y la domesticación en el curriculum. Lo que se enseña en las escuelas no tiene porqué responder a una idea única, una verdad exclusiva, universal, esencial, de lo que es conocimiento socialmente relevante. Desde los textos y gravados que se mostraban en los primeros monasterios y catedrales hasta las actuales pizarras virtuales y otros dispositivos digitales, se ha considerado al curriculum escolar como el texto que deposita el saber esencial e indiscutible con el que garantizar la reproducción social. Primero quiso ser un saber revelado; más tarde pretendió un saber demostrado. Y en todos los casos fue un saber fragmentado y dicotomizante, que alejaba vivencialmente la razón de la experiencia situada, afectiva y sentimental.

Las pedagogías críticas advierten del carácter alienador de un conocimiento que no puede ser discutido y de una selección cultural que no pueda mostrar otras selecciones alternativas. Y sugieren la analítica de los discursos sobre lo que se considera conocimiento verdadero. El curriculum de las pedagogías críticas es un registro performativo de los conflictos sociales, indaga en las micropolíticas de la raza, la clase, el género, y la orientación sexual, reconoce la experiencia vivida por estudiantes y profesores, escapa al corsé del aula y la abstracción teórica pasa salir al encuentro de los vivido en las calles, busca en la comunidades y poblaciones desfavorecidas o marginadas la posibilidad de encarnar saberes de solidaridad y transformación, y desafía una economía política del deseo individualizante y colonizada por el consumismo para poner al estudiante ante una praxis constructiva de categorías universales de libertad y emancipación.



(11)

Crítica a la uniformidad cultural. Lo que pasa en las escuelas responde a una compleja relación multicultural, en la que la diferencia se muestra tanto en el ejercicio y relaciones de poder, como en los conflictos y luchas por el derecho a la identidad. La obsesión por la uniformidad lingüística y cultural (en ocasiones también religiosa), es una forma de poder frente a los grupos oprimidos que han hecho de su diferencia una forma de combate contra la opresión. La negación, por parte de la escuela, de otras culturas desde el discurso de la inferioridad cultural o la falta de sistematización académica, es una reducción interesada de la realidad y un desprecio a las prácticas sociales que han tomado como base esas culturas alternativas a las dominantes. Las pedagogías críticas parten del reconocimiento de la diferencia y diversidad cultural, en un marco de clases sociales en conflicto, abriendo el curriculum a conocimientos y experiencias de movimientos indígenas, campesinos o urbanos despreciados desde las políticas de uniformidad cultural. 



(12)

Crítica de lo colectivo socio-técnico. En las escuelas se recurre a menudo a la actividad colectiva, adecuada a una finalidad o periodo de tiempo. Pero no constituye una premisa, un punto de partida. Lo colectivo como forma de producción política, de experiencia de vida, de ensayo y posibilidad de cooperación, se sublima en la escuela a través de la técnica didáctica del grupo. El grupo en la escuela es sociotécnico, porque constituye un dispositivo dependiente de una finalidad ajena a si mismo como grupo. El círculo de cultura freiriano, por poner un ejemplo contrario, supone un modo de escucha, de desarrollo de la percepción y de formulación de problemas para el que lo colectivo es esencial porque en su desarrollo existe la posibilidad de abrir preguntas y encontrar claves que permitan reformular la propia experiencia colectiva.



(13)

Crítica de la educación encerrada en la institución escolar. Lo que pasa en las escuelas no define en exclusividad el proceso de subjetivación. La ciudad, y las prácticas económicas, sociales y culturales que en ella se desarrollan, constituyen un potente programa de educación, que acaba conformando identidades y conocimiento práctico. Leer la ciudad como curriculum es leer el programa cultural que, gobernando la vida cotidiana, nos constituye y subjetiviza.

Del mismo modo, el análisis de distintos dispositivos culturales, como el cine, la música popular, diferentes programas de televisión y otros artefactos tecnológicos para la comunicación, nos acercan a la comprensión del modo en que se instala en nuestras vidas una cosmovisión desde la hegemonía cultural y las lógicas en que el capitalismo coloniza nuestra vida cotidiana. Pero, al mismo tiempo, esa compleja plataforma de posibilidades tecnológicas y comunicativas muestra la posibilidad de producción de artefactos y prácticas culturales desde intereses ideológicos y políticos contrahegemónicos. En cualquier caso, insistimos, la batalla por la hegemonía en el discurso educativo no se libra sólo entre las paredes del aula.



(14)

Crítica del academicismo. Pensar lo que pasa en las escuelas es pensar en el curso de la acción, desde el curso de la acción. La inveterada obsesión por una teoría que guíe la relación educativa, ha institucionalizado, despreciando, la experiencia viva. Aunque no hay teorías cerradas que expliquen la totalidad de la acción, son imprescindibles, sin embargo, las prácticas de teorización, una forma de choque vivencial que nos ayude a desentrañar el sentido de la acción en la que estamos metidos. Reconociendo la contribución de autores relevantes en el campo de la investigación y las teorías socialmente críticas, no es sin embargo el seguimiento académico de estos autores lo que alimenta las teorías críticas. Es una forma de querer vivir condiciones materiales, un sentido de pertenencia a un movimiento de transformación, lo que da sentido y forma a la construcción teórica crítica.



(15)

Crítica de la sustitución de la esfera pública por el Estado. Lo que pasa en las escuelas no puede depender de un poder patronal encarnado en el Estado, al margen o contra la politización de la comunidad. Si lo público se identifica con lo estatal, el poder popular y militante de docentes, familias y organizaciones sociales de la comunidad, queda diluído o marginado. Lo público es lo que pertenece y es construido por todas y todos, con estrategias de participación decididas por todas y todos. La escuela pública es un proyecto comunitario en el que la pedagogía dialoga con las problemáticas sociales. En la escuela pública la formación y selección del profesorado, la organización y gestión del centro, el diseño y desarrollo del curriculum, han de responder o son la consecuencia de ese proyecto comunitario. En determinados discursos progresistas, se le pide al Estado garantizar la posibilidad y el mantenimiento del proyecto público y comunitario de escuela. Reclamando esta posibilidad como incompatible con la privatización de la enseñanza orientada a conseguir beneficios económicos; y más incompatible todavía con la subvención estatal a estos negocios. Sin embargo, las pedagogías críticas saben que el estado es un territorio de confrontación de la lucha de clases.



(16)

Crítica a la despolitización de la pedagogía. Lo que pasa en las escuelas es político porque la construcción de subjetividad y el modo de relación del sujeto con el conocimiento tiene consecuencias sobre el mantenimiento o el cuestionamientos de las instituciones y estructuras sociales existentes en la sociedad; es igualmente político porque en la discusión y toma de decisiones sobre el curriculum se manifiestan tensiones y conflictos sobre las voces que pueden ser oídas, y los conocimientos que se consideran válidos. Las pedagogías críticas se asumen como políticas porque se vinculan orgánicamente con procesos y movimientos sociales de lucha anticapitalista y transformación social. 



(17)

Crítica a la gentrificación de la (teoría/pedagogía) crítica. No es casual. Entre la mitad de la década de los 70 y el inicio de los 90 la pedagogía crítica fue más combativa, tubo más presencia y reconocimiento social del que tiene ahora. No sólo en España. También en otros lugares de Europa y EE.UU. El proyecto de las pedagogías críticas se encarnaba, entonces, en el proyecto de emacipación social de la clase obrera. La pedagogía crítica era, entonces, una pedagogía de clase. Las propuestas de educación popular, de sistematización o investigación-acción participante, con fuerte influencia latinoamericana, se vinculaban a las luchas populares en los barrios y fábricas. Y esto por varios motivos: uno, que el conocimiento (el combate por el conocimiento) se sabía mediado por las relaciones entre trabajo y capital. Otro, que la crítica a la pedagogía necesitaba una pedagogía de la crítica. Por tanto, una pedagogía de la reproducción (de las clases) debía ser contestada por una pedagogía de la emancipación (social).

Sin embargo, del mismo modo en que por esas mismas décadas se inicia en las grandes ciudades un nuevo urbanismo de fuertes dimensiones políticas, económicas y culturales, por el que la clase obrera ocupante de los barrios céntricos populares se ve desplazada por una nueva clase media que ocupa esos mismos barrios remodificados y ahora perversamente rentables. Del mismo modo, digo, en que ese proceso de gentrificación urbana implica un conjunto de procesos económicos con fuerte carga cultural y estética, constituyendo un forma de vanguardia de la reestructuración metropolitana, también las teorías y pedagogías críticas sufren un proceso de gentrificación, desplazamineto, hacia nuevos territorios y sectores sociales que hablan, ahora, desde afuera de la lucha de clases. El problema teórico e ideológico que se quiere destacar aquí es el modo en que nuevos conceptos, lenguajes y modos de problematización significan una nueva contribución a la complejidad teórico-práctica del proyecto político de la pedagogía crítica -que no abandona su focalización en el capital y las clases sociales- o por el contrario la gentrificación teórica supone desplazar ese núcleo central por otros componentes culturales e ideológicos. Esto supone también preguntarnos por quién habla, quién es el sujeto de la pedagogía, y qué papel gentrificador ha podido jugar la intelectualidad académica y los espacios de poder que ocupa.



(18)

Crítica de la crítica (sobre ausencias y debilidades)

No es extraño que las pedagogías críticas sufran un considerable "malestar" o padezcan una situación de "crisis" si la propuesta teórica y política de la educación como proyecto de transformación social no ha dado ni está dando los frutos esperados. Malestar y crisis son, en efecto, palabras de este momento histórico en el que las políticas anticapitalistas, a las que asociamos las pedagogías críticas, sufren de impotencia. Sin reconquista del mundo de la vida, sin reconstrucción de la ciudadanía, el proyecto de las pedagogías críticas no tiene mucha posibilidad de avance. No son los cambios de paradigmas los que resuelven "la crisis" de las pedagogías sino las políticas concretas de empoderamiento ciudadano, sostenibilidad, equidad, etc. Mientras tanto, parece que alguna forma de pedagogías críticas encuentran la fascinación en nuevas miradas y experiencias hacia lo simbólico (el lenguaje, las culturas, los códigos, ...) en un proceso creciente de fragmentación hacia el pragmatismo, el cientifismo academicista, la obsesión eficientista y las micro-etnografías de la impotencia (la pérdida de un proyecto social y pedagógico de transformación conduce a que cada cual hace lo que puede).

Identifico tres áreas problemáticas sobre las que situar la revisión de un modo de producción de conocimiento, que sepa leer en las alternativas de la práctica pedagógica crítica la posibilidad de una teoría pedagógica crítica. 


La primera tiene que ver con la democracia participativa y el sentido de lo público en las instituciones de educación. Ni el Estado ni los aparatos del Estado -incluyendo aquí a partidos políticos y sindicatos, pero también a la institución académica- responden a la totalidad de posibilidades de creación política en la esfera pública. Pensar lo que pasa en las escuelas, y lo que se pretende que pase, en clave de la lógica del Estado, es restringir de un modo miope la creación política y el sentido político de la escuela. La crítica pedagógica a las reformas educativas y otros dispositivos estatales para la educación en ocasiones ha impedido una mirada distinta y más compleja sobre lo que ya podía estar ocurriendo de alternativo. Dar y amplificar las voces al sujeto sujetado va más allá de los habituales formatos de participación y representación sectoriales y corporativos, en los que en ocasiones quedaron detenidos los escenarios de las pedagogías críticas. En la complejidad del cotidiano escolar se producen experiencias de participación para el cambio y la transformación que pueden constituir una nutritiva revisión de las teorías y las pedagogías críticas. Pero las lentes conceptuales de esas teorías tendrán que hacer un importante esfuerzo de readaptación de sus propios enfoques.

La segunda tiene que ver con el modo de producción y distribución del cocimiento en la escuela. La muy citada crítica a la educación bancaria, en la argumentación freiriana, no fue más allá de la cita. Los pedagogos de distinto signo se entretienen en las didácticas vaciadas de la política, y el conocimiento, fetichizado, alcanza su apariencia de verdad y objetividad, independiente de las personas y de la relación (social) entre ellas. Podemos hablar, en el sentido de Marx, de la fetichización del conocimiento. La escuela da a la posesión de conocimiento un sentido en si mismo -grados, certificaciones, superación de cursos, ...- cuando no el puro valor de cambio como mercancía y en ese mismo proceso, el conocimiento se aleja de una relación verdadera con la vida de cada sujeto. La actividad de posesión del fetiche conocimiento como una actividad ajena e independiente de quienes están presentes y en relación con esa actividad (profesorado, alumnado, ...familias) impide que los sujetos de esa relación se pregunten sobre el verdadero valor de uso, sobre su sentido y utilidad social, sobre las decisiones en la selección, organización y secuenciación, sobre los otros conocimientos alternativos que se sustraen, y sobre otras formas de producción y relación con el conocimiento no fetichizadas, en el sentido que nacen de la raíz del sujeto y de su experiencia problematizada.

Por otra parte, las pedagogías críticas podrían revisar el hegemónico sentido acumulativo de la información y el conocimiento en la escuela, en detrimento del sentido relacional, cuando la digitalización, el cable e Internet no sólo están facilitando la tecnología de acceso, sino creando una nueva epistemología, es decir, un nueva forma de relación cognitiva basada en esa relación fluída y abierta. No será necesario insistir en la relación de todo esto con el concepto y las prácticas del curriculum en tanto de forma de concretar el contenido escolar y su desarrollo en el aula. Creer que se puede abrir un debate sobre el curriculum (ya sea en su diseño, como en políticas de reforma, en las destrezas didácticas para su desarrollo o los materiales y recursos que lo concretan) sin el debate más amplio sobre las políticas y pedagogías que le sustentan es una estrategia instrumental que las pedagogías críticas ponen en cuestión insuficientemente. Por poner un ejemplo, determinadas políticas de gratuidad del libro de texto, apoyadas cuando no impulsadas desde discursos pedagógicos de la izquierda, muestran el reduccionismo miope con el que la pedagogía política considera la complejidad de la práctica curricular, y por tanto del modo y el porqué de una forma de relación del sujeto -concreto, local y temporalmente situado- con el conocimiento.

La tercera cuestión problemática tiene que ver con los procesos de revisión teórica en el interior de las pedagogías críticas. Parece que la presencia de nuevas formas de lucha y experiencia ha ido adicionando a las primitivas pedagogías críticas nuevas propuestas conceptuales como las políticas de género, raza, postcolonialidad, opción sexual, u otras, en un marco de ciencia convencional que deja inamovible el primitivo esquema. Sin embargo, lo que estas nuevas formas de lucha y experiencia muestran es la posibilidad también de nuevas epistemologías desde las que nutrir y revisar las tradicionales pedagogías críticas. El intento de ampliar el marco de una teoría general de las pedagogías críticas con estos nuevos campos conceptuales puede que no sea la mejor estrategia. Boaventura de Sousa habla de procedimientos de "traducción" de unos lenguajes a otros (de los lenguajes producidos en prácticas multiculturales y sociales de inagotable diversidad), para encontrar lo que hay de común y dónde aparecen las distinciones y las semejanzas entre diferentes movimientos de transformación. Entonces, más que un epistemología general de la pedagogía crítica, una búsqueda de la gran receta de la transformación pedagógica, de lo que se trata es de encontrar en las múltiples y diversas formas de acción en las que se manifiesta la contrahegemonía, un modo de diálogo teórico que articule y dote de sentido esos distintos movimientos, sujetos colectivos, prácticas y conocimientos. De lo contrario podemos encontrarnos, durante unas cuantas décadas más, que los supuestos desarrollos teóricos de las pedagogía críticas (y poscríticas), encerrados en las retóricas académicas, tienen poco que ver con lo que pasa en el cotidiano escolar.

En cualquier caso, -lo diré como Peter Mc Laren- la pedagogía crítica es una condición necesaria (pero no suficiente).

__________________

Nota sobre la ausencia de bibliografía: Intencionalmente se utiliza el formato de tesis y no se señalan referencias bibliográficas porque el texto es una interpretación personal deudora de una experiencia lectora compleja, múltiple y prolongada en el tiempo. No tendría sentido citar unos u otros textos que siempre dejarían fuera otros igualmente relevantes. Por otra parte, el texto propone una discusión que no siempre se dirime con una pieza bibliográfica.

___________________

­­­­­­­­­­­­­­­­­
Sobre el autor: Jaume Martínez Bonafé, actualmente jubilado, fue profesor de teoría del curriculum y formación del profesorado en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia. Participa en investigaciones sobre las políticas de control del curriculum y sobre las determinaciones en el puesto de trabajo docente, aspectos sobre los que ha publicado diferentes libros y artículos. Colabora en diferentes doctorados en universidades españolas y latinoamericanas y vincula su militancia a los Movimientos de Renovación Pedagógica. 

Su blog: http://bonafebloc.blogspot.com/

Pedagogía Crítica, treinta años después (César Cascante Fernández y Jaume Martínez Bonafé)


Ofrecemos seguidamente la Presentación de la misma:


Pedagogía Crítica, treinta años después 

En un momento histórico en el que la crisis del capitalismo golpea a la mayoría social en buena parte del mundo, en el que en Europa y en el Estado español retroceden los derechos sociales, políticos y económicos, parece necesario volver a pensar lo que hemos llamado Pedagogía Crítica.

La Pedagogía Crítica, a pesar de que la escribamos así, con mayúsculas, no es un territorio perfectamente delimitado. Aunque al nombrarla cualquiera de nosotras/os evoquemos algunos autoras/es o títulos de libros, al menos en el momento actual, no creemos que constituya un referente al que puedan adscribirse o no las teorías y prácticas educativas.

Por otra parte, sí hay algo definitorio de lo que puede llamarse Pedagogía Crítica, eso es su vocación de relacionar la educación y la situación social. No es decir mucho: es difícil encontrar a alguien que niegue esa relación, pero, sin embargo, sí es posible encontrar interpretaciones muy distintas de sus implicaciones, aún haciendo un análisis similar de la sociedad de nuestro tiempo.

Esta diversidad, o si se mira de otra forma, esta disolución de la Pedagogía Crítica, que llega al punto de cuestionar si es útil seguir hablando de ella o en su nombre, está presente en los artículos que forman parte de la monografía que presentamos.

La monografía no fue construida previa conceptualización por parte de sus coordinadores de lo que es o debe ser la Pedagogía Crítica: fijando sus límites, trazando fronteras y, por lo tanto, señalando quienes eran sus voces más representativas en el momento actual o excluyendo determinadas aportaciones.

Se generó con un procedimiento bien distinto. Tratamos de que en la monografía participaran las/os que en los años ochenta o noventa del pasado siglo habían estado vinculados a la Pedagogía Crítica de forma explícita en diferentes contextos académicos y culturales, procurando que sus trabajos se orientaran con la mayor libertad temática hacia lo que a cada cual le invocaran esos dos términos casi treinta años después.

El resultado que se encontrará en la monografía es significativo de la variedad de planteamientos actuales de algunas/os de las/los que estuvimos relacionados en la Pedagogía Crítica. Desde los artículos que responden a esa invocación cuestionando la conveniencia de seguir utilizando esa denominación, a los que intentan ahondar en ella para buscar lo que realmente podemos llamar crítica; desde los que su respuesta es una investigación concreta, a los que se orientan por repensar lo que pensaban años atrás; los que sitúan la crisis del capitalismo actual como un referente central, a los que ni siquiera parece necesario nombrarlo…

Hoy en la segunda década del siglo XXI, partiendo de la monografía pero yendo más allá de su contenido, podemos formularnos una serie de preguntas: ¿Estamos en una situación en la que los que caminaban alrededor de la Pedagogía Crítica han dejado buena parte de hacerlo? ¿Esta disolución se debe a la Pedagogía Crítica no era poco más que eslóganes o lugares comunes que hoy están desgastados? ¿ Su menor presencia como tal Pedagogía Critica es consecuencia de una derrota inflingida por el neoliberalismo en la educación? ¿Tienen los que todavía siguen congregándose en torno a ella algo realmente en común? ¿Comparten al menos algunos problemas? ¿Tienen ciertas referencias teóricas comunes? ¿Existen prácticas actuales que sirvan de referencia en cada caso?....

Sobre estas y otras cuestiones para el debate que nos gustaría iniciar con esta monografía volveremos al final de esta presentación. Entraremos ahora de forma más precisa en el contenido de cada uno de los siete artículos que la constituyen..

El primer artículo de Jaume Martínez Bonafé aporta un análisis en forma de postulados de una serie de temas que la Pedagogía Crítica ha ido acumulando en su trayectoria y que en cierto modo la definen. Es significativo que la última de sus tesis sea Crítica de la crítica (sobre ausencias y debilidades), es decir, un postulado que subraya la necesidad de repensar permanentemente lo que la Pedagogía Crítica puede ser, más, si como se plantea en otro de sus postulados, está perdiendo vigor (Crítica a la gentrificación de la -teoría/pedagogía- crítica). No se trata por lo tanto, como el propio autor dice, de cerrar ningún principio universal sobre un modo de racionalidad y unas prácticas políticas y pedagógicas que nunca admitieron una verdad única y excluyente, pero sí de recordar lo que tiene el suficiente vigor para superar la apariencia y la superficialidad de las teorías y prácticas hegemónicas actuales y abrir el debate para su contestación al momento histórico de crisis del capitalismo neoliberal que estamos viviendo.

En el segundo artículo de la monografía, Becoming Critical hoy, Wilfred Carr revisa, veinticinco años después de su publicación, el libro del mismo título que escribió con Stephen Kemmis y que en España fue editado con el título de Teoría Crítica de la Enseñanza. Este libro, de importante influencia en la Pedagogía Crítica, estaba escrito desde la Teoría Crítica en general y desde la idea de Ciencia Social Crítica de Habermas en particular, según nos plantea al principio de su artículo. Desde esta perspectiva teórica se pretendía que la investigación-acción emancipadora fuera su expresión práctica.

Según Carr, acerca de Becoming habría que plantear hoy varias cuestiones:

-La idea de profesor investigador proveniente de la de profesor ampliado de Stenhouse y relacionada con la de profesor reflexivo de Schön ha ido perdiendo fuerza. El movimiento accountability, la hiperregulación del trabajo de los profesores, etc. han cambiado las condiciones de trabajo de los profesores haciendo que se produzca una desprofesionalización en el sentido de pérdida de autonomía.

-No se pudo prevenir la circunstancia de que el éxito de la investigación-acción posterior a la publicación del libro en la formación de profesionales en activo, la haría acomodarse posteriormente a los prerrequisitos de las formas de investigación que pretendía reemplazar.

-La lectura posterior de algunos autores que han revisado críticamente la llamada crisis de la modernidad (Gadamer, MacIntyre, Habermas) nos han hecho darnos cuenta de que en la modernidad y en la educación moderna ha sido dominante el razonamiento técnico y el cientificismo. Y que hoy son más dominantes aún que entonces dificultando que el profesorado se haga preguntas como las que implicaba la investigación-acción crítica.

-El neoaristotelismo de los autores citados y algunos más nos permite entender mejor como la racionalidad técnica ha acaparado la investigación-acción actual.

Todas estas cuestiones, nos dice el propio autor del artículo, tienen que ver con una más general, la adscripción de Becoming al pensamiento moderno y las críticas provenientes del pensamiento postmoderno. Sin embargo, para Carr, a pesar de esas críticas y de aportaciones que deben ser incorporadas desde ellas, la idea de emancipación y de investigación-acción crítica sigue teniendo vigencia como procesos inacabados históricamente situados.

El tercer artículo de la monografía, La investigación-acción crítica y nosotros (que te quisimos tanto) de César Cascante, revisa lo que para Carr era la parte práctica de la Teoría Crítica, es decir, la investigación-acción crítica. Partiendo de la evolución de la investigación-acción crítica en el Estado español que la ha llevado a convertirse mayoritariamente en un instrumento de la llamada Nueva Economía, y tras analizar de la mano de David Harvey las principales consecuencias de las políticas neoliberales en torno al valor de uso y el valor de cambio de la mercancía educación, así como la tarea de deslegitimación del metarrelato neoliberal que han venido realizando diversos movimientos sociales, el autor reconceptualiza desde el análisis político del discurso de Foucault y Laclau la propia Pedagogía Crítica. Desde esta reconceptualización de la Pedagogía Crítica, abandonando los postulados de Habermas, plantea la investigación-acción crítica como el análisis político de los discursos de los educadores y educandos.

El cuarto artículo de la monografía ¿Una Pedagogía sin atributos?, escrito por Estanislao Antelo y Silvia Serra, es la aportación que más claramente se distancia de la Pedagogía Crítica. Tras hacer un breve recorrido de su paso por la Pedagogía Crítica, los autores, a partir de una cita de Tomaz Tadeu da Silva ( La Pedagogía de los monstruos…) hacen una crítica al sujeto crítico de la Pedagogía Crítica equiparándole con el sociólogo crítico de la educación que desde su posición soberana, libre de los constreñimientos que producen la comprensión turbada de la sociedad que tienen los individuos comunes, ve a la sociedad como se ve un mecanismo de relojería, tornándose apta, así, para concertarla. Por otra parte plantean, interrogando a la Pedagogía Crítica, como la crítica a los sistemas educativos nacionales habilitaron lo que ocurrió en los años noventa: un estado débil y la aparición de un sujeto que se convierte en una especie de empresario de sí. En este sentido, hoy se vive en la ambigüedad de develar ciertas condiciones ocultas en las prácticas de los sistemas educativos y añorar un estado más fuerte, con más presencia, más “eficaz”. Tras revisar a continuación la noción misma de critica llegan a la idea de que la Pedagogía Crítica en su momento produjo efectos desestabilizadores en las certezas de la Pedagogía pero ahora la sensación es más bien la contraria: sus herramientas conceptuales parecen haber perdido su capacidad de intervenir. Por último proponen lo que llaman una pedagogía sin atributos: si la pedagogía es pensamiento, para ser crítica debería asumir la condición del pensamiento crítico, es decir, poner en juego aquello que todavía no ha sido pensado, para producir efectos cuando interviene sobre lo que ya ha estado pensado.

El quinto texto que compone la monografía, Reflexiones críticas y autocríticas sobre Pedagogía Crítica de Paz Gimeno, se centra en el análisis de la situación actual del pensamiento crítico en el sistema educativo español. En este texto se señalan algunos de los condicionantes que socavan esta orientación escolar crítica, desde los que corresponden a un sistema educativo colonizado por el sistema económico, hasta los bucles político-educativos que han entrelazado una ideología seudo-progresista y una práctica neoconservadora, y que, en la actualidad, han derivado en una “plana” realidad capitalista. Sin embargo, a pesar de ello, el artículo plantea la necesidad de mantener una “resistencia” crítica aunque sea minoritaria que constituya un espacio simbólico donde se pueda ubicar el germen de los cambios sociales.

El artículo de Consol Aguilar que viene a continuación, La Tertulia Literaria Dialógica de LIJ en la formación inicial de maestros y maestras constituye una respuesta práctica a lo que para la autora puede entenderse como Pedagogía Crítica. El artículo explica su experiencia de tertulia Literaria Dialógica de Literatura Infantil y Juvenil en la formación inicial de maestros y maestras. La lectura dialógica es también emancipadora en el sentido freiriano: la lectura de la palabra que lleva a la lectura del mundo, favoreciendo un pensamiento crítico, plural y diverso que nos enriquece a todos y a todas. En esta experiencia la voz protagonista del estudiantado es imprescindible en la construcción intersubjetiva del significado de los textos e imágenes. Es una lectura transformadora, que nos enriquece, como estudiantado y profesorado, desde una concepción crítica de la educación.

Cierra la monografía un artículo que en realidad es una entrevista-conversación con tres personas que han sido protagonistas desde los años ochenta en el devenir de la Pedagogía Crítica en España: Martin Rodríguez Rojo, Julio Rogero y José Mª Rozada. Nos parecía imprescindible que en la monografía estuviera presente también el lado más personal de lo que ha supuesto la Pedagogía Crítica en el Estado español, entre otras cosas para acercar lo que nos pasa a lo que pasa, para romper de alguna forma la división entre lo subjetivo y lo objetivo, la experiencia y el análisis. Por otra parte esta entrevista, que hemos titulado Alrededor de nuestras pedagogías críticas, representa bien la idea de la monografía: la de buscar un tiempo y un espacio para que los que hemos estado en la Pedagogía Crítica volvamos a encontrarnos para hablar de ella sin más propósito que el de iniciar un diálogo que pueda ser ampliado a todas y todos. Cómo se puede apreciar en el texto que recoge la entrevista, los tres participantes narran su experiencia desde los años ochenta hasta llegar al momento actual, sin por ello dejar de hacer sus propios análisis con la madurez que proporciona casi siempre el paso del tempo y la honradez intelectual que siempre les ha caracterizado.

Queremos acabar esta presentación señalando algunas cuestiones para el debate que surgen de nuestra propia interpretación de los artículos que constituyen esta monografía.

Una primera cuestión tiene que ver con la trayectoria que ha seguido en los últimos treinta años la Pedagogía Crítica. Si hay un concepto comúnmente utilizado dentro de la variedad de planteamientos que pueden encontrarse en ella, este es el de hegemonía.

Cómo es bien sabido este concepto, atribuido a Gramsci en la propia bibliografía de la Pedagogía Crítica y en general, ha constituido, junto con otros del marxista italiano, uno de los referentes de lo que se ha llamado el marxismo cultural. El marxismo cultural, sin embargo, tiene una trayectoria que apenas ha tenido desarrollo en la Pedagogía Crítica.

Sin ánimo de hacer un recorrido completo de su desarrollo podemos señalar algunos hitos significativos en su trayectoria. Edgard P. Thompson en su conocido libro La formación de la clase obrera en Inglaterra siguiendo a Gramsci critica el determinismo teleológico del concepto de lucha de clases para vincularlo a cada situación histórica y lo abre así al concepto de experiencia; Raymond Williams enlazando con este planteamiento inaugura los Estudios Culturales abriendo un campo de trabajo que será seguido por Stuart Hall y Richard Hoggart -que desde sus inicios está ligado a la tarea educativa- y que el propio Williams vincula con la semiótica de Bajtin; Laclau y Mouffe en Hegemonía y estrategia socialista siguen esta trayectoria y van recogiendo buena parte del aporte posmoderno de los Foucault, Derrida o Deleuze.

Aunque en algunos de los autores que podemos adscribir a la Pedagogía Crítica están presentes estos aportes, no es menos cierto que buena parte de la Pedagogía Crítica ha seguido un camino más corto en todos los sentidos. Un camino más corto que puede tener que ver con la recepción de Habermas que no necesita, cuando no se opone, a esos planteamientos, que le basta más con una distinción menos compleja de los intereses constitutivos del saber o de los grupos con procedimientos de participación e igualdad en la información.

Como una de las derivaciones de esta perspectiva más corta, se produce también en el seno de la Pedagogía Crítica el enfrentamiento entre el pensamiento moderno y el postmoderno. Un enfrentamiento que, sin entrar ahora en el fondo de la cuestión, resta posibilidades de renovación a las fuentes teóricas de la Pedagogía Crítica y establece prejuicios sobre aportaciones que pueden ser etiquetadas de modernas o postmodernas. Estos prejuicios cuando no afectan a los autores señalados como postmodernos y, por lo tanto, sin más como relativistas en sentido peyorativo, afecta a los que se confiesan marxistas sin ambages. Las consecuencias son entre otras, que la obra de muchos autores que están haciendo interesantes estudios sobre la economía, la sociedad, la política o la cultura de nuestro momento histórico con un compromiso social innegable no reciben la atención adecuada (podemos nombrar entre muchos otros, a David Harvey, Enrique Dussel o Boaventura de Sousa Santos, citados en esta monografía). Y también algo paralelo y aún más grave, la ausencia de un debate real que vigorice más allá de las etiquetas y las ignorancias, lo que podemos hacer en cada lugar y en este momento histórico para contribuir desde la educación a lo que entendamos por el bienestar general en nuestro planeta.

Esta suerte de empobrecimiento teórico de la Pedagogía Crítica, a la que no es ajena su mercantilización y la consecuente necesidad de venta de productos con etiqueta que sean fácilmente asimilados por sus compradores, tiene también sus consecuencias en lo que podemos considerar su vertiente práctica.

Si la investigación-acción que fue el referente práctico de la Pedagogía Crítica en su versión derivada de la Ciencia Social Crítica, ya se inicio ignorante de la investigación-acción participativa que existía anteriormente desde finales de los años sesenta en diversos continentes (Congreso de 1977 en Cartagena de Indias) ha seguido así en buena parte. Su desarrollo, sus autores, sus experiencias, siguen siendo desconocidos, siguen estando clasificados en otros campos un tanto al margen del mundo escolar, del mundo académico más ligado a la investigación en la escuela.

Sirva entonces esta monografía, en la medida que sea posible, para retomar el debate sobre la Pedagogía Crítica más allá de su etiqueta, para enfrentar sus problemas abriéndose a lo que ha ido dejando por el camino e intentar responder desde la educación a la necesidad planetaria cada vez más insoslayable de un mundo más justo para todas y todos. 


_______________________________

RESUMEN: En este artículo se hace una breve presentación de la monografía Pedagogía Crítica, treinta años después. Con él se pretende aproximar al lector a su contenido haciendo algunas reflexiones generales que encontrará concretadas en los demás artículos que componen la monografía.

PALABRAS CLAVE: Pedagogía Critica, Investigación-acción crítica

ABSTRACT: This article is a brief presentation of the monograph Critical Pedagogy, thirty years later. It aims to bring the reader to your content by making some general reflections find materialized in the other articles in the monograph.

KEYWORDS: Critical pedagogy, Critical action research


Las Pedagogías Críticas hoy ¿Qué ocurrió con las Pedagogías Críticas?




Editorial


Entre mediados de los setenta y principios de los noventa del pasado siglo surge en el estado español un movimiento social y pedagógico al que llamamos Pedagogía Crítica. Es un movimiento desigual, según territorios, complejo en muchos aspectos de su fundamentación y sus prácticas, y plural en cuanto a sus agentes. Como todo movimiento social, es deudor de su tiempo histórico. El dictador murió en 1975 y en los contextos de la clandestinidad se fraguaba por aquellos años el discurso de las nuevas posibilidades: desde el anticapitalismo hasta la democracia burguesa. Y en ese discurso la escuela tenía un claro protagonismo social y el maestro un claro componente militante. O se está con la reproducción -Tonucci publica su conocido dibujo de "La Máquina de la Escuela" en 1975-, o se está por la emancipación -conocimos una versión policopiada con una "vietnamita" [1] de La Pedagogía del Oprimido, en 1973-.

El movimiento de la Pedagogía Crítica se cultivó a la vez en distintos lugares del campo social. A la sombra de algunas iglesias, en las mesas de incipientes organizaciones sindicales, en las reuniones del movimiento asociativo vecinal de los barrios obreros, en el proyecto de algunas editoriales, en los grupos de maestros y maestras organizados para la renovación y el cambio educativo, en las aulas de algunos profesores universitarios. 


Nunca fue un movimiento hegemónico, pero contribuyó significativamente a la contrahegemonía. Poco a poco la presencia de libros, la convocatoria de Congresos, Encuentros y Seminarios, el desarrollo de investigaciones, la conexión internacional, la apertura académica y el desarrollo de programas políticos y sindicales, fue dando sentido y reforzando las prácticas que en el aula desarrollaban grupos de maestros y maestras comprometidos. 

La Pedagogía Crítica, con todos los matices que se quiera respecto a la debilidad o a la fuerza, era un movimiento de ida y vuelta entre una práctica crítica y una teoría crítica. Entre una crítica de la práctica y una práctica de la crítica. La formación inicial y permanente del profesorado se impregnó de ese movimiento. El debate sobre el curriculum y su renovación, también. La relación entre docencia y curriculum cobra una nueva perspectiva: ni puede haber neutralidad, ni puede haber fragmentación entre desarrollo curricular y desarrollo profesional. Al positivismo eficientista le sale una piedra en el zapato con la teoría de la relación entre intereses y conocimiento. Citemos sólo un libro: Teoría Crítica de la Enseñanza, la traducción y publicación en 1988 del Becoming Critical que W. Carr y S. Kemmis publicaron en la Universidad de Deakin, en 1983. Su influencia en la investigación curricular y la formación docente, con las propuesta de investigación-acción como modelo de desarrollo profesional crítico fue considerable en el interior del movimiento de la Pedagogía Crítica.

En el Estado Español algunas Escuelas de Verano convocadas por los Movimientos de Renovación Pedagógica fueron un importante amplificador de este movimiento. Las propuestas iniciales en el interior de estos movimientos, que tenían en la educación popular y las propuestas de Freinet y Freire una base importante, se complementan con nuevas aportaciones del discurso crítico. 
Las Escuelas de Personas Adultas, algunas enraizadas en barrios obreros con tradición combativa, fueron otro espacio de cultivo de estas pedagogías. 

En el inicio de los noventa, compañeros y compañeras del Departamento de Didáctica de la Universidad de Valladolid organizan cuatro simposios internacionales sobre "Teoría crítica e investigación-acción" en el que diferentes grupos de profesores e investigadores presentan teorías y prácticas para el cultivo de las pedagogías y los curricula críticos. La revisión de sus Actas muestra la vitalidad y el deseo de futuro del discurso de la Pedagogía Crítica. Conviene matizar, sin embargo, que hubo un pensamiento más elaborado en algunos sectores de la Academia, en algunos CEPs y en algunos grupos pedagógicos, y otro pensamiento tal vez más intuitivo en muchas prácticas pedagógicas que se reclamaban de la Pedagogía Crítica. 

¿Qué pasó desde entonces? ¿Qué queda hoy de ese discurso? ¿Qué se ha trasformado en él? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Qué pasó con quienes lo sostenían en sus reflexiones, sus investigaciones, sus prácticas docentes? Tres o cuatro décadas después, en un contexto socio-político y económico muy distinto -ni el capitalismo es lo que era ni tampoco los anticapitalistas parece que lo son- ¿es posible la Pedagogía Crítica? ¿Es necesaria? ¿Qué autores, qué grupos, qué prácticas, son hoy la posible referencia de este movimiento? 

Estamos viviendo una época en que el capitalismo muestra su rostro más salvaje y la pedagogía no puede mirar hacia otro lado. Recuperar y repensar hoy aquellas miradas, actualizar los discursos, encontrar nuevas alianzas y estrategias es, ahora mismo, una tarea urgente. 

________________________
[1] La vietnamita era un artefacto de fabricación casera con el que se multicopiaban en la clandestinidad los panfletos, revistas y periódicos de quienes combatían la dictadura.

La pedagogía del deseo (Jaume Martínez Bonafé)


...Hablar de una práctica educativa que no es ni la enseñanza, ni el aprendizaje sino “el maternaje”, utilizando la acepción de Barthes.

Decía este autor que cuando un niño está aprendiendo a andar, la madre ni discursea ni se pone a hacer demostraciones; no enseña –teoriza- el modo de andar ni se pone a andar delante del niño: retrocede de espaldas y llama al niño, le incita, le provoca, tejiéndose entre ambos el invisible hilo del deseo. Creo que es una idea genial. Porque, en efecto, nos pasamos la vida en la Academia navegando sobre un monótono oleaje de idas y venidas sobre la teoría y la técnica de la docencia, y se nos olvida que es otra la generosa sabiduría de los buenos maestros y de las buenas maestras. Es esa sabiduría que convierte el aula en objeto de deseo (Pulsar aquí para leer el texto completo).