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Lectura, ecología y educación: desafíos en la formación del profesorado. Un artículo de Mar Campos Fernández-Fígares y Aitana Martos García. RIFOP 90 (31.3). Diciembre de 2017


































Introducción

Es sabido que la problemática del deterioro ecológico ya viene siendo planteada desde finales del siglo xix y, sobre todo, a partir de los años 70 del pasado siglo, justo cuando está en su máximo apogeo el crecimiento de la economía mundial. La síntesis es máxima pero podemos decir que, tras la segunda Guerra Mundial, se había ido incrementando a un ritmo vertiginoso una industrialización máxima, no solo en los países capitalistas y en los socialistas, sino también en los eufemísticamente llamados en vías de desarrollo; tanto para la producción de productos primarios como, y sobre todo, en los manufacturados que se multiplicaron por cuatro o más, según recoge Hobsbawn. Industrialización que obviamente era posible por el enorme consumo energético basado, casi exclusivamente, en los combustibles fósiles. Y así «hubo un efecto secundario de esta extraordinaria explosión que apenas si recibió atención aunque, visto desde la actualidad, ya presentaba un aspecto amenazador: la contaminación y el deterioro ecológico» (Hobsbawn, 2011: 264).

En general se considera que, a partir de los mencionados años 70, empieza a oírse la voz de alarma porque ya es innegable el smog sobre las grandes ciudades, y porque los estudios científicos sobre la capa de ozono y otros factores de destrozo ambiental eran incuestionables. Así que cada vez cobran más fuerza distintas corrientes y propuestas, tanto desde la vertiente académica como desde los movimientos sociales (como el activismo ecológico), desde ese último tercio del siglo xx, como el movimiento de ecoresistencia, movimientos liberacionistas de la Tierra y de los animales, anticapitalistas, anarquistas verdes, ecologistas profundos, ecofeministas, antiglobalizadores...

En todo caso, esta efervescencia o inquietud hacia los temas medioambientales denota que va calando en la sociedad la necesidad de un cambio de mentalidad con respecto a la relación entre los seres humanos entre sí y entre estos y su entorno. Este cambio no va a venir, obviamente, desde un planteamiento puramente científico (y tecnológico) en un periodo en el que hay que replantearse la necesidad de poner límites de carácter práctico y ético a la investigación científica (como Italo Calvino adelantaba en 1952, en su Vizconde demediado, en la figura de Pietrochiodo, el carpintero de la corte). Se configura, por lo tanto, como un problema sin duda político y social de primera magnitud, que encuentra en el ámbito educativo su principal vía para la búsqueda de soluciones y para la consecución de un cambio en las generaciones del futuro.

Por ello la educación debe, cada vez más, conseguir formar ciudadanos plenamente conscientes de su estar en el mundo, y de su responsabilidad desde y ante su entorno no solo inmediato, sino también a una escala mayor, planetaria incluso. El sentido de pertenencia a un mundo global que es transmitido por los medios de comunicación y que se hace posible gracias a las TICs –poniendo en contacto gentes de un diminuto pueblo andaluz con alguien que habita en el centro de Tokio, por ejemplo– tiene connotaciones para las que hay que ir preparando a los más jóvenes.

En este sentido, el trabajo de David Orr, quien publicaba en el año 1992 –mucho antes de la aparición de Internet como una herramienta al alcance de los ciudadanos- su Ecological Literacy. Education and the Transition to a Postmodern Word, es considerado un referente imprescindible.

Students need opportunities to work together, to create, to take responsibility, and to lead in a comunity setting without which they are unlikely to comprehend the full meaning of virtue, ecology, or community. Finally, the subject of virtue needs to become a part of what we talk about with clarity and understanding. To do so will require the reintroduction of moral philosophy throughout the contemporary curriculum (Orr, 1992: 183).

A través de su paso por el sistema educativo, a lo largo de los distintos niveles, el aprendiz debería poder conjugar la información que recibe por otros infinitos soportes externos, con la formación a la que accede en el aula y cuyo contenido tiene, obviamente, que revisarse. Esa necesidad de trabajar juntos que reivindicaba Orr se extiende hoy no solo al compañero de pupitre, sino a todo aquel con el que se pueda establecer una relación cómoda a través de las nuevas redes sociales virtuales. Al ampliarse notablemente el número de conocidos se amplía también el número de realidades con las que se entra en contacto, con sus elementos positivos y negativos.  Interlocutores muy lejanos entienden que deben hacer suyo también el problema del otro lado del planeta.

Lo malo de la situación actual es que, en lo que respecta al sistema educativo, en esa necesidad de incluir nuevos contenidos en el currículum han irrumpido sin cortapisas las TICs, pero no se han incrementado, sino todo lo contrario, los contenidos de filosofía y otras materias (educación para la ciudadanía, etc.) que son necesarias para poder «comprehend the full meaning of virtue, ecology, or community» reclamados por Orr.

Hacia un mundo sostenible

Con todo lo expuesto en el apartado precedente, la actualidad de la temática es incuestionable; ha conseguido ascender desde las repetidas llamadas de atención de los primeros ecologistas y se extiende por todos los ámbitos de la sociedad como denuncia y con propuestas de cambio. El canadiense Ian Agnus, en su notable Facing de Anthropocene: Fossil Capitalism and the Crisis of the Earth System (2016), plantea precisamente el poder del hombre hoy como fuerza equiparable a las de la naturaleza: meteoritos, volcanes, etc., para alterar el sistema Tierra, tanto que estaríamos ante un cambio de Era: tras el Holoceno, tendríamos que empezar a hablar del Antropoceno. Es decir: no podemos seguir minimizando las consecuencias de la acción del ser humano sobre el planeta.

Parece claro que, sean cuales sean las respuestas a la situación en que nos encontramos, todas pasan por tener muy en cuenta a la naturaleza. Veamos en 2015, por presentar un ejemplo muy concreto, la extraordinaria (y criticada) exposición del arquitecto belga Luc Schiten titulada Ciudad vegetal (Colysée de Lambersart). En ella se presentaba una ciudad futurista, crítica con la forma de planificación urbanística previa, planificación que no habría respetado en absoluto el entorno en que se desarrolla ni habría tenido en cuenta la explotación desmedida de los recursos naturales. La novedosa propuesta de Schiten pasa por una observación de la naturaleza para incorporar sistemas energéticos renovables y estructuras inspiradas en el mundo vegetal.

Se trata de hacer ciudades para las personas, y eso implica el respeto y conocimiento del medio ambiente. Derivada de esta propuesta, el proyecto presentado por el estudio del mismo Schuiten en junio de este año 2017, Archi-Human project, es una experiencia piloto (inicialmente para Bruselas) para tratar de ubicar a personas sin techo en edificios construidos sobre otros en ruinas o en mal estado, viviendas concebidas de la manera más sostenible posible: integrar a estas personas en la vida del barrio a través de una propuesta multidisciplinar con un equipo que integra educadores, asistentes sociales, psicólogos, enfermeros, médicos... a la par que se consigue renovar espacios abandonados y desagradables para transformarlos en zonas de alta calidad medioambiental.

En este brevísimo recorrido multidisciplinar no podía faltar un agente de extraordinaria difusión como es el cine, que lleva tiempo dando voz a muchos elementos de la problemática relación del ser humano con el mundo natural. En Madrid, por ejemplo, una iniciativa necesaria como Cine por el medio ambiente - Another way film Festival se presenta como el primer festival de cine documental y de progreso sostenible de Madrid (2017), es una muestra más de querer hacer partícipe al público de esta problemática, participación no solo en la asistencia a las proyecciones sino en los debates organizados después de cada una de ellas. Implicar a las personas en la búsqueda de soluciones y en la aplicación de las mismas.

Ch. Schwägerl, C. Hamilton, C. Bonneuil y F. Gemmenne son algunos de los investigadores pioneros que destacan este poder del hombre como agente de cambio realmente trascendente sobre el planeta Tierra. Véase el interesante debate entre partidarios del término antropoceno frente al de capitaloceno, en Alan Thornett (2016).

En el campo de la literatura, la teoría literaria se ha volcado con el movimiento ecocrítico, sobre el que no nos extenderemos pues aparece en otros ensayos del presente monográfico. No obstante, sí queremos adelantar la importancia que ha tenido y tiene este movimiento crítico en el análisis, por ejemplo, de la evoluciónen la percepción de la naturaleza y en la forma de aprehenderla en los textos literarios, como observa Redondo Olmedilla (2012), y la necesidad de articular esta corriente teórica con la didáctica de la literatura, esfuerzo que se verá reflejado en algunos de los trabajos presentados en este número.

La demanda de una educación para la ecología 

Es necesario llevar de manera destacada, a todos los miembros del sistema educativo, diversas propuestas que les hagan tomar conciencia de la necesidad de crear un mundo habitable para todos. Y hacer, de cada uno de los miembros, agentes que participen como elementos activos en la definición de dicho proceso. Es urgente la necesidad de repensarnos a nosotros mismos cuestionando la construcción del sujeto como consumidor (terrible término deshumanizador) para entenderlo como activista. Es importante dejar de vernos a nosotros mismos como seres etiquetados pasivos, sin más, para reivindicar nuestro papel como sujetos que forman parte de una sociedad, que quieren contribuir a la construcción de la misma.


Desde la Pedagogía social, "Leer el mundo con letras ambientales: un quehacer cívico y pedagógico en la formación del profesorado" es la propuesta …  Notas tomadas del artículo de Mar Campos Fernández-Fígares y Aitana Martos García (2017). Lectura, ecología y educación: desafíos en la formación del profesorado. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (ISSN 0213-8646 | E-ISSN 2530-3791), número 90(31.3) (Diciembre 2017), pp. 15-25. (Pulsar aquí para continuar leyendo este artículo. Texto completo en abierto).

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Las profesoras Mar Campos Fernández-Fígares y Aitana Martos García (Universidad de Almería), han coordinado el número 90 (31.3) de la RIFOP, Diciembre de 2017, en el que se publica una monografía titulada "Lecturas, ecología y educación: nuevas perspectivas para la formación del profesorado", disponible desde aquí a texto completo en abierto. 





El mundo al revés. Sobre el uso inapropiado de la ciencia. RIFOP 90 (31.3) Diciembre 2017 (Texto tomado de Gilberto Fregoso Peralta y Luz Eugenia Aguilar González)

































"La Universidad de Harvard no es la única al servicio del gobierno estadunidense y de las grandes corporaciones dedicadas a la producción de armamento, instancias que financian proyectos de investigación para la guerra. Entre sus éxitos más reconocidos figuran el napalm y el fósforo blanco, utilizados contra la población civil durante la guerra en Vietnam.

Años antes, las universidades de Chicago y de California habían sido pioneras en la investigación que aportó el conocimiento para el Proyecto Manhattan, cuyo resultado fue producir las bombas atómicas lanzadas contra la población japonesa. 

No se limitaron a la teoría, sino que participaron en la creación específica del artefacto de aniquilación masiva. El vínculo entre la academia, los gobiernos de países poderosos y las empresas transnacionales se exhibe como virtud mayúscula (Jalife, 2016).

Dentro de la división del trabajo, se ha asignado a estas instituciones la función de generar intelectuales al servicio de los poderes fácticos predominantes; su labor no se restringe a proveer materiales concretos, sino también constructos eidéticos inclusive más letales en sus secuelas para los pueblos indefensos.

En nuestro país (México), las universidades públicas sucumben hoy día a la convocatoria de empresarios y políticos para elaborar pesquisas detalladas sobre la flora y la fauna de nuestro territorio, bajo encargo de grandes consorcios extranjeros interesados en apropiarse de los recursos bióticos e hídricos, como han hecho ya con la minería y los hidrocarburos. (Aboites, 2016)".


Texto tomado de "Fregoso Peralta, Gilberto y  Aguilar González, Luz Eugenia (2017). Información de estudiantes universitarios sobre el uso inapropiado de la ciencia. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (ISSN 0213-8646 | E-ISSN 2530-3791), número 90 (31.3) Diciembre 2017, pp. 146-147" (Pulsar aqui para acceder al texto completo de este artículo).




RIFOP 90 (31.3). Diciembre 2017. Monográfico sobre "Lecturas, ecología y educación: nuevas perspectivas para la formación del profesorado"


























































Lecturas, ecología y educación: nuevas perspectivas para la formación del profesorado / Reading, Ecology and Education: New Approaches for Teacher Training. 

Monografía coordinada por Mar Campos F.-Fígares y Aitana Martos García (Universidad de Almería).


Accede desde aquí, en línea, al texto completo y en abierto de esta monografía.

Otro mundo es posible: Severn Suzuki, la niña que silenció a la ONU


Severn Suzuki, una niña natural de Vancouver (Canadá), fundó a sus ocho años, siendo alumna de educación primaria, la "Organización Infantil del Medio Ambiente" (Environmental Children's Organization - ECO), integrada por un grupo de niños dedicados a enseñar a otros niños y jóvenes diferentes cuestiones relacionadas con el medio ambiente.

En 1992, a la edad de 13 años, esta niña recaudó dinero, junto con los miembros de la ECO, para asistir a la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo celebrada por la ONU en Río de Janeiro.

Allí pronunció un breve discurso, estremecedor y crítico, que dejo boquiabiertos a los líderes mundiales reunidos en aquel lugar y momento. El vídeo de este discurso se puede ver, subtitulado en español, pulsando sobre estas líneas (pulsar aquí).

Licenciada en biología evolutiva y ecología por la Universidad de Yale, Severn Suzuki continúa actualmente en la lucha contra el cambio climático. Gran activista ambiental y conferenciante a nivel internacional, ha participando en la comisión asesora de Kofi Annan para cuestiones de medio ambiente y en diferentes proyectos medioambientales.

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A continuación el texto íntegro (traducido al castellano) del discurso de Severn Suzuki ante la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992:


"Hola, soy Severn Suzuki y hablo por ECO (Environmental Children’s Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo.

Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas, para deciros a vosotros, adultos, que tenéis que cambiar vuestra forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro.

Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo, cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.

Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de cánceres. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.

¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben como arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben como devolver a los salmones a aguas no contaminadas. No saben como resucitar un animal extincto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.

Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien.

Aún soy solo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.

Aún soy solo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.

En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento.

En mi país derrochamos tanto… Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.

En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos soprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”.

Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?

No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favellas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.

Aún soy solo una niña y se que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar maravilloso sería la Tierra.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos.

¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.

Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches.

Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras. Gracias".

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