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El rol del docente en la Era Digital (Ana Viñals Blanco, Ana y Jaime Cuenca Amigo)




Introducción

"Nos encontramos inmersos en una Era Digital, esto es, una sociedad tecnologizada, donde los hábitos y estilos de vida se han visto transformados por el desarrollo constante e imparable de las tecnologías digitales e Internet. Las herramientas tecnológicas y el espacio virtual han suscitado nuevas formas de comunicarnos, de trabajar, de informarnos, de divertirnos y, en general, de participar y vivir en una sociedad red (Castells, 2006). El ámbito educativo y, en consecuencia, el rol del docente, que constituye el foco de reflexión de este artículo, no ha podido resistirse a su influencia. La adecuación tanto del contenido como de las metodologías de enseñanza se ha convertido en un reto necesario, e incluso urgente, en un contexto social en cambio constante, en el que los jóvenes, rodeados de pantallas desde su nacimiento, han adquirido unos rasgos diferenciados a los de cualquier generación anterior. 

La generación de jóvenes nativos interactivos (Bringué y Sádaba, 2009) se desenvuelve hoy ya en un escenario tecnológico e inestable. Sin embargo, no basta con manejar la tecnología, sino que ser competente digital es imprescindible. 

De ahí que se precisen alternativas a sus necesidades formativas y de desarrollo personal, ya que cada vez se hace más evidente la falta de soluciones eficaces a sus demandas. En definitiva, estamos hablando de la necesidad de repensar el proceso educativo, buscando su adecuación óptima a los nuevos tiempos y contextos que se dan en los centros educativos. Ámbitos educativos formales y espacios clave en el desarrollo personal y social, no sólo de los jóvenes, sino del futuro que queremos. 

Los jóvenes se definen como autodidactas respecto al uso de Internet. Esta es una de las principales conclusiones de la tesis doctoral titulada Ocio Conectado: la experiencia de e-ocio de los jóvenes (16-18 años) de Bizkaia, desarrollada por la primera firmante de este artículo, y que ha motivado la elaboración del mismo. Ahora bien, ¿cómo debemos interpretar esta auto-definición de los jóvenes? ¿Significa acaso que el profesorado ha quedado en un segundo plano en lo que respecta a la transmisión del conocimiento en la Era Digital? ¿Están respondiendo los docentes a las necesidades de un alumnado que es ya nativo digital? ¿Las metodologías de enseñanza que emplean son las más adecuadas? En definitiva: ¿debe redefinirse el papel del docente en el aula? 

Este artículo se centra en analizar el papel del profesorado en el actual contexto digital. En primer lugar, se describe la manera en que la Era Digital ha influido en la enseñanza-aprendizaje. A continuación, se reflexiona sobre el significado de ser competente digital en la sociedad red; por último, se definen las principales  características que deben de adoptar los y las docentes ante este cambio de contexto al que se enfrentan.


Enseñar y aprender en la Era Digital

El desarrollo imparable de tecnologías digitales y la democratización en el uso de Internet han sido uno de los cambios que más han transformado el contexto del proceso educativo. Hasta hace bien poco, parecía que la escuela y el profesorado podían erigirse en los únicos guardianes del conocimiento; pero ahora se les multiplican los competidores. Las TIC han provocado nuevos alfabetismos que potencian habilidades y competencias propias del siglo XXI, las cuales se ejercitan principalmente en las prácticas digitales que los jóvenes llevan a cabo en contextos de aprendizaje informal (Busque, Medina y Ballano, 2013), en su mayoría en espacios y tiempos de ocio.

Aparece aquí la ya clásica triple distinción terminológica que establecieron en 1968 Coombs, Prosser y Ahmed, al discernir entre educación formal, no formal e informal. El aprendizaje formal es el que tiene lugar en entornos organizados y estructurados, como por ejemplo un centro educativo y formativo. El aprendizaje no formal o educación extraescolar se describe como el aprendizaje derivado d actividades planificadas, pero no designadas explícitamente como programa de formación. En tercer lugar, el aprendizaje informal es el resultante de actividades cotidianas relacionadas con el trabajo, la vida familiar o el ocio; un tipo de aprendizaje que no se encuentra organizado ni estructurado en cuanto a sus objetivos, duración o recursos formativos (CEDEFOP, 2008).

Sin ánimo de valorar la vigencia de esta triple distinción en su conjunto, no cabe negar la importancia del contexto espacio-temporal en su definición. Un contexto que se ha visto peculiarmente alterado en la Era Digital, dos de cuyas marcas identificativas son la ubicuidad y la atemporalidad del ciberespacio (Castells, 2001). De este modo, y teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad digital caracterizada por el cambio constante, la complejidad, el caos y la ubicuidad, consideramos que las características del aprendizaje informal son las que mejor se adecuan al tipo de aprendizaje que en la actualidad se demanda. Un tipo de aprendizaje que, por otro lado, se reconoce más bien poco desde el ámbito formal. De hecho, y a pesar de que paulatinamente se toman en consideración otro tipo de competencias, como veremos a continuación, es muy común no valorar los conocimientos que una persona tiene hasta que éstos se acompañan de una referencia o certificación de un ente académico.

La realidad nos muestra que las tecnologías digitales han influido en la manera de aprender y, en consecuencia, en la manera de enseñar propia del colectivo docente. Tomando como referencia la Teoría del Conectivismo, elaborada por el teórico de la enseñanza en la sociedad digital George Siemens (2006), definiremos el concepto de aprendizaje propio de una sociedad de red de redes.

El conectivismo es la teoría del aprendizaje propia de la Era Digital, que analiza la manera en que aprendemos en una sociedad digital que se articula en red. Se fundamenta, tal y como su propio nombre indica, en la conectividad, esto es, en la creación de conexiones. Según el autor, el conectivismo es la integración de principios explorados por las teorías del caos, las redes, la complejidad y la autoorganización (Siemens, 2004). De ahí que se presente como un modelo que refleja una sociedad en la que el aprendizaje ya no es una actividad individual, sino un continuo proceso de construcción de redes. Aprender es el equivalente a abrir una puerta a una nueva forma de percibir y conocer, donde nuestra mente debe adaptarse al entorno.

En este sentido, el aprendizaje de la Era Digital se puede definir como un aprendizaje diverso, desordenado y lejos del tradicional conocimiento perfectamente empaquetado y organizado. El conocimiento en red se basa en la cocreación, lo que implica un cambio de mentalidad y actitud. Pasar de ser meros consumidores de los contenidos elaborados por otras personas a ser los expertos y aficionados los propios co-creadores del conocimiento.

Por esta razón, el aprendizaje en la Era Digital se ha tornado especialmente complejo, ya que al tratarse de un proceso multifacético e integrado, un cambio en cualquier elemento individual conlleva la alteración de la red global. De la misma
manera, esta complejidad y diversidad en la red da lugar a nodos conectados y especializados, lo que nos supone tener un conocimiento parcial de la realidad y vivir en una continua certeza en suspenso. El aprendizaje en red es continuo, y no se trata por tanto de una actividad que ocurre al margen de nuestra vida diaria o exclusivamente en contextos educativos de carácter formal. Hoy ya «hemos pasado de detener la vida cuando aprendemos (ir a la escuela durante dos a cuatro años, sin trabajar...), a aprender en sincronía con la vida» (Siemens, 2006:47). 

Por todo ello, aprender en la actualidad significa saber tomar decisiones, puesto que nos hallamos ante una realidad de cambio constante, y «aunque exista una respuesta correcta ahora, puede estar equivocada mañana (…), por lo que saber dónde y saber quién, son más importantes hoy en día que saber qué y cómo» (Siemens, 2006:31). En el aprendizaje en red, el conocimiento se crea y configura gracias a la actividad combinada que se da entre las personas. Conocer en la actualidad significa estar conectado, en constante dinamismo.

El problema aquí reside en la abundancia informativa que existe en el espacio virtual, de ahí la necesidad de construir una red de fuentes de aprendizaje (Entornos Personales de Aprendizaje-PLE), de los cuales podamos entrar y salir en cualquier momento. El conocimiento es abundante y en apenas una generación hemos pasado de entenderlo como un criterio de valor, a considerar la capacidad de gestionarlo como el verdadero criterio de valor.

Por todo ello, es importante tener en cuenta que el conocimiento debe compartirse en un entorno o ecología adecuada que posibiliten el conocimiento conectado: escuelas, clases, espacios virtuales, museos, parques, etc. Espacios que permitan conversar, organizar encuentros, poner ideas en común y dialogar.

Estructuras (sistemas de clasificación, jerarquías, bibliotecas, etc.) que proporcionen y ayuden en el proceso y la toma de decisiones; entornos informales, no estructurados, flexibles, ricos en herramientas de comunicación, constantes en el tiempo, seguros para que exista confianza y comodidad, simples, descentralizados, conectados y en los que exista una alta tolerancia a la experimentación y el error."

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Texto tomado de: Viñals Blanco, Ana y Cuenca Amigo, Jaime (2016). El rol del docente en la era digital. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 86 (30.2) (2016), 103-114, artículo que forma parte de una monografía titulada "Ocio: Escenario educativo y social", coordinada por M.ª Ángeles Valdemoros San Emeterio, Eva Sanz Arazuri y Ana Ponce de León Elizondo, publicado en el número 86 (30.2) -Agosto 2016- de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (ISSN 0213-8646), actuamente en imprenta.

La utilización de los blogs como recurso educativo en el área de Lengua Castellana y Literatura (Alba Torrego González)































Introducción 


En las últimas décadas, hemos sido testigos del vertiginoso desarrollo y de la presencia constante de las tecnologías de la información y de la comunicación. La aparición de las tecnologías ha conllevado que se hayan realizado importantes cambios en sectores de la sociedad tan diversos como la educación, la economía o el ocio. Dada la transcendencia de estos cambios, incluso se ha popularizado el término “Sociedad Red” (CASTELL, 1996) para referirse al nuevo orden mundial que han propiciado las tecnologías. 

Este cambio social también ha afectado a la educación, que ha tenido que introducir las tecnologías en el aula para evitar caer en el anacronismo y para adaptarse a las necesidades de la sociedad. Como afirma Gutiérrez (2002), la escuela no puede estar aislada de la sociedad pues tiene que estar al servicio de ella.

Precisamente, una de las principales funciones de la educación es la transformación de la sociedad y la superación de las diferencias culturales y sociales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, aunque las nuevas tecnologías estén presentes en nuestra vida diaria e, incluso, tengan un sitio en la escuela, no se pueden incorporar sin reflexionar antes sobre el discurso tecnológico que traen consigo. De esta forma, se podrá asegurar que la utilización de estos nuevos medios irá en consonancia con los fines de la educación. 

Sin embargo el hecho de que las tecnologías hayan entrado con fuerza en la educación no debe suponer una fe ciega en ellas y no pueden ser concebidas como la panacea para todo tipo de males y deficiencias. La aceptación de este supuesto, que se incluye dentro del discurso tecnológico dominante, supondría una irresponsabilidad. Si no existe una reflexión sobre ellas, se pueden caer en algunos errores. Así, podría ser el sistema educativo el que se adaptara a las exigencias de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación cuando deben ser estas las que se adapten a las exigencias de una educación libre y democrática.

Además, podrían usarse las TIC como simples recursos educativos sin tener en cuenta su importancia como medios de difusión de una cultura y como agentes educativos en entornos de educación informal. Por último, está extendida la creencia de que el uso del ordenador y de dispositivos multimedia interactivos favorece siempre el aprendizaje, sin tener en cuenta, que, si no se emplean correctamente, pueden contribuir a formar individuos dóciles e intransigentes (GUTIÉRREZ, 2007).

Los nativos digitales 

A la llegada de las tecnologías a la educación, hay que añadir que los alumnos y alumnas que ocupan las aulas de Educación Secundaria Obligatoria en los primeros años del siglo XXI han sido considerados nativos digitales pues han sufrido un cambio radical con respecto a sus predecesores inmediatos. Con este término, que fue acuñado por Marc Prensky (2001), se denomina a aquellas personas que nacieron cuando ya existía la tecnología digital, han crecido rodeados de esta y se han formado en la particular lengua digital de los juegos, los ordenadores o Internet.

Los jóvenes de hoy constituyen la primera generación socializada en los nuevos avances tecnológicos, a los que se han acostumbrado por inmersión, al estar durante toda su vida rodeados de ordenadores, telefonía móvil, videojuegos, etc.; y estas herramientas ya son imprescindibles en sus vidas. Por ello, los jóvenes piensan y procesan la información de modo significativamente distinto a sus predecesores. Hay que tener en cuenta también que no se trata de un hábito coyuntural sino que se acrecienta en el tiempo. 

Los nativos digitales aprenden de diferente manera y son capaces de buscar cualquier cosa empleando Internet. Esto conlleva que se haya producido un cambio en la manera de aprender, pues los jóvenes prefieren el aprendizaje experiencial y activo, la interactividad y el trabajo en colaboración y se caracterizan por la necesidad por la inmediatez y la conectividad (SKIBA & BARTON, 2006). 

Así, los profesores que reproducen las clases que les daban a ellos cuando eran estudiantes les aburren y desmotivan pues tienen la percepción de que ese contenido lo pueden consultar en Internet, intercambiarlo entre ellos o localizarlo en otras fuentes. Por ello, para captar su atención hace falta proponer actividades más activas e inmediatas, que se adapten a su modo de concebir los procesos de enseñanza–aprendizaje. 

Los nativos digitales también presentan carencias y dificultades en el aprendizaje entre las que se encuentran la pérdida de productividad y los descensos en la capacidad de concentración causados por el desarrollo de la multitarea y el hecho de que el tratamiento de la información se realice de forma más somera y superficial. Además, en el ámbito educativo están mucho más predispuestos a utilizar las tecnologías en actividades de estudio y aprendizaje que lo que los centros y procesos educativos les pueden ofrecer, lo que puede llegar a generarles un sentimiento de insatisfacción (GARCÍA, PORTILLO, ROMO & BENITO, 2006).

Para evitar que las ventajas que conlleva pertenecer a la generación de nativos digitales se conviertan en problemas, se deben tener en cuenta las características de este alumnado a la hora de programar actividades. No se trata únicamente de adaptar temas y contenidos al espacio digital sino de abordarlos y presentarlos de una manera diferente. Una actividad que se podría realizar en clase utilizando las TIC y en consonancia a las características de los nativos digitales puede ser la creación de contenidos por parte del alumnado, como la producción de blogs o de wikis. 

De esta forma, los estudiantes registran su conocimiento y generan nueva información. Además, también se pueden proponer actividades en las que se dé al alumnado la posibilidad de compartir objetos digitales como videos, fotografías, documentos, enlaces favoritos… En este proceso de evolución hacia un modelo más acorde con las características de los nativos digitales, hay que hacer hincapié en el papel del profesorado, que es descrito por García, Portillo, Romo & Benito (2007: 5): En este nuevo escenario, el profesor debe modificar su rol en el proceso de aprendizaje, convirtiéndose en el organizador de la interacción entre los alumnos y los objetos de conocimiento, en el generador de interrogantes, estimulando permanentemente a los alumnos en la iniciativa y en el aprendizaje activo con creación, comunicación y participación. Debe guiar los procesos de búsqueda, análisis, selección, interpretación, síntesis y difusión de la información.

La materia Lengua y castellana y literatura y las TIC 

En Internet se pueden encontrar fácilmente recursos para la asignatura de Lengua Castellana y Literatura tanto de Primaria como de Secundaria y Bachillerato. La lista de actividades es bastante amplia y abarca todos los contenidos del currículum. A pesar de ello, no debemos caer en el error de pensar que con estas actividades ya estamos incluyendo las TIC en las aulas y tampoco debemos creer que el uso de estos recursos dará siempre muy buenos resultados. Emplear las TIC no siempre es garantía de éxito. 

Antes de entrar en la descripción de algunas experiencias que se han llevado a cabo en la asignatura Lengua Castellana y Literatura de Educación Secundaria empleando las TIC, se hará una descripción de los principales errores en los que se puede caer cuando se plantean estas actividades. 

Uno de los errores más frecuentes es perpetuar modelos clásicos de enseñanza. Así, utilizar un blog para proponer al alumnado leer en él un texto y contestar una serie de preguntas sobre él no es una propuesta innovadora. Si bien es cierto que en esta actividad se emplean las TIC, se podría prescindir totalmente de ellas y hacer el mismo ejercicio en un cuaderno o siguiendo un libro de texto. En este caso, el uso de las TIC es un adorno y no sirve para potenciar otras competencias del alumnado. En la red podemos encontrar varios ejemplos de actividades de este tipo, que pueden ser útiles para trabajar diversos contenidos del currículum pero que no pueden ser calificadas como propuestas innovadoras pues se adaptan a los modelos tradicionales de enseñanza y no contribuyen al desarrollo de los que hemos denominado nativos digitales.

La única ventaja que se obtiene realizando estas actividades de forma interactiva es que el alumnado puede saber de forma inmediata si ha resuelto la actividad correctamente o no. De esta forma, ya no es necesario que esté presente el docente para corregir el ejercicio y se puede obtener feedback sin importar el lugar y la hora. Un ejemplo de estas actividades podemos encontrarlo en el proyecto elaborado por el CEIP “Nuestra Señora de Loreto” de Dos Torres (Córdoba) [Imagen 1], que propone numerosos enlaces a web interactivas para trabajar los contenidos del primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria. De esta web se ha extraído una actividad gramatical en la que se trabaja el conocimiento de los determinantes y que está dirigida al alumnado de primero de la ESO. 

Después de hacer la actividad, se puede saber si las respuestas son correctas pulsando en el botón “comprobar”.