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Accede desde aquí a los textos completos de esta nueva monografía (Otra investigación es posible) de la Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado. La aufop cuida mucho las portadas de sus dos revistas, la impresa y la electrónica. Cada una de ellas define una trayectoria, destila una sensibilidad, marca un rumbo, tiene un sentido, revela una significación... Jose Palomero -nuestro diseñador- destaca, a propósito de la correspondiente al número 46 (16.3) de la reifop, dedicado íntegramente a "Otra investigación es posible", que "Oscar Reutersvard es considerado el padre de las figuras imposibles. Su trabajo, igual que el de Escher, fue un desafío constante a las leyes de la percepción, a la geometría. Una puerta abierta a otros mundos posibles". |
Otra investigación es posible /// Figuras imposibles /// Una puerta abierta a otros mundos posibles
El saber de la experiencia en la formación inicial del profesorado (José Contreras Domingo)
La formación del profesorado y el saber docente
Amor y educación: caminos para construir el sueño // Love and education: roads to build the dream
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| Diseño de Jose Palomero |
Editorial
Amor y educación: caminos para construir el sueño // Love and education: roads to build the dream
Hablar de Amor y Educación es difícil, y hacerlo como eje central en una revista tan prestigiosa como es la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado es un reto –también una oportunidad– para unir dos conceptos genuinamente básicos y humanos: educación y amor. Es complejo pensar y escribir sobre amor y educación, por eso agradezco a todos los autores y autoras que haciendo un gran esfuerzo le han dedicado tiempo para escribir en este monográfico.
Si el tema central de este monográfico es el Amor y la Educación, el propósito del mismo es orientar nuestros pasos en cuanto a cómo deben ser las relaciones entre el profesorado y el alumnado en el proceso educativo, para que unos y otros lleguen a ser personas que se respetan a sí mismas y a los demás. Hasta hace muy poco se pensaba que los seres humanos no éramos sentimentalmente educables y la educación en las emociones estaban en manos del azar y no de la razón. Hoy, sin embargo, sabemos que las emociones juegan un papel fundamental en los procesos de enseñanza y aprendizaje ya que inciden en el desarrollo cognitivo y metacognitivo, en nuestros sistemas de comunicación y en nuestras acciones. Por eso debemos orientar nuestras acciones hacia una educación centrada en el amor como la emoción que sustenta todo el proceso educativo. Una educación basada en la confianza, en el respeto, en la participación y en la convivencia.
Lo que aquí entendemos por amor no tiene nada que ver con ese concepto poético, religioso o filosófico con el que a veces se envuelve a aquél. El amor es un acto de confianza; no es una cosa, es un modo de vida y éste se inicia en la confianza desde la edad más temprana. La confianza entendida como esa actitud permanente que legitima a cada uno como es y donde, de entrada, está garantizada la aceptación de cada cual como es y no como nos gustaría que fuera. La confianza, así entendida, se convierte en el fundamento de nuestra convivencia. Los seres humanos nos enfermamos en un ambiente de desconfianza, manipulación e instrumentalización de las relaciones. La aceptación total trae la aceptación de sí y del otro que es el fundamento de lo social. Y aunque ciertamente sea muy difícil viviendo en un mundo de desconfianza como el que estamos viviendo, debemos procurar conseguirlo, y hemos de hacerlo, sencillamente porque es necesario. Cada vez que una persona respeta a otra, obtiene respeto; cada vez que acepta la legitimidad, obtiene legitimidad. Si no se vive en la confianza se vive en la hipocresía y en la mentira.
Nuestra concepción de amor está relacionada, simplemente, con el respeto a las personas como legítimas personas en su diferencia, independientemente del género, de la etnia, hándicap, religión o procedencia, etc. Sólo en el reconocimiento de las personas como personas, sin ningún tipo de añadido, radica el sentido de lo humano. Muy a pesar de ello sentimos que el mundo está enfermo, pero no es una enfermedad cualquiera la que padecemos, estamos aniquilando el mundo tanto en lo ecológico como en las relaciones humanas. La enfermedad del mundo es una ausencia casi total de lo más hermoso y genuino de los seres humanos: el amor.
No quisiéramos que estas palabras últimas desesperanzasen a los esperanzados, por ello estos pensamientos deben ser tenidos en cuenta sólo como motivo de reflexión, y en este sentido los planteamos. Más aún, no sólo como motivo de reflexión, sino también como elemento de cambio y transformación para que no nos dejemos arrastrar por pensamientos catastrofistas de que nada se puede hacer, inmersos como estamos, en la globalización y el pensamiento único, al contrario, quisiéramos tener el talante y la fuerza suficiente como para saber infundirles la energía necesaria en estos momentos para que las ideas y pensamientos de los diferentes autores que han participado en este número monográfico sobre Amor y Educación nos ayuden a recapacitar y lleguemos a la conclusión de que debemos salir de la inhumana situación en la que vivimos, despojándonos de todo aquello que nos ha conducido a la barbarie en la que estamos inmersos.
Lo que necesitamos hoy en día para recuperar lo que de humano ha perdido la humanidad es estar dispuestos a crear un mundo nuevo, un mundo de convivencia fundado en el respeto por sí mismo y por los otros. Un mundo humanizado donde se pueda llegar a ser homo amans viviendo como homo amans. Así de sencillo o así de complejo, porque lo más humano del ser humano es desvivirse por otro ser humano y no aprovecharse de él. Y en ese desvivirse por los demás, vivimos preocupados sabiendo que nuestras acciones pueden repercutir en ellas de una manera o de otra. Y en esta preocupación surge nuestro compromiso ético. No existe educación sin compromiso ético. Cuando hablamos de ética no hacemos referencia a cómo se ha de enseñar la libertad, la solidaridad, la tolerancia, la justicia, etc., sino a la incorporación de un enfoque ético en nuestras vidas.
Como consecuencia lógica de nuestro compromiso ético y sabiendo que de lo que se trata es de formar personas libres mediante el amor y la educación, nunca el conocimiento puede ser entendido y usado como un instrumento de dominación y/o enajenación. La educación es un modo de guiar la bondad, la verdad y la belleza. Pero como esos valores han sido desvirtuados como consecuencia de esta sociedad de la globalización y del pensamiento único en la que nos encontramos atrapados, convirtiendo al ser humano en una mercancía más, donde todo se compra y todo se vende, hasta el conocimiento, deshumanizándolo. Por eso hemos de reemplazar el conocimiento cosificado de la sociedad neoliberal por el amor como medio del progreso humano. En este sentido –nos recordará MATURANA (1994b)– que amor y conocimiento no son dos cosas alternativas, sino que el amor es el fundamento de la vida humana y el conocimiento sólo un instrumento de la misma.
Vivimos en una sociedad competitiva e insolidaria dominada por una cultura hegemónica segregadora y homogeneizante que establece “las normas de juego” donde las diferencias humanas son consideradas como defecto y lacra social y no como valor. El problema radica en saber cómo pasamos de una sociedad competitiva e insolidaria (excluyente) a una sociedad de convivencia solidaria. Definitivamente estamos en el umbral de una nueva cultura y de una nueva civilización; pero si a esta nueva civilización no le acompaña una nueva ética y una nueva actitud mental; es decir, una nueva cultura, ¿no estaremos asistiendo al ocaso de nuestra propia existencia como seres humanos?
Por todo ello, construir un mundo como el que deseamos en este monográfico implica vivir en coherencia con los principios éticos y morales del mundo que anhelamos. Es decir, aunque tal mundo no exista, en su construcción hay que vivir en los principios de aquel mundo, no en los de este en el que vivimos ahora. En cierto modo eso nos hace personas no siempre bien comprendidas, ya que pensamos –y vivimos– en el mundo como debía ser. No como es.
¿Y cómo ha de ser la educación en una sociedad donde se está perdiendo lo más humano del ser humano, como es el amor?
La educación que ofrezca la escuela de hoy, donde se está perdiendo lo más humano del ser humano como es el amor ha de ser aquella que no sólo enseñe valores, sino que se han de vivir estos valores; no hay que enseñar cooperación, hay que vivirla desde el respeto por sí mismo que surge en el convivir en el mutuo respeto. Nuestros hijos e hijas necesitan crecer en la confianza, en el respeto y en la convivencia, pero sin exigencias, sólo por el placer de compartir un proyecto común. Sólo así podremos construir el sueño de una sociedad más respetuosa y tolerante, más democrática, más justa y más humana.
Referencias bibliográficas
MATURANA, H. (1994a). Amor y Juego. Fundamentos olvidados del ser humano. Santiago de Chile: Instituto de Psicoterapia.
MATURANA, H. (1994b). El sentido de la humano. Santiago de Chile: Dolmen.
MATURANA, H. (1999). Transformación en la convivencia. Santiago de Chile: Dolmen.
REFERENCIA COMPLETA: López Melero, Miguel (2012). Editorial. Amor y educación: caminos para construir el sueño. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 74 (26,2) 11-14 • ISSN 0213-8646
Vilanova. La caída del feudalismo universitario español (Ramón Flecha)
Interesante artículo, muy reciente (mayo 2011), de Ramón Flecha: Pulsar aquí para acceder al texto íntegro del mismo.
Su referencia completa es la siguiente:
- Flecha, Ramón (2011). Vilanova. La caída del feudalismo universitario español. RASE, vol. 4, núm. 2: 115-132.
Sobre literatura infantil
A propósito de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado
Referencia tomada de: QUÉ ES LA LITERATURA INFANTIL (en un mar de clics)
"En las coordenadas de un mar alejado, los catedráticos de Universidad Amando López Valero y Pedro Guerrero Ruiz descubrieron su ensayo LA LITERATURA INFANTIL Y SU DIDÁCTICA (“Revista interuniversitaria de formación del profesorado”, 1993), que hoy nos ofrece el portal Dialnet de la Universidad de La Rioja. Allí afirman: “podemos concluir diciendo que esta polémica Literatura Infantil engloba varios apartados: La literatura creada por un autor específicamente para los niños. La literatura creada por un autor, no pensada en principio para los niños, pero que éstos han hecho suya. La literatura anónima procedente del folklore popular. La literatura creada por los propios niños”.
Consultar el artículo original, en la web de la aufop, pulsando aquí
Profe 10. Reinventar la profesión docente. Texto íntegro de las ponencias invitadas
La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, versiones impresa y electrónica, en PSICODOC
Realizada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en colaboración con la Biblioteca de la Universidad Complutense, PSICODOC es la base de datos bibliográficos de Psicología más importante de España, teniendo una fuerte proyección internacional, especialmente en toda la Región Iberoamericana. Ofrece enlace directo a un buen número de revistas científicas de su sector y tiene, por otra parte, más de 45.000 referencias bibliográficas con resúmenes en español y en inglés. La cobertura cronológica abarca desde el año 1975 hasta la actualidad.
José Contreras Domingo "Ser y saber ser en la formación didáctica del profesorado: una visión personal"

Publicado en la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 68 (24,2) Agosto 2010, 61-81.
El sentido de la formación
En un texto dedicado a la lectura como experiencia formativa, dice Jorge Larrosa que la formación supone “cancelar la frontera entre lo que sabemos y lo que somos”. Encuentro espléndida y certera esta expresión, porque señala una dimensión fundamental de la formación a la que no solemos prestar suficiente atención y que yo querría tomar como preocupación central en este artículo. Pero antes de ello citaré más extensamente el texto en el que el autor expone esta idea:
“Pensar la lectura como formación implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector: no sólo con lo que el lector sabe sino con lo que es. Se trata de pensar la lectura como algo que nos forma (o nos de-forma o nos trans-forma), como algo que nos constituye o nos pone en cuestión en aquello que somos… Si leemos para adquirir conocimientos, después de la lectura sabemos algo que antes no sabíamos, tenemos algo que antes no teníamos, pero nosotros somos los mismos que antes, nada nos ha modificado. Y esto no tiene que ver con lo que sea el conocimiento, sino con el modo como nosotros lo definimos. El conocimiento moderno, el de la ciencia y la tecnología, se caracteriza justamente por su separación del sujeto cognoscente. Pero eso es también algo históricamente contingente.… Para que la lectura se resuelva en formación es necesario que haya una relación íntima entre el texto y la subjetividad. Y esa relación podría pensarse como experiencia, aunque entendiendo experiencia de un modo particular. La experiencia sería lo que nos pasa. No lo que pasa, sino lo que nos pasa. Nosotros vivimos en un mundo en que pasan muchas cosas… Pero, al mismo tiempo, casi nada nos pasa… Sabemos muchas cosas, pero nosotros mismos no cambiamos con lo que sabemos. Esto sería una relación con el conocimiento que no es experiencia puesto que no se resuelve en la formación o la trans-formación de lo que somos… Estamos informados, pero nada nos con-mueve en lo íntimo. Pensar la lectura como formación supone cancelar esa frontera entre lo que sabemos y lo que somos, entre lo que pasa (y que podemos conocer) y lo que nos pasa (como algo a lo que debemos atribuir un sentido en relación a nosotros mismos)” (Larrosa, 1996).
Aunque Larrosa está hablando de la lectura, sin embargo, no es difícil apreciar que lo que expone puede ser tomado como una llamada de atención para pensarnos la formación del profesorado, en relación a diferentes aspectos fundamentales de la misma. Un primer aspecto tiene que ver con la relación entre el saber que ofrecemos en la formación del profesorado y el ser docente. Lo cual nos remite a consideraciones acerca de la naturaleza de los saberes para la formación, pero también a si estos saberes permiten, más allá de su comprensión y adquisición, vivir una experiencia de transformación. La cuestión es especialmente relevante porque pone en duda, como señala el propio autor, justo la característica dominante del conocimiento académico: su separación del sujeto. Efectivamente, en la actualidad, la noción de conocimiento tiene que ver con aquellos conjuntos de ideas acuñadas, objetivadas, impersonales, que circulan como objetos; ideas que se poseen, que se usan para hacer cosas con ellas. Podríamos decir que “la sociedad del conocimiento” no es sino el extremo capitalista (el conocimiento como mercancía) de un principio que ya estaba latente con anterioridad: el conocimiento como objetos que se poseen. Sin embargo, el saber que necesitamos para vivir (y para vivir-nos como docentes) es aquel que está unido a nosotros, que nos constituye, que hace cuerpo con nosotros, que tenemos in-corporado. Un saber que no procede de una simple apropiación de esos saberes externos, que se han constituido a partir de la separación del sujeto y de la experiencia de vida, sino un saber que se ha labrado, que ha cobrado forma, ligado al vivir y a alguien que vive.
Un segundo aspecto que está implícito en la pretensión de cancelar la frontera entre lo que sabemos y lo que somos tiene que ver con la posibilidad de que la formación del profesorado puede llegar a constituir una experiencia, en el sentido que le atribuye a este término Larrosa: lo que nos pasa (Larrosa, 2009). Esto es, algo que nos afecta, que nos implica subjetivamente, que nos transforma. Así, si antes nos planteábamos si los saberes de la formación pueden ser transformadores, o bien qué saberes necesitamos que puedan serlo, ahora se nos abre la pregunta acerca de si realmente puede producirse una relación íntima entre la formación y la subjetividad; si es posible hacer de las oportunidades de formación una experiencia. Porque es precisamente el que sea una experiencia lo que la hace formativa. Que sea una experiencia es lo que abre la oportunidad a otras formas de saber y a otras formas de relación con el saber; como también abre la oportunidad a un pensar-se, a otras formas de relación consigo, como fuente en sí de saber y de ser. Yesto tanto en mis estudiantes como en mí mismo.
El oficio docente: una visión personal
Esto es algo que en gran parte he aprendido de la experiencia, como también lo he aprendido de aquellas otras miradas que sobre la misma me han precedido y me han ayudado a pensar en la relación entre experiencia y saber, haciendo de ello no sólo una teoría (esto es, una manera de mirar a la realidad, de verla y entenderla), sino una disposición personal para estar atento a lo que vivo y a hacer algo con ello (1). Porque al fin y al cabo, aquello que soy, un docente, es justo lo que trato de ayudarles a entender a mis estudiantes: de qué va este oficio, qué hay en juego en él, cómo encaminarse hacia el mismo, a partir de lo que son, de quienes son, de lo que ya poseen, pero yendo también más allá, abriendo otras miradas, conociendo otras experiencias, explorando otras posibilidades, proyectando sus deseos. ¿Qué de lo que soy como profesor me ayuda en mi trabajo de enseñar a ser docente?
Por eso me gustaría poder decir algo desde mi experiencia, esto es, de lo que me pasa con lo que hago, y de lo que me ha dado que pensar todo ello; de lo que he podido entender sobre este oficio desde lo vivido, y desde lo hecho cuerpo en mí (2). Pero decir algo desde mi experiencia no es exactamente lo mismo que decir algo de ella; no es tanto hablar de mí, como intentar expresar algo de lo que voy entendiendo acerca de este oficio, lo que voy vislumbrando del sentido de la formación del profesorado, de sus posibilidades, de sus limitaciones, de sus paradojas y de sus contradicciones, mientras tanteo caminos, modos de hacer que intentan seguir las pistas de lo que intuyo y no siempre consigo atrapar. Porque es así como entiendo la naturaleza de la práctica pedagógica: como la búsqueda de algo sutil, que se te escapa, que nunca está resuelto a priori, que sólo existe en relación a quienes tienes delante, y que por lo tanto nunca depende sólo de ti, pero te implica en concreto a ti, en tu modo de estar ahí, en esa relación. Yprecisamente por ser algo que nunca está resuelto a priori, hay que preguntarse siempre, de nuevo, cada vez, si era eso lo que había que hacer (Van Manen, 2003, 162; 2004).
No descubro nada nuevo si digo que el oficio docente se hace con uno mismo, con lo que uno es y lleva incorporado. Al enseñar, uno se expone, se enseña; no sólo enseña un saber, sino la propia relación con el saber; no sólo está allí, entre estudiantes, sino que es ante todo presencia. Yesto es lo que primero perciben alumnos y alumnas: la presencia (o la ausencia), el modo de ser alguien que se muestra (o no) y entabla (o no) una relación, tanto con el propio alumnado, como con lo que pretende enseñar, o compartir, o estimular e impulsar en esa relación personal. Hacerse docente tiene por tanto mucho que ver con elaborar esa presencia: pensar los modos en que establecemos las relaciones; indagar en lo que tenemos como propio y cómo eso es lo que está vivo y activo, no ya como un recurso acuñado, sino como un modo propio de vivir las situaciones educativas, aquellas que nos permiten estar de verdad; descubrir lo que tenemos que hacer consciente, visible para nosotros mismos, de nuestros modos de ser y estar, para ver si es eso lo que requiere nuestra acción educativa.
El núcleo esencial de la formación del profesorado no queda suficientemente resuelto, por tanto, con la preocupación por la transmisión disciplinar, porque lo fundamental de la enseñanza (lo que está en la base, sosteniéndolo todo) somos nosotros mismos: quienes somos y lo que desde ahí ponemos en juego. La enseñanza, lo que de verdad ocurre y se dirime en ella, trasciende el enseñar, lo que responde a objetivos, métodos, estrategias y planificaciones. La sustancia primera de la práctica docente, aquello primero que hace posible todo lo demás, lo que sostiene el sentido de lo que oficialmente aquella pretende (esto es, el encuentro personal, la relación, el modo en que miramos a nuestros estudiantes, la forma de mantener una conversación, la atención a quienes tenemos a nuestro cargo, la manera en que surge y se desarrolla una propuesta en el aula, el modo en que enfrentamos las vicisitudes, etc.) depende de una disposición personal, de una formación y una “cultura personal”, en el sentido en el que lo ha explicado Georges Jean (1982). Y esto no se puede impostar, sino que tiene que ser verdad sentida por uno, y no simplemente una buena idea. No es suficiente con saber “sobre” la docencia. Tal y como lo ha expresado Max Van Manen,
“La pedagogía no es la teoría que tenemos sobre la docencia ni su aplicación… Una persona puede tomar como base las teorías de la educación y, aun así, no ser un buen educador. El significado o la esencia de la pedagogía no reside en la teoría, pero la pedagogía tampoco se ubica en la aplicación de la teoría. Uno puede ser un experto en traducir las teorías del aprendizaje en programas curriculares específicos, pero es dudoso que ningún currículo o aplicación de la teoría del aprendizaje pueda dar respuesta al modo en que un determinado niño o grupo de niños puede y debe aprender algo específico… La pedagogía no es algo que pueda ser «tenido» o «poseído», en el sentido en que podemos decir que una persona «tiene» o «posee» un conjunto de habilidades específicas o competencias de actuación, sino que la pedagogía es algo que un padre o un profesor debe continuamente cumplir, recuperar, recobrar, volver a capturar, en el sentido de recordar. Cada situación en la que actúo educativamente con niños requiere que yo sea sensible de un modo continuo y reflexivo a aquello que me autoriza en tanto que profesor o padre. Justamente porque la pedagogía es, en un sentido último o definitivo, insondable, plantea una invitación incansable a la actividad creativa de la reflexión pedagógica que hace salir a la luz el significado profundo de la pedagogía” (Van Manen, 2003, 160, 164-165).
Y es esta necesidad de la actividad creativa de la reflexión pedagógica de la que nos habla Van Manen la que se nos convierte en una de las dimensiones cruciales de la formación del profesorado. Por esta razón, pienso que nos conduce en direcciones distintas proponerse en la formación enseñar un saber, o enseñar con un saber. Estimular la actividad creativa de la reflexión pedagógica está más allá de lo que los conocimientos disponibles pueden comunicar, y tiene que ver más con las situaciones que podamos crear en las que introducirnos en el misterio inasible y sutil de lo pedagógico. Pero si nuestra tarea en la formación del profesorado la entendemos como la transmisión del conocimiento sobre la docencia, hay un salto en el vacío entre lo que este conocimiento pueda proponer y lo que un docente necesita vivir y sentir, lo que tiene que plantearse y proponerse, lo que tiene que hacer consigo.
Formarse como docentes es necesariamente hacer algo consigo mismo. El curso pasado, uno de mis estudiantes, reflexionando acerca de lo que íbamos haciendo en las clases y lo que él iba descubriendo con ello, lo formuló de un modo sutil y sugerente: “Antes, mi principal preocupación era yo como alumno y el objeto de estudio eran los niños. Ahora, mi preocupación son los niños y el objeto de estudio soy yo”. Efectivamente, lo que propone es que más que determinar a los niños en lo que son y pueden ser, o en lo que hay que obtener de ellos, de lo que se trata es de mirarlos, conseguir ver, y estudiar-nos, atender a la relación que establecemos con nuestros alumnos, y en general con las situaciones en las que estamos inmersos. Este cambio de posición acerca de en qué consiste formarse como docente refleja una transformación que va desde una visión de la enseñanza como “hacerle algo al otro para obtener algo de él”, a otra que se plantea “estar atentos al modo como entramos en relación y lo que ponemos en medio en la relación con nuestros alumnos”. Y lo que ponemos en medio incluye tanto un modo de relación, como una conversación, una propuesta de actividad, una pregunta, un saber, etc.
El saber (con el) que enseñamos
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NOTAS
(1) Entre los antecedentes más significativos que me han ayudado a pensar la noción de experiencia y la relación entre experiencia y saber se encuentran Diótima (2002), Gadamer (1977), Jedlowski (2008), Skliar y Larrosa (2009), Van Manen (2003), Zambrano (1989; 2000). Puede consultarse Contreras y Pérez de Lara (en prensa).
(2) En diversas ocasiones he tanteado este camino de expresar las preocupaciones y prácticas de la formación del profesorado a partir de mi experiencia. Véase Contreras (2003; 2006; 2008). Una versión reducida de Contreras (2008), en Contreras (en prensa).
Ser y saber en la formación didáctica del profesorado: una visión personal
José Contreras Domingo
RESUMEN
La formación supone cancelar la frontera entre lo que sabemos y lo que somos. Y es la relación experiencia-saber (frente a la tradicional de teoría-práctica) la necesaria en el quehacer educativo. La noción de experiencia es entendida como lo que nos pasa y nos mueve a pensar el sentido de lo educativo. La idea de saber es entendida como el fruto de la experiencia, que tiene siempre un fuerte componente personal. En el texto se desarrollan estas ideas y se plantean modos de abordar en la formación docente este proceso de construcción de la relación personal entre experiencia y saber.
PALABRAS CLAVE: Experiencia, Saber, Formación, Didáctica, Subjetividad.
Being and knowing in teachers’ didactics education: a personal point of view
ABSTRACT
Education means to bridge the gap between what we know and what we are. And the relationship between experience and knowledge (in contrast to the traditional relationship between theory and practice) is necessary and important in education. The notion of experience is understood as what happens to us and leads us to think about the meaning of education. The idea of knowledge is understood as the result of experience, which always has a strong personal component. These ideas are discussed in the paper, and ways of tackling this process of building a personal relationship between experience and knowledge in teacher education are offered.
KEYWORDS: Experience, Knowledge, Education, Didactics, Subjectivity.
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