Número 82 (29.1) de la rifop. Abril 2015. El paisaje amenazante de la producción de conocimiento científico en educación bajo el capitalismo cognitivo







Publicamos en este post un e-print (post-print, versión de la autora) del artículo titulado "El paisaje amenazante de la producción de conocimiento científico en educación bajo el capitalismo cognitivo", cuya autoría corresponde a Mar Rodríguez Romero (Universidade da Coruña).

Este artículo se publicará (tras una corrección final de pruebas, único trámite pendiente antes de su envío definitivo a imprenta) en el número 82 (29.1) abril 2015 de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP), formando parte de una monografía que lleva por título "Investigar para acompañar el cambio educativo y social. El papel de la universidad", que tiene su origen en el congreso organizado por la AUFOP y la Universidad de Cantabria que, bajo ese mismo título, se celebró en noviembre de 2014 en Santander.

El citado número monográfico ha sido coordinado por Adelina Calvo Salvador, Carlos Rodríguez-Hoyos e Ignacio Haya Salmón (Universidad de Cantabria).


El paisaje amenazante de la producción de conocimiento científico en educación bajo el capitalismo cognitivo

The Threatening Landscape of the Production of Scientific Knowledge in Education under Cognitive Capitalism 

(Mar Rodríguez Romero. Universidade da Coruña)


Resumen: El artículo analiza la tendencia hacia la mercantilización de la ciencia en la investigación en educación, mostrando su relación con las reformas educativas neoliberales y con las pretensiones absolutistas de la investigación “oficial”. El capitalismo cognitivo ampara las ansias del Estado por controlar la investigación en educación y la avaricia de las empresas del conocimiento. Espolea cambios restrictivos que desprecian formas bien asentadas de investigar, especialmente aquellas que hacen uso de metodologías cualitativas y silencian formas alternativas de ver el mundo y la educación, alejadas de los cánones positivistas y de las nuevas ideologías del capital humano.

Palabras clave: conocimiento científico, investigación en educación, reformas educativas, neoliberalismo, capitalismo cognitivo

Abstract: The paper analyses the trend towards the commodification of science in educational research, revealing the links with neoliberal educational reforms and absolutist aims of “official” research. Cognitive capitalism increases the State´s eagerness to control educational research and the greed of knowledge enterprises. It encourages restrictive changes that disregard established research methodologies, such as those that employ qualitative approaches and silence alternative ways of seeing the world and education, very different from positivist canons and the new ideologies of human capital.

Keywords: scientific knowledge, educational research, educational reforms, neoliberalism, cognitive capitalism

1.     El conocimiento entendido como la construcción de sistemas de orientación contingentes.
El conocimiento es el patrimonio más preciado de cualquier ser humano. Cuando una persona muere se extingue toda una biblioteca de experiencias y de imaginaciones. Una vida interior irreemplazable que hace que cada persona sea única y preciosa (WILSON, 2012, 251). Entonces el conocimiento es una pertenencia y, a la vez, una producción de cualquier ser humano. Esto puede sonar simple pero es reivindicativo, porque alude a la legitimidad de cualquier forma de conocimiento. Y supone reconocer que la elaboración de la cultura solo es posible gracias a la vasta cantidad de sueños y recuerdos de experiencias de toda una vida que almacenamos individualmente y que usamos para crear situaciones hipotéticas pasadas y futuras y, también, para sobreponernos a las adversidades del presente. Este bagaje cognitivo y afectivo es vital, no solo para cada persona, sino para la parte de la humanidad con la que lo compartimos.
El conocimiento puede visualizarse como un puente que construimos los seres humanos para unir la realidad, lo que percibimos, con la verdad, el sentido que le otorgamos. La acción de dar sentido a lo que percibimos es tan pronunciada entre los humanos que se ha configurado como un gesto clave de nuestra especie. La otra gran seña de identidad de la condición humana es la sociabilidad. Ambas han hecho que seamos la especie más exitosa en términos de supervivencia en el planeta Tierra, pero al mismo tiempo que nos hayamos convertido, en la amenaza más peligrosa para su existencia. Sociabilidad y “significatividad”, si se me permite la palabra, están íntimamente unidas.
El conocimiento nos proporciona sistemas de orientación en el mundo (ELIAS, 1994) que construimos, movilizados por la búsqueda de la felicidad. Entendida ésta, desde el punto de vista de la especie, como el mantenimiento de la supervivencia (HABERMAS, 1982). La búsqueda de esta felicidad está guiada por intereses cognitivos, es decir, formas de racionalizar el mundo que construyen sistemas de orientación contingentes que modelan tanto nuestras subjetividades como nuestras relaciones sociales (HABERMAS, 1982). Si son contingentes, no son independientes de las condiciones en que son producidos o creados ni de las personas que los producen. Lo que significa, que hemos construido unos sistemas de orientación pero podríamos haber construido otros. ¿Incluida la ciencia?

2.     La constitución del conocimiento científico, la investigación en educación y las reformas educativas neoliberales
La ciencia se nos ha presentado desde sus orígenes como la culminación del conocimiento humano. Al controlar su modo de producción, mediante procedimientos sistemáticos de análisis de la realidad, es decir, investigando, se nos ha asegurado que produce VERDAD. Y así se nos ha presentado como un sistema de orientación superior a los otros o, con otras palabras, como no contingente sino necesario. Esta supremacía cognitiva ha modelado distintivamente la percepción acerca de otras formas de conocer y de los grupos sociales o culturales que las producían y producen. Y también ha modelado nuestra percepción del mundo.
El heliocentrismo, en plena Edad Media, produjo un cambio de Era en occidente que influyó en todo el planeta. Como personas del siglo XXI puede parecernos un alivio pasar de creer que el mundo era plano, y se acababa en una gran catarata que se precipitaba al vacío, a tener constancia de la esferidad del mismo. Pero las personas que descubrieron y difundieron este nuevo sistema de orientación en el mundo sabían que tendría consecuencias dramáticas: costó la vida a Giordano Bruno por no renegar de este saber y trajo la humillación para Galileo por aceptar hacerlo. El heliocentrismo preparó a occidente para el reinado de la razón frente a la fe, inauguró la Era de la ciencia y legitimó y asentó las conquistas de otros mundos y el dramático proceso de colonización, que ya había tenido en el “descubrimiento de América” uno de sus hitos más importantes. Al mismo tiempo, cambió nuestra percepción del mundo; por ejemplo, con la parcelación geométrica del espacio geográfico usando paralelos y meridianos se impuso, a escala universal, una estructuración espacio-temporal específica, hecha a la medida de Occidente.
Con la autoridad de la razón, la ciencia pasó a considerarse la forma de producción de conocimiento superior y a constituirse como legitimadora del orden social y de la constitución de identidades que producía. La ciencia nos había salvado del miedo a morir al llegar al borde de la tierra, precipitándonos en el vacío, pero a cambio produjo un régimen de verdad que excluyó, silenció y menospreció otras formas de construir conocimiento y, por tanto, la posibilidad de dar sentido a alternativas al orden que se instauraba. Este nuevo orden de cosas, guiado por la racionalidad instrumental, ponía el conocimiento del mundo al servicio del progreso, como un avance imparable hacia cotas cada vez mayores de producción y de dominación de la naturaleza y de los otros, los subalternos (SPIVAK, 2003). Y aquí incluimos a las mujeres, a las personas pobres, discapacitadas, no blancas, no heterosexuales y, en general, a todos los grupos sociales al margen del ideal del hombre blanco occidental.
Según Goya, el sueño de la razón, equiparándolo a la locura, produce monstruos pero han sido los sueños totalizadores de la razón y de la ciencia los que han creado monstruosidades como las dos grandes guerras, la bomba atómica, el daño ambiental irreparable y la destrucción de diversidad cultural. Ese lado oscuro de la ciencia ilustrada es producto de los efectos contradictorios de su propio éxito (HABERMAS, 1986 en YOUNG, 1989). Apoyando sistemas de gestión social cada vez más regulados y estandarizados a través de la medicina, la educación, la industria, la industria bélica o los medios de comunicación ha encorsetado nuestra vida cotidiana y ha reducido el horizonte de nuestra esfera vital, robándonos la esperanza. Además ha trazado una línea divisoria para organizar el mundo de un modo abismal (DE SOUSA SANTOS, 2010). Contribuyendo así activamente a invisibilizar las formas de conocer y existir del lado opuesto al modo de conocer occidental de la razón instrumental, masculina y supuestamente universal.
Enfrentada a estas evidencias y asediada por procesos de crítica externa muy intensos, la ciencia ha tenido que encarar sus propias debilidades. Nadie debería negar ahora mismo que las reglas que otorgan validez a la ciencia no proceden de una autoridad trascendente, sino que son construidas a través del consenso de los expertos y, por tanto, son una creación de la propia ciencia. Si su legitimidad es interna su estatus de superioridad frente a otras formas de conocimiento es cuestionable (LYOTARD, 1997). Haciendo pública esta debilidad intrínseca de la ciencia ilustrada o positivista se abrió la agenda de investigación a otras maneras de producir conocimiento científico y a otras formas de ver el mundo.
En el ámbito de las ciencias sociales y específicamente en educación, los 80 marcan el comienzo de lo que se ha calificado tradicionalmente como la guerra entre paradigmas. Este enfrentamiento produjo el debilitamiento de la investigación cuantitativa, expresión en nuestro campo de la ciencia convencional o ilustrada y compañera privilegiada del paradigma positivista. Incapaz de responder a las críticas de los teóricos interpretativos y críticos y las teóricas feministas, a la expansión de la etnografía y a la fuerza de los análisis que aplicaban al estudio de la escuela las relaciones de poder y el capital cultural, haciendo visibles a los pobres, a las mujeres, a las personas no blancas, no heterosexuales y discapacitadas (DENZIN, 2008). Durante este periodo de debilidad se produjo la expansión de la investigación cualitativa y, con ella, la aparición de escuelas de pensamiento o paradigmas que hicieron visibles otras formas de preguntarse acerca del mundo social y de orientarnos en él, específicamente vinculadas a los grupos sin poder. A la par se pusieron en marcha dispositivos para definir formas alternativas de legitimidad científica, coherentes con las formas cualitativas de investigar, alejadas de los cánones hegemónicos basados en la neutralidad, la objetividad, el determinismo, la causalidad lineal y la representatividad.
A partir de los 90 y a lo largo del siglo XXI se constata una abundancia de producciones científicas de orientación cualitativa de muy variado signo epistemológico. Paradigmas críticos, postestructuralistas, feministas postestructurales, teoría queer, estudios de performance y poscolonialistas y decolonialistas hacen uso de esta perspectiva metodológica, que estimula y ampara lo que Lather (2006) celebra como la proliferación de paradigmas: la convivencia de formas múltiples y heterogéneas de producir conocimiento científico. Al reivindicar la aplicación de epistemologías alternativas, como esta autora hace, se impulsa la diseminación de formas diversas de orientarnos en el mundo y se honra a los grupos sociales y culturales que las producen.
El auge de lo cualitativo llevó a afirmar, en un exceso de optimismo, que las ciencias sociales habían dado un giro evidente hacia formas de investigación y de producción teórica más interpretativas, postestructuralistas y críticas (GUBA Y LINCON, 2005).
Sin embargo, la ciencia convencional llevaba tiempo gestando su vuelta y lo hacía poco después del comienzo del siglo XXI. Con regulaciones específicas, las instancias gubernamentales empezaron a invadir el ámbito de los métodos de investigación (LATHER, 2004). Apoyándose en los métodos experimentales y en los más recientes métodos mixtos, han justificado esta preferencia metodológica invocando los requerimientos pedagógicos y evaluativos de reformas educativas neoliberales como No Child left Behind en EEUU y la National Literacy Strategy y la National Numeracy Strategy en tierras británica. Con este modo de proceder, el Estado ha puesto en marcha una política de doble regulación: controlaba y controla la reforma educativa y la investigación en educación buscando su convergencia. El pretexto que se alega para instituir esta doble transformación es asegurar el éxito de los resultados de las reformas educativas, buscando “lo que funciona en educación” a través de las evidencias científicas proporcionadas por la investigación canónica (BIESTA, 2007). Rebautizada para la ocasión con una denominación que no esconde el cariz hegemónico de esta iniciativa gubernamental: investigación basada en la ciencia o basada en evidencias.
Este regreso triunfal de lo experimental en investigación en educación se había ido fraguando justo a partir de la guerra entre paradigmas, a través de un aparato institucional preparado para apuntalar el resurgimiento del postpositivismo (DENZIN, 2008). Por tanto, no es una casualidad que esta maniobra coincida con el apogeo del neoliberalismo, el postpositivismo y las políticas públicas basadas en las auditorías y la rendición de cuentas puestas en marcha por gobiernos neoconservadores y neoliberales, incluidos los socialdemócratas; ayudadas también por la expansión de los estudios de comparación del rendimiento y de las competencias realizados por organismos internacionales.
En Europa, la incursión gubernamental en estos ámbitos empieza a producirse con la Estrategia de Lisboa, en el 2000. Comienza la coordinación de las políticas públicas entre los países europeos en materia de Universidad e investigación para implantar la Economía Basada en el Conocimiento. A partir de esta iniciativa es apreciable la existencia de un nexo emergente entre estrategias y discursos en diferentes campos políticos de la UE que busca construir uno o varios vínculos sólidos entre los sistemas económicos y no económicos para mejorar la competitividad (FAIRCLOUGH y WODAK, 2009). El intento de hacer viables estos vínculos sólidos responde, parcialmente, al esfuerzo por resolver ciertas contradicciones del postfordismo (JESSOP, 2004 en FAIRCLOUGH y WODAK, 2009). Las que atañen particularmente a la investigación y a la educación superior se refieren a la creciente dependencia de la competitividad económica de ciertos factores extraeconómicos, incluida la educación, y a la contradicción entre el cálculo económico a corto plazo y las dinámicas a largo plazo propias de ciertos recursos y capacidades como el conocimiento y el aprendizaje que necesitan años para producirse. En la UE hay una ofensiva oficial, tanto discursiva como estratégica, para reconstruir las narrativas de la identidad europea, asegurando y legitimando, por una parte, la estandarización e implementación de nuevas políticas para combatir el desempleo y garantizar la competitividad y, por la otra, un nuevo conjunto de valores provenientes de las políticas neoliberales que incluyen la esencialización tanto de la globalización como de la competitividad como hechos casi naturalmente dados (FAIRCLOUGH y WODAK, 2009). Al amparo de esta ideología, disposiciones recientes, como la Education & Treaning 2020, encapsulan la concepción de la educación, circunscribiéndola a los viejos conceptos de educación profesional y capacitación técnica, ahora, revestidos de una supuesta novedad apoyada en las tecnologías digitales y el espíritu emprendedor (NOVOA, 2013).

3.     El capitalismo cognitivo y el nuevo gobierno del conocimiento en educación
La economía basada en el conocimiento es el lema que se usa para espolear el paso del capitalismo informacional al capitalismo cognitivo. En este tipo de capitalismo, el motor de la producción de bienes es el conocimiento. Entendido como la creación de ideas, intangibles y bienes inmateriales que se concreta en productos como innovaciones, marcas, patentes, sistemas de organización, rutinas metodológicas, formas y métodos para resolver problemas y diseñar y gestionar procedimientos (RULLANI, 2004). Lo que se conoce como know how. Es el conocimiento con valor estratégico el que asegura la ventaja productiva. En este tipo de capitalismo, la propiedad intelectual tiene una dimensión estratégica a la altura de los postulados liberales clásicos de la seguridad y la propiedad privada y afecta a todos los sectores claves de todas las economías (RODRÍGUEZ y SÁNCHEZ, 2004, 18): “la alimentación y la salud por las patentes sobre la vida y sobre los fármacos; la educación por los procesos de privatización y por la vinculación de la investigación pública a las grandes compañías; el software y la red por las patentes sobre los métodos de programación y por la privatización de internet; los bienes culturales por la aplicación restrictiva y reactiva de los derechos de autor”.
Pero la producción inmaterial, estimulada por la capacidad de difusión de los medios digitales, plantea un grave problema para aquellos que quieren beneficiarse de ella: el control sobre su uso con fines comerciales. Este “fallo” se aborda de un modo bastante impositivo. Con la justificación de un uso racional del conocimiento, todo lo relacionado con la producción inmaterial de bienes de la sociedad se está regulando a través de disposiciones férreas sobre la propiedad intelectual (RULLANI, 2004). Así que, paradójicamente, la defensa de la creación intelectual viene acompañada de la modificación restrictiva de las leyes de propiedad intelectual, porque se blindan derechos de exclusividad sobre la producción y distribución de los bienes inmateriales (RODRÍGUEZ y SÁNCHEZ, 2004). Así, a través del ADPIC, Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio, que forman parte de los pactos que dan lugar a la Organización Mundial del Comercio (OMC,1994) lo que se hace es universalizar una manifestación extrema del derecho mercantil anglosajón (DE SOUSA SANTOS, 1999 en LANDER, 2005).
La producción científica se ve afectada de dos maneras radicales. Primera, financiando la investigación productiva, o sea, la que está encaminada hacia la creación de intangibles que tengan valor económico. Y, segunda, redefiniendo los derechos de propiedad intelectual para controlar el uso y difusión del conocimiento científico por parte de los patrocinadores de la investigación.
Este modo de actuar supone el abandono de la producción científica no productiva, por ejemplo, la de carácter especulativo y la imposición de métodos de investigación basados en evidencias, que aseguren la producción de conocimiento supuestamente estratégico. Esto implica una limitación considerable, porque la especulación está en el centro del proceso de análisis y de generación de conocimiento y recoge el papel clave de la curiosidad, la visión, la intuición y la imaginación. Precisamente el conocimiento que no procede de la experiencia y se basa en pensamientos divergentes es el que abre una nueva línea, una nueva perspectiva que moviliza el cambio (SOMEKH, 2007). Si la construcción social de las comunidades de investigación educativa ha estado ya dirigida hacia la conformidad, y no hacia la especulación transgresora, imaginemos cómo puede afectar a nuestro quehacer científico el dedicarse exclusivamente o preferentemente al conocimiento tecnológico (SOMEKH, 2007). Al restringir el conocimiento especulativo como parte de nuestras experiencias sobre la producción de conocimiento científico se reduce el ámbito de lo que nos permitimos investigar y se obstaculiza la posibilidad de cambio y de disidencia.
La restricción de los bienes intelectuales tiene como consecuencia que se nos impide gozar del valor añadido que supone el acceso ilimitado a la producción científica en términos de otras posibles creaciones científicas que pueden derivarse de ella o impidiendo que su socialización las incorpore al saber común dando lugar a nuevos usos y otras creaciones inmateriales (RODRÍGUEZ y SÁNCHEZ, 2004). Se merman, así, los recursos del dominio público y se restringe la materia prima para futuras innovaciones. Lo que se busca es someter la cooperación entre cerebros, de manera que se contribuye a la proletarización de una parte creciente de los trabajadores cognitivos (RODRÍGUEZ y SÁNCHEZ, 2004). También se produce una pérdida de dignidad profesional al exponer a los investigadores e investigadoras a prácticas no éticas o al borde de los límites éticos admitidos y socavar la independencia de su estatus académico (LANDER, 2005).
Estos intereses productivos también pueden observarse en la investigación educativa (BALL, 2009). No podemos ignorar el poder de las empresas de contenidos educativos, de las que gestionan las evaluaciones estandarizadas o la formación al profesorado de manera privada siguiendo las demandas gubernamentales: las edubusiness. Ni la influencia creciente que tienen en el sector educativo público fundaciones procedentes de bancos y grandes corporaciones variadas. De este modo se está configurando una nueva red de poder político en torno a la provisión de servicios educativos que con éxito nos empujan hacia la ideología del mercado libre (DUMAS y ANDERSON, 2014). Esta nueva gobernancia se extiende a través de Europa apoyada en los conocimientos transnacionales (BALL, 2010): un tipo de saber descontextualizado y aparentemente neutral que diseminan empresas, fundaciones y consorcios internacionales
Como Ball (2010) revela, se está creando un mercado ocupado en reformar el conocimiento y en gobernarlo de otro modo estimulado por las empresas del conocimiento, pero sobre todo promovido por el Estado que está empeñado en ensayar nuevos modos de regulación social diseminando narrativas sobre el conocimiento que introducen el mercado en los servicios públicos. Estas nuevas formas de regulación son genéricas, porque se aplican a cualquier forma de actividad organizativa y a cualquier forma de relación social y, por supuesto, están basadas en la racionalidad económica del mercado. Son también postpolíticas porque se presentan como productos del sentido común y no ideológicas, ni de derechas ni de izquierdas, ni estatales ni empresariales. En este escenario, los investigadores e investigadoras educativos, sobre todo los comprometidos con la complejidad, son privados de sus derechos o simplemente se les ignora. Esto perjudica a los académicos y académicas de todas clases y especialmente a los que no siguen las doctrinas oficiales, porque cada vez tienen más impedimentos para influir y manifestar su punto de vista sobre la reforma educativa (DUMAS y ANDERSON, 2014) .
Esta tendencia imparable hacia la mercantilización de la ciencia es más notoria en el campo de la medicina y la bioquímica desde donde se han importado diseños de investigación como el ensayo controlado aleatorio, que es el santo y seña metodológico de la investigación basada en la evidencia. Estos diseños de investigación implican planteamientos epistemológicos y metodológicos que denostan formas bien asentadas de investigar, como todas las que hacen uso de metodologías cualitativas y, con ellas, todas las epistemologías que las aplican para ampliar y complejizar nuestro conocimiento de la educación. Aplican postulados muy restrictivos para las ciencias sociales y, particularmente, para la investigación en educación y para la transformación genuina de la propia educación, porque limitan ambas al estrecho horizonte de ciertas metas prefijadas según agendas económicas y políticas vinculadas al capital (BALL, 2009).
Las nuevas entidades de conocimiento están especialmente interesadas en colonizar las fisuras abiertas en las organizaciones estatales por las críticas recibidas desde diversos sectores políticos, sociales y empresariales (BALL, 2010). Así, en la educación pública todo el discurso sobre su declive y sobre el fracaso escolar ofrece oportunidades privilegiadas para ensayar los, supuestamente nuevos, conocimientos prometidos por el sector privado. Del mismo modo, en la Universidad, las visiones populares que achacan al sector universitario inercia e irrelevancia son también terreno abonado para asentar su descalificación. La Universidad, tradicionalmente, ha contado con un espacio propio tanto para formar como para investigar que permitía que pudiéramos ir más allá de lo que pedían tanto estudiantes como sociedad (SOMEKH, 2007). Este margen de libertad hacía posible la diversidad y la versatilidad de pensamiento y la heterogenidad en la formación y en la investigación. La cultura de la mercantilización y del control obstaculizan este modo de actuar, deslegitiman la importancia de las formas no previstas, divergentes, transgresoras y disidentes de conocer, encorsetan la formación y la investigación para asegurar un éxito profesional y social imposible de predecir. Y, además, vienen acompañadas por nuevas formas de contratación y cambios en las condiciones de trabajo en la Universidad y en los Centros de Investigación que están limitando seriamente la erudición y la libertad de cátedra.
La interpretación «española» del capitalismo cognitivo se traduce en la precarización y en la reducción presupuestaria. La producción cognitiva está siendo sometida a una especie de asfixia que puede agotar las fuentes de cooperación intelectual (RODRÍGUEZ y SÁNCHEZ, 2004). Este proceso se observa en la creciente degradación del sistema educativo público, en el empobrecimiento y sometimiento de los nuevos trabajadores cognitivos -investigadores, docentes, programadores, creadores de todo tipo- y en la reducción de ciertas formas de renta básica como el sistema de becas a la enseñanza y la financiación de la investigación, que constituyen también formas de inversión en las fuentes de cooperación cognitiva y que actúan multiplicando los bienes inmateriales que luego aprovechan las empresas.

4.     La investigación basada en evidencias como un régimen de verdad
Con la colonización de la producción científica en educación por parte de la razón mercantilista se niega el valor del conocimiento científico complejo y del conocimiento disidente creado por la investigación independiente. La búsqueda “de lo que funciona en educación” es la justificación que se ofrece para impulsar el único modo de investigar que, según instancias oficiales y ciertas académicas, tiene legitimidad científica: la Investigación Basada en la Ciencia (SBR) mediante la aplicación de Ensayos Aleatorios Controlados (RANDOMISED CONTROL TRIAL; RCT). Desde un punto de vista epistemológico esto supone una vuelta a los principios de la racionalidad instrumental del positivismo clásico aderezados, esta vez, con el toque mercantilista del neoliberalismo actual.
Esta “resurrección” se produce sobre la base de una doble ignorancia. En primer lugar, se ignoran las debilidades intrínsecas, claramente fundamentadas, de este tipo de aproximaciones metodológicas y epistemológicas. Y, en segundo lugar, se olvidan los aciertos de las formas cualitativas de investigar, que han tenido un peso trascendental en la evolución de la investigación educativa (DENZIN, 2010). Es sorprendente que tras décadas de intensas y sofisticadas producciones desde la investigación cualitativa, ahora se descalifique como precientífico la mayoría del trabajo académico de la segunda mitad del siglo XX que es justo el espacio de investigación creado por los investigadores e investigadoras cualitativos, actuando como valedores de epistemologías alternativas (ST. PIERRE, 2006).
Si queremos aprender de la experiencia de otros, conviene escuchar el testimonio de académicas como St. Pierre (2006), profesora asociada de la Universidad de Georgia, que ha asistido a reuniones y foros de los grupos académicos que defienden la SBR en EEUU y, una vez perdida la ingenuidad inicial con la que se sorprendía ante los embates hegemónicos de estos grupos, se ha propuesto desvelar las maneras de hacer y de pensar de los adalides de esta clase de políticas del conocimiento, realizando un análisis genealógico. Desde su punto de vista, los olvidos de que hacen gala estos grupos ilustran una falta de conocimiento que no es inocente y una falta de sensibilidad intencionada hacia la violencia que emplean cuando anatemizan formas de investigación narrativas y producciones científicas procedentes del resto de las formaciones epistemológicas no canónicas.
Su estudio desvela el aparato jurídico, académico y político, así como los discursos y prácticas que produce, para instaurar el culto a la evidencia en investigación y definir lo que funciona en educación. De su trabajo puede concluirse que se está constituyendo un nuevo régimen de verdad que se sustenta en el absolutismo epistemológico del positivismo, las ansias de control y disciplina de la sociedad por parte de los gobiernos neoliberales y el beneficio económico que reportan las demandas estatales de evaluación, formación y gestión a las empresas privadas. Como Ball (2010) señalaba para el caso europeo, ella coincide en advertir, que se está creando una nueva industria de investigación sin vínculos con la Universidad que está implementando la clase de servicios que demanda el gobierno federal en EEUU. Parece claro que estas políticas de investigación se extienden desde Estados Unidos y Gran Bretaña por toda Europa.
Esta clase de “fraternidad científica” global resulta cuando menos grotesca porque reivindica la persecución de una ciencia supuestamente mejor, desentendiéndose o, mejor dicho, denigrando aportaciones de paradigmas alternativos. Esta actitud es una negación de principios fundamentales del propio desarrollo científico, puesto que las diversas culturas y paradigmas son expresiones de una empresa intelectual que las trasciende y cada una de ellas no es otra cosa que puntos de vista limitados social, histórica y estructuralmente (ODIFREDDI, 2007 en FORTUNATI, 2013).
Además, las reformas educativas que supuestamente se fundamentan en esta clase de investigación, se están implementando sin que existan pruebas sustanciales que justifiquen su pertinencia. Por el contrario, hay muestras de las consecuencias negativas que están produciendo en múltiples facetas: desmotivación del alumnado, desaliento y desempoderamiento del profesorado, desesperanza de las familias, etc. (DUMAS y ANDERSON, 2014).

5.     Conclusiones: Resistiendo la invisibilización de las formas narrativas de investigar en educación
Las ansias absolutistas en investigación educativa muestran la existencia de un déficit democrático (BIESTA, 2007). La pluralidad es un requisito imprescindible de la democracia aplicable también a la ciencia, por el papel que cumple ésta en la legitimación del orden social y de las prácticas simbólicas. Sin embargo hay una ofensiva absolutista evidente que, con estrategias de invisibilización similares a las aplicadas tradicionalmente desde Occidente a las epistemologías del Sur, intenta negar el valor científico de otras formas de investigar. De este modo, se está ampliando la frontera abismal (DE SOUSA SANTOS, 2010) para incluir en ella formas epistemológicas occidentales mediante tácticas de silenciamiento que amenazan territorios científicos hasta ahora a salvo.
 Este “nuevo” sistema de orientación en el mundo que está instaurándose sobre la base de la alianza entre reformas educativas neoliberales e Investigación Basada en la Evidencia es producto de un recrudecimiento de tendencias ya existentes que se están manifestando ahora de un modo voraz. Son impulsadas por la ambición de control y disciplinamiento del cuerpo social que tienen los gobiernos neoliberales, que se sirven de la reforma de la educación y del control de la investigación para expandir nuevas formas de regulación social organizadas en torno a la competitividad. Este sistema de orientación también se apoya en la codicia de los beneficios económicos que reportan a las empresas privadas las demandas estatales. Por tanto hay que cuestionar la promoción de unas reformas que no parecen ser las más apropiadas cuando pensamos en la mejora auténtica de la educación, ni en la contribución genuina de la investigación al cambio social y educativo.
Esta deriva absolutista que, más explícitamente en unos países que en otros, está marginando las formas narrativas y complejas de investigar y descartando, por protocientíficas, epistemologías bien asentadas que legitiman formas de orientarse en el mundo vinculadas a los grupos sin poder, nos obliga a preguntarnos por el sentido de la investigación que producimos y los modos de racionalidad que sostienen (HARDING, 1996).
El conocimiento que genera la investigación es una forma de conocimiento experto que inevitablemente participa en el proceso de construcción del mundo. Contribuyendo a su producción podemos colaborar, o no, con la formas dominantes de ver el mundo y la educación. También podemos contribuir a perpetuar, o no, los regímenes de verdad de nuestra propia comunidad de investigación. Reivindicar el espacio de la investigación compleja, disidente e indisciplinada, supone hacer honor al legado de las formas cualitativas de investigar que conciben la producción científica en educación como un proceso en sí mismo inacabado y cambiante, y cuyo valor reside en ofrecernos posibilidades inimaginables para producir contextos de investigación y educación no anticipados.

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Datos de contacto
Mª Mar Rodríguez Romero, Facultad de Ciencias de la Educación.  Universidad de La Coruña. Campus Elviña, 15071. mar.rromero@udc.es  




Número 82 (29.1) de la rifop. Abril 2015. El compromiso de la investigación social en la construcción de otra escuela posible








Publicamos en este post un e-print (post-print, versión de los autores) del artículo titulado "El compromiso de la investigación social en la construcción de otra escuela posible", cuya autoría corresponde Matías de Stéfano Barbero (CONICET - Universidad de Buenos Aires), Luis Puche Cabezas (Universidad Autónoma de Madrid) y José Ignacio Pichardo Galán (Universidad Complutense de Madrid).

Este artículo se publicará (tras una corrección final de pruebas, único trámite pendiente antes de su envío definitivo a imprenta) en el número 82 (29.1) abril 2015 de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado (RIFOP), formando parte de una monografía que lleva por título "Investigar para acompañar el cambio educativo y social. El papel de la universidad", que tiene su origen en el congreso organizado por la AUFOP y la Universidad de Cantabria que, bajo ese mismo título, se celebró en noviembre de 2014 en Santander.

El citado número monográfico ha sido coordinado por Adelina Calvo Salvador, Carlos Rodríguez-Hoyos e Ignacio Haya Salmón (Universidad de Cantabria).


El compromiso de la investigación social en la construcción de otra escuela posible

The commitment of social research to creating new school environments 

(Matías de Stéfano Barbero. CONICET - Universidad de Buenos Aires; Luis Puche Cabezas. Universidad Autónoma de Madrid; José Ignacio Pichardo Galán. Universidad Complutense de Madrid)


Resumen: Este artículo recoge una serie de experiencias y reflexiones en torno a la investigación Diversidad y convivencia en los centros educativos llevada a cabo desde la Universidad Complutense de Madrid en 2013 y centrada en el análisis de buenas prácticas educativas en atención a la diversidad. Nos interrogamos acerca de cómo la elección de la metodología, el formato en el que se elaboran los resultados y su posterior difusión son decisiones fundamentales para que una investigación académica desarrolle todo su potencial de cambio social. En nuestro caso, la vertiente aplicada de la investigación ha estado orientada a analizar y visibilizar en el contexto escolar la diversidad sexual y familiar, así como diferentes identidades de género, haciendo de ellas una oportunidad educativa para el cambio hacia otra escuela posible.

Palabras clave: Investigación educativa, Investigación aplicada, Homofobia, Educación afectivo-sexual, Atención a la diversidad

Abstract: This article describes and reflects on the study Diversity and Integration in Schools, conducted in 2013 by the Universidad Complutense de Madrid (Spain) and focused on the analysis of best educational practices on the matter. We consider how methodological choices and dissemination formats are important decisions to make in order to bring academic research to its full potential for social change. In this case, we opted for and applied an analysis focused on sexual and family diversity at schools, using these as the basis for an educational opportunity for change towards more inclusive schools.

Keywords: educational research, applied research, homophobia, sexual education, attention to diversity


Introducción
La investigación Diversidad y Convivencia en los centros educativos (1) (a partir de aquí DyC) nace con el objetivo de dar respuesta a una persistente omisión en la investigación educativa producida en el Estado Español en los últimos años, cuyos análisis y reflexiones sobre el acoso escolar no han tenido apenas en cuenta, en general, la homofobia y la transfobia (2) como fuentes de discriminación en los centros educativos (DEFENSOR DEL PUEBLO y UNICEF, 2000; AVILÉS, 2003; SERRANO e IBORRA, 2005; MERINO, 2008 y ORTEGA, 2010).  Este hecho ha contribuido a la invisibilización de esta realidad y, por consiguiente, a la no actuación frente a ella: no se lucha contra las discriminaciones que no se perciben porque no se tiene conciencia de su existencia.
Precisamente por ello, venimos realizando desde 2004 una serie de estudios sobre esta cuestión en los que la interdisciplinariedad de los equipos de investigación y la vocación aplicada han sido dos elementos centrales (3). Profesionales de la antropología, la docencia, la psicología y la pedagogía, hemos trabajado conjuntamente para abordar el análisis de la diversidad sexual y familiar y de las identidades de género en los contextos educativos desde la perspectiva de las ciencias sociales. Esta trayectoria de investigación, en la que DyC se destaca como el proyecto de más reciente elaboración (finalizado a principios de 2014), ha sido posible gracias al apoyo de las asociaciones LGBT y al voluntariado de las personas que hemos participado en ella debido al difícil contexto en el que nos encontramos para realizar investigación social en las universidades públicas, más aún cuando nuestros objetos de estudio están marcados políticamente de forma significativa. En este sentido, DyC adquiere un especial interés al realizarse 8 años después de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en España y en un nuevo contexto político en el que se ha eliminado de los planes de estudios la asignatura Educación para la Ciudadanía y en el que las agresiones homófobas constituyen el principal motivo de las denuncias de delitos de odio (4). El Estado, por su parte, no ha prestado la debida atención a la homofobia como fuente de burlas, insultos, amenazas, exclusión o violencia física en los centros educativos, ni en el terreno de las políticas públicas ni en el de la investigación (5). Y ello pese a que, como veremos, la homofobia y la transfobia son dos de los principales motivos de malestar y violencia en los centros escolares del Estado Español.
En este marco social y universitario, la colaboración entre docentes en activo, activistas y científicos sociales en nuestros equipos de investigación nos ha llevado a concebir la investigación como una herramienta no solo de producción de conocimiento sino también de transformación social. Este artículo quiere dar cuenta de esta dimensión aplicada y de las herramientas metodológicas y de difusión que la han hecho posible.
Nuestro estudio confirma los resultados ya apuntados por investigaciones anteriores (PICHARDO, 2009; INJUVE, 2011): pese a que el alumnado que presenta actitudes abiertamente homófobas constituye una minoría, sigue imponiendo su ley en buena parte de las aulas y centros educativos al tiempo que existe una percepción generalizada de inacción (del profesorado y del resto del alumnado) ante las discriminaciones homófobas. Si bien el objetivo de este texto no es profundizar en los resultados de la investigación, sí que consideramos necesario señalar que, de acuerdo con nuestros datos, los principales motivos de acoso escolar se engloban en dos ámbitos: el del aspecto físico (donde el acoso se centra en el sobrepeso, en no encajar en los patrones de belleza y en menor medida en la higiene y el vestido) y el de la puesta en cuestión del sistema sexo-género (donde el acoso se centra en las personas que son o parecen lesbianas, gays o bisexuales, en chicos que tienen actitudes y prácticas socialmente consideradas femeninas y en las chicas que “salen con muchos chicos”). Por tanto, el género y la sexualidad se encuentran entre los principales motivos de discriminación dentro de la comunidad educativa. Con respecto al profesorado, observamos que existe una relación directa entre formación en diversidad e intervención educativa: cuanta más formación se recibe para abordar la diversidad sexual y familiar en las aulas, mayor y más constante es la actuación ante casos de homofobia y transfobia. Si pensamos en las medidas que sería necesario tomar de cara a un cambio de actitudes en el ámbito escolar, comprobamos que resulta indispensable trabajar a favor de la diversidad y la convivencia tanto con el profesorado y el personal de administración y servicios, como con las familias y el alumnado. De hecho, la familia, en primer lugar, y el alumnado, en segundo lugar, son los dos colectivos a los que más recurren en busca de apoyo los chicos y chicas que sufren acoso escolar. Es significativo, por último, que menos de un 5% de los estudiantes recurra al profesorado cuando está siendo víctima de acoso, un dato para la reflexión de quienes nos dedicamos a la docencia.
En las siguientes páginas se expondrán, en un primer apartado, algunos aspectos metodológicos que han sido claves en esta investigación y, en un segundo apartado, las implicaciones a efectos de difusión e incidencia social que se derivan del tipo de investigación aplicada (e implicada) que desarrollamos.
La importancia de la reflexión metodológica: convertir la dificultad en virtud
DyC se ha asentado en un proceso colectivo de toma de decisiones e innovaciones metodológicas que nos ha llevado a diseñar una investigación mixta, de carácter aplicado, en la que los componentes cuantitativos y los cualitativos, así como los elementos visuales y textuales, están en permanente diálogo. La dimensión cuantitativa ha incluido la recogida, a nivel estatal, de 3.236 cuestionarios respondidos por alumnado de secundaria y de 250 cuestionarios de profesorado de todos los niveles educativos.
Desde el inicio quisimos que el foco de atención no solo estuviera en las actitudes de estudiantes adolescentes ante la diversidad sexual sino también en las percepciones y comportamientos de los niños y las niñas. Por ello, decidimos incluir al alumnado de los niveles de infantil y primaria como sujetos de nuestro estudio, lo cual supuso un verdadero desafío metodológico. Dado que no era posible administrar cuestionarios a niños y niñas de estas edades (menores de 12 años), optamos por técnicas cualitativas adaptadas a las particularidades de la infancia: realizamos sesiones de observación participante en aulas de educación infantil y primaria, para lo cual pusimos en marcha un programa de talleres sobre diversidad corporal, afectiva y familiar (47 talleres en total impartidos en 6 centros diferentes de Sevilla y Madrid) en el transcurso de los cuales registrábamos los comportamientos, discursos y actitudes espontáneas de niños y niñas ante las cuestiones que se iban planteando por medio de narraciones e imágenes (6). Junto al análisis del discurso y los comportamientos, prestamos atención también a la expresión plástica de los niños y niñas, que al final de cada taller tenían tiempo para dibujar a sus familias y dialogar a través de esos dibujos con el equipo investigador. Tratamos así de resolver las dificultades que conlleva la investigación con población infantil, que tienen que ver sobre todo con el proceso de comunicación entre quien investiga y quien es investigado: dificultades en el establecimiento de una relación de confianza y dificultades en la utilización de un código común que pueden ser abordadas de forma exitosa desde el juego y la plástica más que desde los métodos clásicos de investigación (cuestionarios, entrevistas y observación participante) (GONZÁLEZ, 2011). De este modo, la investigación se entrelazó desde el inicio con la formación, ya que los talleres que sirvieron al equipo como vehículo para acceder a los datos etnográficos, supusieron para el alumnado y el profesorado presente en el aula una oportunidad educativa en materia de diversidad.
Pero la dimensión cualitativa no se circunscribió al trabajo en infantil y primaria. Además del diseño y recogida de los cuestionarios entre alumnado de secundaria y profesorado, realizamos a lo largo del trabajo de campo una serie de entrevistas en profundidad grabadas en video (7) que han servido de materia prima para un documental sobre el que hablaremos más adelante.
Estas distintas opciones metodológicas se traducen en diferentes resultados y tienen características que a su vez ofrecen desiguales impactos en la sociedad. Por un lado, los resultados cuantitativos, traducidos en valores numéricos, porcentajes y gráficos, hacen la información más accesible y favorecen el impacto de la investigación en un amplio abanico de la sociedad. Tanto los medios de comunicación como las asociaciones civiles agradecen este tipo de formato porque facilita su tarea de acercar a la sociedad los resultados de la investigación social en un lenguaje fácilmente digerible. Por su parte, los datos cualitativos dan lugar a una necesaria contextualización de los discursos y prácticas que viven estudiantes y docentes, otorgando profundidad de matices y abordando la singularidad de sus experiencias cotidianas. Aunque los resultados cualitativos presentados al modo clásico (etnografía, informe de investigación) requieren a priori de un mayor esfuerzo lector para ser asimilados, las herramientas de registro audiovisual nos han ayudado a presentar las conclusiones de la investigación de manera más atractiva para el gran público 88). 
Más allá del diseño metodológico, el equipo tuvo que hacer frente a algunas limitaciones derivadas del contexto de precariedad material en el que se desarrolló la investigación y que supusieron nuevos desafíos a resolver. Al comenzar con el trabajo de campo, y utilizando la metodología de la “bola de nieve” para acceder a los y las informantes, desde el equipo de investigación observamos dos dificultades. Por una parte, y dados los escasos recursos económicos e institucionales con los que contábamos, la muestra no podía ser considerada representativa estadísticamente ya que no teníamos acceso aleatorio a cualquier centro educativo. Por otra parte, y relacionado con lo anterior, observamos un sesgo importante en la muestra, ya que quienes aceptaban participar en la investigación facilitando la difusión de los cuestionarios en sus centros, eran docentes que contaban con una sensibilización previa sobre la diversidad sexual y familiar. Lejos de desanimarnos, estas dificultades fueron traducidas en una oportunidad para redefinir el estudio hacia un análisis de las “buenas prácticas” que el profesorado en activo estaba desarrollando en sus aulas en torno a la diversidad. En esta línea, las sesiones de observación participante realizadas durante los citados talleres en infantil y primaria nos permitieron detectar que en las aulas en las que se venían trabajando estas cuestiones, el alumnado estaba sensibilizado en mayor medida y contaba con recursos discursivos y actitudinales que mejoraban significativamente el ambiente de convivencia.
Desde la perspectiva de la investigación aplicada e implicada que hemos adoptado, entendemos que el análisis de las “buenas prácticas” del profesorado al abordar la diversidad sexual, familiar y las identidades de género en su desempeño profesional, aporta información, experiencias y herramientas que favorecen nuevas estrategias para el cambio social. Por “buenas prácticas” entendemos aquellas prácticas pedagógicas y actitudes que una parte del profesorado (y en ocasiones también una parte del alumnado) está movilizando para combatir la desigualdad y las distintas discriminaciones que se producen en el entorno escolar, haciendo de ellas una oportunidad educativa. Se trata, en definitiva, de la puesta en marcha de resistencias e innovaciones creativas para la construcción de otra escuela posible, que no deje fuera a  las personas LGBT como habitualmente ocurre cuando se habla de “atención a la diversidad”.
Los resultados de DyC muestran que los principales motivos que esgrime el profesorado para no actuar frente al acoso por homofobia en los centros educativos son los siguientes: el no saber cómo hacerlo, el no sentirse con la seguridad suficiente para ello y el temor a la reacción del centro, de los equipos directivos, de las familias o del alumnado. Es por ello que la visibilización a través de la investigación social de las innovaciones que el profesorado ya está poniendo en marcha para abordar estas cuestiones en el aula y frenar la discriminación por homofobia y transfobia, puede servir para favorecer su difusión y replicación, actuando como generadora de nuevos referentes educativos. Lo veremos a continuación.

Los outputs de la investigación y la difusión de resultados
“La propia difusión académica de resultados -no digamos otro tipo de difusión- crea impacto social porque ofrece datos, razones y fundamenta la opinión” (SAN ROMÁN, 2006, 395). Al igual que Teresa San Román, partimos de la base de que toda investigación implica una transformación (mayor o menor) del objeto estudiado. De hecho, consideramos que es deseable que así sea siempre y cuando la investigación rigurosa contribuya a una transformación en positivo del clima escolar de acuerdo con los principios de equidad en la educación, respeto por las diferencias y aceptación de la diversidad. Por ello, tanto en el proceso de recogida de datos como en la producción de los resultados y su difusión, hemos tratado de poner en valor esta vertiente aplicada y hemos establecido diversas estrategias para producir un impacto social emancipador y concientizador tanto para el profesorado como para el alumnado y sus familias.
En primer lugar, y respetando las convenciones de la cultura académica, hemos realizado un informe técnico en formato tradicional, en el que se ofrecen los resultados completos de nuestro trabajo (9)Sabemos hoy que el impacto efectivo de los resultados de la investigación social se ve limitado al realizar su difusión a través de extensos informes donde abunda el lenguaje académico. Es por ello que, además del informe, decidimos realizar un resumen de los resultados a modo de infografía, de una extensión de 12 páginas, en el que se ponen de relieve los aspectos más destacables con un lenguaje accesible y haciendo uso de distintos dispositivos gráficos (10). Teniendo en cuenta la falta de tiempo disponible de la que adolece el profesorado en activo, esta estrategia nos parece especialmente eficaz de cara a una difusión amplia de los resultados (11).
Google España, que financió nuestra investigación, nos solicitó al inicio de la misma que produjéramos un video animado de un máximo de 3 minutos de duración a modo de exposición de los principales resultados del estudio, una exigencia que –como veremos más adelante– ha terminado por convertirse en una excelente herramienta de comunicación y en un recurso educativo. La colaboración con esta empresa en nuestro proyecto ha supuesto un reto que nos ha exigido utilizar otros medios y lenguajes diferentes a los que estamos acostumbrados en el mundo académico pero que, al mismo tiempo, nos ha posibilitado expandir los límites de la difusión de resultados.
Por otro lado, la impronta de la antropología social en nuestro equipo de investigación ha implicado un compromiso permanente con las experiencias y necesidades de las personas que han participado en el proyecto; de ahí que hayamos realzado el valor de lo cualitativo y su poder como herramienta para el cambio social a lo largo de todo el proceso investigador. En esta línea, hemos realizado también un video de 18 minutos de duración en el que docentes y estudiantes de Madrid, Andalucía y Canarias narran sus experiencias en primera persona en torno a la diversidad sexual y a la identidad de género tal y como son vividas en sus centros escolares.
Este video documental sobre “buenas prácticas”, significativamente titulado “Diversidad y convivencia: una oportunidad educativa”, pretende visibilizar algunas de las estrategias pedagógicas y actitudinales que el profesorado está llevando a cabo para educar en diversidad: trabajar utilizando la inclusividad y la no presunción de heterosexualidad del alumnado; generar espacios de reconocimiento de las diversidades -que el alumnado agradece, por sentir, quizás por primera vez en su vida, que cuenta con un referente adulto que lo reconoce y le da visibilidad-; abordar las cuestiones de diversidad sexual y familiar con naturalidad; aplicar la transversalidad, incorporando la diversidad sexual y de identidades de género a lo largo de todo el currículum de modo que su abordaje no se circunscriba únicamente a actividades específicas o a gabinetes en los que se trata la cuestión de forma aislada del resto de la comunidad educativa. Todo el profesorado entrevistado coincide en que las mejoras en la convivencia en el aula se aprecian casi instantáneamente y en que las temidas resistencias por parte del alumnado, las familias y el claustro son mínimas. Incluso hemos recogido casos en los que el profesorado afirma haber recibido refuerzos positivos explícitos, en forma de comentarios y cartas, por parte del alumnado y de las familias cuando han decidido hablar sobre estas formas de diversidad en el aula.
Desde la perspectiva de una investigación implicada con la transformación social, la producción de datos y materiales no debería constituir la última fase del proceso investigador. Nuestro equipo ha hecho especial énfasis en promover la difusión de esos resultados y del material audiovisual producido. Esta tarea de difusión la hemos realizado de diversas formas: por medio de la publicación de los resultados en un blog de acceso abierto, por medio de la difusión personal vía e-mail a todas las personas que han participado en ella de forma activa, y también a través de charlas, talleres y conferencias que hemos impartido a lo largo de cuatro meses en los propios centros escolares participantes y en asociaciones LGBT, centros universitarios (Universidad Complutense de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Universidad de La Rioja, Universidad de Cantabria, y en las universidades argentinas de Buenos Aires, Córdoba y Mar del Plata), cursos y centros de formación del profesorado, sindicatos y en congresos nacionales e internacionales, jornadas y seminarios sobre antropología y educación en España, Argentina, Uruguay, Italia... Esta intensa labor de difusión se ha fundamentado en una serie de principios que consideramos irrenunciables para el tipo de investigación social con orientación pública que practicamos:
1)    El deber ético de devolución.  El compromiso con la realidad que estudiamos  implica no solo analizarla con fines científicos sino acercar los resultados de la  investigación a la población que participó en ella y reconocer la ayuda prestada (DEL OLMO, 2010). En el caso específico de los centros escolares que han colaborado en nuestra investigación, la devolución la hemos llevado a cabo por medio de una serie de charlas en las que algunos miembros del equipo de investigación presentábamos los resultados a los y las docentes de dichos centros y a los grupos de estudiantes de ESO y Bachillerato que en su momento habían contestado al cuestionario (en Madrid y en distintos municipios de las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma). Para ello, se nos han cedido sesiones de tutoría con el alumnado y franjas horarias en las que todo el claustro estaba disponible (principalmente durante el tiempo del recreo) para presentar nuestras conclusiones al profesorado. En el caso específico del alumnado, esta devolución ha sido también una oportunidad para que accedan de primera mano a la lógica de la investigación social y al alcance que puede llegar a tener contestar a un cuestionario.
2)    La exigencia de traducción, adaptación y comprensibilidad. La presentación de los resultados ante distintas audiencias (estudiantes de ESO, activistas, docentes, investigadores) exige de manera significativa de una labor de adaptación del lenguaje en el que han sido formulados los resultados para hacer posible la adecuada comprensión de los mismos. El antropólogo Carlos Giménez se refiere a este ejercicio como un ejercicio de traducción encaminado a cumplir con “el reto crucial de la comunicación entre el/la antropólogo/a y los participantes en la experiencia; comunicación que debe ser lo más dialógica y efectiva posible” (GIMÉNEZ, 2012: 32). En nuestro caso, esto nos ha llevado a elaborar distintos formatos de presentación de resultados y a potenciar los elementos textuales o audiovisuales en función de cada audiencia y de los tiempos disponibles, con el objetivo último de que el proceso de difusión fuese también un proceso formativo, provechoso y transformador para las personas que participaban en él.
3)    La ruptura de la dicotomía investigación/aplicación. Como señalábamos más arriba, partimos de la base de que toda investigación lleva consigo algún tipo de aplicación y en lo posible conviene asegurarse de que sea una aplicación coherente con los objetivos de la investigación. Una de las formas más directas de aplicación con las que contamos como investigadores/as, y que además no requiere necesariamente de herramientas técnicas distintas a las que ya dominamos ni de formación específica, es la que tiene que ver con la difusión de nuestros resultados (ERIKSEN, 2006). Ocupándonos de ella en primera persona, facilitamos la correcta comprensión de nuestro trabajo por parte de las personas con las que hemos trabajado y podemos dejar el testigo a otras actrices y actores sociales para que desarrollen la intervención en sus respectivos campos de actuación (los docentes en sus actividades formativas, los y las estudiantes y las familias en su trato cotidiano con la diversidad). En este sentido, queremos destacar que un buen número de docentes (tanto de secundaria como de universidad) han afirmado que el material generado en la investigación, sobre todo los vídeos y la infografía, les resulta de utilidad para abordar la diversidad sexual y familiar en sus clases y que ha sido alentador conocer las experiencias de otros docentes recogidas por DyC para seguir adelante en la tarea de trabajar por el respeto a la diversidad en sus aulas. Es decir, que el material de investigación se ha convertido en un estímulo y en material didáctico en sí mismo.
4)    La labor de asesoría. Investigar sobre diversidad sexual, familiar e identidades de género en los centros escolares implica, en el contexto actual, convertirnos en depositarios de herramientas teóricas y orientaciones prácticas basadas en la evidencia que no son ampliamente conocidas, ni siquiera entre la comunidad educativa. Por ello, al difundir los resultados nos estamos situando automáticamente como asesores informales de las personas que nos escuchan, y hemos de estar preparados para ello. En la experiencia de DyC han sido varios los casos en los que se nos han acercado docentes para pedirnos consejo sobre situaciones concretas de gestión de la diversidad en el aula, o para demandarnos herramientas bibliográficas y didácticas para abordar el género y la sexualidad con sus estudiantes. Incluso un estudiante hizo uso de este “servicio” de asesoría informal y nos pidió orientación para afrontar un proceso de cambio de identidad y expresión de género en su propio centro educativo. En este punto, la potencialidad transformadora que conlleva toda investigación se materializa y adquiere pleno sentido.

Conclusión
La experiencia de investigación que aquí hemos desgranado muestra hasta qué punto la elección de una metodología de investigación y el formato en el que se elaboran los resultados no son tareas meramente académicas, del orden de la investigación, sino que son decisiones que afectan directamente al impacto que tendrán las investigaciones en las sociedades estudiadas (e incluso en otras). Podemos decir que ha sido sólo a través de la difusión de nuestra investigación que hemos llegado a la conclusión de que los materiales producto de ella han resultado ser considerados como material docente para trabajar la diversidad sexual y familiar y las identidades de género en los contextos educativos.
Así, consideramos que la tarea de difundir los resultados de investigación debe ser parte también del compromiso de la labor académica. Ésta, apoyándose en el activismo, puede contribuir a la transformación de la percepción de la diversidad sexual y familiar, haciendo de la investigación social una aliada en construir otra escuela posible junto con docentes, alumnado, familiares y autoridades. Confiamos entonces en que el presente artículo sirva también para dar una mayor visibilidad a los resultados de nuestro proyecto y que contribuya a la reflexión sobre las estrategias de investigación y difusión tanto en el mundo académico como en el de la educación y el activismo.
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(1) Esta investigación, coordinada desde el Departamento de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid, ha contado con un equipo multidisciplinar formado por José Ignacio Pichardo Galán (Investigador principal y coordinador),  Matías de Stéfano Barbero, Mercedes Sánchez Sainz,  Luis Puche Cabezas,  Belén Molinuevo Puras y Octavio Moreno Cabrera. El informe final de resultados de la investigación y los materiales audiovisuales producidos en el marco de este proyecto pueden consultarse en el blog de difusión que hemos creado al efecto: http://presentacionidyc.blogspot.com.

(2) Llamamos homofobia a la actitud hostil respecto a la homosexualidad y hacia las personas homosexuales, bisexuales, transexuales y transgénero construida socialmente para mantener el sistema sexo género. La homofobia se dirige contra quien se salte los roles de género y/o la heteronormatividad. La transfobia sería un tipo específico de homofobia que se centra en aquellas personas que rompen específicamente con las normas de género y se comportan o identifican con un género diferente al asignado socialmente en su nacimiento (PICHARDO, 2012).

(3) El primero de ellos fue “Homofobia en el sistema educativo” (GENERELO y PICHARDO, 2006), un estudio multidisciplinar realizado a partir de encuestas y observación participante en la Comunidad de Madrid, que contó con el apoyo de COGAM, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales de Madrid. A continuación vinieron otros estudios como “Adolescentes ante la diversidad sexual. Homofobia en los centros educativos” (PICHARDO, 2009) realizado en Coslada (Madrid) y Maspalomas (Gran Canaria), que tuvo el apoyo de la FELGTB, y otras investigaciones sobre adolescentes LGBT que, sin centrarse específicamente en el ámbito escolar, incluían también su situación en contextos educativos (GENERELO, PICHARDO y GALOFRÉ, 2008; GARCHITORENA, 2009; GENERELO, 2012). Por último, se ha publicado en 2013 un estudio específico sobre adolescentes transexuales en el ámbito educativo (MORENO y PUCHE, 2013).

(4) El País, 17/07/2014. Disponible en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/11/actualidad/1405071261_649617.html

(5) Solo en el año 2010, el Instituto de la Juventud encargó al CIS la primera investigación realizada con dinero público sobre la situación específica de los adolescentes y jóvenes LGBT. Tanto en la investigación cualitativa (Santoro, Gabriel y Conde, 2010) como en los resultados publicados del sondeo realizado con 1.411 entrevistas a jóvenes entre 15 y 29 años, se hace referencia a la educación como una de las preocupaciones más relevantes para este colectivo (INJUVE, 2011).

(6) Los talleres de infantil se basaban en el material de Familias de Colores, realizado por CCOO Enseñanza (http://www.ftpfe.ccoo.es/boletines/juv/FamiliasColores/#/1/) y en los talleres de primaria se utilizó también el cuento Todos se meten con Melmer (SÁNCHEZ, 2010).

(7) Se realizaron ocho entrevistas en distintos municipios de Sevilla, Cádiz y Madrid a docentes de infantil, primaria y secundaria, dos entrevistas a estudiantes de secundaria (una de ellas grupal) y una entrevista a una madre.

(8) Es significativo, en este sentido, el fuerte impacto que ha tenido la investigación en los medios de comunicación en España  (llegando incluso a aparecer reseñada en un diario en Argentina). Además, a día de la escritura de este texto, el video de presentación de resultados de la investigación cuenta con casi 20.000 reproducciones en Youtube (http://youtu.be/0dtbHwS94C0); el video documental con entrevistas al profesorado y sus experiencias abordando la diversidad sexual en los centros educativos, se acerca a las 10.000 reproducciones (http://youtu.be/mPxo-_cRtgg).

(9) Disponible en: http://goo.gl/n4U8Jp

(10) Disponible en: http://goo.gl/l3ny0m

(11) Este informe corto se utilizó, por ejemplo, para elaborar un artículo en la Revista Trabajadores de la Enseñanza, del sindicato Comisiones Obreras, con una tirada de 100.000 ejemplares.

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Datos de contacto

Matías de Stéfano Barbero (CONICET -Universidad de Buenos Aires). Correo electrónico: matiasdestefano@hotmail.com

Luis Puche Cabezas (Universidad Autónoma de Madrid). Correo electrónico: luis.puche@uam.es

José Ignacio Pichardo Galán (Universidad Complutense de Madrid). Correo electrónico: jipichardo@ucm.es