Convivencia, clima de aula y filosofía para niños


El Proyecto “Filosofía para Niños y Niñas” como herramienta educativa para favorecer un clima social de aula positivo 

Filosofía para Niños y Niñas –FpN– (LIPMAN, 1969) es un proyecto que implica la toma de decisiones con un alto grado de racionalidad reflexiva. Hoy, que tenemos abierto un debate importantísimo sobre el presente y el futuro de la enseñanza, estando en revisión las estructuras escolares, cuestionándonos la validez y el sentido de la Escuela, no está de más recordar, como apunta Echeita (1995), que cuando un profesor toma a su cargo un aula concreta, independientemente del nivel educativo y del área en el que se encuentre, tiene en sus manos decisiones que van a originar, probablemente, resultados educativos muy distintos. A veces, reconozcámoslo, las decisiones que se toman por parte del profesorado no siguen un mandato de racionalidad reflexiva sino que otras cuestiones pesan sobre esas decisiones (rutina, desconocimiento...). Cuando esto sucede, el resultado del proceso de interacción interpersonal en el aula es cualquier cosa menos un proceso educativo. Ahora bien, no sería justo cargar todas las tintas de este resultado en las decisiones del profesorado, porque éstas también están mediatizadas por el propio contexto socio-administrativo, relacional, político, laboral y hasta legal que rodea al entramado escolar.

FpN se presenta como una posibilidad, como un conjunto integrado de tareas para desarrollar acciones de cambio, ofertando a profesorado y alumnado el ejercicio de un trabajo potencialmente transformador. Se trata de un proyecto educativo encaminado a profundizar en los valores de una relación entre personas que se cuestionan por lo que sucede a su alrededor, respetándose, escuchándose y tomando la palabra, bases éstas de una relación democrática, y también para la creación de un clima social de aula positivo. Aula, entendida como oportunidad de elaboración de comunidades de investigación ética, social, de pensamiento comunitario, crítico, cuidadoso, reflexivo y solidario, donde se puede desarrollar un discurso contrahegemónico. Una oportunidad para ahondar en el conocimiento y las habilidades sociales que necesitamos para actuar en el conjunto de la sociedad con sentido crítico, bases para una acción transformadora. 

Como indica Freire (1986), “solamente el diálogo, que implica el pensar crítico, es capaz de generarlo. Sin él no hay comunicación y sin ésta no hay verdadera educación. Educación, que superando la contradicción educador-educando, se instaura como situación gnoseológica en que los sujetos inciden su acto cognoscente sobre el objeto cognoscible que los mediatiza… No existe educación sin sociedad humana y no existe hombre fuera de ella”.

La mejora del clima social por la que nosotros optamos entiende el aula como una microsociedad, ensayo activo de preparación óptima para la construcción de sociedades democráticas donde la relación humana nos sirva para ponernos en el lugar del otro, cuestionarnos sobre lo que nos sucede, construir un curriculum participativo para desarrollar el espíritu crítico, y reconocer al otro como un igual, planteando alternativas creativas en el desarrollo del proceso de enseñanza/aprendizaje.

La apuesta de FpN es la práctica dialógica y reflexiva que se intenta estimular en el aula para contribuir de forma relevante a desarrollar algunas dimensiones del pensamiento complejo (crítico, creativo y cuidadoso), complejidad que está también en la base de la mejora del clima social de aula. Bien es verdad que la atención que el proyecto presta a las destrezas cognitivas propias del pensamiento crítico es, tal vez, su aspecto más llamativo, reconocido e investigado. Aunque no debemos olvidar, como apuntan Aja, Olivares, Ortega, Pérez & Traver (2004), que no se trata de suscitar en la clase un “diálogo de besugos”, una “cháchara estéril y autocomplaciente”, sino que continuamente se solicita inquirir, argumentar, explicitar razones y criterios, descubrir supuestos o reflexionar sobre consecuencias futuras. 

La dimensión creativa de FpN no es menos relevante, como lo muestra la atención por integrar todas las ideas y perspectivas individuales, alentar el pensamiento propio, provocar situaciones de conflicto cognitivo. La auténtica clave de bóveda del proyecto es precisamente la tercera dimensión, el pensamiento cuidadoso (caring thinking), condición sin la cual no es posible la auténtica comunidad de investigación, que requiere mucho más que buenos modales, información e inteligencia, aunque también requiera todo esto. La condición que posibilita su ejercicio y su resultado más satisfactorio es el conjunto de predisposiciones afectivo-cognitivas propias de un auténtico diálogo: escuchar, ponerse en el lugar del otro, empatizar, ser sensible a la pluralidad de perspectivas, construir a partir de las ideas ajenas, etc. Es en la comunidad de investigación y en las tareas que se realizan en ella donde se concentran las dimensiones del pensamiento complejo que tratamos de desarrollar para la mejora del clima social de aula.

En FpN se leen colectivamente relatos sobre personajes que descubren cómo razonar más efectivamente y aplicar sus razonamientos a las situaciones de la vida cotidiana. Estas historias son discutidas y guiadas por docentes formados en el trabajo de hacer filosofía con sus alumnos, motivándose a participar en diálogos, escuchar, valorar las opiniones de los otros así como las propias, comprendiendo que sus contribuciones pueden ser tan valoradas y respetadas como las de sus pares. En  los relatos y narraciones encuentran aspectos problemáticos que examinan durante la discusión filosófica, deliberan entre sí y paulatinamente internalizan un proceso de indagación que conlleva el desarrollo de esta comunidad de investigación.

El proyecto FpN que Lipman impulsó podría considerarse también como un proyecto de enseñanza adaptativa (MIRAS, 1991) porque acepta la diversidad inherente a la naturaleza humana y cuya característica distintiva es la capacidad para adaptarse a las diversas necesidades de las personas que la protagonizan. Una de las claves del proyecto es que se aprende a participar, participando, a dialogar, dialogando y a pensar, pensando. Los niños no estudian filosofía, hacen filosofía. Sólo hace falta acercarles relatos y experiencias de vida que les sean cercanos y significativos. Para ello, el profesorado debe creer en las capacidades de su alumnado.

El Proyecto “Filosofía para Niño s” (FpN): un intento coherente para interrogarnos por lo que nos sucede y salir del atasco

Hacer que la permanencia en las aulas sea una experiencia atractiva para los estudiantes debe ser el reto de cualquier pedagogía que parta del dato de la obligatoriedad de la enseñanza, como ya hemos apuntado anteriormente. No es lo mismo que las aulas de secundaria sean visitadas por una élite –por numerosa que esta pudiera ser– a que lo sean por ley por toda la población perteneciente al grupo de edad 6-16 años, como ocurre hoy en día. La mayor parte del alumnado considera que cuanto la Escuela pretende enseñarles es algo que carece de relación con su vida. Si bien es verdad que algunos de entre ellos y ellas están más próximos a la lógica y a la cultura de la Escuela y les resulta más llevadera la experiencia escolar, como apunta Feito (2000).

La Educación así concebida es la práctica del pensamiento vivo, fundamentada en una concepción dinámica del conocimiento como un proceso de búsqueda de significados del que todos somos partícipes y que requiere del encuentro de las conciencias para saber del mundo y de nosotros mismos. Pero la educación requiere de una herramienta viva que es el diálogo. El diálogo es la vida de un sistema educativo, en el que cada mente puede encontrar a las demás en un ambiente de mutua confianza, respeto y atención que propicia el verdadero desarrollo de todos los participantes.

Peirce fue el primero en ofrecer el concepto de comunidad de investigación (community of investigators) en el contexto de sus reflexiones sobre la verdad y sobre la fijación de nuestras creencias. 

Como apunta García Moriyón (1987), Peirce pretende sugerir que: o La investigación científica sería destruida tanto por el dogmatismo como por el relativismo, por lo que es imprescindible preservar la confianza en que es posible la adquisición de un conocimiento verdadero.

- La anterior meta no es asequible a ningún individuo particular, sino que sólo es posible a lo largo de un proceso de autocorrección, llevado a cabo por una comunidad de investigadores que comparten ese compromiso con el descubrimiento de la verdad.

- El método empleado tiene que ser público, orientado a producir una creencia común que nos proporcione las razones para creer que podremos formular opiniones que estén de acuerdo con los hechos.

- El paso de la duda a la creencia, objetivo de la investigación, nunca es definitivo, pudiendo considerar cada etapa como un momento de descanso que nos permitirá continuar la indagación.

A juicio de De la Garza (2002), la racionalidad de la acción comunicativa consiste en extirpar las relaciones de fuerza establecidas en las estructuras de comunicación que impiden el establecimiento consciente de los conflictos y su regulación consensual por medio de la comunicación interpersonal. La  acción comunicativa ayuda a la renovación de la cultura, así como al logro de la solidaridad y al desarrollo de las identidades personales. 

Además, entender el proyecto FpN como una posibilidad real de mejora del clima social de aula, tal como se ha constatado en trabajos anteriores (ROMERO, 2005), obedece también al hecho de que establece una interacción directa entre alumnado y profesorado que les facilita el seguimiento del proceso desarrollado en el aula. Proceso de intervención diferenciado, coherente con lo que estamos poniendo de manifiesto: el desarrollo de la democracia participativa en el aula a través de aprender a pensar en comunidad de investigación. Una actividad mental autoestructurante para el establecimiento de relaciones humanas gratificantes. Para ello, es imprescindible que el alumnado tenga la oportunidad de expresar sus propias ideas y, a partir de ellas, potenciar las condiciones que les dispongan a revisarlas a fondo y ampliar las expresiones de esas ideas con otras nuevas, situándonos en condición de modificarlas si es preciso, al tiempo que buscamos nuevas alternativas. 

Para aprender es indispensable generar un clima, un ambiente adecuado. Este clima se constituye en un marco de relaciones en el que predominan la aceptación, la confianza, el respeto mutuo, la solidaridad, la sinceridad. Parece obvio que el aprendizaje se potencia cuando convergen estas condiciones que estimulan al trabajo y al esfuerzo compartido, creando un entorno seguro y ordenado que ofrezca en el aula la oportunidad de participar en la multiplicidad de interacciones que fomenten la cooperación y el trabajo en grupo.

Gonzalo Romero Izarra y Amparo Caballero González (2008)
. Convivencia, clima de aula y filosofía para niños.  Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 11 (3), 29-36  


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