A Pedro Pablo Berruezo, el amigo que nos dejó su vuelo, su impulso, su trayectoria
























«No importa que la flecha no alcance el blanco…
pues lo importante 
es el vuelo la trayectoria el impulso 
el tramo de aire recorrido en su ascenso 
la oscuridad que desaloja» 

José Emilio Pacheco 
Premio Cervantes 2009


Desde las alamedas del recuerdo

Dice el cantautor guatemalteco Ricardo Arjona, que «uno no está donde el cuerpo, sino donde más se extraña...». Así comenzaba su mensaje de despedida, desde la República Dominicana, Angie, una de las alumnas de Pedro Pablo Berruezo y Adelantado en el Postgrado en Psicomotricidad y Educación de la Universidad de Zaragoza; y a mi se me ocurre pensar que él permanecerá vivo en las alamedas de la memoria de sus alumnas y alumnos aragoneses, que lo recordarán siempre, simbolizado en las doce rosas rojas con que se hicieron presentes allá en Cartagena (Murcia), en el momento de los adioses.

En los últimos tiempos la muerte ha tenido una presencia tozuda en mi entorno cercano, en mi vida. En julio de 2007 murió Amalia, mí madre; cuatro meses después Ana, una segunda madre, la tía y maestra que me enseñó a leer cuando tenía tres años, y a quien debo mi pasión por la escritura. Y me agarré entonces a los versos de Tagore: «Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando». Al morir Pepe, mi padre, el 6 de abril de 2008, momento en que se cerraba de forma definitiva la página fundacional de mi vida, envié a mis amigos, incluido Pedro Pablo, un breve texto tomado de las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique:

«Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir…
Cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte tan callando...»

Aquel seis de abril de 2008 olía a tierra mojada y primavera en la llanura castellana, en uno de esos hermosos contrastes entre la vida y la muerte, en un día lleno de sol y de lluvia, de complejidad infinita.

Apenas un año después, el 22 de abril de 2009, la muerte de Pedro Pablo, el compañero, el amigo…, trajo de nuevo a mi mente los versos de Rabindranath Tagore y de Jorge Manrique, en otro atardecer primaveral de lujo, de nubes convectivas, de contraluces. Y recordé entonces uno de los más hermosos poemas de José Emilio Pacheco, nuestro Premio Cervantes 2009: La Flecha

«No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja...»

Creo que estos versos encierran una síntesis ajustada y certera del mundo de la vida y de la personalidad de Pedro Pablo. Murió siendo muy joven (49 años), tras un itinerario vital y profesional especialmente brillante; y luego se nos fue de repente, lleno de proyectos abiertos y de otros apenas iniciados o en ciernes, dejándonos como legado lo mejor de si mismo. Se me antoja identificar su vida y su mensaje con el vuelo de la flecha, con aquello que realmente importa: el impulso, la trayectoria, el tramo de aire recorrido en su ascenso, la oscuridad que desaloja…

Pedro Pablo fue, por otra parte, un hombre cercano, cariñoso, bueno, alegre, simpático. Siempre abierto al trabajo en equipo, a la convivencia y al diálogo. Un gran comunicador, capaz de transmitir el mensaje a través de diferentes lenguajes: los del cuerpo, los del corazón, los de la cabeza. Persona comprometida, estaba lleno de vida, de ideas, de proyectos. Maestro, educador, psicólogo, investigador, editor, profesor y gestor universitario, fue una gran persona y un profesional entusiasta. Viajero incansable. Políglota. Impulsor y valedor de la psicomotricidad en toda América y Europa. Profesor Ad Honorem de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República de Montevideo (Uruguay) y profesor titular de la Universidad de Murcia, sus trabajos de investigación estuvieron centrados en el mundo de la psicomotricidad, en la integración de las minorías con riesgo de exclusión y en la atención a la diversidad.

Este fue Pedro Pablo Berruezo y Adelantado, a quien yo sigo imaginando vivo, como en una de esas fantasías oníricas entrañables, como en una especie de espejismo amable y dulce ¿O es que no habéis observado, amigos y amigas lectores, que a veces acuden a nuestros sueños los seres queridos que ya se han ido, y que entonces se nos presentan vivos, a la vez que nos hablan, nos miran o nos sonríen? Hace tiempo me decía una amiga que quizá sea esa la eternidad, el lugar donde habitan los recuerdos de quienes son o han sido importantes en nuestras vidas, la vida que les damos quienes les recordamos.

Compartiendo palabras

Me gusta dar la palabra en clase a mis alumnas y alumnos. Lo saben bien quienes tienen contacto casi a diario conmigo, en Psicología de la Educación y Psicología del Desarrollo de primero de Magisterio.

Hace unos días tratábamos de descubrir el significado de la palabra resiliencia, y abrimos para ello un debate, que terminó siendo tan apasionante como provechoso. A nadie le sonaba este concepto, que a mi me parecía se les antojaba raro. Sus gestos y su mirada dejaban traslucir lo que sentían sus almas: ¡qué palabrita!, ¡otro neologismo más de los psicólogos!, ¡es que encriptan el lenguaje!, ¡podrían ser más llanos! Pero de repente, y con la timidez propia de quien no está segura de la pertinencia de su relato, Aída comenzó a contarnos la historia de su vida, y nos habló de aquella época en que trabajaba en la industria de los colchones, añadiendo con voz dudosa: en aquella fábrica se producía el modelo resilience; esa es la única referencia que tengo.

Me encanta asimilar y acomodar, conectar los puntos, retomar las experiencias del pasado y sacarles provecho en el presente, para proyectarlas después hacia el futuro, así que le pedí que describiera con detalle las características de este tipo de colchón; y después, que trasladase éstas al comportamiento humano. Ella misma, ayudada por el resto de la clase, terminó haciendo una excelente descripción del concepto de resiliencia, que, enraizado etimológicamente en el verbo latino resalire (saltar y volver a saltar, recomenzar), designa la capacidad para recuperar la forma inicial (como el acero), para resistir los golpes que la vida nos va dando.

Si he traído a colación este ejemplo concreto, es porque la resiliencia fue una de las características de la dinámica existencial de Pedro Pablo, que aguantó con entereza hasta el último golpe que le dio la vida.

Él continuó con todos sus proyectos abiertos hasta el final, y se enfrentó con valentía a una muerte anunciada escasos meses antes del desenlace. También, porque me sirve para introducir la parte final de este artículo, en el que, recreando un estilo docente comunicativo, daré la palabra a las alumnas y alumnos que tuvo Pedro Pablo en el Postgrado en Psicomotricidad y Educación de la Universidad de Zaragoza.

En él jugó Pedro Pablo un papel esencial desde el primer momento. Fue él quien lo inauguró, quien dio la primera clase, allá en los primeros días de noviembre del año 2002. Y en él mantuvo su presencia, año tras año, hasta el momento de su muerte, siempre como motor de arranque de cada una de sus ediciones. Ha sido recientemente, en los primeros días de noviembre de 2009, cuando el postgrado ha sentido por primera vez el hielo de su ausencia. Tras muchos años de presencia, Pedro Pablo faltó a la cita, de la que se hizo cargo Alfonso Lázaro. En un clima cargado de emoción, tuvimos la ocasión de recordarle, es decir, de hacerle presente de nuevo en nuestros corazones. Precisamente en eso consiste el recuerdo, un derivado etimológico del verbo latino recordare, que, compuesto del prefijo re (de nuevo) y cordare, de cor, cordis (corazón), se puede traducir literalmente como pasar de nuevo por el corazón a una persona, una experiencia, un pensamiento, un sentimiento… Decía Ortega y Gasset, en El espectador, que lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu…, y que con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos, esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón. O por el lago del corazón (per il lago di cuore), como diría Dante Alighieri, o quizá el propio Pedro Pablo, que tanto amaba el idioma del autor de La Divina Comedia.

Cuando el corazón se encoge. Reflejos

Abro el navegador y Pedro Pablo sigue ahí, inmortalizado en centenares de referencias a través del ciberespacio. Él, navegante del mundo, me reflejaba en algunos de sus postreros mensajes, antes de caer enfermo, sus últimas travesías: «Acabo de regresar de Asunción (Paraguay) y aproveché para hacer una escapada a las cataratas de Iguazú, del lado brasileño, de ese lugar que tú ya conoces, y que es una auténtica maravilla de la naturaleza (jueves, 18 de septiembre de 2008: 7:17)»; «Acabo de venir de allá, de Montevideo, y el congreso ha sido un verdadero éxito de público y de crítica. Publicaremos las conferencias en el número de febrero de la revista, y las comunicaciones en el de agosto» (martes, 2 de diciembre de 2008: 17:49)»; «La verdad es que algunos no somos capaces de parar quietos, y si no hay faena nos la buscamos (martes, 2 de diciembre de 2008: 20:13)». En febrero, ya enfermo, aún seguía en la brecha: «Nos complace informarle de que el primer número del año 2009 de la Revista Iberoamericana de Psicomotricidad y Técnicas Corporales está disponible en la red. Lo ponemos en su conocimiento por si quiere actualizar su suscripción para el presente año. Toda la información sobre el contenido del número publicado, sumario y resúmenes, está disponible en la web (www.iberospicomot.net). Un cordial saludo. Pedro Pablo Berruezo (Sábado, 14 de Febrero 2009: 13:53).

Tomaré también del ciberespacio unas notas que reflejen los pensares y sentires, al enterarse de la noticia de su muerte, de quienes fueron sus alumnas y alumnos en Zaragoza:

«Mis ojos están tan llenos de lágrimas que no me permiten mirar bien las letras que escribo, y mi corazón está «arrugado» por la tristeza tan grande que lo embarga por tan irrecuperable pérdida. Mis recuerdos se han ido a las IV Jornadas Aragonesas de Psicomotricidad, en el Colegio Gloria Fuertes de Andorra (Teruel), cuando Pedro Pablo, en el taller de equilibrio, nos exhortaba con su cariño tan fraternal a intentarlo de nuevo, hasta lograrlo; cuando el roce de sus manos y su mirada en señal de satisfacción nos tocaba. ¡Se han removido en mi organismo tantas cosas, que sería imposible describirlas...!»

«Me enteré de la muerte de Pedro Pablo y se me encogió el alma. Recuerdo, José Emilio, que en nuestros primeros días de postgrado nos comentaste que el mundo y las personas que en él habitamos estamos interconectados de una u otra forma. Vivimos en una aldea global. Hay algo, aunque no sepamos identificarlo con precisión, que hace que en lugares separados por miles de kilómetros dos personas trabajen sobre los mismos asuntos, o lleguen a descubrimientos similares sin haber entrado nunca en contacto... Pues bien, durante estas últimas semanas, preparando las oposiciones, me han acompañado de manera inseparable los apuntes de Pedro Pablo. No se si ha sido mera casualidad, o si es que el destino quiso que durante estos últimos días me centrase de nuevo en los temas relacionados con los contenidos de Psicomotricidad, pero durante estos últimos tiempos él ha sido mi verdadero guía. Gracias, Pedro Pablo, donde quiera que estés».

«No podía creerlo cuando lo estaba leyendo. Parece mentira que alguien como Pedro Pablo, una persona tan cercana a todos, nos haya dejado. Sólo me consuela pensar que un ser humano nunca muere del todo hasta que alguien deje de acordarse de él, y por ello creo firmemente que Pedro Pablo nunca desaparecerá de entre nosotros. Un abrazo y un beso para cada uno que en estos momentos tenga el sentimiento de pérdida tan grande como yo lo estoy teniendo».

«Leí tu mensaje anoche, cuando regresé a casa, y me resultó difícil contestar. Me quedé fría, triste. Te lo digo desde los más hondo: Pedro Pablo dejó realmente su huella en nosotros y en nuestros corazones. Con él vivimos y compartimos, tanto en Andorra como en Zaragoza, una experiencia inolvidable. Pienso que su recuerdo se quedará con nosotros, y que seguirá vivo a través de nuestras prácticas educativas y las del resto de sus alumnos».

«Querría compartir con todos vosotros la tristeza que he sentido al enterarme de su muerte. Pedro Pablo ha dejado una profunda huella entre los alumnos del Postgrado de Psicomotricidad de la Universidad de Zaragoza. Nunca olvidaremos todo lo que nos enseñó, ni los momentos geniales que pasamos junto a él en el Gloria Fuertes de Andorra».

«Una gran pérdida. De Pedro Pablo sólo tengo buenos recuerdos. Es uno de los profesores que más me aportaron y con el que más pude compartir. Me dio mucho cariño, que yo necesitaba en esa etapa de mi vida. Siempre lo llevaré en mi corazón».

«No tengo palabras para describir cómo me he quedado tras recibir tu mensaje. Se le veía tan alegre, tan lleno de esperanza, de alegría... Yo veía en él la imagen de un oso amoroso: Me encantó como persona y como profesional… ¡Me aportó tanto!»

«No tenía idea de que estuviera enfermo y las noticias me han sorprendido, lo recuerdo joven y lleno de vida. He leído vuestras cartas y me han conmovido».

«Acabo de abrir el correo y me he quedado sin palabras. Se me han llenado los ojos de lágrimas. Me parecía un hombre increíble».

«Fueron pocos los días que estuvimos con Pedro Pablo, pero sin duda fueron muy intensos. Esa mirada suya, además de conocimiento transmitía muchísimo. No sabría como describirlo, pero me llegó profundamente. Son las personas como él y como vosotros quienes hacen que hoy podamos disfrutar y amar nuestro trabajo. Jamás olvidaré esas lágrimas finales de Alfonso, Pedro Pablo y tú mismo, cuando leíais entrecortadamente las conclusiones finales del IV Encuentro de Psicomotricidad en el Gloria Fuertes de Andorra».

En el momento de la despedida

Hay reflexiones poéticas que no sólo conmueven, sino que remueven algunos de los sentimientos más hondos de un ser humano, aquellos que tienen que ver con la solidaridad y el compromiso. Por ello quiero finalizar este artículo con dos poemas de calado profundo. El primero de ellos, de Mario Benedetti, el poeta uruguayo que siempre me fascinó. El segundo de Bertolt Brecht, el dramaturgo y poeta alemán tan influyente en el siglo XX.

Tomados en préstamo, convierto estos poemas en mis palabras de despedida a Pedro Pablo, el amigo que dedicó su vida a trabajar por un mundo mejor, y que nos dejó como legado su vuelo, su trayectoria…

«Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la muerte es el silencio
aunque lo sea
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada».

Fragmento de Utopías (Mario Benedetti)

«Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Otros luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero están los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles».

(Bertolt Brecht)

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