El valor del juego en el desarrollo infantil (José Emilio Palomero)



Diseño de Jose Palomero


“El juego es el trabajo del niño, su oficio, su vida” 

(Pauline Kergomard)



Las claves del aprendizaje, descubrir el juguete que llevamos dentro

Cuenta Gustavo Martín Garzo, en un artículo publicado en “El País” el quince de junio de 2008, que en una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. Y que el autor de Cien años de soledad le contestó: "Lo único importante es encontrar el juguete que llevan dentro".

Todo niño llevaría en su interior un juguete distinto, y todo consistiría en que cada uno descubra el suyo, para que pueda ponerse a jugar con él. Es ésta una idea que vincula la educación con el juego, de manera que la tarea de padres y educadores consistiría en ayudar al niño a que encuentre el tipo de juego al que quiere jugar, ese juego en el que está implicado su ser más profundo.

García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro, que se dio cuenta de su amor por la lectura, le ayudó a descubrir su propio juguete. A partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras.

El juego, en busca de una definición

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra juego, que proviene del vocablo latino “iocus” [diversión, broma], “significa acción y efecto de jugar”. Pero juego y jugar, son dos vocablos que tienen muchas acepciones.

La palabra "juego" hace referencia a toda actividad lúdica que comporta un fin en sí misma; se emplea con el significado de entretenimiento o diversión: "Ejercicio recreativo sometido a reglas, y en el cual se gana o pierde"; pero también se utiliza para referirse a la disposición particular de algunas cosas: "juego de luces"; al conjunto de elementos que sirven al mismo fin: "juego de café"; a la utilización ingeniosa del lenguaje: “juego de palabras”...

A su vez, "jugar" significa divertirse, pero también se emplea en el sentido figurado de actuar de una determinada forma: “jugársela” (correr un riesgo); "jugar limpio" (actuar con transparencia y sin engaños); “jugar sucio” (hacer trampas); ocupar cierta posición: "jugar un papel destacado"; correr un riesgo: "jugarse la vida"; tratar algo con ligereza: "jugar con fuego”; dedicarse a especulaciones bursátiles: “jugar en bolsa”…

Por ello, aunque son muchas las disciplinas que se han dedicado a estudiar el fenómeno del juego, y desde múltiples perspectivas, encontrar una definición unívoca de las palabras "juego" y "jugar" es una labor imposible de llevar a cabo.

El Homo Ludens, el hombre que juega: un enfoque cultural

Fue Johan Huizinga, historiador holandés, en su tratado sobre el “Homo Ludens” (el hombre que juega, el hombre que se interesa por la diversión), quien reconoció en el juego uno de los rasgos más característicos e interesantes de la humanidad.

Para este autor, el juego es una actividad humana tan esencial como la reflexión y el trabajo, además de uno de los elementos que explica el desarrollo de la cultura, mostrando así la insuficiencia de las imágenes convencionales del “Homo Sapiens” (el hombre que sabe) y el “Homo Faber” (el hombre que hace y fabrica).

Según Huizinga, en el juego se encuentran las raíces de todas las instituciones sociales, del poder político, de la guerra, del comercio…, cuyos elementos lúdicos se ponen en él de manifiesto. El juego está también en el origen de la actividad creadora y del arte. En este sentido, decía: «Hace tiempo que ha ido cuajando en mí la convicción de que la cultura humana brota del juego –como juego– y en él se desarrolla».Tras la publicación de “Homo Ludens” (1938), no hay ninguna obra en la que se pretenda un estudio del juego, desde cualquier perspectiva, que no haga referencia a este magistral trabajo de Huizinga.

El juego y el desarrollo del niño, un enfoque psicológico

Uno de los autores que más y mejor ha estudiado el juego en la infancia es Jean Piaget, que nos dejó una excelente guía para analizar, a través del juego, el desarrollo cognitivo, subrayando su papel en la construcción del conocimiento. A su aportación hay que sumar la de otros muchos autores, como es el caso de Vygotski, que destacó el papel del juego en el desarrollo de los procesos psicológicos superiores y como elemento de socialización; o el de Winnicott, para quien el juego es la base y raíz de la capacidad para crear y utilizar símbolos, a la vez que una herramienta de diagnóstico y terapia.

Desde un punto de vista psicológico, el juego es la principal actividad del niño. Es la vía regia para elaborar y expresar los sentimientos y para desarrollar todo tipo de competencias intelectuales, sociales y morales.

El niño crece jugando, de manera que el juego afecta a todos los procesos del desarrollo infantil: al desarrollo físico, sensorial y psicomotor, al desarrollo afectivo y emocional, al desarrollo cognitivo, a los procesos de construcción del conocimiento de uno mismo y de la realidad exterior, al desarrollo del lenguaje, al desarrollo social y moral… De él depende el desarrollo de la imaginación y de la creatividad, la adquisición de todo tipo de habilidades, la toma de conciencia de si mismo y la construcción de la propia identidad personal.

Sin lugar a dudas, “el juego es el trabajo del niño, su oficio, su vida” (Kergomard), “la actividad esencial de la infancia, su auténtica razón de ser” (Lequeux); una actividad natural, espontánea y placentera que contribuye poderosamente al crecimiento y desarrollo integral de la personalidad infantil, hasta el punto de que “los juegos de los niños deberían considerarse como sus actos más serios" (Montaigne).

Quizá por todo ello, y porque la actividad del adulto hunde sus raíces en los juegos infantiles, podamos afirmar que en “el hombre auténtico siempre hay un niño que quiere jugar” (Nietzsche), que "el hombre sólo es verdaderamente humano cuando juega" (Schiller), y que “el niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él” (Pablo Neruda)

El papel del juego en el desarrollo psicomotor y sensorial

El término psicomotricidad hace referencia a la indisoluble vinculación entre cuerpo, movimiento, emoción y actividad cognitiva, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo integral y armónico de la personalidad humana.

En este sentido, todo juego remite siempre al cuerpo, “vehículo de nuestra presencia en el mundo” (Merleau-Ponty), que se va construyendo en el contexto de un espacio lúdico de relaciones y comunicación, de permanente interacción con los otros, que favorece la activación y estructuración de las relaciones humanas.

Los niños necesitan jugar desde los primeros meses. Juegan con sus pies y sus manos, con todo su cuerpo; hacen burbujas con la saliva, lo succionan todo, lo tocan todo, balbucean, agarran y sueltan objetos… El juego es su ocupación principal, su trabajo, su oficio, como ya hemos dicho.

Jugando, el niño desarrolla los sentidos, da una salida a su necesidad de movimiento, aprende a manejar y controlar su cuerpo, descubriendo sus posibilidades, consigue un mayor nivel de seguridad, coordinación y equilibrio, adquiere todo tipo de destrezas, construye el esquema corporal…

Algunos juegos exigen a los niños andar, correr, saltar, mover sus piernas o brazos, agacharse, levantarse, sentarse, mantener el equilibrio..., contribuyendo de esta forma a un desarrollo global de la psicomotricidad.

Otros afianzan la coordinación visomotora o contribuyen a la especialización de las manos, al tener que ser utilizadas con precisión y destreza para construir, ensartar, apilar, recortar, dibujar, modelar…

Hay juegos que desarrollan el tacto, como jugar con agua, jugar a los abrazos, jugar a tocar objetos de diferentes texturas, jugar a tapar, destapar, roscar, ensartar…

Otros estimulan el sentido vestibular, como moverse, mecerse, columpiarse, lanzarse al vacío, rodar, subir y bajar escaleras, caminar, saltar, dar vueltas sobre si mismo…

Los hay que conectan con la visión, como los juegos de construcción de rompecabezas, de buscar objetos escondidos, de usar gafas oscuras, de jugar a la gallina ciega, de describir características de personas u objetos…

Hay otros que educan el oído, como jugar a identificar sonidos y voces, jugar con instrumentos musicales, o participar en juegos rítmicos…

Otros, finalmente, estimulan el olfato y el gusto, como jugar a identificar sabores: salado, dulce, agrio, amargo…; o a descubrir olores: de alimentos, de infusiones, de especias, de perfumes

El papel del juego en el desarrollo cognitivo

Tal y como han demostrado numerosas investigaciones sobre el juego, éste desempeña un papel fundamental en el desarrollo de los procesos psicológicos superiores y en el aprendizaje. Para Piaget, el juego es la principal herramienta de que dispone el niño para construir el conocimiento de si mismo y de la realidad. Para Vygotski, una lente de aumento capaz de crear una zona de desarrollo potencial, que permite al niño saltar por encima de sus posibilidades, de su zona de desarrollo actual. Para Wallon, el juego se confunde con la actividad total del niño, de manera que los diferentes procesos y etapas del desarrollo están marcados por la actividad lúdica. Para Bruner, el juego desempeña un importante papel en la aparición y desarrollo del lenguaje.

El juego es un permanente banco de pruebas, que permite al niño experimentar, de forma real o imaginaria, con todo tipo de materiales y objetos. En el laboratorio del juego, el niño aplica y construye conocimientos, resuelve problemas, descubre las consecuencias de sus acciones, comprende su entorno y los microsistemas en los que vive inmerso, vive nuevas experiencias, desarrolla la inteligencia, el pensamiento, el lenguaje, la atención, la percepción, la memoria, la imaginación y la creatividad, o aprende a manejar las relaciones de espacio y tiempo…

Los juegos motores o de ejercicio hacen una contribución esencial al desarrollo cognitivo. No en vano, el desarrollo de la inteligencia y los procesos de construcción del conocimiento, especialmente durante el período sensoriomotor, están profundamente vinculados a este tipo de juegos.

Otros juegos, como los juegos de construcción, son también fundamentales para el desarrollo cognitivo. Gracias a ellos, el niño incrementa su capacidad para diferenciar formas y colores, y mejora en aspectos como la organización espacial, la atención, la percepción, la concentración, el razonamiento, la reflexión, la memoria…

Hay juegos, como los juegos simbólicos, los de títeres, las narraciones, las pantomimas, las dramatizaciones…, que desarrollan la imaginación y la creatividad, que potencian el pensamiento divergente, la espontaneidad y la capacidad de improvisación, la fluidez de ideas y emociones; que activan la originalidad, que incrementan el sentido de la flexibilidad, que fortalecen la dimensión fantástica e imaginativa de la personalidad; juegos que permiten construir personajes, historias, objetos o situaciones inéditas, explorar caminos desconocidos, atreverse a nuevos desafíos, transgredir e ir más allá de lo permitido, expresarse sin censuras, inhibiciones o mordazas…

Hay juegos que favorecen el desarrollo y manejo del lenguaje, que sirven para que el niño aprenda a utilizar el idioma, que permiten que éste exprese sus ideas y opiniones, sus emociones y sentimientos… Entre ellos, hemos de citar (de nuevo) los juegos simbólicos y los creativos; y también los fonéticos, los juegos de palabras, los juegos con viñetas y secuencias, los metalingüísticos (semejanzas, seriaciones…), los de adivinanzas, los trabalenguas, los acertijos… En todo caso, conviene no olvidar que cualquier escenario lúdico representa una excelente oportunidad para el desarrollo de la comunicación. Mientras juegan con coches, con muñecas, con naves espaciales, a médicos o papás y mamás, los niños están verbalizando constantemente sus fantasías y, en consecuencia, desarrollando el lenguaje, la creatividad y la imaginación.

Finalmente, los juegos de reglas, como el parchís, el dominó, la oca, las damas, el ajedrez, las cartas…, desarrollan diferentes habilidades intelectuales, como la atención, la reflexión, la capacidad de anticipación, la capacidad de razonar, el pensamiento lógico…, y contribuyen a que el niño aprenda a resolver problemas y a que adquiera una mayor agilidad y destreza mental.

El papel del juego en el desarrollo social y moral

Como ha señalado Vigotsky, el juego es uno de los actos sociales y socializadores por excelencia.

El juego favorece la relación, el respeto, la comunicación y la cooperación del niño con sus iguales y con los adultos; permite que éste se conozca mejor a si mismo y a quienes le rodean; contribuye a que los niños sean capaces de ponerse en el lugar del otro y desarrollen la empatía. A través del juego se promueve también el desarrollo moral de los niños, el respeto a las normas, la aceptación de los límites, el autodominio y la educación de la voluntad.

Los juegos simbólicos, de reglas y cooperativos desempeñan un papel fundamental en el proceso de socialización infantil.

Los simbólicos ponen al niño en contacto con la realidad social de los adultos y le preparan para el mundo del trabajo. Estimulan, por otra parte, la comunicación y la cooperación entre iguales, y desarrollan la autoconciencia y el autoconocimiento.

Los juegos de reglas favorecen las estrategias de interacción social, promueven el comportamiento responsable y democrático, y ayudan a regular la agresividad. Con este tipo de juegos, los niños aprenden a ganar y perder, a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, a aceptar las normas y a controlar impulsos y deseos, ajustando su conducta al principio de la realidad. Los juegos de reglas también estimulan la cooperación y comunicación entre iguales y el desarrollo del comportamiento moral.

Finalmente, los juegos cooperativos promueven el desarrollo moral, incrementan las conductas prosociales (ayudar, compartir…), y disminuyen las negativas (agresividad, retraimiento, terquedad…); promueven las interacciones positivas, estimulan la asertividad, favorecen la comunicación, mejoran el clima del aula y la cohesión grupal, y mejoran la aceptación de uno mismo y de los demás.

El papel del juego en el desarrollo afectivo-emocional

Desde la perspectiva del desarrollo afectivo-emocional, el juego es un escenario perfecto para que el niño exteriorice sus emociones. Es una actividad divertida, que le proporciona placer, satisfacción y alegría de vivir; que estimula su seguridad y confianza, que incrementa su autoestima, que contribuye a su bienestar emocional, y que le permite expresarse de forma libre y sin consecuencias.

Mediante el juego, el niño saca a flote todas sus energías positivas, descarga tensiones, se libera, se equilibra a nivel emocional, se hace mas resiliente, asimila y reelabora experiencias difíciles, controla la ansiedad y aprende a resolver conflictos…

El juego también permite al niño expresar de forma simbólica su agresividad y su sexualidad, y facilita, igualmente, un proceso progresivo de identificación psicosexual.

Los juegos simbólicos, de dramatización y de roles, permiten exteriorizar todo tipo de sentimientos y emociones, desempeñando una función catártica, liberadora, compensatoria, de desahogo. Jugando, el niño puede amar, dominar, construir o destruir. Hay juegos que despiertan cariño, bondad, ternura y afecto, otros permiten expresar el miedo, el enfado, la ira, la tristeza, la satisfacción, la alegría, el orgullo…, o contribuyen a paliar carencias, frustraciones y traumas, o a que el niño se libere de sus fantasmas. Los juegos motores y los de ensamblaje de piezas pueden fomentar la autosuperación y la autoestima. Los de reglas favorecen la empatía, la liberación del egocentrismo y el control y manejo de la agresividad. Los cooperativos, disminuyen, como ya hemos señalado, las conductas negativas, incrementado los comportamientos prosociales, las habilidades sociales y la asertividad. A su vez, los juegos de mesa, como las damas, el parchís o el dominó, así como todos aquellos que faciliten la comunicación social y el contacto afectivo con los demás, contribuyen a incrementar la inteligencia interpersonal de los niños, mientras que aquellos otros juegos que favorecen la introspección y la concentración, como es el caso de los juegos con témperas o plastilina, los calidoscopios, los videojuegos o los juguetes electrónicos de utlización individual, contribuyen a desarrollar la inteligencia intrapersonal.

En realidad, toda la actividad lúdica estimula en el niño la alegría de vivir, proporcionándole estados de bienestar subjetivo, de felicidad. Mientras tanto, la ausencia de juego genera en el niño todo tipo de problemas cognitivos, sociales y emocionales. Por ello es necesario potenciarlo, y no sólo por su capacidad para fortalecer la personalidad del niño y para estimular su desarrollo, sino también por sus posibilidades preventivas y terapéuticas.

Los juegos y su clasificación desde la perspectiva piagetiana

Tal como ha señalado Jean Piaget, hay una profunda relación entre el juego y la estructura del pensamiento infantil. Para él, el juego es la expresión y la condición del desarrollo cognitivo, vinculando cada etapa evolutiva a un tipo diferente de juegos (de ejercicio, simbólicos y reglados), que nos desvelan la evolución mental del niño y de la niña.

El juego es para él, por otra parte, un ejercicio preparatorio que va a permitir que el niño adquiera, de forma lúdica, una gran cantidad de conocimientos, habilidades y destrezas útiles para la vida, así como un instrumento fundamental para el desarrollo de las habilidades sensoriomotrices y para la construcción del esquema corporal. También un excelente escenario para el desarrollo de la comunicación y del lenguaje, y, finalmente, un mecanismo para la expresión de los emociones.

Los juegos de ejercicio y su papel en el desarrollo infantil

Los juegos de ejercicio son los correspondientes al periodo sensoriomotor (0-2 años), etapa en la que la actividad lúdica se reduce a repetir y modificar movimientos, mediante los cuales el niño obtiene placer, a la vez que descubre sus capacidades motrices. Entran en esta categoría actividades tales como el ejercicio de succionar (a partir del primer mes); los juegos con el propio cuerpo, los balbuceos, las sonrisas, los movimientos de la cabeza y de las manos (a partir del segundo mes); la manipulación de juguetes u objetos, que el niño mueve, voltea, sacude, acerca o aleja (de cinco meses en adelante); a partir de los nueve meses todo se convierte en un juguete para disfrutar, en un nuevo reto, en un pequeño cosmos por descubrir y ubicar en la mente.

Estos juegos, a través de los cuales el niño manifiesta su inteligencia y capacidad de aprendizaje, le ayudan a pasar de las sensaciones al conocimiento. Gracias a ellos, capta los colores, las texturas, el olor, el sonido y el sabor de los objetos. Conforme juega, el niño va dominando su cuerpo y se adueña de los secretos que para él guardan las personas y las cosas; jugando establece contacto con el mundo exterior, y los objetos que ve, oye, huele, toca o gusta pasan a su cerebro como una experiencia que enriquece su vida.

A través del juego, sobre todo en los primeros meses de la vida, el niño asimila el mundo. Cada objeto, cada sonido, cada olor, cada imagen vista, cada movimiento…, no se quedan en simples experiencias motoras, o en una mera adquisición de sensaciones físicas, sino que se convierten en huellas mentales que representan los inicios del conocimiento y los recuerdos del niño.

Evidentemente, el juego de ejercicio no se acaba en el periodo sensoriomotriz. El bebé va a seguir moviéndose, explorando su entorno y perfeccionando su coordinación motora, durante toda la infancia. A lo largo de ella conseguirá dominar, cada vez con mayor perfección, los movimientos y las sensaciones, disfrutando del placer de manejar y controlar su cuerpo y de ser cada vez más fuerte, activo y experto.

El juego de ejercicio continúa incluso en la vida adulta. Podemos identificarlo cuando cruzamos un riachuelo saltando, cuando jugamos con un hijo a hacer castillos de arena en la playa, cuando en esa tarde fría y blanca de enero correteamos entre la nieve, o cuando nos marcamos unos pasos de baile… Muchos adultos practican el juego de ejercicio a través del deporte, convirtiendo su propio cuerpo en juguete para disfrutar, en objeto lúdico.

Los juegos simbólicos y su papel el desarrollo del niño

Los juegos simbólicos, típicos del período preoperacional (2-7 años), comienzan en realidad en el último estadio del periodo sensoriomotriz. A partir de los 18 meses, los niños son capaces de utilizar abiertamente símbolos lúdicos, de desarrollar, jugando, actividades de la vida cotidiana.

Y así, se acuestan “como si” fueran a dormir, o usan la cuchara “como si” fueran a comer. La aparición de este tipo de juegos coincide con la eclosión, en el niño, de la capacidad de simbolizar, de representarse la realidad mediante símbolos. Los juegos simbólicos, también llamados de imitación, de hacer como si, de roles, o de representación de papeles dramatizados, son el cauce de que dispone el niño para desarrollar su capacidad de asimilación y acomodación, su inteligencia adaptada. Su esencia se halla en la aparición del pensamiento, en la recién estrenada capacidad para construir representaciones mentales, que serán de gran utilidad para que el niño aprenda a desenvolverse en su vida futura.

Por otra parte, como consecuencia del pensamiento egocéntrico, en los juegos simbólicos los niños deforman la realidad para satisfacer sus propias necesidades. Es el egocentrismo (la dificultad que tiene el niño para descentrarse de su propio punto de vista, para ver las cosas en perspectiva), junto con el pensamiento mágico (la creencia en la omnipotencia de las ideas, que lleva al niño a convertir en realidad lo que piensa y desea), y el animismo (que le permite dar vida a los objetos), lo que hace que los niños pequeños atribuyan a los juguetes y los objetos que les rodean sus propios pensamientos y sentimientos. Y así la muñeca está triste, el sol tiene sueño, o las nubes se enfadan cuando hay tormenta.

Gracias a todo ello, en los juegos simbólicos los niños pueden transformar la realidad con su fantasía, creando todo un mundo imaginario. De esta forma, tratan a una escoba como si fuese un caballo o una bruja, transforman un sofá en autobús, convierten unas semillas en lentejas, a unos palitos en las cucharas con las que van a comérselas… O hacen como si fueran un animal (un gato, un león, un tigre, un lobo…), o asumen los roles propios de los adultos, y así hacen como si fuesen papá o mamá, alimentan a su bebé, riñen a una muñeca como a ellos les riñen sus padres, se convierten en médicos que curan enfermos, en maestros que dan clase a sus alumnos, en constructores que levantan edificios, en agricultores que cosechan y acarrean las mieses… O, por poner algunos otros ejemplos, conducen, viajan, salen de compras, cocinan, planchan o bañan a su propio bebé, todo ello de forma creativa e imaginaria.

Por otra parte, los juegos simbólicos son una vía de escape para afrontar los conflictos inconscientes, la angustia, la agresividad, la sexualidad, las frustraciones, el miedo a competir, el temor al riesgo, las fobias… A través de los juegos de hacer como si, el niño expresa sus emociones y puede construir historias y escenarios que le compensen de sus propias dificultades y frustraciones, y de las prohibiciones de los adultos, como ya hemos señalado con anterioridad y como puede verse en los siguientes ejemplos:

- El niño que juega a ser el malo de los cuentos, que admira a los piratas por su valentía y que quiere ser como ellos, no está haciendo otra cosa que protegerse de sus propios miedos y debilidades.

- El niño que juega a que su oso de peluche tiene un papá malo, al que decide reñir y pegar, está intentando resolver de forma simbólica e imaginaria las tensiones provocadas por las exigencias paternas.

- El niño que tiene prohibido comer chocolatinas, y que juega a dárselas a su muñeca, a la que luego le duele la tripa…, o el que, tras haberse caído y haberse hecho una herida en la pierna, juega a curar la herida imaginaria que se ha hecho su peluche de trapo…, o el que, en la soledad de su habitación, a última hora de la noche, juega a decirle a su muñeca que va a castigarla por ser mala, tras haber sido reñido por sus padres por comportarse mal en la cena…, lo que en realidad está haciendo es ingeniárselas para compensar sus propias angustias y las prohibiciones y exigencias de los adultos.

- El niño que destruye casas u otros escenarios, que previamente ha construido con bloques de gomaespuma, encuentra en esta actividad una forma de dar salida a sus fantasmas inconscientes, de expresar y regular su agresividad, sus afectos y sus emociones.

En este sentido, tenemos que decir que el juego simbólico no está únicamente al servicio del desarrollo cognitivo. Como ya hemos dicho, las fantasías compensatorias tienen también una función catártica y liberadora. Gracias a ellas, el niño aprende a regular sus emociones y a vencer y asimilar todo tipo de problemas y dificultades. 

Reproduciendo una y otra vez, de manera fantasiosa e imaginativa, escenas desagradables, situaciones
amenazantes, prohibiciones, reprimendas o miedos…, el niño se libera de sus primeros conflictos, de sus temores, de su hostilidad, de sus ansiedades, de sus necesidades y deseos insatisfechos, de un sin fin de sentimientos encontrados. En definitiva, se compensa.

Podemos añadir que a través del juego simbólico el niño también ensaya el razonamiento moral, aprendiendo a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, adquiriendo, por otra parte, todo tipo de conocimientos sobre los roles profesionales y personales propios de los adultos, y sobre el mundo de la vida en general. De esta forma, a través de los juegos de imitación el niño ensaya todo tipo de habilidades sociales y emocionales, así como las competencias propias de la vida adulta.

Los juegos reglados y su papel en el desarrollo infantil

Los juegos de reglas, que representan un tipo de actividad lúdica socializada, comienzan al final del periodo preoperacional, entre los cuatro y los siete años. Se trata de todos aquellos juegos (incluidos los de ejercicio) que están regulados por un código.

Algunos de estos juegos tienen reglas predeterminadas, transmitidas de generación en generación, que los niños deben aprender y aplicar con precisión, puesto que si no se aplican de esta forma, el juego perdería su sentido y resultaría inviable. Por ello resulta imprescindible que todos los participantes en un juego de este tipo conozcan y apliquen las reglas con detalle. A veces, se trata de juegos de un solo jugador, como en el caso de los solitarios.

Entre los juegos de reglas fijas se incluyen los juegos de mesa, como las damas, el ajedrez, el parchís, la oca, el dominó, las cartas, el billar, el ping-pong, o miles de juegos más; y los juegos reglados motores, entre los que se incluyen los juegos deportivos.

Todos estos juegos, en los que se gana o pierde, favorecen el desarrollo de las conductas éticas, estimulan el desarrollo de los procesos cognitivos (atención, percepción, razonamiento, inteligencia lógica…), y del mundo emocional (inteligencia interpersonal, expresión de sentimientos, autocontrol, autoestima…). Afectan también, cuando se trata de juegos reglados de movimiento, al desarrollo del comportamiento psicomotor y, en general, favorecen el desarrollo integral de la personalidad.

Entre los juegos reglados podemos incluir también los juegos didácticos, que organizan de forma lúdica los procesos de enseñanzaaprendizaje, con el fin de facilitar a los estudiantes la adquisición e interiorización de los contenidos de las materias de estudio.

Hay determinados juegos reglados que no tienen reglas preestablecidas. Se trata de los juegos creadores, entre los que debemos incluir los juegos de roles, en los que los jugadores interpretan un papel dentro de una historia cuyo final no conocen. En ellos, el director del juego propone una historia base, en la que el resto de los participantes se convierten en personajes de una trama que se va desarrollando al son de las intervenciones de los propios protagonistas, que determinan de forma creativa y espontánea su desarrollo. El objetivo es llegar al final del juego, desentrañando sus entresijos y liberando a la princesa cautiva, desenmascarando al traidor, o desvelando el misterio de que se trate. Los juegos de rol son como una película sin guión, en la que los participantes determinan su desarrollo de forma fantasiosa y aleatoria.

Este tipo de juegos permite convertir en relevantes informaciones que de otra forma podrían pasar desapercibidas o parecer absurdas, favorecen la motivación, y dan al docente la oportunidad de introducir conceptos y valores que en otro contexto no tendrían utilidad ni sentido.

Mediante estos juegos, los alumnos tienen la oportunidad de mejorar su creatividad y desarrollar su capacidad lingüística y expresiva; con ellos se puede estimular también la afición a la lectura, puesto que incitan a buscar, a posteriori, referentes sobre el tema abordado. Por otra parte, se trata de juegos que permiten analizar temas complejos y comprometidos, como el sexismo, la xenofobia o el racismo.

Finalmente, los juegos de rol mejoran la empatía, al permitir que el niño pueda meterse en la piel de otros; favorecen la socialización e invitan a la tolerancia; abren una vía para aceptar la diversidad como parte de la vida; e incitan a reflexionar sobre otras culturas y creencias, o sobre el valor de la cooperación, del apoyo mutuo y de las relaciones humanas en términos de igualdad.


José Emilio Palomero Pescador

Los investigadores se rebelan contra las revistas científicas

Primero fueron los bibliotecarios de las universidades y ahora son los investigadores. Ni unos ni otros están dispuestos a seguir pagando precios tan elevados por acceder a las revistas científicas. Tras varias décadas de enormes beneficios, estas publicaciones comienzan a notar la contestación.


Por ejemplo, la suscripción a la revista "Biochimica et Biophysica Acta" de la editorial Elsevier cuesta 25.000 dólares anuales. Las principales universidades americanas y británicas se están negando a renovar las suscripciones a semejantes precios.


La batalla de los investigadores comenzó en enero pasado, cuando Timothy Gowers, matemático de la universidad de Cambridge, escribió una entrada en su blog para explicar por qué había decidido, ya hace años, boicotear a Elsevier. Premiado en 1998 con la medalla Fields (el “Nobel” de matemáticas), Gowers...  (Pulsar aquí para seguir leyendo este artículo)

Integración latinoamericana y función de la universidad (Portadas del número 72 de la RIFOP)





Las emociones a debate: Conclusiones del VII Encuentro Aragonés de Psicomotricidad



El VII Encuentro visto por "El Diario de Teruel" de 29/2/2012: "La emoción a debate" (Pulsar aquí)


Las conclusiones del VII Encuentro en la web del Colegio Público de Educación Especial Gloria Fuertes de Andorra - Teruel (Pulsar aquí)


Conclusiones
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Comenzamos estas conclusiones tomando en préstamo unos textos de Humberto Maturana. 

Dice este autor que el amor es un rasgo de nuestra historia evolutiva, que nosotros, los humanos, somos seres biológicamente amorosos, y que esto significa dos cosas: que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen hace unos cinco o seis millones de años; y que enfermamos cuando se nos priva del amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos. Y que por ello la biología del amor es central para la conservación de nuestra existencia e identidad como seres humanos.

Dice también Maturana que las emociones afectan a la conducta inteligente, y que así el miedo, la ambición, el enojo o la competitividad reducen la inteligencia humana, puesto que las personas afectadas por una emoción negativa restringen su mirada, su visión de las cosas y generan una negación del otro; y que la única emoción que amplía la inteligencia es el amor, que no es otra cosa que la aceptación del otro como otro.

Y que así las cosas, si un profesor o una profesora quieren que sus alumnos salgan mal en los exámenes lo primero que generan es inseguridad, miedo, ambición..., mientras que si quieren que salgan bien de ellos generan confianza y respeto a través del amor; que si se respeta a los alumnos, éstos se respetarán entre si y sabrán respetar a sus profesores y profesoras, y de esa manera surgirá un espacio de colaboración y acción común. Y que por todo ello la educación debe consistir fundamentalmente en un espacio de convivencia en el cual alumnos y profesores conformen un lugar de encuentro, acogida y respeto mutuo.

Por otra parte, el término psicomotricidad hace referencia a la indisoluble vinculación entre cuerpo, movimiento, emoción y actividad cognitiva, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo integral y armónico de la personalidad humana. De ahí la importancia de los programas de educación, prevención e intervención psicomotriz, que implican un abordaje de la persona desde  el movimiento y la mediación corporal. 

En este sentido, la relación que entabla un ser humano con otro es básica y primariamente corporal, y se establece en torno al diálogo tónico-emocional. De ahí que la psicomotricidad conlleve la exigencia de un modo particular de relación, de una actitud de disponibilidad corporal capaz de posibilitar que el individuo exprese mediante sus actos y en el contexto de una dinámica relacional, sus dificultades, sus temores, sus emociones, sus deseos...

Finalmente, diferentes disciplinas científicas conceden en la actualidad un gran importancia al análisis de los fenómenos afectivos y, concretamente, al papel que juega la emoción, piedra angular sobre la que se ha construido todo el edificio de la psicomotricidad, en el comportamiento del ser humano.

Situados en este contexto, las conclusiones del "VII Encuentro Aragonés de Especialistas en Psicomotricidad. Hacia la expresión y el control emocional en psicomotricidad" son las siguientes:

1) Es necesario que los profesionales de la educación sean conscientes de sus propias emociones y que realicen un trabajo sistemático de desarrollo y crecimiento personal que les conduzca a un control y regulación de las mismas.

2) Es fundamental trabajar las emociones durante todo el ciclo vital, y muy en particular durante las primeras etapas de la vida, puesto que los primeros elementos del universo emocional de los niños y las niñas quedan configurados hacia los siete años de edad madurativa. En todo ello debe jugar un papel esencial la familia y la escuela.

3) Es muy importante que los niños y las niñas aprendan a identificar con palabras y a etiquetar verbalmente las emociones propias y ajenas.

4) Resulta esencial que los niños y las niñas dispongan de herramientas que les permitan controlar las habilidades que conforman las emociones básicas.

5) En este sentido es imprescindible que la familia y la escuela promuevan una educación emocional que posibilite la convivencia, haciendo "efectivos desde el afecto" los límites necesarios para que ésta sea posible.   

6) Proponemos a todos los miembros de la comunidad educativa la puesta en escena de proyectos orientados a desarrollar en las escuelas estados de flujo.



















Los perfiles de la violencia escolar

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"Sería necesario un cambio radical de nuestra sociedad, que permita reducir la violencia estructural, pues la agresividad, como señaló Fromm hace tiempo, solo podrá ser reducida si el sistema social es capaz de desarrollar unas condiciones socioeconómicas que permitan la satisfacción de las necesidades y potenciales humanos."


Gracias a las aportaciones de la psicología (Freud, Lorenz, Dollard, Miller, Berkowitz, Skinner, Bandura, Geen.) conocemos las causas y condiciones inmediatas de la violencia directa o agresividad personal. Pero, como señala Galtung, el análisis de la violencia quedaría incompleto si no contemplamos, al tratar de explicarla, el papel que en ella juega la violencia cultural o indirecta, generada por las estructuras de nuestra sociedad; una violencia sutil, envolvente y frecuentemente invisible, que impregna todo el entramado social; una violencia que, incorporada al sistema, se manifiesta en todo tipo de injusticias sociales, económicas, de género, raciales o de cualquier otro signo, que provocan una radical desigualdad de oportunidades ante la existencia. 

Por ello y haciendo una lectura global del problema podemos afirmar que es esta violencia cultural, sistémica, estructural o indirecta la condición principal de la violencia directa o agresividad personal.

Situados en esta perspectiva global, la violencia en las aulas presenta estos dos mismos perfiles. 

El de la violencia directa, que se manifiesta en diferentes formas y tipos de agresión -física, psicológica o moral- de carácter personal: entre profesores, entre alumnos, entre alumnos y profesores, contra personas o contra objetos, o en otros niveles y contextos del entorno escolar. 

Y el de la violencia estructural, cuya presencia envuelve el micro, el meso, el exo y el macrosistema escolar, y que a tenor del discurso anterior se presenta como la condición principal de la violencia directa o personal. Una violencia que causa graves daños a nuestros niños y adolescentes, en tanto que obstáculo principal e invisible que explica el diferencial existente entre su nivel de autorrealización real y su zona de autorrealización potencial. Por todo ello no es posible analizar la escalada de la violencia en las aulas sin este referente de fondo, que exige que los problemas se aborden desde una perspectiva sistémica, envolvente y global.



Centrándonos en la violencia de los estudiantes, que por su notable incremento inquieta, preocupa y desconcierta a padres, profesores y administradores del sistema educativo en general, no podemos reducir sus causas, tan solo, a sus raíces biológicas o instintivas; ni a problemas personales; ni a dificultades de índole familiar; ni a las "amistades peligrosas"; ni al influjo de las pantallas y de los medios de comunicación social. 

Es imprescindible recurrir a una explicación pluricausal e interdisciplinar, en la que juegan un papel muy importante los factores señalados, pero en la que aparecen en primer plano, como raíz y semilla de la violencia directa o personal, la propia estructura escolar y sus métodos pedagógicos, así como un amplio conjunto de factores de carácter político, económico y social, fiel reflejo de la violencia indirecta o estructural.



Como ha señalado Rojas Marcos, nuestra sociedad exalta y promueve por diversos cauces la competitividad, la supervivencia del más fuerte, el enfrentamiento y la rivalidad. En ese sentido, la violencia está en todas partes, en nuestras casas, en la calle, en la política, en los ejércitos, en el cine, en el deporte, en las videoconsolas, en las pantallas de televisión, o en internet, la principal pantalla de la aldea global. 

Por ello deberíamos preguntarnos sobre qué tipo de valores estarán interiorizando nuestros niños y jóvenes, no vaya a ser que estemos

agitando los fantasmas de su thanatos, rodeados como están de mensajes, héroes y modelos que rezuman violencia y agresividad. Así pues, el problema fundamental no es lo que sucede en la escuela, sino lo que está sucediendo en la sociedad, por lo que resulta muy peligroso, además de inoperante, ese discurso que tiende a convertir a los estudiantes en "chivos expiatorios", en "pacientes designados", en los principales o únicos responsables de la violencia escolar. 

Más aún si tenemos en cuenta que, como señala Castells, la violencia social se manifiesta en violencia contra los más débiles, entre quienes están los niños y adolescentes, que en muchas partes del mundo están siendo víctimas de todo tipo de abusos y, en particular, de explotación laboral, sexual o militar.



¿Qué podemos hacer ante todo esto? Pues en primer lugar debería ser la sociedad en su conjunto, y sus dirigentes en particular, quienes tendrían que reflexionar: ¿Cómo encajamos, por ejemplo y en el caso de nuestro país, que el Ministerio de Educación y Cultura fomente la educación para la convivencia y la paz, al tiempo que mantiene una televisión oficial en la que más de una cuarta parte de los contenidos de su programación infantil están íntegramente dedicados a imágenes cargadas de violencia y agresividad? 

Pero además de reflexionar podemos hacer mucho más, y buena prueba de ello son las numerosas investigaciones, publicaciones, proyectos, experiencias pedagógicas, programas de intervención, planes para la formación del profesorado, congresos, jornadas.; o las iniciativas políticas o legales de los Gobiernos (supranacionales, nacionales y/o regionales), o las correspondientes a Sindicatos y otras entidades públicas y privadas, que tratan de buscar fórmulas y estrategias que corrijan o prevengan la violencia escolar. 

En este sentido, y a nuestro modo de ver, es necesario cambiar la escuela, sus estructuras y métodos, de forma que promueva la comunicación, el diálogo, la participación y el trabajo cooperativo, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional, la solidaridad y el compromiso, la tolerancia, la educación en valores, la educación intercultural, la atención a la diversidad, la educación cívica, la educación para la democracia, la educación para la convivencia y la educación para la paz, algunos de los mejores antídotos frente a la violencia escolar. 

Pero además sería necesario un cambio radical de nuestra sociedad, que permita reducir la violencia estructural, pues la agresividad, como señaló Fromm hace tiempo, solo podrá ser reducida si el sistema social es capaz de desarrollar unas condiciones socioeconómicas que permitan la satisfacción de las necesidades y potenciales humanos.



El Consejo de Redacción


Fuente:  Consejo de Redacción (2001). Monografía sobre violencia en las aulas. Editorial. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 41, 2001, 13-1
   



Agresividad, violencia y conflicto

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Agresividad, violencia y conflicto

«Cómo voy a creer, dijo el fulano, que el mundo se quedó sin utopías.
Cómo voy a creer que la esperanza es olvido. O que el placer una tristeza.
Cómo voy a creer, dijo el fulano, que el universo es una ruina, aunque lo sea.
O que la muerte es el silencio, aunque lo sea.
Cómo voy a creer que el horizonte es la frontera, que el mar es nadie,
que la noche es nada…» (Utopías, Mario Benedetti)

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Tras este hermoso poema de Mario Benedetti,  resaltamos que el ser humano es un ser sumamente complejo, cuyo comportamiento exige explicaciones interdisciplinares, multifactoriales y pluricausales. No en vano somos hijos de nuestros genes y producto de los circuitos neuronales que pilotan el control de nuestro organismo, a la vez que fruto de los procesos dialécticos de la historia y la cultura; hijos, por tanto de los ambientes pasados de adaptación de la especie, y a un mismo tiempo de los contextos actuales (geográficos, políticos, jurídicos, económicos, tecnológicos, religiosos, familiares, escolares, sociales…) en los que nace y crece cada ser y grupo humano concreto. Somos, ya desde niños, máquinas especializadas en procesar información, así como pequeños científicos que construimos teorías explicativas de la realidad; y a la vez, el resultado permanentemente inacabado de nuestra experiencia, de procesos de condicionamiento, de refuerzos y castigos, de aprendizaje por imitación de modelos...


Somos, también, fruto de nuestras propias expectativas y de nuestros pensamientos, motivaciones y creencias. Y somos, además y al mismo tiempo, hijos de nuestros propios fantasmas inconscientes, que impulsan de forma dinámica y dialéctica nuestro propio destino desde el poder oculto y silencioso del eros y el thanatos, del placer y la realidad y de los conflictos internos entre nuestro ello, yo y super-ego, que tan ocultos como presentes, soterrados bajo el tippex de la censura, dan cuenta cabal de nuestra historia personal y colectiva y dirigen en buena medida nuestra existencia.


Y somos, finalmente, el resultado de múltiples mecanismos y procesos de comunicación, cuyas raíces más primitivas se insertan en la necesidad de relación y de afecto que tiene el ser humano desde su nacimiento, explicitado en primera instancia a través del diálogo corporal y emocional que mantiene el niño con su madre durante los procesos de maternaje, allá en los albores de la infancia, una experiencia radical y primitiva que predestina al ser humano al entendimiento, a la comunicación y al diálogo.


Tan solo desde esta complejidad (teniéndola en cuenta) se pueden abordar con rigor los fenómenos de la agresividad y de de la violencia humanas. 


La agresividad no es otra cosa que esa fuerza natural y en principio positiva que hace posible que los seres humanos luchen por la vida, se esfuercen en ser profesionales competentes, busquen el logro, tengan afán por superar las dificultades de la existencia, o se nieguen a creer, parafraseando a Benedetti, que el mundo se quedó sin utopías, que la esperanza es olvido, que el mundo es una ruina, que el horizonte es la frontera o que la muerte es el silencio...


La agresividad (su fuerza positiva) permite que los seres humanos tengan el coraje suficiente como para comprometerse con el prójimo y con la vida, para luchar por la justicia y contra el (des)orden perturbador en que vive inmerso nuestro mundo, pletórico de desigualdades que matan, de corrupción, de estructuras socioeconómicas, políticas, jurídicas, relacionales y convivenciales injustas… De irracionalidad en una palabra, pues no en vano «Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, está enloqueciendo a la gente», como señalaba con ironía y gracejo, en Porto Alegre, el argelino Ahmed Ben Bella. 


Podemos afirmar, por tanto, que la agresividad forma parte de la rueda de la vida, de una vida que es fundamentalmente acción, movimiento, dialéctica, conflictividad, lucha de opuestos… de los que surgen el cambio, el desarrollo y el crecimiento, de manera que los conflictos son consustanciales a la naturaleza humana y, por ende, no solo inevitables sino también necesarios.


En consecuencia, el problema no está en los conflictos, sino en la forma en que éstos se resuelven, cuestión que nos permite abordar el segundo de los conceptos que hace un momento enunciábamos, el concepto de violencia. 


El ser humano tiene una serie de armas muy poderosas para resolver los conflictos y para favorecer así la convivencia pacífica. Dispone del lenguaje, de la capacidad de negociación, de la racionalidad comunicativa… Como dicen los etólogos modernos (EiblEibesfeldt), los conflictos implícitos a cualquier conducta agresiva pueden ser resueltos, en el caso de los humanos, mediante la negociación verbal. O como ha señalado recientemente Geen, los seres humanos podemos no actuar de forma violenta, incluso cuando todo predispone a la agresión, puesto que podemos interpretar y evaluar las situaciones y solucionar de mejor forma los problemas o conflictos planteados. O más sencillo aún, hablando se entiende la gente, como reza el dicho popular. 


Ahora bien, aunque los conflictos se pueden solventar desde la racionalidad comunicativa y la negociación verbal, los seres humanos los intentamos resolver con excesiva frecuencia recurriendo a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, a la fuerza bruta, a la agresión física, verbal o moral, a la imposición, a la arbitrariedad, al autoritarismo, al control de las conciencias, a la humillación, al linchamiento… 


A decir verdad la violencia nos viene de lejos. Llevamos maltratándonos al menos 36.000 años, como se desprende del reciente estudio del cráneo de un joven Neanderthal (el hombre de Saint Césaire), realizado por Christoph Zollikofer y otros paleontólogos de la Universidad de Zurich y publicado en la revista «Proceedings», estudio que viene a demostrar la existencia de violencia (hay otras muchas evidencias al respecto) entre los primeros pobladores de Europa. 


Y esta violencia, ya presente en los albores de la historia de nuestra especie, y que no es más que el resultado final de una mala resolución de los inevitables y necesarios conflictos humanos, presenta hoy, en palabras de Galtung, un triple perfil: 


1) El de la violencia personal (física, verbal o moral), la violencia de quien hace la guerra, mata, causa daños o acosa…


2) El de la violencia estructural, esa violencia sutil y envolvente que ejercen las instituciones y las estructuras sociales, la economía, las leyes…


3) La violencia cultural, la que anida invisible y sibilinamente en el pensamiento único, en la presentación fragmentaria de hechos, informaciones y conocimientos, en la desinformación o en la mentira, en la corrupción, en el autoritarismo, en la cultura del terror y del miedo, o en la legitimación del poder antidemocrático… 


Y así la violencia, que en ocasiones tiene un carácter abierto y personal y que en otras habita bajo la neblina de las estructuras y de la cultura, está presente en todas partes, en las calles, en los medios de comunicación, en las pantallas de la televisión, el cine, internet y las videoconsolas, en la economía y en los mercados, en las leyes, en los gobiernos, en las fuerzas de orden público, en los ejércitos, en las familias, en las aulas… 


Y son estos mismos perfiles de la violencia en general los que ofrece la violencia escolar, presente en sus cuatro grandes esferas de actividad: 


1) En el microsistema: el aula, el escenario concreto en que se produce el aprendizaje escolar.


2) En el mesosistema: el centro y su proyecto curricular.


3) En el exosistema: la administración educativa.


4) En el macrosistema: el sistema envolvente, la sociedad, los valores, la cultura global. 


Por ello el problema de la violencia escolar (o para hablar en positivo, los programas para favorecer y/o mejorar la convivencia en los centros educativos), no puede ser abordado de forma unidimensional, ni recurriendo a recetas o parches, sino que exige un abordaje sistémico, ecológico, interdisciplinar y pluricausal. 


Por un lado, la violencia escolar (de alumnos frente a profesores, de profesores frente a alumnos, de alumnos entre si, de los alumnos frente al sistema…) depende del individuo, de sus conflictos internos, de sus problemas psicológicos y personales, de sus dificultades de relación… 


Pero por otro, la violencia escolar está conectada a la cultura envolvente y a las estructuras de nuestra sociedad, a la influencia del grupo, al papel de la familia, de la escuela, de las pantallas, de los medios de comunicación y de la sociedad en general… 


La sociedad en que vivimos rezuma violencia y agresividad, una violencia que impregna todos los ambientes, estructuras e instituciones en que se mueven nuestros niños y jóvenes, entre las que a nosotros nos interesa destacar aquí la institución escolar, cuyo curriculum oculto está contaminado por la violencia estructural y cultural. 


Desde esta perspectiva, la violencia personal (física, verbal o moral), cada vez más presente en las aulas, no es otra cosa que la respuesta, emitida en eco por el sistema escolar, de la violencia cultural y estructural, de una violencia que dimana de todo tipo de injusticias (sociales, económicas, de género, jurídicas, raciales…), una violencia que causa muchos daños a nuestros niños, adolescentes y jóvenes y que actúa, en palabras de Galtung, como un obstáculo invisible que explica el diferencial existente entre el nivel de autorealización real de las personas y de los grupos humanos y su nivel de autorealización potencial.

Fuente: José Emilio Palomero Pescador y María Rosario Fernández Domínguez (2002). La formación del profesorado ante el fenómeno de la violencia y convivencia escolar. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 44, 2002, 15-35.

La Inteligencia Emocional y el estudio de la felicidad (Pablo Fernández Berrocal y Natalio Extremera - Universidad de Málaga)



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La Inteligencia Emocional y el estudio de la felicidad
Pablo Fernández Berrocal y Natalio Extremera

"Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 66 (23,3) (2009), 85-108."

"La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que  es la virtud misma, y no gozamos de ella porque reprimamos nuestras  pasiones, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestras pasiones porque gozamos de ella" (Spinoza, Ética).


¿Qué es la felicidad?

El intento de responder a esta pregunta puede parecer pretencioso y es natural que el lector lo piense, porque incluso al que formula la pregunta le tiembla la mano mientras lo escribe. Desde el inicio de la civilización hasta nuestros más ilustres filósofos y pensadores se han propuesto cientos de respuestas que no han podido cerrar ni el debate ni la reflexión tanto personal como colectiva sobre esta cuestión.

Por otra parte, algunos autores consideran que la felicidad es un constructo tan escurridizo que su estudio siempre quedará vetado para la ciencia. Si observamos  la  definición del termino "felicidad" en el Diccionario de la Lengua Española, su primera acepción es: "estado de grata satisfacción espiritual y física". Un significado que recoge la forma mayoritaria y tradicional de entender la felicidad en nuestra cultura y que la convierte en un estado ideal y, por ello, imposible de alcanzar. 

Curiosamente, con esta definición nadie podría definirse como una persona feliz y sólo podríamos describir nuestra felicidad en términos retrospectivos ("fui feliz en la primavera del "98") o presentes ("estoy feliz ahora" o "hoy soy feliz").

La realidad es bien diferente y la mayoría de las personas se considera feliz. Por ejemplo, los resultados del estudio coordinado por el profesor Federico Javaloy para el INJUVE sobre el bienestar y la felicidad de la juventud española (JAVALOY, 2007) son claros: "Los jóvenes españoles se sienten felices" (p. 71). En concreto, sus respuestas se sitúan en una puntuación de 7,4 en una escala de felicidad de 1 a 10.

Los investigadores sobre Psicología Positiva han consensuado que para una definición operativa del concepto de felicidad necesitamos de tres componentes claves (DIENER, SUH, LUCAS y SMITH, 1999):

- Experiencias de afecto positivo frecuentes (e.g., alegría, placer, amor).

- Experiencias de afecto negativo infrecuentes (e.g., tristeza, ansiedad, dolor).

- Altos niveles de satisfacción vital, entendido como la evaluación cognitiva global de cómo valora su vida una persona.

Es decir, una persona feliz sería aquella con muchas experiencias positivas y pocas negativas, y que se percibe globalmente satisfecha con su vida. No obstante, como los especialistas en bienestar señalan, no existe un indicador objetivo de felicidad, sino que se trata de un estado subjetivo del individuo que se obtiene directamente de su auto-informe (ver LYUBOMIRRSKY, 2008).

Pero, ¿sirve para algo ser feliz? Diferentes revisiones empíricas sobre el tema han mostrado que las personas felices son más sanas física y psicológicamente, afrontan mejor el estrés e, incluso, viven más tiempo. En el ámbito social, las personas felices tienen más amigos, están más satisfechos con sus relaciones sociales, son más cooperativos y están dispuestos a ayudar a otras personas, y además tienen menos probabilidades de divorciarse.

¿Es posible aprender a ser feliz?

La investigadora Sonja Lyubomirsky ha resaltado en diferentes publicaciones que la idea de aprender a ser feliz no ha tenido argumentos científicos sólidos hasta el siglo XXI … (Pulsar aquí para seguir leyendo este artículo...).


La universidad de los Grados



Diseño de Jose Palomero




























Evaluación de experiencias de implantación de los Grados en Educación Superior

Monografía publicada en el número 39, Volumen 14 (4) diciembre 2011, de la Revista electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado (pulsar aquí para acceder a la monografía completa)

Los planes de estudio que han servido para transformar las Diplomaturas y las Licenciaturas en Grados están en marcha en las universidades españolas. La Asociación Universitaria de Formación del Profesorado (AUFOP) ha dedicado amplio espacio en sus publicaciones y en sus actividades al denominado Plan Bolonia, ocupándose de analizar el pretendido reto del Espacio Europeo de Educación Superior. Ahora Bolonia es ya una realidad en nuestras aulas y los primeros estudiantes de sus Grados están más cerca de convertirse en titulados universitarios. Esto sucede en una Europa en crisis económica, política y de valores.
La puesta en marcha de estas titulaciones se realiza en un contexto ya iniciado a partir de la LOU, cuando las competencias pasaron a las Comunidades Autónomas y buena parte de estas potenciaron enormemente las Universidades privadas, especialmente algunas vinculadas a la Iglesia y a los poderes fácticos y en un escenario en que todo parece empujar hacia la subida de las tasas universitarias y hacia modelos de gobernanza que son, simplemente, la consideración de la Universidad como un ente que debe ser regido como una empresa privada bien jerarquizada, como si persiguiese los mismos fines: la competición permanente con otras universidades y la obtención de beneficios económicos.

Merece la pena detenerse un momento y echar una mirada a lo que rodea a esta universidad eficientista que se nos propone: España es el país europeo con el mayor porcentaje de personas con titulación universitaria o de formación profesional ocupando empleos de escasa cualificación (el 31 % frente al 19 % de media) y, según un estudio de Adecco, entre abril de 2008 y abril de 2010 han emigrado desde España cerca de cien mil personas altamente cualificadas. Mientras, nuestro tejido productivo no cambia, simplemente se deteriora a pasos acelerados. A veces se argumenta que la Educación superior debe atender a las demandas sociales y con ello se quiere hacer referencia a una relación universidad-empresa meramente lineal. Se hace así una interpretación claramente reduccionista de qué es la sociedad, como si esta se redujera únicamente a los intereses de las grandes empresas.

Nuestra Universidad no se ha preparado convenientemente para este compromiso. Para una docencia universitaria en la que el acento se traslade de la información y de la rutina a la formación para el ser y para el saber hacer, es imprescindible una redefinición de los roles docentes que no se ha hecho. Y sigue sin abordarse el problema – porque lo es y de una magnitud considerable – que las funciones docentes gocen de menor consideración y prestigio que las investigadoras. Se precisa una formación centrada en el aprendizaje, que favorezca el desarrollo de habilidades personales y comunicativas y que faculte para la renovación de conocimientos y de capacidades durante todo el ciclo vital... (Pulsar aquí para continuar leyendo)

Desnudos (Manuel Vicent, El País, 19 de febrero de 2012)



"Esta profunda crisis económica ha actuado sobre el cuerpo social como un mecanismo represor idéntico a cualquier dictadura."



En cualquier dictadura, si un ciudadano anónimo cae en una redada en manos de la brigada política, sin duda será conducido en un furgón a una comisaría y allí bastará una mínima sospecha o simplemente que su cara no le guste al comisario para verse encerrado en una celda por un tiempo indefinido. Antes se le ordenará que deje en una bolsa el cinturón, los cordones de los zapatos, el bolígrafo, el reloj y cualquier objeto punzante con el que podría suicidarse. En la celda este ciudadano tiene dos opciones: insultar al carcelero y dar patadas contra la pared o bajar la cerviz y aceptar su destino. Tal vez la angustia que le provoque sentirse a merced de un déspota, será suficiente para ablandarle. En los sótanos de la brigada política se practica una psicología burda o refinada según la catadura moral del torturador. Si el preso es un rebelde peligroso, el sistema tiene varios métodos para bajarle los humos. La más limpia y humillante forma de tortura consiste en interrogarlo bajo potentes focos completamente desnudo. No se necesita ejercer sobre él ninguna clase de violencia física. La mera desnudez corporal le destruirá al instante la autoestima. Puede que este ciudadano, si no es un héroe, esté dispuesto a firmar cualquier confesión a cambio de unos calzoncillos. 

En cierto modo esta profunda crisis económica ha actuado sobre el cuerpo social como un mecanismo represor idéntico a cualquier dictadura... (Pulsar aquí para continuar leyendo este artículo en la web de EL PAÍS...) 

El amor y la educación, caminos para construir un sueño


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"Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva. Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva del amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos. Como tal, la biología del amor es central para la conservación de nuestra existencia e identidad humanas."
  



"Las emociones afectan la conducta inteligente. Concretamente, el miedo, la ambición, el enojo, la competitividad reducen la inteligencia humana. Tenemos  incluso expresiones populares que se refieren a esto: Tal persona está `ciego de envidia´, o `ciego por ambición´, es decir, se trata de personas que afectadas por una emoción negativa restringen su mirada, su visión de las cosas. Tales emociones generan una negación del otro .

La única emoción que amplia la  conducta inteligente es el amor. El amor es aceptar al otro como otro, al aceptar la legitimidad del otro y sus circunstancias, uno `ve´al otro.



Si un profesor quiere que sus alumnos salgan mal  en los exámenes lo primero que genera es inseguridad, miedo, ambición. Por el contrario, si quiere que salgan bien, genera confianza, respeto a través del amor. Si se respeta a los alumnos, los alumnos se respetarán entre ellos y sabrán respetar a sus profesores y de esa manera surgirá un espacio de colaboración y acción común.


En una palabra, la educación debe consistir fundamentalmente en un espacio de convivencia en el cual alumnos y profesores conformen un lugar de encuentro, acogida y respeto mutuo."


(Humberto Maturana - Pulsar aquí) 

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La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado publicará en el número correspondiente a Agosto de 2012 una monografía sobre el amor y la educación, coordinada por Miguel López Melero (Universidad de Málaga - España).


En la citada monografía contaremos con colaboraciones de Humberto Maturana, de Ximena Dávila y de otros colaboradores del Instituto Matríztico. En ella contaremos también con artículos de Alfredo Fierro, Federico Mayor Zaragoza, Félix Angulo Rasco, Alejandro Dolz, Miguel Bandrez y Miguel López Melero.

Seguiremos informando en este blog sobre el contenido de esta monografía que irá a imprenta en fechas próximas.

Precisiones sobre la felicidad

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La felicidad tiene mucho que ver con el sentido de la propia vida, con encontrar valor y disfrutar cada momento como algo único y valioso a vivir, aceptando lo que es, disfrutando y viviéndolo desde quien uno es, sin más. La persona se siente feliz cuando vive fiel a sí misma en cada momento, sin esperar el reconocimiento de los otros o el ajuste a los criterios sociales o familiares, viviendo en una actitud de escucha a quien es, y decidiendo de forma libre y responsable. No existe mayor satisfacción que la de sentirse uno mismo, actualizando todo lo que somos en el fondo y lo que nos “completa” al vivir, sintiéndonos en plenitud, incluso ante lo más simple, dejándonos fluir e impregnar de quiénes somos y de lo que tenemos alrededor. En definitiva, sintiendo la satisfacción de ser quienes somos junto a los otros.
La felicidad se relaciona con la sensación de libertad interior, de hacer y vivir desde uno mismo, sin dependencias ni imposiciones, reconociendo los valores y límites en uno mismo y en los demás. Muchísimas insatisfacciones ante la vida están relacionadas con no ser y desplegar en nuestra vida aquello que somos en el fondo. Por esto, también guarda relación con el compromiso con una tarea, en la que podemos desarrollar nuestras mejores cualidades y ser quienes somos. En este sentido, la felicidad tiene mucho que ver con nuestra capacidad para estar interesados en algo. El flow, término acuñado por Mihaly Csikszentmihalyi (1997), se experimenta al tener una experiencia plena. Es un sentimiento de estar bien, de plenitud, de felicidad, que se da cuando hacemos algo que concentra nuestra atención al máximo, que saca lo mejor de nosotros mismos, implicándonos plenamente. Es una especie de corriente que atraviesa, impulsa y dirige las vidas de quienes poseen esa emoción o son poseídos por ella. El flow se experimenta al realizar actividades que tienen un sentido. La felicidad está ahí, en las actividades que tienen un sentido personal. No está en el ocio o en no hacer nada.
Sentirse feliz implica poder vibrar ante la vida, tener una mirada entusiasta y optimista ante ella (AVIA y VÁZQUEZ, 1998), hacer de cada momento algo especial a vivir, disfrutar de lo pequeño, de lo sencillo, detenerse y admirar la belleza donde quiera que esté, contemplar, implicarnos y disfrutar cada experiencia, sin anticipar ni esperar nada, sólo vivirla.
Otras condiciones importantes para sentirnos felices son tener un cierto control sobre lo que hacemos, sobre nuestro trabajo, sobre nuestra vida, y vivir alejados del estrés. Sin embargo, nuestra actual organización laboral y social genera en las personas mucho estrés y una sensación de falta de control, que puede conducirles a creer que “haga lo que haga no va a tener ninguna repercusión” (SELIGMAN, 1983). Todo ello contribuye a la sensación de infelicidad.
Por todo esto, podemos afirmar que la felicidad es algo interior que tiene mucho que ver con la emoción que ponemos en nuestra vida, en lo que hacemos, con aquello que nos motiva y que está relacionado con poner en juego nuestras cualidades y valores, comprometiéndonos en ello, lo que nos conduce a una satisfacción profunda con nosotros mismos porque nos hace ser y crecer en quienes somos de verdad (PRH, 1990, 1997). De ahí que los atajos de la felicidad como el dinero, las drogas, el sexo, el activismo, el no hacer nada… sean fórmulas que únicamente proporcionan una satisfacción que, con frecuencia, es muy breve.
El denominado “bienestar subjetivo” es una evaluación que hace la persona en torno a su vida, una evaluación global sobre la satisfacción con la misma, recalcando el predominio de las emociones y sentimientos agradables sobre los de desagrado o de malestar. En definitiva, consiste en que la persona se sienta bien, no porque los demás lo digan sino porque es lo que ella siente.

Universidad e integración latinoamericana: Avance del número 72 (25,3) de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado

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Número 72 (25,3) de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales 


Universidad e integración latinoamericana 


Una vez más, la AUFOP se complace en sacar a la luz un nuevo número de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales. Llegamos con él al número 72, el que tienes en tus manos, estimado lector. 


La monografía que podrás leer en sus páginas trata de un tema que no podíamos soslayar: la integración latinoamericana. Urge ceñir a los países de lengua hispana en un círculo geopolítico capaz de hacer frente a su futuro. 


Si desde Bolívar se soñó con este objetivo, en la actual época de la globalización no sería justo dejar de hablar de este tema tan candente. Por eso, esta revista se ha sentido obligada a dedicar el presente número a reflexionar sobre la integración de América Latina y del Caribe (ALyC).


Pero nuestro deseo no consiste en escribir sólo sobre la necesidad de la unión socio-económico-política de los 33 países que se desgranan desde México a la Patagonia, atravesando el Caribe y las Antillas; sino también en describir su relación con la creación de un espacio común y latinoamericano de conocimiento. 


Se trata, en definitiva, de proponer como debate, ante un público docente y universitario, la conexión de dos sustantivos, Universidad e integración en el ámbito de ALyC. 


He aquí la razón de ser de este monográfico que, así enunciado, enlaza perfectamente con la linea editorial de una revista como la nuestra, dedicada a la formación del profesorado.


INDICE


- Editorial: Universidad e integración latinoamericana .......... 11-12


- Tema monográfico: Integración latinoamericana y función de la Universidad (Coordinado por Jenny Ampuero y Lucila Reyes Sarmiento)


. Introducción al monográfico "Integración latinoamericana y función de la Universidad." Martín Rodríguez Rojo ................ 15-41


. Desafíos educativos en la construcción del espacio cultural-social común en Sudamérica. Sandra Carolina Romano ...... 43-57 


. La macdonalización de la educación superior. Enrique Javier Díez Gutiérrez .......... 59-76


. ¿Integración o transnacionalización de la educación superior en América Latina? Lucila Reyes Sarmiento .......... 77-91 


. La universidad latinoamericana: internacionalización y/o integración. Héctor Antonio Bonilla Estévez  ...........  93-105


. Hacia la integración integral y solidaria en las carreras de comunicación: propuesta de competencias básicas. Jenny Ampuero ......... 107-120


- Realidad, Pensamiento y Formación del Profesorado


. Análisis de la afición a la lectura en usuarios adolescentes de la red social Tuenti. Alba Torrego González ........... 123-136


. Inmigración, lengua y escuela en sociedades bilingües. Revisión de estudios. Ángel Huguet, Silvia-Maria Chireac, Adelina Ianos, Judit Janés, Cecilio Lapresta, José-Luis Navarro y Clara Sansó ........... 137-159


- Autores .......  163-166 


- Normas de funcionamiento ............... 168-174

La Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado en REDALyC (versiones impresa y electrónica)

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Evaluación de experiencias de implantación de los Grados en Educación Superior

Diseño de la portada: Jose Palomero
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Inteligencia emocional y alta habilidad

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