Un profesorado para el Siglo XXI / Revoluciones pendientes





Un profesorado para el siglo XXI

José Emilio Palomero

El Espacio Europeo de Educación Superior es el mayor reto colectivo con el que se enfrenta la Universidad en Europa a lo largo de su historia. De aquí al año 2010, 1.000 universidades de 40 países europeos dispondrán de un sistema común de titulaciones y créditos. Estamos ante un nuevo escenario, que terminará provocando muchos cambios en la Universidad.

Un escenario lleno de luces, pero teñido también por las sombras de la duda. Como diría Benedetti, «cuando creíamos tener todas las respuestas, de pronto, nos cambiaron todas las preguntas»: ¿Se enfrenta realmente la Universidad a un proceso de reformas profundas? ¿Convergencia es sinónimo de calidad? ¿No se ocultarán, bajo el marco del Espacio Europeo de la Educación Superior, verdades que no interesa confesar? ¿Significa lo mismo eficacia y resultados que calidad total? ¿No estaremos ante un enfoque elitista y competitivo, el dominante, capaz de subordinar la Universidad a las exigencias del mercado? ¿Será la convergencia como una noche sin luna y sin estrellas? ¿Será posible otra Universidad?

Frente a todas estas dudas, la esperanza de una Universidad que ponga la utopía como norte y que mire realmente a las estrellas. Una Universidad nueva para una sociedad también nueva. Que exige, por ende, un nuevo modelo de profesor. Frente a una Universidad transmisora y elitista, una Universidad que no sólo investigue, sino que también eduque en la vida y para la vida, que enseñe lo académico y lo vital. Menos jerárquica e individualista, más dialógica y comunitaria, menos economicista, más crítica y transformadora, más solidaria y social. Que investigue la realidad y se comprometa con ella a la luz de los derechos humanos. Que ponga investigación y docencia al servicio de la sociedad. Que contribuya a la construcción del conocimiento desde la atalaya de la solidaridad.

Todo un sueño que exige cambios en el diseño de las titulaciones, en el funcionamiento de centros y departamentos y en el profesorado. La calidad de la Universidad depende principalmente de la formación y entrega de su profesorado. Por ello, la nueva Universidad exige un profesorado comprometido con su triple misión educadora, docente e investigadora. Un profesorado capaz de enganchar a los estudiantes al placer del conocimiento, y de hacerles vivir la Universidad como un espacio no sólo para investigar, sino también para enseñar y aprender. Para aprender a conocer y a hacer. También a convivir y a ser.

Que domine su materia, dotado para la investigación y con una buena formación pedagógica. Dispuesto a despertar la curiosidad intelectual de los estudiantes, frecuentemente aburridos y sin interés por lo que se hace en las aulas. Mediador de aprendizajes significativos. Capaz de convertir el aula en espacio reflexivo, crítico y comunicativo; en fuente de construcción de saberes; en laboratorio para el ensayo de nuevos modos de enseñar y aprender. Dispuesto a intercambiar experiencias, investigación y reflexiones sobre su propia práctica docente.

Que no encripte el lenguaje. Que no hable para iniciados. Experto en comunicación. Y en gestión de recursos y grupos. Conocedor de las nuevas tecnologías de la información. Abierto a la aldea global. Menos ocupado en hacer carrera y subir puestos en el escalafón, y más preocupado por sus tareas docentes y educadoras. Capaz de trabajar en equipo. Motivado y responsable. Entusiasmado con el día a día de su actividad. Satisfecho y bien incentivado a nivel profesional. Emocionalmente inteligente. Con sensibilidad social.

Dispuesto a compartir mesa con los estudiantes, para construir juntos y de forma activa conocimientos y aprendizajes. Capaz de demostrar en el aula, el laboratorio o el despacho, su capacidad para conectar, motivar y comunicar. Ocupado en formar y no sólo en informar. Dispuesto a fomentar la reflexión y la creatividad. Y entregado a la formación de profesionales competentes, a la vez que ciudadanos libres, democráticos, comprometidos, solidarios, tolerantes, críticos, ilustrados, respetuosos, responsables, maduros y felices.

Artículo publicado en el periódico "El Mundo"
Tribuna Campus, nº 398, de 1 de junio de 2004


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