Una asignatura pendiente: Educar para convivir con la enfermedad y la muerte. Siete puntos clave


1) La verdad por delante. Ante malas noticias, el engaño o la media verdad nos aísla de los demás y lo confunde todo.

2) Dominar el miedo. El miedo nos paraliza, nos anula y no nos deja ser. Y para dominar el miedo, lo primero es reconocer que lo tenemos, y después plantarle cara.

3) No perder el tiempo en buscar culpables. El resentimiento mata el sentimiento. No hay ningún consuelo en asignar culpas de lo que nos pasa, y no aporta ningún beneficio práctico.

4) Amar la vida. Mientras hay vida, aprovechar cada segundo para ser feliz. No desperdiciar nuestro mayor tesoro, nuestro tiempo, aunque esté amenazado. La enfermedad no debe impedir aprovecharlo. Puede ser incluso un aliciente.

5) Mantener siempre viva la comunicación con el entorno. Expresar penas, miedos o esperanzas, siempre estableciendo puentes, que después permanecerán.

6) Dejarse cuidar y dejarse querer con confianza, tanto por los profesionales como por los amigos y familiares. Y asumir la responsabilidad de cuidar al cuidador. Estar enfermo no te exime de preocuparte tú tambien del entorno que te acompaña en el camino.

7) Vivir los duelos. Así como el dolor físico casi siempre se puede aliviar, el dolor interior por la pérdida de tus seres queridos hay que vivirlo y dejarlo estar, sin esconderlo ni reprimirlo, para que poco a poco vaya saliendo, y deje paso a un estado de equilibrio que que nos permita asentar en nuestra memoria los buenos recuerdos de una manera pacífica.

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Estos puntos claves para una educación ante la enfermedad y la muerte han sido tomados de un artículo publicado el día 8 de febrero de 2011 en
El Heraldo de Aragón con motivo del fallecimiento de Pilar Murillo.

Javier Martínez Trufero, médico especialista en oncología y autor del citado artículo, transmite en él el pensamiento de esta mujer, una valiosa enfermera que practicó en vida tales principios psicopedagógicos con sus enfermos y enfermas de la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, y que, tal como señala el autor, se los aplicó a sí misma, punto por punto y con asombrosa coherencia, cuando tuvo que vivir en su propia piel el cáncer que, por ironías del destino, acabó con su vida.

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Algunas referencias bibliográficas en línea:







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