Educación e igualdad de la mujer


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Decíamos ayer...!

Editorial del número 24 (Diciembre 1995) de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado


El día 4 de septiembre de 1995 daba comienzo en la República Popular China, en el Centro de Convenciones de Pekín, organizada por la ONU, la "IV Conferencia Internacional de la Mujer", la mayor cumbre de mujeres de la historia, con 40.000 participantes, en su mayoría mujeres, que representaban a 184 paises. La representación española estuvo encabezada por la Ministra de Asuntos Sociales, Cristina Alberdi, representante a su vez de la Unión Europea, cuya presidencia ha correspondido a España durante el segundo semestre de 1995. Casi simultaneamente, numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) habían comenzado el día 30 de agosto, en la ciudad china de Huairou, situada a unos 60 kilómetros de Pekín, una conferencia paralela, a la que asistían más de 200 mujeres españolas. Desde ambos foros se reclamaban los derechos de las mujeres y la exigencia de que los poderes políticos se comprometan con la consecución de la igualdad de oportunidades, compromiso que pasa necesariamente por un incremento global de las inversiones en educación.

El tema central de la "IV Conferencia Internacional de la Mujer" no ha sido otro que el de la persistente desigualdad entre hombres y mujeres, una desigualdad que queda demostrada por todo tipo de estadísticas y datos, entre los que destacaremos algunos de los más importantes. A partir de ellos se puede constatar con toda nitidez (y sólo vamos a poner unos cuantos ejemplos) como está la situación de las mujeres en el mundo: en los albores del siglo XXI las mujeres siguen constituyendo lo que Simone de Beauvoir llamó "el segundo sexo". Nuestro siglo finaliza bajo el signo de la discriminación, una discriminación que nos alcanza a todos, o a casi todos (discriminados por razones raciales, religiosas, sanitarias, políticas o económicas...), pero que afecta de una manera especial a las mujeres. La mitad de la población mundial sufre, sobreañadida, una discriminación más, la de ser mujer: negra y mujer, pobre y mujer, china y mujer, argelina y mujer, analfabeta y mujer..., de manera que su condición femenina se convierte en un agravante más en las guerras, en los campos de refugiados y en la miseria... o en la fábrica, o en las calles o en los despachos... y hasta en la familia y la escuela.

Según el anuario estadístico de la UNESCO (1994), el porcentaje de escolaridad femenina, considerando cifras globales a nivel mundial, es inferior al masculino en todos los grados de enseñanza: un 54,4 % de mujeres frente a un 61,8 % de varones. Un resultado en el que influye notablemente el bajo índice de escolarización de las mujeres en el continente africano, donde únicamente están escolarizadas, también en cifras globales, un 67,5 % en el primer grado, un 26,9 % en el segundo y un 3,6 % en el tercero. Y decimos globalmente, pues en Mali, por ejemplo, la tasa de escolarización infantil es muy baja, estando las dos terceras partes de "las niñas" sin escolarizar. En cualquier caso existen problemas de escolarización infantil, más pronunciados en el caso de las niñas, en muchos lugares de la tierra: Africa subsahariana, Estados Arabes, Asia del Sur, Asia Oriental, América Latina, el Caribe... (Fuentes Unesco, nº 71, Julio/Agosto 1995). Es más, de cada 3 analfabetos en el mundo, 2 son mujeres. Sin embargo, y a pesar de lo que acabamos de decir, todo el mundo reconoce que la educación de las niñas favorece a todos: el desarrollo socioeconómico se dispara, los índices de mortalidad y natalidad infantil disminuyen, los niveles de salud y bienestar aumentan.

Según datos de la UNESCO, el desequilibrio de poder en perjuicio de las mujeres es evidente: tan sólo el 6% de los cargos ministeriales están ocupados por mujeres, no llegando al 10% el porcentaje de mujeres parlamentarias en todo el mundo. En el mismo sentido, únicamente 21 mujeres han ocupado el cargo de Jefe de Estado en toda la historia: a este respecto fue muy ilustrativo contemplar a través de la televisión "la foto" de los 180 líderes mundiales que acudieron (octubre de 1995), a la celebración del 50 aniversario de la ONU.

La violencia contra las mujeres es un fenómeno cada vez más visible. Con frecuencia, en términos generales y a nivel mundial, los derechos humanos no son respetados: aún hoy, muchas mujeres siguen muriendo en diferentes lugares de la tierra por el hecho de ser "mujeres", otras son violadas en sus propias comunidades, otras son víctimas de las guerras y a otras muchas se les niega, mediante la esterilización o la planificación familiar forzada, el poder de decisión para tener hijos... (MORGAN, R., Mujeres del mundo, Atlas de la situación femenina, Hacer, 1994). A este respecto en China, por citar un caso bien conocido, las mujeres han sufrido, en virtud de la "Ley del hijo único", duros métodos de control de la natalidad, cuyas consecuencias dramáticas, sobre todo para las niñas, pudieron observarse con toda crudeza en un reportaje de investigación periodística, "habitaciones de la muerte", emitido por TV2 el pasado 19 de octubre de 1995 dentro de la serie "Documentos TV". Por citar otro ejemplo bien conocido, millones de niñas y adolescentes han sufrido y siguen sufriendo mutilaciones sexuales, como es el caso de la ablación del clítoris, en diferentes paises africanos y asiáticos (MORGAN, R., o.c.). En España, por citar un último ejemplo, entre 1989 y 1992 se contabilizaron un total de 16.443 denuncias por violación o agresión sexual (Ministerio de Asuntos Sociales, La mujer en cifras, 1994).

La falta de información y asistencia médica en lo concerniente a la vida sexual y a la planificación familiar sigue siendo una realidad en muchas partes del mundo: así, por ejemplo, según la Organización Mundial de la Salud, cada año se practican en el mundo 50 millones de abortos, de los que la mitad son clandestinos, provocando la muerte de 200.000 mujeres al año (MORGAN, R., o.c.)

La discriminación salarial no ha desaparecido ni tan siquiera en los paises desarrollados, como se pone en evidencia en un reciente informe sobre las mujeres de las Comunidades Europeas (COMUNIDADES EUROPEAS, Las mujeres en la Comunidad Económica Europea, traducción del Ministerio de Asuntos Sociales, 1992). En España, por poner un ejemplo cercano, la retribución de las mujeres, en términos generales, es un 20 % inferior a la de los varones ("La mujer en cifras", o.c.). Este hecho, unido a otros fenómenos emergentes, como el incremento del paro femenino, el 26,9 % de las mujeres, frente al 16,1 % de los hombres en nuestro país (INE, Encuesta de población activa, IV trimestre de 1982/1992), contribuyen de manera decidida a la feminización de la pobreza.

Las religiones organizadas: catolicismo, islamismo, budismo..., por destacar un último dato, mantienen actitudes injustas y machistas hacia las mujeres, al no aceptar la igualdad de éstas en orden a su integración dentro de sus correspondientes estructuras jerárquicas. Sirva como ilustración el veto del Vaticano al sacerdocio femenino: la Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de rechazar (noviembre de 1995) la ordenación femenina "para hoy y para siempre", considerando la negativa como "infalible".

Situadas en este contexto, las mujeres que han participado en la "IV Conferencia Internacional de la Mujer" han reivindicado la necesidad de invertir más, y más selectivamente, en educación, con el fin de erradicar a nivel mundial desigualdades como las que acabamos de describir. No en vano la educación, de ello estamos convencidos, es la clave para la emancipación de las mujeres, al permitir su profesionalización, su acceso al poder político, social y económico , y su participación en el campo de la gestión pública. Un punto de vista compartido también por la UNESCO, al defender ésta que para consolidar los logros alcanzados hasta el momento en el proceso de liberación de las mujeres, es necesario que éstas ocupen en los próximos años al menos el 30 % de los puestos de poder en todos los ámbitos; un objetivo que exige que antes del año 2000 todos los paises destinen un 6 % de su Producto Interior Bruto a educación (España sobrepasa escasamente el 4 % en la actualidad) y que un 50 % de esa cantidad se dedique específicamente a las mujeres, alcanzando no sólo a las niñas, sino también a las mujeres adultas.

Por todas estas razones, la "IV conferencia internacional de la mujer" ha planteado una serie de objetivos, a nivel educativo, que queremos recoger en este editorial, para apoyarlos y divulgarlos.

En lo que respecta al acceso de las mujeres a la educación, la conferencia de Pekín se ha propuesto: reducir la tasa de analfabetismo femenino; facilitar el acceso de todas las niñas a la enseñanza primaria; promover la alfabetización de todas las mujeres, incluso las adultas; aumentar la tasa de permanencia de las niñas en el colegio; eliminar las barreras que dificultan la asistencia a la escuela de las adolescentes embarazadas y de las madres jóvenes; crear programas orientados al aprendizaje permanente.

En lo que se refiere a recursos económicos destinados a educación, los objetivos propuestos son: dedicar más dinero, a nivel mundial, a los primeros niveles de enseñanza y a programas de alfabetización; movilizar fondos públicos y privados para crear programas especiales de ciencias, matemáticas y nuevas tecnologías, que aumenten las oportunidades educativas de niñas y mujeres.

En lo que respecta a la no discriminación de las mujeres, se han propuesto, finalmente, los siguientes objetivos: elaborar programas de enseñanza y materiales didácticos que promuevan la igualdad, la cooperación, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida entre niños y niñas; apoyar una mayor presencia femenina en todos los ámbitos de actividad, incluida la enseñanza y la administración en todos sus niveles, en igualdad de condiciones y oportunidades que los varones; promover programas que tengan en cuenta los aspectos relacionados con el género; facilitar la participación activa de las mujeres en la política educativa, especialmente en la política científica y tecnológica; diseñar programas formativos destinados a que los padres y las madres tomen conciencia del valor de una enseñanza no discriminatoria y de la importancia del reparto equitativo de responsabilidades domésticas entre niños y niñas; promover la enseñanza extraescolar, especialmente para las mujeres rurales, en temas relacionados con la salud y la utilización de tecnologías.

Los objetivos que acabamos de enunciar parece que nos ponen en el camino más adecuado para elevar la condición de las mujeres en todos los rincones de la tierra, mejorando de paso el desarrollo global de todos los pueblos del mundo. El acceso de las mujeres al poder real en todas sus dimensiones y con todas sus consecuencias, codirigiendo la sociedad en igualdad de condiciones con los varones, es un requisito básico para su auténtica emancipación; y para conseguir ésto es imprescindible acabar con las desigualdades en el acceso a la educación, lograr una auténtica igualdad de oportunidades en este campo e invertir más y mejor en todo el mundo en la educación de las mujeres, si bien con mayor intensidad y urgencia en las regiones y paises más pobres. Esta es la política a seguir. Esta será la mejor inversión en desarrollo. De ella se beneficiará la calidad de vida del conjunto de la sociedad.

El Consejo de Redacción

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